
En la reciente huelga energética de cinco minutos para salvarnos de nosotros mismos, no fueron pocos los ayuntamientos e instituciones gobernadas por el Partido Popular que se sumaron a la fiesta apagando los ordenadores y las luces, con grave perjuicio para la actividad laboral de sus funcionarios, que a eso de las ocho de la tarde es prácticamente febril.
La ministra Narbona y ZP también están, faltaría más, encantados de escuchar los vaticinios apocalípticos del profeta clintoniano, y para ayudarle a sobrellevar su pesada carga han decidido comprar su película para enseñarla en los colegios (tendrán que arrancar a mis hijos de mis manos yertas si quieren que vayan a ver esa película de cine de terror).
Sin embargo no hay que comprar productos de Hollywood para despertar las conciencias infantiles. De hecho, tengo entendido que hay en Algeciras ahora mismo unos magníficos exteriores para rodar un documental sobre cómo resuelven las administraciones progresistas los desastres ecológicos, con un chapapote playero de lo más efectista. De forma incomprensible, a ese lugar no se acercan ni ZP, ni la ministra Calvo, ni la Narbona. Y luego querrán que los demás apoyemos el cine español.
![]()