2005 Instituto Juan de Mariana
Instituto Juan de Mariana
Reducir tamaño de letra Aumentar tamaño de letra

Comentarios

Portada - Comentarios - Partitocracia y poder del Estado

21/02/2007 - Alberto Illán Oviedo

Partitocracia y poder del Estado

La Constitución Española consagra el papel de los partidos políticos en su artículo 6 al asegurar que:

Los partidos políticos expresan el pluralismo político, concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política. Su creación y el ejercicio de su actividad son libres dentro del respeto a la Constitución y a la ley. Su estructura interna y funcionamiento debe ser democrático.

Si bien en ningún momento se asegura que estas instituciones ostenten en exclusiva la actividad política, en la práctica podemos asegurar que la acaparan sin sonrojo ni vergüenza. Semejante situación emana precisamente del carácter colectivista de nuestra norma máxima, en la que la propiedad y la libertad individual están supeditadas al bien común y precisamente es este confuso concepto el que sobre todo la izquierda, pero también la derecha conservadora esgrimen para llevar a cabo sus intereses electorales que hacen coincidir con los intereses de los ciudadanos.

Este monopolio de la representatividad es sinónimo de totalitarismo encubierto cuyo grado de intensidad depende de la bondad del que ostente el poder. El supuesto comportamiento democrático de los partidos se limita a una votación, generalmente a mano alzada, para aclamar al líder de la facción que, entre bambalinas y con maniobras poco claras, se ha hecho previamente con el poder. Este proceder no debería sernos extraño ya que la educación pública y la labor de zapa de los partidos políticos ha convertido la democracia en sinónimo de elecciones.

El pluralismo político debería estar inspirado en las ideas de todos y cada uno de los ciudadanos, no en el sospechoso y en muchos casos corrupto comportamiento de un grupo que dicen responder a los deseos e intereses de los españoles o de parte de ellos como es el caso de los partidos nacionalistas. El poder del partido político radica precisamente en las competencias universales del Estado. Mientras los partidos a través de cada una de las instituciones que lo conforman, controlen y creen la legalidad y su aplicación, obtenga recursos pecuniarios a través de una fiscalidad cada vez más confiscatoria y sigan ampliando sus competencias, la situación no irá haciendo otra cosa que empeorar, pasando de la demagogia al totalitarismo.

Así, la corrupción, el control de facto de los poderes políticos en teoría separados, el subsidio de minorías políticamente relevantes o el control de la educación y de la cultura, entre otros asuntos, nunca serán cosa del pasado sino de un presente real y de un futuro inquietante, justificado por un porvenir mejor o por la necesidad de dejar un mundo idealizado a las generaciones venideras a través de planes utópicos o poco realistas de ingenieros sociales y soñadores de dudosa visión.

Algunos apuntan a la descentralización como una solución a medio o largo plazo. Personalmente, creo que la descentralización no sería mejor ni peor que una nueva centralización. Los males radican en la naturaleza del Estado hipertrofiado con competencias que regulan desde la educación a la manera de comportarnos, que nos aseguran precios "ideales" en servicios "estratégicos" o una vida "digna" con necesidades "esenciales", y donde lo "ideal", "estratégico", "digno" y "esencial" es dictado desde el poder. Mientras el ciudadano no recupere el control de su vida, la descentralización será una simple reasignación de competencias de forma que las secciones regionales de un partido tomarán más poder del que tienen las centrales del mismo, pero no una mejora. De poco serviría trasladar las competencias urbanísticas de los ayuntamientos a las comunidades autónomas o viceversa si no se reduce, o mejor, desaparece el papel de las administraciones públicas en el mercado inmobiliario. Estas medidas cosméticas únicamente terminan contentando a los que ven en la intervención la única solución para solucionar los males... de la intervención. A los demás sólo les termina frustrando.

 

Opinión de los lectores

bastiat

La verdad, Alberto, es que no es que esté en desacuerdo contigo, que lo estoy, lo que pasa es que no creo que sirva para mucho lamentar estár dónde estamos. Quizás lo mas inteligente sería tratar de establecer un programa de actuación para conseguir lo único que se puede conseguir, es decir, conseguir que los ciudadanos quieran una sociedad en dónde el Estado no sea omnipresente.

En uno de esos documentales que de vez en cuando salen por la tele, en este caso de los políticamente correctos, uno contra la pena de muerte, decía el locutor: "lo cierto es que la pena de muerte no la promueven los políticos, no existe pena de muerte porque los políticos lo digan, lo dicen porque los ciudadanos quieren que haya pena de muerte. Si los ciudadanos cambian de opinión, lo políticos, que viven de la opinión de los ciudadanos, cambiarán de opinión y se opondrán a la pena de muerte"

Bueno, esa es la verdad, esa es la única y condenada verdad.

En democracia, lo que cuenta es la opinión de la mayoría. Nos guste o no. Y aun siendo cierto todo lo que dices, sólo cuando los ciudadnos tengan claro que no quieren que las decisiones que afecten a su libertad e independencia estén sometidas al escrutinio por parte del Estado nada, pero nada nada, se pòdra hacer. Dará igual el sistema político, la partitocracia o la descentralización.

Por eso, mientras la mayoría de los ciudadanos clamen por tener educación pública "¡como garantía de una educación de calidad!", el político se la dará. Mientras que la mayoría de los ciudadnos clamen por tener sanidad pública "¡como garantía para que todos tengamos sanidad independientemente de la calidad que tenga!", los políticos se lo darán. Si la mayoría de los ciudadanos claman por que el Estado se ocupe de ellos desde la cuna hasta la sepultura.... ¡joder! el político, que quiere ocupar los resortes del Estado para medrar o para imponer su particular modelo de sociedad, ¡leñe!...... se lo van a dar.

© 2005-2008. Instituto Juan de Mariana. Todos los derechos reservados.