La Contrarrevolución verde
"El mapa del hambre hoy corresponde al mapa de las ideologías erróneas".
M.S. Swaminathan
Desde hace más de 9.000 años, los hombres sedentarios han ido introduciendo, mediante continuos ensayos de cruzamiento y selección, mejoras en sus cultivos para que fueran lo más productivo y resistente posible a las plagas o las enfermedades. Pese a ello, las recurrentes hambrunas fueron, desgraciadamente, una constante en casi toda la historia de la humanidad. Sólo a partir de los tímidos avances de los siglos XVII y XVIII la hambruna generalizada fue progresivamente disminuyendo en Europa, lo cual permitió el aumento permanente de su población.
A partir de la segunda mitad del siglo XX se dio un salto cualitativo verdaderamente importante con la llamada "Revolución verde" que supuso la introducción de espectaculares mejoras en las variedades de semillas de importantes cultivos tradicionales, que son la base alimenticia de una buena parte de la humanidad (arroz, trigo, mijo, soja o maíz). En México destacaron las investigaciones del científico estadounidense Norman Borlaug, y en Asia fueron sin duda las del agrónomo M. S. Swaminathan. Con la puesta en práctica, no sin dificultades, de estos avances en las técnicas agrícolas se pudo alimentar y evitar la muerte por inanición de millones de seres humanos, especialmente en el llamado Tercer Mundo.
Esto contrasta vivamente con lo acaecido en China entre 1958 y 1962 durante el Gran Salto hacia... "Atrás": más de 30 millones de chinos perecieron de hambre por la brutal revolución agrícola planeada centralmente por Mao para mayor "gloria" del comunismo. Esta errónea decisión planificada provocó más de la mitad de víctimas de toda la Segunda Guerra Mundial. Los críticos del libre mercado deberían meditar bien sus palabras cuando hablan de la necesidad de frenar un supuesto "capitalismo salvaje" mediante "deseables" medidas coactivas adoptadas centralizadamante desde cualquier poder.
A diferencia de esta salvajada maoísta, la Revolución verde, pese a contar con el apoyo e iniciativa gubernamentales de numerosos Estados, fueron paulatinos cambios propuestos, nunca impuestos; es decir, los agricultores podían elegir entre cultivar o no esas nuevas semillas. Esta Revolución verde se topó, no obstante, con la creciente oposición de los llamados ecologistas "verdes" que empezaron a hacerse oír allá por los años 60 (sus primeros gurús fueron Rachel Carson o Paul Ehrlich) y que la acusaban de fomentar cultivos que necesitaban mayores cantidades de fertilizantes y pesticidas, de desplazar con sus innovaciones las variedades autóctonas y de dañar la biodiversidad. A esta Contrarrevolución verde se le unieron las protestas de comerciantes de semillas tradicionales y la resistencia de los agricultores habituados a sus prácticas ancestrales. Algunos gobernantes se dejaron convencer por estos verdes contrarrevolucionarios.
A la postre, la Revolución verde triunfó en aquellos lugares donde se dieron las mínimas condiciones favorables para que el agricultor pudiera obtener mayores beneficios por su esfuerzo en adoptar esas innovaciones, lo que supone un entorno pacífico y el respeto de la propiedad privada (en cualquiera de sus formas). Sólo hoy persiste el hambre en aquellos lugares donde se han impuesto utopías mortíferas de colectivización de la tierra (China de Mao, Etiopía, Tanzania, Ghana, Zimbabwe, Corea del Norte, etc.) o bien donde hay guerras incesantes y/o estados que han vampirizado la sociedad civil destruyendo la estructura productiva del país (Mozambique, Tanzania, Uganda, Somalia, Etiopía, Sudán, El Chad...).
Allí donde se dejó al agricultor obtener ganancias pacíficamente (tras años de uso de estas innovaciones, pese a sus opositores) el balance es de verdad contundente: se ha "revolucionado" la producción agrícola y se ha conseguido la seguridad alimentaria de crecientes poblaciones de países enteros (China actual, India, Pakistán, Indonesia, Filipinas, México, etc.).
Pero hay más: Borlaug y muchos otros genetistas están convencidos de la necesidad de una revolución permanente, precisamente para mantener el aumento constante de la población, no sólo con nuevos fitomejoramientos sino con las aportaciones de la biotecnología iniciadas en la década de los 80 mediante organismos genéticamente modificados (OGM) u organismos a los que se les ha añadido genes de otras especies (transgénicos). Lo que indefectiblemente se ha topado de nuevo con la Contra pertinaz de los verdes que intenta acrecentar los temores medioambientales y nutricionales que toda globalización del ingenio humano acarrea, logrando imponer (a través de su alianza con los estados) perjudiciales legislaciones restrictivas inspiradas en el paralizante principio de precaución. Hablemos claro, estos verdes no soportan que algunas multinacionales, como Monsanto, Aventis, Novartis, Basf o DuPont, hagan beneficios con los OGM por cubrir mejor las necesidades alimenticias de numerosas personas. Con estas innovaciones es ya viable el aumento exponencial de población. A pesar de esta buena noticia, el híbrido "eco-maltusiano" (o la "multitud anti-ciencia", según calificación del propio Borlaug) va a mantener una dura batalla ante este insospechado avance.
¿Por qué será que esta Contrarrevolución verde me suena ya a contiendas pasadas contra las semillas de Borlaug o de Swaminathan? Esperemos que, de nuevo, se gane finalmente esta batalla ideológica a los contras del progreso y del mercado. No es una broma, está en juego la supervivencia de muchos millones de seres humanos.
