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Portada - Comentarios - De fármacos, patentes y demagogia

30/04/2007 - Alberto Illán Oviedo

De fármacos, patentes y demagogia

La imagen pública de la industria farmacéutica es pésima pese a que sus servicios y productos no sólo mejoran la calidad de vida de muchos millones de personas, sino que salvan vidas de otros tantos. El juicio que enfrenta a la farmacéutica Novartis y el Gobierno indio arroja luz sobre las razones que explican esta aparente contradicción. La demagogia anticapitalista puede ayudar a que en los próximos años se dispare el número de personas que mueran por falta de investigación y de medicinas.

El Glivec es un anticancerígeno desarrollado por Novartis y que se usa para tratar a enfermos de leucemia y otros tipos de cánceres, entre ellos algunos de escasa incidencia. Pese a que el 99% de los pacientes indios reciben este medicamento gratuitamente gracias a una donación que hace Novartis dentro de su programa de Responsabilidad Social Mundial, la empresa se ha visto obligada a demandar al Gobierno indio y a la Oficina de Patentes India por prohibirles registrar la mejora de este medicamento, ya que este país prohíbe patentar las mejoras sobre fármacos ya existentes si estas no aportan una innovación real. El juicio quedó visto para sentencia a finales de marzo.

En torno a este juicio se han generado dos líneas de opinión. Una la protagoniza el Gobierno indio, las ONG’s y otras asociaciones de su misma cuerda que entienden que de ganar la farmacéutica se producirá un efecto cascada y todas las empresas pedirán que se renueven sus patentes, en virtud de supuestas mejoras, lo que terminaría con los medicamentos “baratos”, es decir, los genéricos a los que acceden los pobres. El éxito mediático de este sentir es indiscutible y las opiniones que lo defienden imperan en los medios más generales. La otra se debe a la propia Novartis y en general todas las farmacéuticas que entienden que una decisión en contra provocaría una pérdida significativa en sus ingresos y beneficios, lo que repercutiría negativamente en las inversiones en investigación, en la productividad, en el empleo y en última instancia, en la vida de los enfermos, vivan o no en países del Tercer Mundo.

Ni la existencia de los medicamentos genéricos responde a una visión tan idealista como pretenden hacernos creer ni, si Novartis gana el juicio, provocará la desatención de millones de pobres en el mundo. Los medicamentos genéricos, es decir, los principios activos sin marca de comercialización, nacen por la presión de los Estados que ven el gasto farmacéutico como uno de los más elevados dentro de sus hipertrofiados sistemas de sanidad pública. Este gasto se incrementa año tras año pese a inútiles medidas estatales.

Un buen ejemplo de ello es la Ley del Medicamento cuya puesta en marcha ha generado incertidumbre en el los titulares de las farmacias y ha reducido el precio de varios miles de medicamentos con la repercusión consiguiente. Dicha ley supone el descenso de los precios de referencia de 4.200 medicamentos, lo que prevé un ahorro público de 640 millones, la misma cantidad que dejará de ganar la industria. Así pues, la mezquina excusa de que un genérico ayudará a los pobres del mundo aprovecha un buenismo cada vez más extendido y traslada parte del creciente déficit sanitario a las cuentas de resultados de las farmacéuticas, que se ven obligadas a vender estos medicamentos a los estados, uno de sus principales clientes, a precios mucho más bajos que los comercializados bajo marca. Cabe preguntarse si los precios de los medicamentos podrían ser más baratos de no existir estos productos y si las farmacéuticas tendrían más maniobra para investigar nuevos y más eficientes medicinas.

La mayoría de los medios que tratan el conflicto de Novartis y el Gobierno indio lo hacen desde el enfrentamiento entre el derecho a la salud pública de los ciudadanos de los países del Tercer Mundo y los beneficios de la farmacéutica. Semejante dislate enmascara una verdad más profunda, que la ineficacia de los sistemas de sanidad pública, la ineficacia estatal en definitiva, es responsable en última instancia de la mala asistencia a los pacientes y, en los casos más extremos, de su muerte. Insinuar, como hacen desde Médicos Sin Fronteras, que las 30.000 personas que, según sus cifras, mueren todos los días de enfermedades tratables lo hacen por no acceder a los medicamentos genéricos es en el mejor de los casos una simplificación de un problema y en el peor un engaño, una mentira.

