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Portada - Comentarios - La irrelevancia del crecimiento económico

12/02/2007 - Juan Ramón Rallo

La irrelevancia del crecimiento económico

El crecimiento económico de un país se ha convertido en una especie de fetiche al que hay que rendir el máximo culto. El éxito de una sociedad y de un Gobierno se miden por los dígitos a los que crezca la economía. Incluso algunos liberales utilitaristas llegan al extremo de defender al Estado y alguna de sus intervenciones bajo el argumento de que "fomenta el crecimiento económico". ¿Realmente es tan importante? ¿Debemos prestarle alguna atención como economistas?

Lo primero que debemos de tener claro es la definición de crecimiento económico. Como tal se define a la tasa de variación de un índice de referencia (generalmente el PIB a un año) que en sus diversas formas trata de aproximar el incremento del valor de mercado de los bienes y servicios producidos por una serie de personas.

Esto se debe a que el crecimiento es un concepto importado de la biología; un organismo crece cuando aumenta de tamaño. En economía no queda claro cómo "se aumenta de tamaño", así que es necesario confeccionar índices que puedan aumentar o disminuir. Sin embargo, por un lado, en estos índices sólo podrá incluirse por definición aquello que resulte mensurable –y la utilidad no lo es– y, por otro, tratan de agregar la producción nacional como si beneficiara a todos los individuos por igual.

Por consiguiente, el crecimiento económico no trata de aproximar el bienestar de los individuos, sino su producción agregada: cuántos euros o dólares están dispuestos a pagar algunos individuos a cambio de una cantidad de bienes y servicios que todos han producido y están a la venta.

Pero el precio de mercado no es equivalente al valor medio o agregado que se confiere a un bien o servicio, sino sólo la máxima contrapartida monetaria que en un momento del pasado alguien, con unos gustos e información particulares y diferentes a los del resto, estuvo dispuesto a entregar.

Otro problema es que todos bienes o servicios producidos gratis, para uno mismo o no puestos a la venta, son excluidos de la medición. Es más, todo el descanso o las actividades de recreo adicionales tampoco entran en el cómputo del crecimiento. Una sociedad que lograra producir la misma cantidad de bienes y servicios que el año precedente pero disfrutando de mucho más tiempo de ocio, registraría un crecimiento económico 0 (siempre que los precios se mantuvieran constantes).

Además, desde una perspectiva científica de individualismo metodológico, no puede afirmarse que un individuo esté mejor por el hecho de que sus vecinos hayan producido más bienes. Si se alegra de la riqueza ajena, si lo estará, pero no necesariamente. Al aunar la producción y suponer que todos los individuos –con independencia de su contribución a lograrla– disfrutan del agregado, caemos en el igualitarismo socialista de desvincular producción y distribución. La producción adicional, en todo caso, sólo podrá incrementar el bienestar de quienes disfruten de ella.

Partiendo del individualismo metodológico, es cierto que todo individuo prefiere más a menos bienes económicos. La razón es que un bien es un medio disponible que sabemos puede satisfacer alguno de nuestros fines. A mayor número de bienes, mayor número de fines podemos alcanzar.

Ahora bien, la obtención o uso de todo bien económico requiere de una acción humana y toda acción humana implica un coste de oportunidad: mientras obtengo o utilizo ese bien económico debo renunciar a otras acciones. Si obligamos a un individuo a trabajar 24 horas al día, aun cuando le permitamos quedarse con su producción, es dudoso que estemos incrementando su bienestar. Mientras le obligamos a trabajar no podrá satisfacer otros fines que puede considerar más importante.

El incremento de la cantidad de nuestros medios, por tanto, sólo podrá ser positivo cuando sea el resultado de elecciones voluntarias; y si para ello los individuos deciden recurrir a la división del trabajo y al intercambio, ese incremento voluntario de los medios se traducirá en crecimiento económico.

Pero fijémonos que el crecimiento sólo es uno de los posibles subproductos que se dan cuando los individuos tratan de satisfacer sus fines, no el único. La afirmación de que más crecimiento es siempre mejor resulta falaz. A priori es imposible afirmar que el crecimiento sea bueno o malo; por ello aun cuando el Estado pudiera promover el crecimiento, dado que para ello utilizaría la coacción y nos desviaría de nuestros cursos prioritarios de acción, estaría disminuyendo nuestro bienestar.