Opinión de los lectores
Hola:
- \"organismos genéticamente modificados (OGM) u organismos a los que se les ha añadido genes de otras especies (transgénicos)\"
- Sólo una tontería que me daña la vista: en realidad los transgénicos son un tipo de OGMs, por lo que la conj. disyuntiva ahí no tiene razón de estar,
Diría mucho con respecto al post porque hay varias cosas más graves que no son “del todo” correctas y que se podrían actualizar en pos de ajustarse mejor a la situación de hoy en día
Sólo quería aclarar que la tontería no es de Francisco. Con "tontería" me refería a que es un fallo aparentemente nimio. Pero sólo en apariencia, ya que la confusión entre transgénico y OMG es algo muy extendido en la sociedad y creo debemos ir separando ambos términos. Sobre todo con lo que se avecina, cuando muchos OMGs no son transgénicos y -con menos razón si cabe- se les mira con idéntica desconfianza.
Saludos
Carlitos, estoy totalmente de acuerdo con tu precisión. Conviene separar los transgénicos de los meros OGM. Cuando me referí a ambos (me percato ahora con tu post) hubiese sido más acertado el empleo de conj. copulativa y no la disyuntiva, sobre todo para evitar malentendidos (la imperante propaganda alarmista contraria a estos avances lo hace, efectivamente).
Me interesaría sobremanera que pudieras añadir, si tienes tiempo y ganas, aquello que has entendido puede ser actualizado de mi post. Seguro que lo enriquecerías. Gracias por tu observación.
Un saludo.
Hola Francisco, te añado algunas cosas para enriquecer el asunto. No muchas porque tampoco tengo tanto tiempo:
1. Cuando hablas de las aportaciones de la biotecnología iniciadas en los 80, en realidad no fueron en los 80. En los 80 fue cuando se puso de moda la biotecnología en el mercado. Cuando las grandes empresas biotecnológicas experimentaron su gran auge y posterior caída bursátil. Que, por cierto, fue un auge más cargado de promesas que de realidades. Ya fuera porque muchos productos no podían comercializarse por cuestiones legales o porque había que rematar los últimos desarrollos.
En realidad ya existían modificaciones de ingeniería genética con microorganismos desde los años 70 (transferencias de genes víricos, bacterianos, etc.). Es lo que ocurre actualmente: lo que se ve en el mercado no es más que la punta del iceberg de lo que ya hay desarrollado y que, por desgracia, anda bte. paralizado.
2. Otra puntualización que haría es que el término OGM u OMG es más “legal” que “científico”. Por tanto, eligiendo entre ambas versiones, es preferible la 2ª a la primera pues es la que adopta la normativa europea (Reglmto. 1830/2003 que modifica la Directiva 2001/18/CE, entre otras normas). Yo tb. las uso indiscriminadamente cuando no debería ser así.
http://europa.eu/scadplus/leg/es/lvb/l21170.htm
Es interesante destacar como la normativa se ha recrudecido, incluyendo no sólo a alimentos que contengan el ADN modificado, sino tb. a los que se fabriquen con proteínas derivadas de dicha modificación. Algo tremendo para el comerciante.
3. El problema actual no es tanto la dificultad de poner un OMG en el mercado -que cada vez será menos costosa- sino los pasos posteriores.
Así, en algunos países europeos es peligroso decir que tu cosecha es transgénica ya que si se enteran algunos exaltados te la pueden quemar, echarte sal o hacerte alguna perrería similar. Y, de hecho, lo hacen. Por otra parte, hay una dificultad que considero la mayor de todas en estos momentos: el etiquetado. Los OMGs tienen que tener un etiquetado en el que se indique que el producto ha sido manipulado genéticamente. Con el miedo que se ha inculcado en la sociedad, es fácil adivinar que el empresario -productor o distribuidor- corre un gran riesgo (a menudo inaceptable) poniendo a la venta un producto con dicha indicación. Me parece que después de toda la propaganda que se ha hecho en su contra, pedirle que haga una mención especial en el etiquetado es casi como obligarle a boicotearse a sí mismo.
No comprendo cómo en ningún alimento se exige que se mencione el proceso de obtención y/o fabricación, salvo en aquellos que lo adopten como distintivo de calidad, y en estos sí que se exige. Parece hecho para tocar los huevos y que nadie los compre.
4. A día de hoy, la presión de ciertos grupos ecologistas no es el principal problema (aunque sí fue una buena parte de la causa), sino la presencia de un principio de precaución exagerado y la oposición empresarial. Esta última razón -que ya has mencionado por encima- me parece casi más preocupante. La razón es que muchos empresarios han decidido arremeter contra los OMGs para no tener que competir con ellos. Algo que tampoco tienen nada fácil considerando lo carísimos –y a menudo ridículos- que resultan los estudios toxicológicos de dichos productos… Pero que no se solucionará con una férrea oposición.
Si las cosas no cambian, es muy probable que esta actitud -del agrado de ciertos ecologistas- contará con el apoyo de los gobiernos. El asunto sería nimio de no ser porque al final se fortalezará un oligopolio artificial en el que unas empresas grandes serán las que lleven la batuta del asunto, mientras que otras (por comodidad y amparadas en la falta de visión de muchos gobiernos) quedarán descolgadas. Y no hablemos ya de empresas, sino de países. Los europeos ya han perdido el tren de los OMGs vegetales si se comparan con países como China, India o USA en cuanto a extensión de cultivo. Curiosamente los más fuertes o los que tienen unas mayores perspectivas de desarrollo son los que se llevarán el gato al agua, mientras que Europa, descolgada ya de la revolución informática está viendo cómo se va alejando este nuevo tren. Lo peor, es que lo hace teniendo en la mano informes de sociedades privadas y públicas (algunos solicitados por la propia Comisión) que corroboran las bondades económicas y el bajísimo riesgo de estos alimentos.
5. Lo del caso OMG-transgénico te lo puse porque cuando se habló de la carne de vacuno clonado en USA, en un informativo español se terminó la noticia con una frase similar a que “ya no sabemos ni lo que comemos”. Por supuesto, la frase no tiene nada de inocente y sí una mala leche como un camión, además de que es falsa. Si tienes un animal clonado es cuando mejor sabes lo que comes ya que el ser vivo resultante suele ser muy parecido –que no idéntico- al progenitor.
