
Por si no fuera poca paradoja, resulta que quienes sí someten cualquier valor humano a lo económico son los socialistas y no, desde luego, los liberales. No tienen más que fijarse en las palabras de cualquier socialista de toda laya. En cuanto comienza hablar de justicia, de ética, comience a contar en euros o en dólares. Porque de lo que habla, invariablemente, es de economía. Desigualdades de renta o riqueza, falta de acceso de tal o cual grupo de personas a ciertos bienes o servicios, acceso común a determinados servicios (educación, vivienda, sanidad...). A veces intentan disimular diciendo que la sanidad, pongamos por caso, no es un bien económico. Pero es un servicio más y su producción y demanda están sometidos a las mismas vicisitudes de cualesquiera otros servicios. Ellos mismos comenzarán a habla de destinar... ¿adivinan qué? Toneladas de "dinero público" para la sanidad. Dinero, siempre dinero. Tan materialistas son que cuando hablan de justicia se refieren al dinero.
El liberalismo no es así en absoluto. Parte de la idea de la dignidad de la persona y de que tiene un espacio en torno a su persona que es a la vez sagrado y profundamente humano. Lo llamamos "derecho a la vida" si nos referimos a nuestra propia existencia, o "derecho de propiedad" si nos referimos a la justa adquisición de los medios para sostenerla. Cuando un liberal habla de justicia no se refiere al dinero, sino a la persona, que es el protagonista de su modo de entender la sociedad, y a sus derechos más fundamentales. Que no son, como pretenden los socialistas, estrictamente económicos.
Por si fuera todo ello poco, hay un aspecto más que demuestra el abismo ético y moral también entre el liberalismo y el socialismo. Pues, tómese "socialismo" en su acepción más amplia, esa ideología coloca al individuo, a la persona, como instrumento. Pasa de ser un fin en sí mismo a ser un medio para alcanzar... el comunismo, la "justicia social", el lebensraun. Dinero; otra vez el dinero. Y la persona y su dignidad a hacer gárgaras.
Y van por el mundo colgados de una supuesta superioridad moral. A mí, desde luego, que no me vengan con eso, porque les tengo calados.
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