De hecho, no conviene afirmar ni que el crecimiento, como resultado voluntario de las elecciones humanas, será necesariamente positivo, ni que el mercado proporciona el nivel óptimo de crecimiento.

La primera proposición es falsa porque no contempla la posibilidad del error. Podemos afirmar apodícticamente que toda acción es ex ante beneficiosa, pero no podemos hacer lo mismo con el crecimiento. La razón es que el crecimiento se mide y se registra siempre ex post, una vez la acción ya se ha traducido en la producción del bien o servicio que ex ante deseábamos. Pero ex post siempre podemos habernos equivocado en nuestro juicio o cambiar de preferencias, por lo que el bien adicional ya no nos compense el esfuerzo realizado.

Imaginemos una sociedad que experimenta una fiebre loca por la mantequilla y se pasa un año produciéndola al máximo rendimiento. Transcurrido ese año, los individuos habrán acumulado grandes stocks de mantequilla, pero si sus preferencias cambian y pasan a aborrecerla, lamentarán su elección. El PIB registrará un importante crecimiento, pero los individuos habrán fracasado en la satisfacción de sus fines.

La segunda proposición también es falsa por diversos motivos. Primero, porque el mercado no actúa, sino que lo hacen los consumidores, los empresarios, los trabajadores o los capitalistas. Segundo, porque ningún individuo tiene como fin incrementar ciegamente el número de bienes y servicios computables para un índice arbitrario. Y tercero, porque aunque algún individuo tuviera como fin vital aumentar ese fin, el incremento del PIB sólo indicaría una mejora del bienestar de ese individuo concreto y no del agregado de la sociedad como ya hemos visto.

Ahora bien, ¿significa ello que debemos ignorar las críticas de ecologistas, socialistas y comunistas que con frecuencia proponen paralizar o incluso revertir el crecimiento económico? No. En la medida en que el crecimiento puede ser el resultado de las acciones voluntarias de los individuos, limitarlo podría suponer la restricción de muchos cursos de acción deseados; el intervencionismo anti-crecimiento frecuentemente colisionará con proyectos legítimos de los individuos.

En definitiva, el término crecimiento es ajeno a la ciencia económica. Su uso responde a la necesidad de justificar ciertas intervenciones del Estado –como los incrementos del gasto público– que pueden cuantificarse en incrementos de un índice de referencia arbitrario. Lo verdaderamente importante para el individuo es poder lograr sus fines y ello sólo cabe dentro del respeto a su libertad y su propiedad para que pueda conciliar sus planes con los de otros individuos.

Resulta preferible hablar de progreso económico de un individuo, cuando logra en retrospectiva satisfacer sus fines, o de desarrollo progresivo de una institución, cuando evoluciona haciéndose más respetuosa con la propiedad, la libertad y demás preceptos éticos que de ahí se derivan.

 

Opinión de los lectores

Albert Esplugas

Veo que tu artículo sigue de cerca las tesis Anthony Mueller y también su conclusión de que es irrelevante. Aunque es verdad que el PIB y el crecimiento económico presentan los problemas que citáis tú y Mueller, no creo que de ahí se siga que debamos tirar estos conceptos a la papelera, sino tomarlos con un punto de escepticismo / conscientes de sus carencias (quizás no dices explícitamente que debamos tirarlo a la papelera pero el hecho de que lo califiques de “irrelevante” etc. parece sugerirlo). En este sentido creo que el apunte de Stefan Karlsson al artículo de Mueller en el blog es interesante. La copio debajo:

With all due respect to Professor Mueller, I think he is mistaken on a number of points.

First of all, economic growth is hardly a concept to be rejected since it is a synonym for increased prosperity. And in a market economy everyone's actions generally aim for "economic growth" for their personal finances or for their company.

Secondly, to say that it is impossible to compare different baskets of heteogenous goods and services ignores the existence of money. Even though Coca Cola and Microsoft produces very different things it is possible to add up the value of their sales because they are both measured in money.

Third, GDP numbers can be useful for investors and businessman. Part of that need is of course created by the weight that policymakers attach to it, but it can also be useful in estimating how big the potential market for a new product can be and thus how much should be invested.

Fourth, while one should take GDP numbers with a grain of salt because of the inevitable measurement problems not to mention of course the manipulation of the numbers by governments trying to make the economy look better it is clear that they do at least roughly reflect real differences between countries and between different times in the same country. The 30% decline in GDP during the great depression certainly reflected real developments and it is clear that the higher GDP/capita in the United States compared to Mexico reflects real income differences, as the flow of illegals illustrate.

