
Los ecologistas y los gobiernos dicen estar preocupados por el calentamiento global, pero no hablan del principal regulador del clima, el sol. En sus homilías sólo se refieren al efecto invernadero, pero jamás al vapor de agua, pese a que depende de él casi en exclusiva. Sólo les interesa el CO2, y de éste sólo el que producimos nosotros, cuando a la Tierra le da exactamente igual uno que otro. Siendo así, ¿podemos seguir pensando que es la temperatura de la Tierra y no nuestra economía lo que les interesa?
La ONU pasa del calor del sol, pasa del vapor de agua y pasa del CO2 natural. Del producido por nosotros sólo se ha centrado en determinadas economías y de ellas en algunos sectores. Sobre esta parte insignificante de los factores que condicionan la temperatura de la Tierra tenía dos opciones:
Por algún motivo que el lector podrá adivinar, la ONU ha optado por que los gobiernos tengan aún más control sobre la industria. Incluso sueñan con que Kioto sea la antesala de un gobierno mundial. Los beneficios de su mayor poder se los llevan los políticos, mientras que la pérdida de libertades y de la economía y el empleo nos la llevamos la sociedad. ¿Valdría la pena? Según la propia ONU, si Estados Unidos se uniera, si todos los países cumplieran el protocolo y si sus redactores no fueran demasiado optimistas sobre la efectividad de su propio invento, retrasaríamos el calentamiento previsto para 2100 hasta 2106. Todo un éxito.
Pero, ¿funciona confiar en la libertad económica de la sociedad? Los políticos dirán que no, desde luego, pero al efecto invernadero sí le parece funcionar. De 1997, cuando se creó el protocolo de Kioto, a 2003, la economía estadounidense ha seguido desarrollándose, cambiando unas tecnologías por otras más efectivas y que emiten menos, y el resultado es que en esos años ha aumentado las emisiones de CO2... en un 0,007 por ciento. España, en los mismos años, ha aumentado un 24 por ciento.
Kioto es un fraude. No le extrañe, por tanto, que les guste tanto a nuestros políticos y en particular a nuestro Gobierno. Innecesario, insignificante para la Tierra y perjudicial para la sociedad, Kioto es el triunfo de la política sobre el ciudadano.
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