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Portada - Comentarios - Las claves de la inflación

25/04/2007 - José Ignacio del Castillo

Las claves de la inflación

El premio Nobel de Economía Milton Friedman definía la inflación como un proceso generalizado y persistente de subida de precios. Friedman añadía que tal fenómeno debía tener necesariamente su origen en un incremento continuado de la cantidad de dinero. Ludwig von Mises, a mi entender el más grande economista del siglo XX, ofrecía la explicación subyacente al aserto de Friedman. Los precios han de subir en la proporción en que el aumento de la cantidad de dinero sobrepasa el incremento de los saldos en dinero que los sujetos desean mantener. Obviamente todo dinero disponible que exceda dicho importe será utilizado para comprar algo y consecuentemente presionará al alza los precios, pues, como en el caso de una subasta, sólo ofreciendo mayores precios será posible eliminar de la puja por unos mismos bienes a los otros aspirantes.

Desafortunadamente, ni Friedman ni Von Mises dieron entrada en su definición de inflación a un aspecto, el de la calidad de la moneda que es objeto de la inflación, que ayuda todavía más a comprender este pernicioso fenómeno. En una ilustración enormemente gráfica, Faustino Ballvé escribía que el fenómeno de la inflación era similar al de aguar el vino. No sólo se incrementaba la cantidad disponible, sino que la calidad resultante era notablemente inferior. O, como dijo Jacques Rueff, el padre de la reforma monetaria francesa de finales de los años 50, inflar la moneda es conceder a sus beneficiarios la potestad de demandar sin ofrecer, de sacar bienes y servicios de la economía sin que haya habido una aportación previa de riqueza por igual valor. Es por ello que la definición más precisa de inflación sería probablemente la de "deterioro en la calidad de dinero mediante la incorporación al circulante monetario de numerario sin las cualidades dinerarias necesarias".

El proceso de inflación en épocas pasadas, principalmente, se llevaba a cabo mediante una rebaja en el contenido de metal precioso de la moneda. Con la generalización del uso del billete o de los depósitos bancarios, el proceso inflacionario pasó a materializarse a través de la concesión de créditos sin respaldo de ahorro previo. En general los bancos envilecen el dinero produciendo inflación cada vez que lanzan a la circulación billetes o depósitos de nueva creación a cambio de activos no líquidos, de los cuales la deuda pública es el más conspicuo aunque no el único representante –añádanse hipotecas, letras de peloteo, préstamos para financiar inversiones a largo plazo, préstamos al consumo, etc.–.

Una vez aclarado el fenómeno, es fácil deducir algunas conclusiones sobre la cuestión. En primer lugar, podemos desterrar la falacia que trata de vincular inflación con crecimiento económico. La inflación es un fenómeno independiente del crecimiento. Por un lado, dos de las fases de crecimiento económico más espectacular de los últimos 150 años, el milagro económico alemán de la posguerra y el surgimiento de los EE.UU. como potencia industrial en las últimas décadas del siglo XIX, se produjeron con entornos de moneda sana (creación del DeutscheMark, vuelta al patrón oro tras la Guerra de Secesión). Por otro lado, la inflación ha estado presente en variados episodios de estancamiento o contracción: los EE.UU y Europa en los años 70, por no hablar de los numerosos periodos hiperinflacionarios de Latinoamérica o África.

Bien es verdad que existe un caso en que la inflación puede tener un efecto temporalmente estimulante. Es cuando ésta se canaliza a través del crédito para financiar industrias y los precios al consumo logran mantener cierta estabilidad. Sin embargo, tal efecto no sólo termina tan pronto cesa la inflación, sino que es embrionario del conocido ciclo recurrente de expansiones y recesiones que asolan a las economías que tratan de sustituir la formación de capital a través del ahorro real con procesos inflacionarios de dinero abundante y barato. Más aún, cuando la inflación es esperada, los agentes económicos ajustan sus previsiones. Así, se generalizan procedimientos como la indexación de salarios y contratos o una creciente prima de riesgo incorporada al tipo de interés. Todo ello, al incrementar los costes empresariales, diluye cualquier efecto estimulante del crecimiento que la inflación pudiera haber pretendido.