Fifth, GDP statistics generally supports the case for the free market, as for example the relatively capitalist countries in East Asia and Eastern Europe greatly outperform welfare statist Western Europe. While it is true that the Soviet Union and Nazi Germany on paper for a time had fast growth this actually did reflect increases in production, although particularly in Nazi Germany mainly things which was not useful as it was not demanded by anyone except the government. This is not comparable to growth in the production of items demanded by the market.

I was in this context to see the reference to China as being "development dictatorship". While the Chinese government certainly is not consistently laissez-faire, the Chinese economy is predominantly capitalist today.

(…)

The point is that GDP just like any money price or monetary aggregate isn't supposed to measure ordinal value scale of any particular individual and its meaningfullness does not depend on that.

What GDP is supposed to show is how much goods and services people in a country has the ability to exchange for their money income. Money can in turn be exchanged for whatever item they have high upon their value scale (except to some extent in many cases complex items like love). That means that a higher GDP can be translated into people getting the possibility of fulfilling more and more of the items on their value scales.


Por ejemplo, estudios como éste (que concluye que las economías de más rápido crecimiento en los 80 y los 90 tenían un sector público inferior al 25% del PIB) o como éste (que compara el rápido crecimiento económico de Irlanda con el relativo estancamiento de las economías nórdicas), no me parecen en absoluto irrelevantes, al contrario, creo que son una aproximación válida a la prosperidad / progreso real de esos países y un argumento eficaz contra el intervencionismo.

Un saludo

Juan Ramón Rallo

La irrelevancia se refiere, claro está, a la teoría económica pura. En el papel de analistas políticos, en tanto supongamos que mucha gente (especialmente los más pobres) tiene la intención de enriquecerse mediante el intercambio y la división del trabajo, podremos concluir que un mayor crecimiento es sinónimo de éxito.

Pero esto es sólo una contingencia que no tendría por qué ser así y que, mucho menos, permite justificar politicas intervencionistas que traten de acelerar el crecimiento.

Mario

Creo que cuando Juan Ramón afirma que "el término crecimiento es ajeno a la ciencia económica" se está alejando de uno de los principales temas del análisis económico. Si los economistas no se ocupan del crecimiento, sólo les queda ocuparse de la redistribución. Y ahí si aparece el Estado con todas sus garras. Creo que los conceptos benthamianos de dicha y satisfacción son más para sicólogos que para economistas. Una persona que construye una casa con gran esfuerzo y después de construída ya no le satisface, no indica que la aprición de esa casa (crecimiento) sea irrelevante o negativa. Antes no estaba la casa, ahora ya está allí, puede ser vendida y alguien la puede usufructuar de alguna otra manera.

Claro, concuerdo con Juan Ramón cuando prioriza la libertad individual como elemento central de la actividad económica. Cuando es el Estado quien se erige como motor de crecimiento, lo hace a costas de las personas, contra su voluntad y contra su bolsillo.

circunstante

No lo comparto. Los individuos que realizan las actividades computadas como parte del crecimiento económico, si han tenido esa libertad, han escogido libremente su preferencia, en cuánto a qué dedicar su trabajo, dentro de sus posibilidades. Y su trabajo tendrá un valor convertible en otros bienes o servicios. Si el valor cambia con el tiempo, como en el caso descrito de la mantequilla, ya se reflejará en el futuro. Ello no obsta para que la sociedad en un determinado momento le haya dado un valor los más objetivamente posible, es decir, por decisión propia. El argumento contra ese valor es lo artificial y pura entelequiz, mientras el otro es un hecho real: si se intercambian bienes y servicios es porque se decide ese valor entre los agentes del mercado y, precisamente ese, es el que cuenta y el que mueve a la economía.

Juan Ramón Rallo

El crecimiento, en efecto, es un concepto importado de la biología que debe ser usado con cuidado. Podemos decir que la cantidad de medios de una persona "crecen" aunque me parece mucho más adecuado decir que se incrementan.

La razón es que crecimiento transmite una idea endógena: crecen los propios medios. En cambio, todo crecimiento de los medios tiene un carácter exógeno: es la acción humana la que lo realiza.

En cualquier caso, al irrelevante crecimiento económico al que me refiero no es, como ya indico, al crecimiento de los medios individuales (o de los beneficios de una empresa) sino al agregado de la producción nacional.