Precisamente es en los países del Tercer Mundo –donde no se ha desarrollado un sistema capitalista, donde no existe libertad, donde no hay una sociedad estable– donde las bondades de la medicina moderna no pueden desarrollarse, ni en su variante privada, ni siquiera en la pública y no por su condición de pobres, sino por la existencia de factores que les hacen pobres, o mejor dicho, que no les permiten prosperar. La inexistencia de infraestructuras, una corrupción galopante, una sociedad quebrada en guerras y conflictos que duran décadas, una cultura más cerca de principios tribales que de los que ha hecho grande a Occidente no son las condiciones que mejor garantizan que un enfermo reciba un tratamiento, que se disponga de un servicio médico. Engañan las ONG’s, a sí mismas y a los que las tienen por veraces cronistas de la realidad, cuando anuncian que la existencia de medicamentos baratos solucionarán los males del Tercer Mundo. Esto no es una cuestión de dinero, de riqueza o pobreza, esto es una cuestión de libertad.

 

Opinión de los lectores

euribe

Interesante. Estaría bien que alguno de los enemigos de las propiedad intelectual y las leyes de patentes que forma parte de IJM exprese su opinión, ya que aparentemente aquí parece haber una contradicción con sus tesis. Creo que da para un debate interesante.

Albert Esplugas

euribe, no estoy seguro de que Alberto esté defendiendo las patentes en este artículo, aunque es verdad que algunos de sus argumentos son un poco ambiguos y parecen insinuarlo. Tal y como yo lo veo se limita a comentar que los genéricos no tienen un origen tan inmaculado como se pretende, más bien nacen como respuesta a los deficientes sistemas de sanidad pública (afanándose los Estados por reducir el gasto farmacéutico), y ahí es donde deberían dirigir sus críticas las ONGs, los medios etc. Pero que nos lo aclare Alberto.

En cualquier caso no comparto el tono beligerante de Alberto en contra de quienes toman partido por los genéricos. Es cierto que la mayoría apelan a un supuesto derecho a la salud pública e, incluso, extienden su crítica al afán de lucro y al capitalismo en general. Pero la crítica a las patentes y a las farmacéuticas que se benefician de ellas me parece acertada y necesaria, y lo anterior no creo que sea un motivo para tratarlos como si estuvieran en este caso concreto en la trinchera contraria y nosotros al lado de las farmacéuticas, sino más bien un motivo para hacerles ver que están en lo correcto quizás parte por las razones equivocadas (todo ello suponiendo, claro, que Alberto comparta la tesis anti-patente; si no la comparte entonces es lógico que considere que los detractores yerran por activa y por pasiva -por su posición lo mismo que por sus argumentos-). Ahondando en estas razones, no considero que la crítica a los beneficios de las farmacéuticas esté fuera de lugar, en la medida en que estos beneficios son resultado del monopolio legal otorgado por el Estado y no del descubrimiento empresarial en un marco competitivo. Tampoco me parece inapropiado oponer los beneficios de las farmacéuticas al bienestar de los menos pudientes, pues esos beneficios derivan en buena parte de restringir la competencia (la competencia sobre el medicamento que es objeto de patente), y cabe argumentar que la restricción de la competencia sí tiene efectos negativos en forma de precios más altos y menor oferta. La contra-réplica de los partidarios de las patentes es que la restricción de la competencia permite en este caso rentabilizar inversiones que de otro modo no se rentabilizarían (y no se realizarían). Más allá de que este argumento utilitarista no invalida la crítica a las patentes desde un punto de vista ético (aquí y aquí), las farmacéuticas tienen fuertes incentivos para descubrir nuevas fórmulas para rentabilizar sus inversiones (máxime si las oportunidades de ganancia son tan abultadas) y las patentes no son la única ni, con frecuencia, la mejor manera de rentabilizar inversiones en I+D (las empresas también rentabilizan sus inventos/innovaciones a través, por ejemplo, de los secretos comerciales, o del valor publicitario y la lealtad del consumidor derivada de ser el primero en producir un producto popular, o valiéndose del hecho de que la ingeniería inversa / duplicación es costosa para los competidores, o gracias a la curva de aprendizaje etc.). Quizás en un escenario sin patentes las farmacéticas desarrollaran acuerdos de distribución exclusiva con las empresas distribuidoras y comercializadoras, lo cual podría blindar buena parte de sus ingresos sin dejar completamente fuera del mercado a los genéricos. Pero en todo caso el que nosotros no sepamos dar con una respuesta concreta en estos momentos solo refleja que no somos empresarios. No creo que nuestra incapacidad empresarial sea una razón para defender la concesión de monopolios (patentes) en oposición a dejar que otros individuos den con soluciones empresariales en un contexto competitivo.

