
El gandul endémico, el vago metafísico y el haragán contumaz, forman un arquetipo antropológico que en la España de ZP está llamado a alcanzar su máximo esplendor. Es lo suyo cuando el país lo dirige un señor que hasta la fecha no ha experimentado la sensación que el diccionario de la Real Academia define con el verbo trabajar. Una prueba cercana la tenemos en Alhama de Murcia. Espoleado por el ejemplo presidencial, el gandulazo oficial responsable de esa demarcación se ha convertido en el principal analista del desarrollo económico de la zona. Su experiencia es un aval incuestionable. Es tanta su aversión hacia el trabajo productivo, que detecta inmediatamente a las empresas portadoras del terrible virus. A estos efectos, es como el chimpancé que avisa al resto del grupo con sus gritos cuando se acerca un depredador. Con él al frente de la manada no hay peligro de que el capitalismo amenace la paz espiritual de los alhameños. Este hombre está llamado a los más altos destinos. No me extrañaría nada que en las próximas elecciones se convirtiera en alcalde por el PSOE.
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