Eso sí es irrelevante en cuanto a teóricos de la economía: no puede afirmarse que a priori más producción sea mejor que menos producción, ya que no estamos teniendo en cuenta el coste de la acción que hará posible ese crecimiento.

De ahí que apartar el foco de atención del crecimiento no signifique concentrarse en la distribución. Es más, la idea de un crecimiento agregado favorece la idea de que todos han contribuido a ese crecimiento y, en cierto modo, todos han de ser partícipes de él (cuando lo único que tenemos es una agregación del valor monetario de miles de medios que sirven para miles de planes autónomos entre sí).

Me parece más adecuado, como también digo, afirmar que todo individuo busca progresar: satisfacer cada vez más y mejor sus fines, para lo cual podrá necesitar de más medios... o no.

El ejemplo que pones de la casa no es válido. Casi todo medio (en especial los bienes de capital) son convertibles, esto es, reaprovechables. Lo relevante no es que construir una casa "por error" no suponga una pérdida absoluta, sino que el individuo ha destinado tiempo y recursos a una actividad que retrospectivamente considera errónea. En otras palabras, el individuo estaría mejor HOY si esos recursos y ese tiempo los hubiera destinado a otros menesteres. En ese lapso de tiempo el individuo no ha progresado: no ha avanzado hacia el mejor logro de sus fines. Que el retroceso sea mayor o menos es una cuestión importante (sobre todo en el análisis de la estructura productiva) pero que no modifica la conclusión en lo sustancial.

Juan Ramón Rallo

Circunstante,

Como ya indico en el artículo, si ese crecimiento computado ha tenido lugar como subproducto de acciones y relaciones voluntarias, podremos decir como historiadores o como analistas, que ha sido positivo. Pero que el crecimiento sea un fin o un medio de todas esas personas es una contingencia que depende de la elección humana y que no puede considerarse apodícticamente cierto.

Su trabajo no tiene por qué tener valor si ellos mismos y el resto de individuos han dejado de valorar los bienes que han producido. Y en todo caso, como ya he indicado, la convertibilidad es un recurso de liquidativo para reaprovechar parte de nuestros esfuerzos y de nuestros recursos pasados.

Yo sólo digo que el crecimiento es un resultado de la acción y, por tanto, un acontecimiento ex post que no puede considerarse necesariamente beneficioso. Una vez los registros públicos computen ese crecimiento puede YA haber sido percibido como un error por sus causantes, en cuyo caso no progresarian económicamente a pesar de que la economía si crecería.

Por supuesto, toda producción e intercambio se lleva a cabo porque se piensa que en el futuro será útil. Pero es que la producción es un proceso, mientras que el crecimiento es un resultado del proceso. Mientras se actúe en una dirección es porque se cree en la bondad de esa acción; cuando esa acción termina, no necesariamente seguiremos creyendo que ha sido exitosa. Pensar lo contrario sería negar la posibilidad de error.

Juan Ramón Rallo

En mi bitácora (http://www.liberalismo.org/bitacoras/1/4355/) he contestado a las cinco objeciones de Karlsson que trae a colación Albert. Copio y pego:

1) El crecimiento económico es sinónimo a incremento de la prosperidad, esto es, todo el mundo trata de hacer crecer sus finanzas personales para mejorar.

Este punto es falso por varios motivos. Primero, la crítica al crecimiento económico se dirige no contra el crecimiento de las finanzas personales, sino contra el de una macromagnitud como es el PIB (u otras similares). En este sentido, un crecimiento de los medios personales sólo se traducirá en un incremento del PIB cuando esos medios sean medibles y se intercambien en el mercado; pero no todos los medios de la acción humana siguen este proceso. Puede haber prosperidad individual sin crecimiento agregado. Segundo, aun refiriéndonos a las finanzas personales, crecimiento no necesariamente implica mayor prosperidad. Todo el mundo podría experimentar un crecimiento en sus finanzas personas buscando un segundo o tercer empleo, pero no todo el mundo lo hace. ¿Por qué? En buena medida porque no consideran que mayor dinero implique mayor prosperidad. Tercero, desvincular el incremento de los medios de la acción humana con la misma acción que los ha hecho posibles es un grave error. Que todo el mundo prefiera más a menos no significa que todo el mundo prefiera hacer más a hacer menos. Precisamente, no incrementaremos nuestros medios cuando ello suponga un coste de oportunidad demasiado gravoso.