Un saludo

Albert Esplugas

Me he autocitado en las referencias a una crítica liberal de las patentes sin acordarme que euribe tradujo para liberalismo.org el magnífico ensayo de Kinsella sobre este tema.

Daniel Ballesteros Calderón

La visión de Albert Esplugas me parece muy acertada. Es que el monopolio legal que ofrece el Estado es eso, un simple monopolio amparado por la ley que complica y encarece innecesariamente los mercados de servicios sanitarios.

El argumento tradicional en favor de las patentes es bastante débil. Si una empresa incurre en costes de desarrollo, no debería contar con los ingresos extra de un monopolio oficial para cubrirlos: es responsabilidad suya sacarle el máximo partido al producto desarrollado, contando para ello con la importantísima ventaja de que es la primera empresa en disponer del mismo, además del secreto comercial.

El absurdo es que bajo la situación actual se están sobrefinanciando áreas de investigación sanitaria a costa del consumidor. Esto es algo similar a lo que sucede con una empresa de diseño de bolsos de marca: contrata a los mejores diseñadores (por grandes sueldos) para crear nuevos modelos, fácilmente copiables pero que contarán con la protección legal de una patente. Al final quien desee ese bolso no podrá comprarlo a quien se lo ofrezca a una mejor relación calidad-precio, sino que tendrá que comprárselo al fabricante original, es decir, pagar el elevado salario de un individuo cuyo trabajo debería estar peor pagado en condiciones de libre mercado... simplemente increible... monopolios legales de toda la vida pero remozados.

Joé

¿Donde esta el problema, Alberto?
Pensaba que los liberales defienden que los consumidores tengan un acceso mas barato y mejor a bienes y servicios.

Por otra parte, para una vez que un Estado decide una medida encaminada al ahorro... pues también es criticado.

Desde tu punto de vista, nos podríamos quedar sin música y sin cine porque la industria musical y del espectáculo se verá perjudicada por no poder patrocinar a nuevos músicos si no conserva los jugosos márgenes. de antaño.. pero va a ser que este caso el mismo argumento, en el caso de la música no te gusta, verdad?


En fin, sería un placer que dieras algun argumento para deshacer esta aparente contradicción.

Mientras tantos, si me permites, no voy a derramar una lágrima por los menguados beneficios de las farmacéuticas ni su bien organizado lobby.

Alberto Illán Oviedo

Yo no estoy a favor de los genéricos ni tampoco en contra, simplemente me parecen un opción más, como las marcas blancas o los productos a granel. Como bien dices Albert, su existencia es más oscura de lo que parece. Si esta fuera fruto de acuerdos entre empresas de forma que las farmacéuticas con capacidad investigadora ceden, venden o donan sus fórmulas, patentadas o no, a otras empresas para que estas las fabriquen a precios más baratos y con marca propia o blanca, no tengo nada que decir. El problema radica una vez más cuando el Estado revolotea ante un sector del que sacar réditos, económicos y políticos.