6. Otros temas peliagudos en el futuro vendrán cuando empiecen a llegar los OMGs de origen animal con modificaciones poligénicas (y con ellos los problemas éticos y de sensibilidades mal entendidas) o el asunto que nadie toca: el de los alimentos sometidos a irradiación que, salvo excepciones muy, muy contadas, aún siguen prohibidos en Europa. Curioso, porque en la India se consumen desde hace décadas sin problema alguno. Los alimentos irradiados sí que lo tienen más crudo que los OMGs.
7. Por cierto, los OMGs no tienen aplicaciones sólo en cuestiones de paliar carencias nutricionales o hambre, sino que podrían ser interesantes herramientas descontaminadotas y/o menos contaminantes (entre otras aplicaciones). Algo que muchos no parecen querer ver.
Bueno, hay más cosillas pero ya me canso de escribir.
Saludos
PS. No aludo a la idea central de tu post porque creo que la has expuesto de manera muy clara.
En los empresarios salvamos a algunos que parecen tener mejor predisposición a estos nuevos cambios.
Son bienvenidas todas tus aportaciones, Carlitos. No me equivoqué al sugerirte una mayor participación. Es una lástima que no te prodigues más.
Es cierto que se olvida que la biotecnología supone, con frecuencia, el uso de técnicas agrícolas menos agresivas para el medioambiente (menos uso de pesticidas, menos consumo de agua, etc.) y podría ser una contraargumentación muy válida para los alarmados por estas cuestiones.
La biotecnología, todavía no, pero será en el futuro además una importante condición para que se produzcan alimentos en forma suficiente y duradera para la creciente población humana (eso sí que será sostenibilidad bien entendida).
Ciertamente hoy el mayor peligro viene de los gobiernos –especialmente europeos- que legislan embebidos por el principio de la precaución. Éstos están totalmente mediatizados por los numerosos votos provenientes de sensibilidades “verdes” (ahí los ecolojetas saben jugar bien sus bazas) y están siempre inclinados a congraciarse con ella (y esto vale para este asunto del que tratamos, para el cambio climático o para cualquier innovación humana que afecte a la sacrosanta y prístina naturaleza, totalmente idealizada en las mentes de los cándidos). De alguna manera, legislando precaución, estos gobiernos participan en esta “Contrarrevolución verde” que denunciaba. (Aviso a los alarmistas: esto no quiere decir que no se hayan de gestionar convenientemente los riesgos que puedan surgir de estas innovaciones; pero el mecanismo adecuado debiera ser principalmente el mercado y no la legislación “de-por-si-las-moscas”).
Ha sido también muy pertinente tu mención de los alimentos irradiados pues es un asunto complementario a la seguridad alimentaria.
Reconozco que es una técnica de esterilización eficacísima para destruir bacterias nocivas, parásitos, hongos y otros patógenos. Ha conseguido reducir las enfermedades transmitidas por alimentos, especialmente en los países del Tercer Mundo. Como riesgo a asumir, sólo se le conoce la destrucción de algunos nutrientes (sobre todo, ciertas vitaminas). Su mala prensa aquí en Europa es debido a la mencionada sensibilidad ecológica (léase ignorancia) y a la poca conciencia que existe por estos lares del verdadero peligro que supone la transmisión de enfermedades por alimentos (eso sí que es un riesgo a tener en cuenta). La irradiación de los alimentos, además, está totalmente aceptada en muchos países, e incluso cuenta con el beneplácito de la OMS!). Debiera ser una técnica de seguridad alimentaria tan aceptada como los alimentos uperisados o pasteurizados.
Es totalmente incomprensible que en Europa –cómo no- siga siendo muy poco usada. Esto es debido a la nefasta Directiva 1999/3/CE que sólo permite la irradiación de ciertos condimentos vegetales, hierbas secas y especias (que yo sepa aún no se ha ampliado la lista de los alimentos que pueden ser tratados por irradiación, no vaya a ser que salte la multitud “anti-ciencia”). En España sólo existe una empresa que se dedica a la irradiación de alimentos, se halla en Cuenca (no doy más datos para que las bandas de ecolojetas no la saboteen o le hagan perrerías como indicabas en tu anterior post) y lo graciosos es que se irradia principalmente carne para exportar a los EE UU y no para consumo nacional.
En Europa, como dices, seguimos perdiendo trenes. Pero ahí no acaba la cosa; además de estas legislaciones de precaución, impedimos a los agricultores del Tercer Mundo, por obra y gracia del blindaje arancelario de la PAC, exportar a Europa sus alimentos más baratos (y, a veces, más sabrosos) con lo que afectamos muy negativamente sus flujos comerciales. Además se subvencionan con dinero de todos nosotros las numerosas ONGs que, con su dañina ideología, ponen piedras para la difusión de la biotecnología con la acusación de que unas pocas empresas occidentales se aprovecharían del hambre, para imponer el afán de lucro privado e, incluso, y los intereses “coloniales”. Una pena.
No nos engañan estas ideologías. La alternativa progre radical es la agricultura ecológica, ignorando que ésta requiere de muchas más hectáreas y que su productividad es totalmente insuficiente para el mantenimiento de la actual población. También, en vez de criticar la PAC u otras barreras al comercio, tenemos que soportar las mandangas del comercio justo que, casi sin excepción, ofrece productos más caros (sólo, por tanto, asequibles como consumo de lujo para el progre occidental bien alimentado por el mercado).
En la India, que, por el momento, no se pueden permitir estos lujos, también hay ideologías nocivas para los pobres provenientes de algunos “pensadores” locales: tomemos el caso de la “saludable” frugalidad (la swadeshi), sugerida para sus sufridos conciudadanos por el afamado sociólogo de Nueva Delhi Ashis Nandy (http://www.afrology.com/soc/nandy.html), buen discípulo de Ivan Illich y de Gandhi. No, gracias, le diría, “pa” ti la frugalidad.