Los efectos son incalculablemente más perniciosos si para combatirla se adoptan controles de precios y cambios. Si no se permite a los precios transmitir información sobre la escasez relativa existente en cada rama de la economía, se desajusta la producción y se hace imposible calcular. No sólo tales controles son ineficaces, sino que tienden a agravar la situación debido a los desabastecimientos que provocan y a la cantidad de horas que se pierden haciendo cola para obtener las raciones que se establecen. Los controles, por un lado, corrompen a funcionarios que trafican con cartillas de racionamiento, asignación de cuotas, permisos de importación, divisas, etc., y, por otro, ponen en funcionamiento un mercado negro que necesariamente tiene que cargar los mayores precios y las menores calidades asociadas a los costes de la ilegalidad. Los controles de precios y cambios, en resumen, restringen gravemente las libertades, además de servir de coartada para demorar el cese del envilecimiento monetario, pues los gobernantes pretenden hacer creer a la población que se está haciendo algo. Aparecen los grandilocuentes discursos contra los especuladores, los acaparadores, el mercado...

Se atribuye a Lenin haber comentado que "el mejor modo de destruir el sistema capitalista era envilecer la moneda. Mediante un proceso continuo de inflación, los gobiernos son capaces de confiscar, en secreto y sin que la gente se dé cuenta, una parte importante de la riqueza de los ciudadanos. Mediante este método no sólo confiscan, sino que confiscan arbitrariamente, en un proceso que empobrece a muchos y enriquece a algunos; afectando así no sólo a la seguridad, sino a la confianza en la justa distribución de la riqueza". Conseguir, de paso, echar la culpa al mercado y proponer como salvación la nacionalización de todos los precios, los cambios y la economía en general es algo que sólo una población tan envilecida como la moneda puede llegar a ser capaz de admitir.

 

Opinión de los lectores

Gonzalo Melian

Jose Ignacio, Gracias!

Daniel Ballesteros

La inflación es en realidad un exceso de medios de pago en relación al volumen de bienes y servicios disponibles en una economía.

La definición que das es defectuosa dado que no tiene en cuenta que también genera inflación (permaneciendo constante -o incluso reduciéndose- la cantidad de dinero) un descenso brusco del suministro de un bien como, por ejemplo, el petróleo. Esto sucede también con todo tipo de bienes y servicios que debido a cualquier shock se tornan escasos, de modo independiente de la cantidad de dinero en circulación.

Por otro lado en el mundo real sólo cabe elegir entre inflación y deflación, con consecuencias positivas y negativas para determinados agentes económicos. Sin embargo los grandes niveles de una y otra causan un dislocamiento económico sin excepción al impedir el cálculo económico de los individuos.

Jose I. Castillo

Daniel, parece que nos estamos refiriendo a cosas distintas: yo a inflación del circulante y tú a subida (inflación) de precios. Por supuesto que un bien relativamente más escaso sube de precio. Es a la subida de precios persistente y continuada (el fenomeno por antonomasia del siglo XX ) la que yo me propongo explicar en este artículo. En todo caso, sobre el shock del petróleo y otras materias primas ya traté el tema en dos artículos precedentes (curiosamente el petróleo en términos de onzas de oro que era la moneda internacional oficail antes de que Nixon suspendiera pagos, bajo de precio durante los años 70).
http://www.juandemariana.org/comentario/947/

http://www.webinversor.com/articulo/view/120/116/

Daniel Ballesteros

Te agradezco las referencias Jose Ignacio. Sin embargo no veo la distinción que haces entre inflación del circulante y la inflación entendida como subida de precios. Honestamente creo que es una distinción artificiosa. Algo que queda aún más de manifiesto cuando propones una definición correcta de inflación (aquí no distingues) como "deterioro en la calidad de dinero mediante la incorporación al circulante monetario de numerario sin las cualidades dinerarias necesarias".