Si su existencia y precio es fruto de la coacción estatal para que el precio de los medicamentos baje con la intención de reducir el gasto sanitario público o para que la clase gobernante y el funcionariado se lucren a costa de un sector regulado, estoy totalmente en contra y en eso yo creo que cualquier liberal deberá estar de acuerdo. El problema está, y este es el quid de la cuestión, cuando los genéricos se usan para cubrir las necesidades de los enfermos en países en vía de desarrollo y del Tercer Mundo. Está claro que el poder adquisitivo de un ciudadano de estos países está muy por debajo de lo que puede pagar por un fármaco que incluso en Occidente, es prohibitivo para mucha gente. O se les vende a un precio más bajo o echamos mano de la caridad, término bastante deplorado por la progresía, ya que las aseguradoras no creo que se aventuren a dar servicio en medio de Darfur o en Somalia. Las farmacéuticas son conscientes de este problema y, como en el caso de Novartis y el Glivec, existen programas de Responsabilidad Social (horrible término) que dispensan en la práctica estos medicamentos a cierta parte de los que la necesitan. De hecho, existen donaciones de medicamentos a ONG’s y organizaciones que en teoría las usan con aquellos que las necesitan, sin intermediarios (y añado de nuevo ‘en teoría’). Aunque la solución a largo plazo pasa de nuevo por el crecimiento económico de toda la población y una estabilización de la sociedad, en las que se necesite, y eso es cuestión de mayor libertad.

Sin embargo, el caso del Glivec y de otros medicamentos, y no sólo en la India, es una cuestión puramente estatal, es decir en este caso han cambiado una ley, la que regula las patentes y los genéricos, para que las empresas de productos genéricos indias, una de las más importantes, tengan mayor facilidad para acceder a estas fórmulas maestras. Supongo que de esta enésima alianza Estado-Empresa habrá muchos que salgan beneficiados y otros perjudicados pese a que en su momento se beneficiaron lo suyo.

En cuanto al tema de patentes, no es uno en los que más haya pensado desde una perspectiva liberal, por vago más que por otra cosa, pero no creo que en este caso estemos ante un monopolio. Me explico, aquí el servicio es proporcionar al paciente bien su recuperación, bien una calidad de vida mediante se cura, o en el peor de los casos, el control de su enfermedad hasta su muerte. Anticancerígenos hay muchos, unos mejores y otros peores, habrá una mezcla de tratamientos químicos o no, que permiten la cura o el control. Que una empresa haya desarrollado el fármaco X, no quiere decir que tenga el monopolio de nada pues otra farmacéutica puede desarrollar el fármaco Y, mucho más eficiente, de forma que la competitividad es un hecho, al menos en este caso. Es decir, monopolio sería si estatalmente se legislara que Novartis es el único que fabricará cualquier anticancerígeno en la India, por volver a este país, o que sólo Novartis pueda fabricar cualquier medicamento.

En cuanto a la patente, es verdad que estas las otorgan los estados y desde el punto de vista liberal genera lógica desconfianza, pero yo entiendo que la empresa, tras una largo proceso de investigación quiera explotar su medicamento el mayor tiempo posible sin que nadie más lo haga y me refiero a su fórmula magistral, no a otro medicamento contra esa enfermedad. Existen medicamentos cuya fórmula es compleja y difícil de fabricar, otros no. Seguramente podría haber protocolos y acuerdos entre partes para que en el segundo caso se evite la copia descarada, pero eso sería el tema de otros artículos y no solamente de fármacos.

Joé, yo no defiendo que los consumidores accedan a mejores y más baratos bienes y servicios, yo defiendo que todo el mundo pueda, si tiene ganas y medios, dar esos bienes y servicios y que el consumidor, a través de la competencia, de la oferta y demanda, termine obteniendo aquellos que esta dispuesto a pagar a un precio que considere adecuado, con todas las consecuencias para uno y para otros, y que sí, que en este proceso suele haber una mejor relación calidad-precio.

Tampoco entiendo muy bien tu argumento de la música y la cultura. Los márgenes se estrecharán más en tanto sea mayor el número de empresas que investigen y comercialicen fármacos, si bien hay que decir que la salud es un sector muy amplio donde la ciencia y la tecnología descubren nichos continuamente. Imagínate una empresa que se dedique, y en ello están algunas, a desarrollar fármacos basados en un ADN concreto, sería un nuevo nicho que para el primero tendría márgenes enormes, recuperando lo que hasta ese momento hubiera “perdido” con la simple medicina química. Evidentemente, las lágrimas las derramas por aquellos que tú consideres, yo tampoco los voy a derramar por las farmacéuticas, sino por los pacientes de la sanidad pública.