Es un lujo saber que los lectores del IJM están bien preparados ante cualquier tema (para mí, al menos, es un reto).
Un cordial saludo.
- “Son bienvenidas todas tus aportaciones, Carlitos. No me equivoqué al sugerirte una mayor participación. Es una lástima que no te prodigues más”.
- Gracias por todo, Francisco. De todos modos, es un tema que daría para escribir libros y tampoco es cuestión de extenderse tanto.
- “Es cierto que se olvida que la biotecnología supone, con frecuencia, el uso de técnicas agrícolas menos agresivas para el medioambiente (menos uso de pesticidas, menos consumo de agua, etc.) y podría ser una contraargumentación muy válida para los alarmados por estas cuestiones”.
- Y no sólo eso, la biotecnología permite tratamientos de biorremediación muy eficaces. Formas de limpiar contaminantes que en el futuro –cuando madure la tecnología- podrán emplearse con mayor regularidad. Es decir, lo que no se puede pretender es un regreso a las cavernas con el hacha de sílex y el taparrabos.
Hay que hay que adecuarse a las nuevas situaciones y apostar por las mejores soluciones a cada problema.
- “La biotecnología, todavía no, pero será en el futuro además una importante condición para que se produzcan alimentos en forma suficiente y duradera para la creciente población humana (eso sí que será sostenibilidad bien entendida)”.
- Es posible, pero por desgracia creo que la solución al hambre en el mundo ha de pasar obligatoriamente por adecuadas medidas político-económicas. Fíjate lo que ocurre en algunos países sudamericanos: disponen de enormes cantidades de recursos naturales, bagaje científico similar al de España, profesionales adecuados, etc. Y, pudiendo parecer que tendían que estar a la cabeza del desarrollo, no consiguen equipararse al Primer Mundo. En parte por nuestra culpa y en parte por la corrupción que tienen allí montada. Es decir, la tecnología y la ciencia para ser aprovechadas y efectivas requieren de un nicho adecuado en el que puedan florecer o mantenerse. No ya sólo en lo relativo a su aplicación sino en la belleza que supone la búsqueda del conocimiento en sí misma. Cuando no interesa más que la búsqueda del conocimiento interesado no hay nada que hacer.
- “Ciertamente hoy el mayor peligro viene de los gobiernos –especialmente europeos- que legislan embebidos por el principio de la precaución”.
- Pero lo peor no es ya el ppio. de precaución en sí mismo (que anda “un poquillo” distorsionado en los países occidentales) sino que éste obedece intereses políticos a menudo ajenos a los de los ciudadanos. Así, sirvió a USA para blindarse nuestras clementinas, a nosotros para prohibir sus transgénicos y parte de su ganado vacuno, a Japón para prohibir la vaca “yanki“, etc.
Y encima en la UE, no ya sólo tiramos contra el de afuera, sino que nos “canibalizamos”:
http://www.adnmundo.com/contenidos/comercio/europa_antitransgenicos_ce_210202.html
Y, claro, USA para no ser menos, discute sobre prohibir el sacrificio de caballos para consumo humano y siquiera la exportación de los mismos:
http://www.mapausa.org/Boletines/2006/bol318.pdf
No lo entiendo. Por qué no exportar una carne que tú no quieres a países que sí pueden quererla??? Si un día no nos topamos con el Proyecto Gran Equino no vamos mal. Luego se quejarán algunos de mi mala leche reconcentrada y de que diga que estamos rodeados de idiotas.
- “Ha sido también muy pertinente tu mención de los alimentos irradiados pues es un asunto complementario a la seguridad alimentaria.
Reconozco que es una técnica de esterilización eficacísima para destruir bacterias nocivas, parásitos, hongos y otros patógenos. Ha conseguido reducir las enfermedades transmitidas por alimentos, especialmente en los países del Tercer Mundo. Como riesgo a asumir, sólo se le conoce la destrucción de algunos nutrientes (sobre todo, ciertas vitaminas)“.
- En realidad, la irradiación de alimentos tiene más usos (inhibición de germinación, etc.) y algún riesgo adicional en cuanto a enranciamiento de determinados alimentos. Pero no es nada grave. El problema es que una técnica que en informes, en miles de artículos científicos de primer orden, en libros y en
la experiencia práctica se ha mostrado inocua y eficaz sea cuestionada (y castrada) de manera oscurantista al amparo de informes minoritarios y sesgados. Cuando no, redactados por personal sin la debida formación especializada en el asunto.
Y todo siendo la irradiación controlada de alimentos más segura que hacer una parrillada. No entiendo quién puede estar saliendo beneficiado de todo esto.
- Es totalmente incomprensible que en Europa –cómo no- siga siendo muy poco usada. Esto es debido a la nefasta Directiva 1999/3/CE que sólo permite la irradiación de ciertos condimentos vegetales, hierbas secas y especias (que yo sepa aún no se ha ampliado la lista de los alimentos que pueden ser tratados por irradiación, no vaya a ser que salte la multitud “anti-ciencia”).
- Sí, tengo entendido que hay por ahí alguna norma por la que algún país europeo se está irradiando pollo. En España de momento se remite a los productos que mencionas… Y vete tú a decir que están
irradiados, que a más de uno le darán los 7 males.
- En España sólo existe una empresa que se dedica a la irradiación de alimentos, se halla en Cuenca (no doy más datos para que las bandas de ecolojetas no la saboteen o le hagan perrerías como indicabas en tu anterior post) y lo graciosos es que se irradia principalmente carne para exportar a los EE UU y no para consumo nacional.
- A estos los he conocido yo. Creo que se dedican sobre todo (si no han modificado su actividad) a esterilizar material sanitario.