2) El dinero permite una comparación intersubjetiva de bienes heterogéneos, de modo que mayor valor monetario supone mayor valor.

Esto también es falso y me sorprende que alguien como Karlsson lo diga. El dinero no es una unidad de medición del valor, sino otro bien que a su vez es valorado. Es cierto, que como he explicado en otras ocasiones, la utilidad marginal del dinero decrece muy lentamente (incluso algunos afirman que es constante), pero ello no nos permite conocer cuál es el valor de la unidad del dinero, sino que ese valor, sea cual sea, disminuye lentamente. En términos cardinales: conocemos la tasa de variación pero no el nivel.

Otro problema es que el valor no son intensidades, sino relaciones relativas de prioridades. A>B no porque A=5 y B=4, sino porque el fin A me parece más importante que el B. El valor es justamente eso: decir que A es más importante que B, no afirmar que el placer, la excitación o los beneficios de A son mayores que los de B. Cuestión distinta es lo que motive la preferencia de A sobre B y cómo esa preferencia puede manifestarse en reacciones corporales que expresen excitación, satisfacción o placer. La economía se ocupa del valor, la psicología de cómo se forma ese valor y la biología de cómo el cuerpo humano exterioriza parte de las experiencias de ese valor.

Por tanto, el dinero no puede medir relaciones ordinales, primero porque ese mismo dinero si sitúa en la escala ordinal de preferencias, segundo porque lo que pretende medirse simplemente no tiene medida alguna. La comparación de PIBs entre países o entre individuos como manifestación de su bienestar no tiene sentido alguno.

3) La medida del PIB puede ser útil para inversores y empresarios para conocer el tamaño de la economía y su potencial de expansión.

Es importante dejar claro que el crecimiento sólo es irrelevante desde el punto de vista de la teoría económica pura. El matiz es importante para quien no esté versado en la distinción de las disciplinas y confunda economía teórica, con historia económica o con función empresarial. Pero, de nuevo, me sorprende que alguien como Karlsson caiga en esa trampa.

Es evidente que el crecimiento no puede ser irrelevante desde ninguna otra perspectiva. Cualquier individuo le puede conceder una importancia incluso afectiva al crecimiento. Precisamente porque no podemos decir que el crecimiento económico en lo relativo a los fines humanos sea relevante a priori tampoco podemos decir que sea irrelevante a priori. En mi artículo sólo he tratado de transmitir que a la investigación praxeológica no puede interesarle el crecimiento económico porque pertenece al ámbito de la elección humana que, por definición, es ajeno a su ámbito.

Sería interesante estudiar, desde un punto de vista experimental, hasta que punto el PIB y el crecimiento del PIB es una buena referencia para aproximar expansiones futuras del mercado. En este aspecto no entro, porque no cuento con las herramientas analíticas necesarias. Pero es una cuestión esencialmente distinta. El PIB puede ser tan útil a los empresarios como puede serlo la evolución del índice de confianza de los consumidores, lo cual no implica que necesariamente todos los empresarios deban tener en cuenta esos resúmenes y descripciones imperfectos de la realidad. Por tanto, queda fuera de la teoría económica.

4) Las diferencias espaciales y temporales del PIB implican diferencias entre países que pueden ser merecedoras de estudio.

Todo conjunto social y todo individuo es en algunos rasgos distinto a otro. Las huellas dactilares es un ejemplo de que no hay dos individuos iguales. Sin embargo, esas diferencias no justifican su estudio en teoría económica.

Distintos PIBs podrán suponer sociedades y evoluciones distintas, pero nada más. Si con esas diferencias queremos aproximar diferenciales de bienestar nos estaremos equivocando gravemente. El análisis agregado no es válido para esta tarea porque, de nuevo, no existe algo así como "bienestar agregado" (y mucho menos un bienestar agregado que pueda aproximarse mediante la producción agregada).

Es concebible que en un régimen totalitario ciertos índices de producción agregada se incrementen. Mao quería superar a Inglaterra y EEUU en producir acero y aunque finalmente no lo logró, que lo hubiera conseguido no habría sido expresivo de un mayor bienestar. Más PIB sólo implica más productos físicos: el valor que los individuos atribuyan a esos productos es cuestión distinta. Si esa producción es resultado de sus decisiones voluntarias y retrospectivamente no juzgan que se han equivocado, esa producción servirá para incrementar su bienestar. Pero si es una producción impuesta, por lo que han tenido que renunciar a fines prioritarios, no será el caso.

