09/05/2007 - Juan José Mora Villalón
Propiedad privada y medio ambiente
Hace unos meses tuve la ocasión de acudir a un seminario que tenía como objeto el estudio del medio ambiente. El curso duró varios días, en los que se habló largo y tendido sobre la apartados habituales en los que se suele dividir dicha materia, como la flora, fauna, ecosistema, contaminación, vertido, residuo, etc. Mientras que los contenidos técnicos me sorprendieron gratamente, a la hora de analizar las causas de los problemas medioambientales, me extrañó bastante que la persona que dirigía el curso no le diese ninguna importancia a la titularidad de los bienes que solían tener más problemas de contaminación.
A la hora de analizar el problema de la contaminación, recuerdo que la conferenciante lo atribuía a los males de la llamada "sociedad de consumo". Cuando le pregunté que si podía explicar un poco más este concepto afirmó que las empresas forzaban a sus clientes a comprar productos que no necesitaban, con el fin de elevar sus beneficios, y que para producirlos necesitaban emplear una gran cantidad de materias primas y fuentes de energía, lo que conducía a la contaminación.
Como quiera que no terminaba de ver la relación causa-efecto que me intentaba dibujar, le pregunté que si no consideraba significativo el hecho de que las mayores catástrofes naturales y los mayores índices de contaminación se produjesen en bienes cuya derecho de propiedad era de alguna manera débil. Para ilustrar mi afirmación le expuse algunos ejemplos. Los accidentes marítimos se producen en mares y océanos, que son de titularidad pública. Lo mismo ocurre con la contaminación atmosférica ya que el aire es de dominio público, o con los vertidos en aguas subterráneas o superficiales (que son propiedad de las distintas administraciones públicas). Sin embargo es bastante más infrecuente encontrarse con casos de contaminación significativos en terrenos privados.
Como se pueden figurar no llegamos a ningún acuerdo común la conferenciante y un servidor, aunque me asombró cuando me consideró uno de los participantes del seminario que más ideas nuevas le había aportado. Pese a nuestro desacuerdo, su intervención me sirvió para reflexionar sobre la falsa creencia existente en muchas personas que vincula la contaminación al sistema de libre mercado, cuando precisamente la propiedad privada es uno de los mayores aliados que tiene el medio ambiente.
Pensemos por ejemplo en el simple hecho de tirar un papel al suelo. Para cualquiera de nosotros sería inconcebible ver como alguien realiza este acto en nuestra casa o en la de una persona que nos haya invitado a pasar. No obstante, podemos estar seguros que la situación anterior de respeto a la propiedad ajena no se produce cuando pisamos una calle pública, donde cualquiera habrá podido observar a viandantes realizando este acto con la mayor normalidad del mundo. La razón por la que sucede esto es precisamente por el ejercicio del derecho de exclusión que lleva aparejado la propiedad de un bien privado. Si una persona procede a tirar basura en un bien propiedad de otro particular, con casi toda certeza el titular del mismo acudirá a ejercer su derecho de uso exclusivo, prohibiendo el paso a la persona que trata de ensuciarle el bien. No obstante, no ocurre lo mismo con las propiedades públicas, ya que la indefinición de su titularidad provoca una menor preocupación por la situación del bien.
El motivo de esta vigilancia que ejerce el propietario de un bien sobre éste no es otro que la preocupación por la posible pérdida de valor del mismo. El titular del bien quiere que éste mantenga o aumente su valor a lo largo del tiempo. La propiedad de un bien implica dedicarle tiempo, dinero y esfuerzo. Y lógicamente a su propietario le inquieta que se produzca un deterioro en el mismo, que es básicamente lo que ocasiona la contaminación. Por tanto un bien privado tiene el mejor guardián posible para tratar que la contaminación en el mismo sea lo menor posible, su propietario.