Mirko

A diferencia de la Coca Cola, las farmacéuticas no pueden darse el lujo del "secreto comercial" ya que para lograr la aprobación de un medicamento deben dar toda la información disponible a los organismos estatales. Eso de inicio crea una distorsión y permitiría a la competencia hacer copias genéricas inmediatamente. Por eso la salvaguarda de los derechos de patente termina siendo un mal necesario.

Por otro lado, el ingreso al mercado de medicamentos que no curan o hacen daño podría afectar a millones de personas en cuestión de días. Así y todo, la regulación y los permisos no garantizan nada como hemos visto en el caso del VIOXX y la cantidad de medicamentos "alternativos", "naturistas", "milenarios" que no tienen que pasar por ningún filtro porque "no son de las malvadas farmacéuticas".

Daniel Ballesteros

Si Novartis actúa así es porque la patente del Glivec reporta rentas de monopolio. De lo contrario no importaría proteger dicha fórmula.

Esto es porque quien adquiere el Glivec frente a otras alternativas lo hace porque satisface más eficaz y eficientemente que otros medicamentos la necesidad por la que fue adquirido: curar el cáncer... y en la decisión de vivir o no, el precio no es variable relevante si está dentro de la restricción presupuestaria del individuo. Dado que la demanda del Glivec es tan inelástica, se puede aumentar el precio sin temor, aprovechándose de la dichosa patente.

Como consecuencia la farmacéutica ingresa mucho más dinero, los clientes (gracias a los sistemas de Seguridad Social siempre son los ciudadanos, no sólo los consumidores directos) gastan mucho más; por no mentar que en ocasiones no pueden acceder a dicho bien de primerísima necesidad sólo por el elevado precio de monopolio.

Albert Esplugas

Si su existencia y precio es fruto de la coacción estatal para que el precio de los medicamentos baje con la intención de reducir el gasto sanitario público o para que la clase gobernante y el funcionariado se lucren a costa de un sector regulado, estoy totalmente en contra y en eso yo creo que cualquier liberal deberá estar de acuerdo.

Alberto, de acuerdo en que la intervención del Estado en este ámbito generará distorsiones, pero partiendo de la base de que las patentes son ilegítimas (ésta es mi premisa) no veo por qué no iba a ser preferible que el Estado intente pagar menos por los medicamentos, reduciendo el gasto sanitario por ese lado. Se trata de economizar un poco el dinero de los contribuyentes. No es que me parezca liberal, pero lo contrario (comprar más caro / despilfarrar aún más) me parece añadir al agravio escarnio. Insisto, todo ello partiendo de la base de que las farmacéuticas se lucran y se han estado lucrando a expensas de los consumidores gracias a las patentes. Es por este motivo que no las compadezco.

Sobre las patentes, no digo que las farmacéuticas no compitan entre ellas en relación con una "clase" de producto, sino que no pueden competir con respecto al producto específicamente patentado. Si el fármaco X está pantentado, las demás empresas tienen que sacar un fármaco Y lo suficientemente distinto como para sortear la patente, no pueden competir fabricando X (trabajando sobre X para mejorarlo, o vendiendo X más barato), como de hecho sí sucede en cualquier otro ámbito no patentable. El problema de la patente es que es un monopolio sobre un idea/invención/fórmula, que a diferencia de los recursos materiales apropiables por homesteading no es un bien escaso/de uso excluyente. Si no quieres que utilice tu receta de cocina mantenla en secreto, pero si un día te la veo hacer en tu casa o la difundes por internet, luego no quieras evitar, coacción mediante, que la utilice en mi cocina.

Naturalmente la empresa quiere explotar su fórmula en exclusiva, el mayor tiempo posible. Es por eso que la duración de las patentes y de los copyrights no ha dejado de extenderse desde su creación. Puede argüirse que esa explotación exclusiva incentiva la creación, pero en todo caso solo la incentiva en el período anterior a la obtención de la patente. Una vez adquirida la patente desincentiva la creación, pues la empresa ya tiene unas rentas aseguradas por mucho tiempo. Además tampoco está claro que las patentes aumenten el gasto total en investigación en lugar de redirigirlo de las areas no-patentables a las areas patentables (y en caso de que aumente el gasto en investigación, eso significa que se destinan menos recursos en otras líneas de producción ajenas la investigación)

Un saludo

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