La moneda fiduciaria no es mala siempre que esté soportada por activos (el Rentenmark por ejemplo era un tipo de moneda respaldada por un subyacente de inmuebles). La inflación no es mala per se. Tampoco es malo incrementar la cantidad de dinero fiduciario siempre y cuando este incremento vaya acorde con la capacidad de una economía de generar mayores ofertas de bienes y servicios. El problema está en el precio que oficialmente se pone al dinero, algo que impide el cálculo económico y que provoca grandes catástrofes crediticias.

Jose I. Castillo

Perdóname por insistir, pero no es artificioso examinar la calidad y liquidez de los activos que respaldan, en el balance del banco central y del resto del sistema financiero, los pasivos que entendemos generalmente como dinero (billetes y depósitos). Igual que no es artificioso denunciar como hacia el Padre Mariana la moneda de vellón o el enrojecimiento por la adición de cobre en lugar de plata de las monedas en tiempos de los Tudor (decían que se habían puesto de ese color avergonzadas por la sinvergonzonería de los gobernantes).

Había un refrán en Lombard Street que decía que lo primero que tenía que aprender un banquero era a distinguir una letra de un bono. La primera podía ser descontada con tranquilidad, el segundo no, porque "osificaba" el activo y en caso de retirada de fondos sólo era liquidable con pérdida (esta lección ciertamente no la aprendió Mario Conde). Algo muy parecido a una lección esencial que también se aprende en cualquier curso de análisis y dirección financiera: la cercanía de la suspensión de pagos –y quien sabe si de la quiebra- que comporta tener un fondo de maniobra negativo (no tener casados los vencimientos de las deudas con circulante suficiente para atenderlas).
Es por ello que no todos los activos son igualmente válidos a la hora de respaldar el circulante monetario (a mi juicio la tierra –precisamente el activo que proponía John Law- no es uno muy bueno pues no posee todos los requisitos de la liquidez que seminalmente citaba Menger en su "Origen del dinero").

El hecho de que el Banco Central europeo se crease con referencias a límites en el volumen de deuda pública en relación con el PIB y en el déficit presupuestario obedece a la misma idea. Evitar el deterioro en el valor de la deuda pública (a la Argentina) y prevenir el recurso a una monetización forzada de la misma en el Banco Central.
Que suba tal o cual precio no es malo. El envilecimiento de la moneda sí que lo es porque propicia las crisis financieras y económicas y diluye fraudulentamente el valor de los ahorros de la gente.

jose luis

Hola José Ignacio,

Gracias por la brillante exposición. Creo que diste una charla en el JdM de este tema, a la que no pude asistir por estar fuera de Madrid.

Interesante lo del “envilecimiento”. A los austriacos no os gustan mucho las ecuaciones, pero en la ecuación monetarista (ipc+pib=m3) se ve bastante bien cómo dando a la manivela sita en la calle o’donnell aumentan los precios. Al haber más billetes, estos se envilecen (¿algún bien escapa a esta regla?)

Y mi pregunta va por ahí. ¿Hay inflación, aunque la nueva moneda sea noble? El ejemplo paradigmático fueron los galeones de plata de Potosí, que llegaban en el s.XVII. Hubo aumento de moneda “noble”, e hiperinflación.

Con el dinero fiduciario la moneda ya está del todo envilecida, sólo hay margen sobre la cantidad.

En resumen, el valor de los bienes de este mundo es el que es. Tantas monedas como fabriquemos, sabremos su precio con una división. ¿No es así?

¿Importa el envilecimiento o sólo el número?

