
Enlazo una anotación de Brad De Long (el mismo que criticaba a Hayek reconociendo que no lo había entendido) sorprendentemente buena. Al menos en su primera mitad. Se llama “monetarismo vulgar” y critica la fijación que los monetaristas más cerriles siguen teniendo por ciertos macroagregados monetarios.
Utilizando datos de las tasas de variación de la M1, M2 y M3 muestra que “la oferta monetaria” se ha expandido o se ha contraído según la definición que queramos escoger. Si tomamos la M1, parece que Greenspan haya sido un deflacionista durante la segunda mitad de los 90 y tomando M2 o M3 aparece como un inflacionista: “¿Fue la política monetaria contractiva o excesivamente expansionista en 1991-1992? ¿Restringió la Fed el crédito entre 1993 y 1995 o los abarató? Elige tu definición de oferta monetaria –M1, M2 o M3– y elegirás al mismo tiempo la respuesta”. Actualizado el gráfico de De Long (su artículo es de 2002) para ver que tal tendencia se ha mantenido:

De Long acusa a quienes sólo se fijan en la oferta monetaria de “monetaristas vulgares” y propone en cambio no fijarse sólo en una supuesta oferta de dinero, sino en la demanda del mismo: “La inestabilidad de la demanda de dinero y la inconsistencia de mensajes que envían los distintos macroagregado monetarios han hecho que el monetarismo vulgar deje de ser una rama de la economía y se convierta en una rama de la lectura de manos”.
Aunque De Long crea que es original, no lo está siendo. El gran Melchior Palyi, en su crítica al monetarismo estrecho de Milton Friedman, ya decía (años 60):
Ni siquiera la oferta monetaria es un buen indicador de las presiones inflacionistas. Los usos a lo que se ha destinado el crédito y la liquidez del sistema bancario son, como mínimo, indicadores tan importantes para conocer el estado de la economía. La interpretación puramente mecanicista de la teoría cuantitativa del dinero, popular entre los monetaristas, supone una extraordinaria simplificación de los procesos económicos. Lo habitual es que el volumen de dinero sea un resultado más que una causa del estado de la economía, y por tanto un incremento de la oferta de crédito por parte del banco central durante una depresión no significa que la economía vaya a hacer uso de ese crédito. La oferta monetaria depende en buena medida de la demanda de crédito, lo que a su vez depende de una multiplicidad de factores (“el clima económico”, por ejemplo”. Puede tirar de la cuerda (restringir el crédito) pero no puedes empujar de ella.
Una de las razones por las que la política monetaria fracasó en los años 20 y 30 es que actúan, como ahora, sin tener un claro conocimiento de la naturaleza de ese instrumento llamado dinero por el que pretenden controlar los ciclos económicos. No existe ningún método fiable para determinar el valor de dinero (poder adquisitivo) y ya no digamos los aspectos cualitativos de ese dinero.
(Por cierto, nota al margen, el economista austriaco Roger Garrison ya explicó hace años por qué la M1 había dejado de ser a partir de los 80 siquiera una buena aproximación al endeudamiento bancario a corto plazo. Básicamente, hasta los 80 la regulación Q impedía que los bancos pagaran intereses en los depósitos a la vista (M1) y que se giraran cheques contra los depósitos de ahorro (M2), pero cuando se abolió la regulación Q, los depósitos de ahorro se convirtieron en equivalentes a los de a la vista. Y, por tanto, M1 dejó de tener ningún significado. Esto es lo que explica que los distintos agregados muestren una disparidad de movimientos tan grandes como la que denuncia De Long ante cambios de la demanda).
De acuerdo con De Long, se ha generalizado en los últimos tiempos una demanda por activos con diversos grados de liquidez, y eso actúa como dinero y no queda reflejado en esos macroagregados.
Por eso propone que para saber si la Fed está inflando o no lo está haciendo nos fijemos en la evolución de los tipos de interés reales (como keynesiano, claro, cree que los tipo de interés debería bajar cuando la demanda agregada cayera, pero ese es otro tema). Lo cual nos indicaría, claro, que Alan Greenspan sí infló, y mucho, el crédito a partir de 2001:

Afortunadamente no todos los monetaristas son tan vulgares como De Long. Sólo los auténticamente cerriles seguirán negando que Alan Greenspan tuvo una importante responsabilidad en esta crisis (aunque la causa última siempre se encuentre en la insostenible estrategia financiera que acometen los agentes privados de endeudarse a corto e invertir a largo). Ana Schwartz, por ejemplo, coautora de esa biblia del monetarismo que es La Historia Monetaria de los Estados Unidos, lo tiene claro: Greenspan sí fue responsable. De hecho, en su opinión, fue “el principal responsable” (yo tampoco diría tanto): “El pecado original de la Fed de Bernanke-Greenspan fue mantener los tipos de interés al 1% durante 2003 y 2004, mucho después de que la burbuja de las puntocom hubiese terminado. Es evidente que la política monetaria fue demasiado acomodaticia, unos tipos al 1% impulsaron todo tipo de comportamientos arriesgados”.
Además, en línea con lo que ya he comentado en diversas ocasiones, considera que Greenspan miente cuando acusa al ahorro asiático de haber causado la crisis: “Es un intento de quitarse cualquier responsabilidad y no es convincente. La Fed ha fracasado a la hora de combatir algo que resultaba evidente. No se puede echar la culpa al contexto internacional”.
Y atención también a la opinión que da sobre Bernanke como un traidor a las ideas monetaristas que pregonaron ella y Friedman. No tengo tan claro que Bernanke se aparte de las mismas, pero desde luego Schwartz sí lleva mucha razón: “Está luchando contra la crisis de manera equivocada; la recesión no tiene nada que ver con una falta de liquidez (…) El riesgo de deflación se está exagerando”.
También, por cierto, me parece muy acertado su comentario sobre el tan cacareado riesgo sistémico: “Es una excusa para que los banqueros salven la piel después de haberse equivocado tanto”.
Se agradece que Schwartz como el buen vino mejore con los años y no caiga en ese monetarismo vulgar que impide comprender por qué se gestó la crisis y como no hay que combatirla.
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