Por supuesto, como analistas o historiadores podemos utilizar el PIB y otros índices para resumir la magnitud de ciertos desastres, como la gran depresión. Pero no deberíamos confundirnos con lo que esos índices nos muestran: que durante la Gran Depresión el PIB cayera un 30% no significa que el bienestar cayera un 30%. La cifra ni nos muestra la disminución o mejora del bienestar (sino de la producción), ni las diferencias interpersonales resumidas en ese 30%.

Del mismo modo, que un país tenga un PIB más elevado que otro no significa que su bienestar sea mayor. El gobierno cubano informó recientemente que su crecimiento económico era el mayor del mundo. Al margen de la más que probable manipulación contable, el caso es suficientemente expresivo de la inutilidad del índice. Como mucho, podremos ponernos en la piel de un analista que trata de comprender la situación actual del mundo y afirmar que si los fines de las personas por lo general se satisfacen con más bienes intercambiados en el mercado, las economías libres que crezcan serán las que tenderán a ser más exitosas. Pero poco más que esto.

5) Generalmente el crecimiento del PIB muestra el éxito de las economías libres, sobre todo cuando es fruto de la interacción en el mercado y no de la imposición del gobierno.

Más o menos es lo que acabo de indicar. Pero de nuevo, esto no tiene nada que ver con la teoría económica, sino con el análisis económico (lo que en algunas facultades se conoce como "estructura económica"). Con todo, quedarse ahí resulta peligroso: un menor PIB o un crecimiento del PIB más reducido no supondría el fracaso de las economías libres, por lo ya explicado: toda acción (y la de crecer también) comporta un coste que los individuos no tienen por qué estar dispuestos a asumir.

QRM

Todo muy cierto y muy interesante. Sin embargo, yo lo que añoro en la ciencia económica es una referencia a la libertad. El crecimiento es irrelevante si se refiere al ambiguo concepto matemático, econométrico. No lo es si se refiere a la cantidad relativa de bienes que puede un individuo adquirir con su renta. Es decir, si se relaciona con la pura libertad del sujeto, que es directamente proporcional a su riqueza. Y me refiero a la libertad material, no a la de "espíritu" y otras cursiladas que ni voy a mencionar. Uno es tanto más libre cuanto más puede elegir, y puede elegir más cuanto más riqueza relativa acumula, ya sea porque incrementa su renta o porque la competitividad y la eficiencia abaratan los productos.
En conclusión, respetable intento científico de defender el anarcocapitalismo. Pero a mí no me convence. El estado es imprescindible y benéfico sólo en cuanto se concentra en la razón de su existencia: defender la libertad del individuo, especialmente de los que no la pueden defender por sí sólo, de los débiles, que en realidad acabamos siéndolo todos en un momento u otro. Así que en cuanto se centre en policía, defensa y justicia, el estado sirve. Si se expande- que es a lo que tiende- se convierte en enemigo de la libertad, y en una rémora intolerable, moral y económicamente.
Por cierto, este concepto de Estado como instrumento de la Nación para defender su libertad es antiquísimo en España, y ya desde la escuela de Salamanca está muy bien descrito, por ejemplo en el desventurado Mariana que da nombre a esta maravilla de página.

Enhorabuena, me gusta mucho vuestro trabajo.

Joselito

A circunstante:

A ver: cuando el estado decide una carretera, han decidido los individuos realizar esa actividad, o mas bien se arriman a un dinero fácil? Es que la obra pública incrementa el PIB.

Del mismo modo que lo incrementan los productos ( y no digamos la energía renovable en el caso español, por ejemplo), producidos con subvenciones...

Y cuando el estado decide ir a la guerra? Sabes cuanto del crecimiento PIB de USA se debe a la intervención en Irak? Te recuerdo que mercenarios., uy perdon, empresas de seguridad, cobran. Y muuy caro.

Y de verdad eso es el libre intercambio de individuos?

El PIB es un disparate aceptado por la comunidad económica como un totem; y no es mas que una medida absurda y manipulable. Por si solo no significa nada.

Por cierto, gracias Juan Ramon, por este agudo artículo.

Hay que poner el énfasis en la eficencia, la correcta asignación de recursos y la productividad, no en el crecimiento per se, para medir la "salud" de una economía.

Es mi modesta opinión.

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