Un saludo,

José Luis

Jose I. Castillo

Bueno José Luís, has hecho la pregunta del millón de euros. Es un tema muy debatible y sobre el que siempre he pensado que convendría hacer una investigación empírica a fondo. El metal noble-dinero es un bien y como todo bien está sujeto a la ley de la utilidad marginal decreciente (más cantidad=menor valor), ahora bien el mercado lo elevó a la categoría de dinero precisamente porque su utilidad marginal era la que más lentamente decrecía conforme aumentaba su cantidad (como explica Menger en el artículo antes mencionado). Como el metal noble es universalmente aceptado y además la relación existente entre el stock acumulado y el flujo anual nuevo de creación es la más alta que existe para cualquier bien (40 veces a 1), si se incrementa la cantidad y los que reciben el nuevo dinero demandan más, es muy probable que en cuanto suban un poco los precios se produzcan dos efectos que contengan la subida, por un lado se incrementarán las importaciones de bienes, es decir se traerán bienes y saldrá oro (todos los países productores de oro tienen déficit crónico en balanza de pagos como no podría ser de otra forma) y por otro, la gente achacará la subida a una escasez pasajera de bienes e incrementará sus saldos a la espera de precios de nuevo normales (como cuando vamos al mercado y dejamos de comprar en el margen porque los precios que piden en esta temporada son demasiado altos). Son precisamente esas dos actuaciones las que explican porque la utilidad marginal del metal precioso decrece tan lentamente (no hay mejor forma de conservar valor que a través de él porque se sabe que su utilidad para adquirir cualquier otro bien, en cualquier sitio, en cualquier momento y en cualquier volumen sin apenas perder valor es extraordinaria).
Y llegamos ahora al descubrimiento de América, al oro de los incas y a los metales preciosos del Potosí. Aunque hablas de hiperinflación la revolución de los precios en Europa como se llamó fue modestísima en términos actuales (alrededor del 2% anual). Por otro lado las monedas europeas durante ese periodo iban viendo rebajado su contenido en metal precioso periódicamente (como explica precisamente el Padre Mariana) precisamente para que los gobernantes financiasen sus gastos y sus guerras, No menos importante un gran número de galeones no venían a Europa, sino precisamente se dirigían a Asia para pagar el comercio de especias, seda y otros bienes similares (Cuando Colón se embarcó en su primer viaje buscaba precisamente una nueva ruta a las Indias tras la caída de Constantinopla).Y finalmente esta etapa coincide con el desarrollo de la contabilidad por partida doble, la banca de descuento, el billete de banco… que en general y si son de calidad reducen la demanda de metal noble pues son instrumentos de depósito de valor alternativo y que producen rendimiento (algo que advirtieron por entonces John Law, Richard Cantillon o Adam Smith). Pero lo dicho, lo ideal sería embarcarse en una tesis sobre el tema

jose luis

Hola Jose Ignacio.
Gracias por la respuesta. Es cierto, la ‘hiperinflación’ del s XVII fue del 2% sostenido. Cuánto mito. Supongo que con un estudio empírico podrá determinarse cuánto se debe a adulteración del metal y cuanto a aumento de número.
Lo interesante es hacerse la pregunta HOY, con el sistema fiduciario. ¿Hay alguna otra manera de envilecer el dinero que aumentando su cantidad? ¿Hay en ese caso alguna diferencia entre calidad/número?
Los bajos tipos de interés han hecho que los españolitos nos traigamos las rentas futuras vía crédito, aumentando el m3 de manera considerable, con la consiguiente perdida de calidad (valor) de ese dinero. Cuánto de ese m3 va a ipc y cuanto a pib es otro tema (que no abro).
Puesto que es más conocida Aramis Fuster que Milton Freidmann, en general me interesa más la ‘predicción’ que la ‘explicación’, aunque la segunda permite la primera. Intento realizar una correspondencia entre los conceptos que explicas y el credit crunch que se avecina. Miedo me da.
Un saludo y feliz fin de puente.
JL

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