
Puesto que las técnicas para llevar a cabo un lavado de cerebro inicialmente requieren de un control prácticamente totalitario sobre la persona, su entorno y las informaciones que recibe, la pasión liberal por la pluralidad informativa, la libertad de asociación, el gobierno limitado, la división de poderes, la libre actividad económica son nuestra mejor salvaguardia. Siguiendo a Edgar Schein en Coercive Persuasion, el procedimiento de adoctrinamiento compulsivo se divide en tres grandes fases: descongelación, cambio y congelación.
La primera fase de descongelación se centra en perturbar la realidad del individuo, en desorientarlo, en atacar las convicciones previas del sujeto, situándolo en una situación de máxima receptividad hacia la nueva doctrina mediante la eliminación del juicio crítico. Estos objetivos se pueden alcanzar de varias formas: saturando mediante sobrestimulación el aparato sensorial y cognitivo de la persona, privándole de sensaciones en un entorno controlado, confundiéndole con un lenguaje y una información incoherente, etc. Una vez se ha vencido su resistencia, la víctima es bombardeada con la idea de que tiene graves defectos, por ejemplo, su falta de solidaridad y compromiso. Una vez hundida, la persona está lista para la segunda fase.
La segunda etapa busca imponer una nueva identidad personal. Algunas de las técnicas de la primera fase son de nuevo empleadas. De especial importancia resulta la repetición. Los datos se repiten una y otra vez, pero el mensaje siempre es el mismo. Todas las repeticiones se basan en unos cuantos temas básicos: lo malo que es el mundo, la gente carece de entendimiento para "arreglarlo". El líder es la persona indicada para traer una felicidad duradera. Se ordena a los novicios que abandonen sus "viejos conceptos" que les impiden acercarse a la nueva verdad. También es muy poderosa la persuasión ejercida por otros miembros, organizados normalmente en "células". Aquí se incluyen sesiones de participación con los miembros de base en las que se confiesan desviaciones y se fomenta el sentido de comunidad.
Una vez adoctrinado el "nuevo hombre" se procede a la congelación, levantando formidables barreras que eviten que la razón pueda en un futuro devolverle a la realidad. Para ello se distorsiona la memoria, minimizando las cosas buenas del pasado y exagerando los fallos y la culpa. Debe abandonarse todo interés particular, afición, amistad o familia que entre en contradicción con el compromiso. Sin duda, el mecanismo congelador más poderoso consiste en implantar fobias en la mente del sectario. Una fobia puede definirse como un miedo irracional. La fobia se desencadena ante un fenómeno externo o un pensamiento preocupante que evoca imágenes negativas y sentimientos de temor. En la fase de congelación del adoctrinamiento se implantan de forma efectiva en el subconsciente del sujeto vívidas imágenes negativas que hacen que éste no pueda imaginar siquiera la posibilidad de ser feliz y tener éxito fuera del grupo. Los adeptos llegan a creer firmemente que serán destruidos si abandonan la seguridad del grupo, que no tiene otro camino en la vida. Las fobias también se activan cuando el sectario percibe algún ataque al líder o a la ideología.
Una vez completado el proceso de adoctrinamiento, que sin embargo es reforzado continuamente, la víctima vive en un mundo en el que la doctrina es la realidad. En todas las sectas destructivas, el individuo debe someterse al grupo. Pensar por uno mismo está mal. La intención personal debe quedar subordinada a la del grupo. El individualismo es el mal. La conformidad, el bien. Todo el sentido de la realidad de un adepto se basa en la referencia externa de la ciega confianza en la figura autoritaria exterior.
También es característico del pensamiento sectario que el líder proclame ser el único que conoce el futuro. Sabe cómo pintar visiones del paraíso o del cielo para guiar a los adeptos. Muchos elaboran incluso calendarios que son modificados conforme se acerca la fecha señalada.
Llegado a estas alturas el lector seguramente ya haya advertido cuán frecuentemente nos encontramos con estas técnicas en el paisaje político-mediático. Hombre prevenido vale por dos.
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