
El gobierno socialdemócrata saliente, que rigió en minoría con el apoyo de ex comunistas y verdes, abolió el impuesto de sucesiones y donaciones. Por otro lado, el impuesto de sociedades es de los más bajos de Europa. Además, Suecia ha estado a la cabeza de los procesos de liberalización en Europa. La banca, las telecomunicaciones, la electricidad o el transporte son hoy mercados donde brillan la competencia y sus favorables efectos. Incluso se han llevado a cabo procesos de privatizaciones en áreas como la defensa nacional. Los trenes se privatizaron, y ocurrió antes que en Inglaterra. El metro de la capital está en manos de una empresa francesa y uno de los mayores productores y proveedores de energía eléctrica del país es una empresa alemana que ostenta la mitad de la estratégica producción nuclear de la nación.
El gobierno también trabajó en la privatización de la sanidad pero la oposición frontal de los sindicatos complicó la aplicación del proyecto. Aún así, uno de los mayores hospitales de Estocolmo fue privatizado hace un par de años y es parte de una sociedad con ánimo de lucro que cotiza en la bolsa. El fraudulento sistema de pensiones de reparto ha sido sustituido por uno más cercano al de capitalización en el que el contribuyente puede elegir entre distintas formas de inversión.
Por último, el paro dejó de ser la lacra de lo más desfavorecidos desde que se suprimió el salario mínimo y el típico esquema de adoctrinamiento propio de los sistemas educativos europeos ha sido eliminado gracias a implantación del cheque escolar. Este es el modelo sueco de la actualidad a cuya creación ha contribuido decisivamente la izquierda en la última década y en el que previsiblemente profundizará el nuevo gobierno liberal-conservador. Si Zapatero fuese todo lo liberal que cuenta a la prensa extranjera seguiría el modelo sueco.
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