Pero tienen suerte, no creo que les saboteen porque trabajan con un emisor beta (electrones acelerados) no con una bomba de cobalto 60 o cesio 137 (o sea, los gamma: los que acojonan al personal). Si no, seguro que ya les habían quemado el garito. Bueno, o directamente cerrado la planta. Por desgracia, como no pueden usar los gamma (que tienen mayor poder de penetración), sus aplicaciones e instalaciones son bte. limitadas. Un caso de lo más absurdo, pero en fin. Es irónico que en esta tecnología sean los países subdesarrollados con energía atómica los que nos den mil vueltas.
- Además se subvencionan con dinero de todos nosotros las numerosas ONGs que, con su dañina ideología, ponen piedras para la difusión de la biotecnología con la acusación de que unas pocas empresas occidentales se aprovecharían del hambre, para imponer el afán de lucro privado e, incluso, y los intereses “coloniales”.
- En las ONGs hay de todo. El problema es que muchas no se centran en lo que deben y anteponen unos valores ideológicos a la efectividad. En mi opinión deberían ser iniciativas privadas que buscasen una mayor eficacia en sus fines. Sobre todo “enseñando a pescar” en el Tercer Mundo, como hacen algunas ONGs y ciertos sectores religiosos. Alfabetizando, aportando los conocimientos para montar empresas o evitando situaciones que se opongan al subdesarrollo (grandes plagas, epidemias, etc.) y mermen la capacidad de entrar en un mundo competitivo.
Lamentablemente se está creando una cultura de dar alimentos por darlos, lo que genera ciertas situaciones de dependencia y que, a menudo, los cargamentos pasen a manos de guerrilleros y gobiernos pero no lleguen a los interesados. Creo que el planteamiento de muchas es un fracaso y no porque carezcan de gente buena sino por cuestiones ideológicas que dificultan una orientación de los programas para incentivar la iniciativa empresarial en el Tercer Mundo, lo que sería un buen motor de desarrollo.
La caridad debe servir para que al pobre se le enseñe a competir no para que se le dé comida o diversos suministros temporales pero no se le arregle el problema de fondo. Sería bueno que las ONGs tb. pudieran (y algunas quisieran) denunciar la sinvergonzonería de más de un mobutu que hay por ahí suelto y que valorasen con mayor eficacia qué ayudas son verdaderamente útiles y cuáles suponen sólo un lastre o un desperdicio de recursos.
- La alternativa progre radical es la agricultura ecológica, ignorando que ésta requiere de muchas más hectáreas y que su productividad es totalmente insuficiente para el mantenimiento de la actual población.
- Supongo que te referirás al estudio ése que han puesto de moda por aquí. En realidad no sé si será insuficiente para mantener la población o no. Si hablamos a nivel mundial no es necesario ni hacer un estudio para llegar a esa conclusión. Si casi no se puede frenar una plaga de langostas africanas con la última tecnología en modificaciones genéticas o plaguicidas, que no vengan con jodiendas de cultivo tradicional o de lucha biológica. Que se lo digan al campesino negrito que pierde gran parte de sus cosechas aún usando remedios más modernos y efectivos. Les iba a inflar a hostias en cuanto le jodieran un par de cosechas por completo.
Lo que me parece claro es que con la agricultura ecológica se está generando un producto de lujo. Caro. Muy caro a pesar de tener subvenciones y que es poco competitivo en la mayor parte de los casos.
A mí me parece fantástico que quien quiera agricultura ecológica la tenga. Muchos de sus productos tienen mejor sabor, tal vez más vitaminas y seguramente tendrán una gran aceptación por su respeto al medio. Pero lo que me parece más feo es que se pretenda obligar a producir de ese modo… Y encima sin valorar las consecuencias para los más pobres.
Es decir, el que quiera producir un producto ecológico y sepa darle salida, que lo haga pero que no se obligue a los demás a emplear un sistema que encarezca brutalmente la alimentación. Más que nada porque se puede terminar por producir sólo cerdos ibéricos en la dehesa y disparates similares, que son infinitamente más ecológicos que los cerdos producidos en intensivo. Pero a ver quién es el guapo que se puede permitir esos lujos asiáticos llevados al extremo. Menos mal que, dentro de lo que cabe, tampoco se les hace mucho caso porque en un descuido nos veíamos de nuevo en el siglo XIX.
Además de que no confío en que todos los productos sean tan ecológicos como dicen.
- También, en vez de criticar la PAC u otras barreras al comercio, tenemos que soportar las mandangas del comercio justo que, casi sin excepción, ofrece productos más caros (sólo, por tanto, asequibles como consumo de lujo para el progre occidental bien alimentado por el mercado).
- En el comercio justo mi opinión es que su utilidad debería estar en servir –tal vez- de transición para que los individuos de los países subdesarrollados aprendan a montar una empresa pero no para que se genere ese modo de producción. Más que nada porque está sustentado en una base etérea. Es decir, si surge una crisis en el país consumidor, quién comprará esos productos??? Casi nadie. Vete entonces a explicarle al individuo del país subdesarrollado que le has estado haciendo vender un producto de lujo que tiene un mercado poco sólido y amparado casi más en la caridad que en otra cosa.
Es decir, si alguien quiere comprar en las tiendas de comercio justo por razones emotivas o de otra índole, pues fantástico. Pero eso no debería usarse más que como una transición para ayudar a despegar a esa pobre gente emprendiendo algo de mayor calado. Dejarlo en una forma de comercio de ese estilo puede traer a la larga más mal que bien, crear frustraciones, etc.
Pero vamos, si hay gente que desea comprar de ese modo pues adelante. Es una opción más.
- En la India, que, por el momento, no se pueden permitir estos lujos, también hay ideologías nocivas para los pobres provenientes de algunos “pensadores” locales: tomemos el caso de la “saludable” frugalidad (la swadeshi), sugerida para sus sufridos conciudadanos por el afamado sociólogo de Nueva Delhi Ashis Nandy (http://www.afrology.com/soc/nandy.html), buen discípulo de Ivan Illich y de Gandhi. No, gracias, le diría, “pa” ti la frugalidad.
