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Portada - Artículos - Manhattan

03/09/2007 - José Carlos Rodríguez - La Gaceta de los Negocios

Manhattan

Estuve viviendo un tiempo en Nueva York, en la avenida York, entre la primera e East End, justo cuando la orilla este de Manhattan hace un recodo. Sólo tenía que salir a la calle, bajar por York y cruzar primero la 89 y luego la 88 para llegar al GE Central Deli, un ultramarinos abierto las 24 horas del día.

Tenía prácticamente todo lo que pudiera desear un transeúnte. Recuerdo los zumos sobre un manto de hielo. Había desde flores a la prensa del día, de todo a todas horas.

Si uno ha visitado la ciudad no puede pasarle desapercibido que hay miles de delis que, como este, abren todo el día o gran parte de él. Pero lo llamativo no es eso, sino que en cualquier manzana el viandante (es una ciudad para recorrerla a pie) verá que se suceden los portales y los comercios pequeños. No ya restaurantes y cafeterías, sino tiendas de todo tipo, no más grandes que las de cualquiera de nuestras ciudades, y que tienen horarios que se adaptan a las complejas necesidades de la gente. Allí hay libertad absoluta de horarios. ¿No debería estar la ciudad trufada de grandes centros comerciales? ¿No deberían los neoyorkinos conocer los pequeños comercios por los documentales del canal de historia?

Los delis compiten con los supermercados, hay grandes librerías junto a las pequeñas, papelerías de dos y tres plantas cabe a las más humildes y puestos callejeros sólo con los periódicos más comunes frente a kioskos que son el sueño de cualquier lector. Es más, para hacer la compra no hay ni que salir de casa. Yo tenía una cuenta FreshDirect, que me la traía a casa en el horario que más me conviniera, con una calidad notable y precios más que buenos. Y hay algún centro comercial. Con todo ello, Nueva York, en plena libertad de horarios, es el paraíso del pequeño comercio.

Se dirá que allí ese comercio de pequeña escala cuenta con una ventaja, frente al nuestro: un mercado laboral más libre y flexible, con horarios, también para los trabajadores, que se adaptan a su conveniencia. Y es verdad.

Cuando hay libertad para encontrarse con los clientes, el tamaño no importa.


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