
La comparación es todavía más detestable si tenemos en cuenta que los científicos todavía no tienen nada claro en qué medida la actividad del ser humano puede estar contribuyendo al cambio del clima, a través de las emisiones de CO2, en comparación con otros factores como el vapor de agua o la actividad solar. Lo que sí parece que reúne cierto consenso científico es el hecho de que, aunque congelásemos las emisiones de dióxido de carbono como pretende el Protocolo de Kyoto, el calentamiento apenas se reduciría en 0,07 grados centígrados.
Pero es que además, ¿cómo puede Rodríguez culpar al cambio del clima de la muerte de tanta gente si el clima siempre ha estado cambiando? Sospecho que el calentamiento que se produce desde la última era glaciar hasta la actualidad ha salvado millones de vidas. Si se refiere sólo al calentamiento que ha tenido lugar en los últimos cien años, en los que el planeta se ha calentado en torno a los 0,6 grados centígrados, éste puede haber sido malo para algunas personas pero, sin duda alguna, está siendo buenísimo para otras muchas. No olvidemos que, según los modelos usados por las Naciones Unidas, el calentamiento tiende a darse sobre todo en las regiones más frías del planeta. ¿Quién decide qué es más valioso? ¿El mal o el bien que causa el cambio actual del clima? ¿O es que vamos a renunciar a pensar que el calentamiento –tenga la causa que tenga– tiene efectos positivos sobre el ser humano? Detrás de las palabras de ZP también se esconde la peligrosa idea de un óptimo climático que deberíamos de estar persiguiendo continuamente.
Sin embargo, hay un aspecto del que no nos habla ZP en el que el cambio climático y el terrorismo se parecen extraordinariamente. Esa similitud no es otra que la reacción de los gobernantes ante dos fenómenos tan distintos. Y es que tanto el terrorismo como el continuo cambio del clima les sirven de coartada para concentrar más poder político en manos del Estado. Cada mensaje ecológico catastrofista y cada alarma por acciones terroristas están sirviendo a los gobiernos para reducir las libertades económicas y civiles de los individuos. Si no decimos "basta ya" a tiempo, un día nos encontraremos vagando por una sociedad donde un gran hermano vigila todos nuestros movimientos "con el fin de protegernos" mientras que un comité de planificación central ordena cómo producir y cómo resolver los problemas medioambientales con los que nos vayamos encontrando.
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