- No, no. Me da a mí que para él tampoco. Viendo el documento que nos deja:
http://www.afrology.com/soc/images/anandy.jpg
Y comparando su foto con la del Mahatma…
http://www.kaliman.com.mx/kalitarjetas/fotos/gandhi.jpg
Viendo la papada del 1º y las piernecillas del 2º…
Me da a mí que la frugalidad del Nandy es un poco como la de Obélix. O sea, la de meterse buenos codillos y chuletones entre pecho y espalda.
- Es un lujo saber que los lectores del IJM están bien preparados ante cualquier tema (para mí, al menos, es un reto).
- Qué va. Ahora todos estamos muy preparados con el hipersabio google.
Saludos
Carlitos, empiezo por el final:
“Me da a mí que la frugalidad del Nandy es un poco como la de Obélix. O sea, la de meterse buenos codillos y chuletones entre pecho y espalda.”
Me has hecho reír verdaderamente con tu comparación del “papudo” Ashis Nandy y Obelix (¡es verdad que tienen un cierto parecido!). En honor de la verdad debo decir que Ashis Nandy es un pensador iconoclasta con cierta originalidad; que desbarra completamente ante ciertos enfoques como éste que comento sobre su propuesta ante la escasez de alimentos en los países pobres, pero en otros asuntos acierta en sus diagnósticos, como cuando denuncia que el problema mayor de los países del Tercer Mundo es el culto que sus dirigentes, sin excepción, han profesado al Estado-nación (importado de Occidente y que, según él, ha supuesto más víctimas desde sus respectivas independencias que todos los crímenes juntos cometidos con la colonización). Sólo hay que pensar en la conferencia de Bandung y su camarilla de líderes tercermundistas pertrechados de ideologías estatistas y socializantes hasta las cachas.
“Y no sólo eso, la biotecnología permite tratamientos de biorremediación muy eficaces. Formas de limpiar contaminantes que en el futuro –cuando madure la tecnología- podrán emplearse con mayor regularidad.”
Otro aspecto positivo, además, a tener en cuenta de la biotecnología es que su paulatina extensión implicará una progresiva reducción de superficie de hectáreas para un rendimiento similar. Sólo para el caso de la Rev. verde ha sido muy revelador: según datos ofrecidos por Borlaug, en 1950 la producción mundial de cereales era de 692 millones de toneladas. Cuarenta años más tarde la producción mundial era un 170% mayor (unas 1.900 millones de toneladas) con, prácticamente, la misma cantidad de superficie de tierra cultivada, unos 600 millones de hectáreas! Con los métodos tradicionales de cultivo, sin las mejoras introducidas por la Rev. verde ese nivel de producción hubiese necesitado en total unas 1.800 millones de hectáreas (!). Las ventajas de esta menor presión de la explotación agrícola sobre la superficie terrestre es evidente. Todavía hay ciegos que piensan que se ha ido hacia atrás, en vez de ver el verdadero avance de estas investigaciones. El desarrollo de la bitecnología supondrá avances aún mayores que los fitomejoramientos de la Rev. verde.
“Es posible (que la biotecnología remita el hambre en el planeta) pero por desgracia creo que la solución al hambre en el mundo ha de pasar obligatoriamente por adecuadas medidas político-económicas”. Absolutamente de acuerdo. Me refería en mi anterior post que la biotecnología era “una importante condición” para que se produzcan los alimentos necesarios para la creciente población humana; otras condiciones, no menos importantes, son las que mencionas: “adecuadas medidas político-económicas” (para mí son el respeto a la propiedad privada, al fruto del esfuerzo del agricultor y todo lo que implica la liberalización de medidas intervencionistas en el sector, empezando por la supresión de monopolios tercermundistas a la exportación y siguiendo por el desmantelamiento de la PAC en Europa y subsidios y blindajes similares de EE UU, Australia y Japón, así como la desregulación de las innovaciones de las técnicas mencionadas).
“Pero lo peor no es ya el ppio. de precaución en sí mismo (que anda “un poquillo” distorsionado en los países occidentales) sino que éste obedece intereses políticos a menudo ajenos a los de los ciudadanos.” Cierto! Esto enlaza, además, con tu post previo en que denunciabas las presiones interesadas (con el beneplácito de los ecologistas) de los empresarios renuentes al cambio que suponen todas estas innovaciones, con lo que irremediablemente distorsionará el mercado y fomentará un perjudicial oligopolio artificial, por la falta del concurso de nuevas empresas innovadoras en biotecnología. Es el eterno toque anti-Midas de la mano del Estado.
“Y encima en la UE, no ya sólo tiramos contra el de afuera, sino que nos “canibalizamos”. Es alucinante ver en el link al que haces referencia cómo Bulgaria y Rumanía (que tenían asumida la producción de maíz modificado genéticamente dentro de sus fronteras) van a tener que echar el freno debido a los “euroburrócratas”. Esto me recuerda que la saludable baja presión fiscal de países como Lituania y Estonia va a tener que “jarmonizarse” con las directivas europeas: es el precio que tienen que pagar por europeizarse (tal vez ha llegado el momento de replantearse que no es tan buen negocio entrar en este club).
La guinda es tu link de información agraria de Usa y Canadá: por obra y gracia del legislador de EE UU se han creado allá mataderos industriales (pocos) de caballos para exportar su carne a Europa y Asia (no para consumo nacional pues “desde la fundación de nuestra nación hemos compartido una relación especial con los caballos” el legislador yanki dixit). Por estos pagos ya hemos visto que la única empresa española de irradiación de alimentos somete la carne a un emisor de electrones acelerados (no para que pueda ser consumida por sus vecinos próximos) sino para ser exportada a los EE UU, todo ello gracias al legislador europeo (qué efectos más sorprendentes tiene esto de legislar el mercado!).
“Es irónico que en esta tecnología (la irradiación de alimentos) sean los países subdesarrollados con energía atómica los que nos den mil vueltas.” Ahí me he quedado un poco descolocado; la irradiación nada tiene que ver con la radiactividad (tal vez me he perdido algo en tu exposición…).
“En las ONGs hay de todo. El problema es que muchas no se centran en lo que deben y anteponen unos valores ideológicos a la efectividad.” Correcto. En mi anterior post he sido tal vez injusto al englobar todas las ONGs como “contrarrevolucionarias” y de ideologías dañinas para los pobres. Pero lo que veo es que algunas, además de ir directamente en contra del capitalismo y de la libre empresarialidad, quieren implantar a todos su forma de ver las cosas en temas alimenticios (rechazo de las innovaciones de la biotecnología, desarrollo de la agricultura ecológica, comercio justo y demás lujos) lo que supon una receta harto dudosa para el desarrollo de los pobres. Es bueno, como dices, para el urbanita (progre) que quiere contribuir desinteresadamente desde su cómoda posición, pero intentar implantarlo en aquellos países me parece sinceramente una aberración de “niños mimados” y “con el “estómago lleno” (como diría, creo, Borlaug). Aciertas también cuando dices que el comercio justo “está sustentado en una base etérea”.
Creo que muchas ONGs (y los ecolojetas en general) pierden siempre la oportunidad de denunciar la PAC y las medidas proteccionistas de muchos países de Occidente (que la OMC no logra más que introducir pequeñas componendas al libre mercado) y pierden contacto –conscientemente o no- con la realidad cuando plantean soluciones de “bases etéreas” como mencionas.
“Ahora todos estamos muy preparados con el hipersabio google”. No te haces idea de la cantidad de analfabetos que conozco con un dominio espléndido de buscadores de internet.
Un placer, Carlitos, leer tus comentarios.
- “En honor de la verdad debo decir que Ashis Nandy es un pensador iconoclasta con cierta originalidad; que desbarra completamente ante ciertos enfoques como éste que comento sobre su propuesta ante la escasez de alimentos en los países pobres, pero en otros asuntos acierta en sus diagnósticos, como cuando denuncia que el problema mayor de los países del Tercer Mundo es el culto que sus dirigentes, sin excepción, han profesado al Estado-nación (importado de Occidente y que, según él, ha supuesto más víctimas desde sus respectivas independencias que todos los crímenes juntos cometidos con la colonización). Sólo hay que pensar en la conferencia de Bandung y su camarilla de líderes tercermundistas pertrechados de ideologías estatistas y socializantes hasta las cachas”.
- Del Sr. Nandy no he leído nada. Quizás tenga razón en algunas (o muchas) cosas, igual que Gandhi. Es muy raro que alguien no tenga razón en nada o la tenga en todo. Además de que no todos pensamos igual.
Aunque no comparto la metodología ni una parte del ideario de Gandhi, sí que le admiro por una razón, y es que a pesar de sus defectos (ataques de ira inmotivados, abulia por temporadas, posible maltrato a la parienta y un largo etc.) era más consecuente con sus ideas que muchos políticos e ideólogos y hasta se jugaba el pescuezo por defenderlas. Ahora son muy finos ellos y no se mojan el culo. Regulan a distancia cuando a muchos a lo mejor les convenía darse unos buenos paseos entre la plebe para conocer de 1ª mano las chapuzas que están ocasionando.
- “Y encima en la UE, no ya sólo tiramos contra el de afuera, sino que nos “canibalizamos”. Es alucinante ver en el link al que haces referencia cómo Bulgaria y Rumanía (que tenían asumida la producción de maíz modificado genéticamente dentro de sus fronteras) van a tener que echar el freno debido a los “euroburrócratas”. Esto me recuerda que la saludable baja presión fiscal de países como Lituania y Estonia va a tener que “jarmonizarse” con las directivas europeas: es el precio que tienen que pagar por europeizarse (tal vez ha llegado el momento de replantearse que no es tan buen negocio entrar en este club).
- Lo peor es que se pierde una oportunidad de oro para cambiar las cosas en la UE. Esto traerá que sean necesarias subvenciones para incrementar la producción, modificar dichas subvenciones cuando surjan los excedentes, enriquecer a los más ricos y mejor enterados de las subvenciones, aguantar la picaresca, encabronar a los que se llevaban las migajas cuando lleguen los desacoplamientos y entrar en el ciclo de siempre. Resulta tragicómico que al final haya que practicar todos esos manejos cuando estos países son los que podían traer una agricultura más competitiva y ecológica. No lo entiendo. ¿Para qué cambiar las cosas y hacerla competitiva de una manera más cara a costa de subvenciones? ¿Acaso lo hacían ellos tan mal? ¿Enfermaba alguien por las cosechas transgénicas o estaba el medio ambiente hecho una pena? Es de disparate. El pensamiento axiomático de las cavernas ha vencido al sentido común y al progreso.
- “la irradiación nada tiene que ver con la radiactividad (tal vez me he perdido algo en tu exposición…)”.
- Te lo explico. La irradiación sí tiene que ver con la radiactividad. En realidad no es correcto disociar ambos conceptos aunque se haga con una buena finalidad. Son diferentes pero están relacionados.
Los alimentos irradiados NO son radiactivos “per se” pero sí que pueden estar tratados con una fuente radiactiva. Lo que ocurre es que NO estás dejando emisores radiactivos en el alimento ni transformándolo en radiactivo, algo que sí ocurre con un accidente nuclear -como Chernobyl- o con las bombas atómicas.
Es decir, matas microorganismos y bichejos variados con los mismos efectos que con una exposición a la radiactividad en estos casos pero de manera controlada: los efectos directos (ionización) e indirectos (derivados de la ionización. Sobre todo formación de radicales tóxicos de corta duración –hidroperóxidos y demás- a partir del agua) están presentes tanto en los afectados por una bomba nuclear como en los alimentos irradiados. Ahora bien, los primeros inhalan y/o se les pegan al cuerpo partículas radiactivas procedentes de la reacción en cadena, cosa que no ocurre en los alimentos irradiados ya que:
1. No es una irradiación tan sumamente brutal como para generar isótopos radiactivos en el alimento, sino que es una dosis ridícula. De forma muy burda, la diferencia es como la de una estufa eléctrica y unos altos hornos.
2. La fuente radiactiva (por ejemplo, una de Co60 o Cs137, nada comparable a ciertos isótopos de uranio o plutonio) actúa por exposición, el material no se introduce en el alimento. Una vez irradiado el alimento, la fuente se protege con agua u otros materiales y ya no emite más.
Por tanto, el alimento no queda radiactivo pero la fuente (emisor gamma en este caso) sí que puede ser radiactiva. Por ello el Cs137 casi ni se utiliza pues una parte se disuelve en el agua protectora (donde se mete la fuente después de actuar) y, con el tiempo, ésta se transforma en una solución radiactiva. Esta es la principal ventaja del Co60, su insolubilidad.
Muchos países del Tercer Mundo con tecnología nuclear (métodos de protección, concentración, etc.) la aplican a los alimentos. Es decir, ya que disponen de una tecnología muy sofisticada para las centrales nucleares aprovechan muchos de esos conocimientos para algo tan “simple” como una planta de irradiación de alimentos. Ten en cuenta que numerosos estados no trabajan con emisores beta o rayos x, sino con isótopos radiactivos y gran parte de la tecnología que se usa con ellos (en centrales nucleares, hospitales, fábricas de envasado, plantas de irradiación) es común. No sé si me he explicado bien…
- “Creo que muchas ONGs (y los ecolojetas en general) pierden siempre la oportunidad de denunciar la PAC y las medidas proteccionistas de muchos países de Occidente (que la OMC no logra más que introducir pequeñas componendas al libre mercado) y pierden contacto –conscientemente o no- con la realidad cuando plantean soluciones de “bases etéreas” como mencionas”.
- El problema es que a menudo la ideología pesa más que la voluntad de solución. Es decir, si Juanito dice que esto es malo, Pepito se opone aún sabiendo que lo es porque, en caso contrario, no beneficia a la causa. Total, que a menudo la causa es más importante que las personas. Lo de siempre.
- “Ahora todos estamos muy preparados con el hipersabio google”. No te haces idea de la cantidad de analfabetos que conozco con un dominio espléndido de buscadores de internet”.
- Era irónico. Una de esas críticas que suelto al aire. Actualmente, la sociedad de la información está creando monstruitos: gente con una enorme información a su disposición pero pésimamente informada. Apenas hay criterio para seleccionar fuentes y no digamos ya para relacionarlas de un modo coherente. Es lo que considero una falsa cultura: un exceso de conocimientos y datos que no cimientan una forma de pensar racional.
Hasta pronto
Edito:
El problema es que a menudo la ideología pesa más que la voluntad de solución. Es decir, si Juanito dice que esto es malo, Pepito se opone aún sabiendo que lo es porque, en caso contrario, no beneficia a la causa.
Por:
El problema es que a menudo la ideología pesa más que la voluntad de solución. Es decir, si Juanito dice que esto NO es malo, Pepito se opone aún sabiendo que NO lo es porque, en caso contrario, no beneficia a la causa.
Carlitos, gracias por la aclaración de la fuente radiactiva de algunos alimentos irradiados.
Que pese más la ideología que la voluntad (racional) de resolver problemas me parece el meollo para explicar el actual estado de opinión de muchos temas relacionados con la ecología. Mi cita inicial del agrónomo indio en relación con el hambre va precisamente en esa dirección.
Hablando de citas, hoy he leído ésta de G. Steiner y me he acordado de tu ironía de antes: “Nunca como hasta ahora ha habido tanta información y tan poco conocimiento”. Revel, un paso por delante, iba más allá al denunciar la tendenciosa prestidigitación informativa de los políticos en su obra Conocimiento inútil.
Amicus Obelix sed magis amica veritas…
Otrosí:
A finales del 2006, la superficie de cultivo de transgénicos en el mundo ascendía a más de 100 millones de Has. (casi un sexto de la superficie cultivada mundial). Fyi: en España se calcula que hay actualmente unas sesenta mil Has.
Hasta el momento existen, sobre todo, 4 grandes cultivos de transgénicos (soja, maíz, colza y algodón). La gran mayoría de su producción es para alimentación animal o industrial. El gran salto vendrá cuando se autorice el cultivo de transgénicos para usos alimenticios humanos (las variedades de trigo resistente al herbicida y arroz resistente a insectos han estado a punto de aprobarse en EE UU y China, respectivamente; sólo los políticos lo han impedido). Cuando la técnica de la transgénesis se aplique a los alimentos destinados al consumo humano se habrá dado un paso importante para ganar la batalla contra el hambre (salvo que ideologías perniciosas lo impidan aliándose con los legisladores de los estados).
Además de las ventajas de los transgénicos comentadas por Carlitos (mejor rendimiento, herramientas menos contaminantes –menos productos químicos- para el medio ambiente, tratamientos de biorremediación y descontaminación, menos agua y superficie de cultivo requerida) podemos añadir el desarrollo de la agricultura en ambientes con factores adversos del suelo o del clima, reducción de precios de los productos alimenticios, adelanto de los tiempos de floración, el ahorro de tiempo que supone para los agricultores el no tener que aplicar varios tipos de pesticidas o herbicidas en su cultivo (el caso de la soja es evidente). En relación con esta última ventaja ya se sabe que el tiempo libre de los agricultores no es importante para los verdes pues, en su idílica e irreal idea de la naturaleza, creen que lo tradicional es lo deseable (¡cómo se nota que no han echado horas de trabajo en el campo!).