Es factible que el propietario del bien, por el motivo que sea, no se preocupe del estado del mismo, y deje que éste se contamine. En sí no se trata de un deterioro medioambiental preocupante, ya que si los dueños de las zonas colindantes sí que pueden estar interesados en el estado de su propiedad, por lo que existe un límite a la contaminación, la propiedad original. En el momento en que la contaminación sobrepasa los límites de la posesión en que se originó, los demás afectados pueden exigir el cobro de una compensación que repare los daños causados a sus bienes.
Esto no quiere decir que la contaminación en terrenos privados no vaya a superar jamás los límites de la propiedad. Sin embargo sí que garantiza un mayor cuidado por parte de los propietarios, al tener que responder ante terceros de los daños ocasionados por su dolo o negligencia. Y esta responsabilidad, al poderse demandar ante los tribunales mediante la exigencia de compensaciones e indemnizaciones, se transforma en una mayor preocupación por el estado de los bienes de los que un propietario es titular.
Por tanto, la propiedad privada no es enemiga del medio ambiente, sino que al revés, se convierte en una de las mejores garantías existentes para reducir la contaminación y conservar el medio natural.
Opinión de los lectores
Plenamente de acuerdo con tu artículo, Juan José, sin embargo me preocupa la eficacia y eficiencia del sistema judicial de un país. En efecto, si éste no es transparente, rápido y barato nos encontraremos con enormes problemas para defender los derechos de propiedad y con enormes dificultades para impedir las externalidades negativas (minas de Aznalcóllar).
Y es que el sistema judicial y jurídico de un país no está en manos privadas, sino públicas, de ahí que sea fuente de problemas relacionados con la mala gestión y la interferencia ideológica.
Por tanto creo que para proteger el medio ambiente es imprescindible, además de reconocer la propiedad privada, poder disfrutar efectivamente de todos los derechos que implica la misma; comenzando por el inherente derecho de exclusión; no siempre reconocido o suficientemente protegido por la ley (véase el caso de los ocupas en España).
Un saludo.
Si la propiedad privada es la solución para los problemas medioambientales y teniendo encuenta que la mayoría del suelo español está en manos privadas, ¿como es posible que no se acabe con los incendios forestales?. De hecho, la mayoría de los incendios forestales se producen en terrenos privados. ¿Será porque a la propiedad privada le interesan los incendios forestales, sobre todo porque los costes de vigilancia, limpieza, extinción y repoblación los paga es estado?
Ahí uno de los problemas es que no existe una auténtica responsabilidad imprudente en caso de que el incendio se extienda desde un terreno a otros. Y si no existe responsabilidad por el daño causado, comprenderás que la protección del derecho de propiedad está muy atenuado.
Otro tema ya sería meterse en el intervencionismo urbanístico.
Entonces, ya que no existe una autentica responsabilidad o pueden haber intereses urbanisticos, para solucionar el problema tiene que intervenir ek Estado, ¿no?
Juan José, no puedo estar de acuerdo contigo. Resulta muy difícil y de dudosa utilidad asignar la propiedad de los recursos naturales: ¿de quién serían los ríos, o la fauna, o el aire, etc? ¿que significaría tener la propiedad del recurso? si son recursos que están fuertemente protegidos por la legislación, de tal forma que las actuaciones que se pueden realizar sobre ellos son muy limitadas ¿quién podría estar interesado en tener la propiedad de algo que no puede sacarle ningún rendimiento económico? el propietario no tendría niguna ventaja de disfrute frente al resto de la población, ya que las limitaciones d euso del recurso son muy estrictas, es decir, lo más razonable parece que sea un bien público
Siento discrepar pero tiene una visión increíblemente simplista del problema de la contaminación. El medio ambiente no consiste meramente en la superficie del terreno o de la capa de aire más cercana a éste ni todo se soluciona con dinero, como viene a decir, en el caso de que contaminemos la propiedad del vecino.
En su versión, a mi parecer ingenua, de la situación está "olvidando" que existen, por ejemplo, las capas freáticas del subsulelo que pueden afectar muy lejos del foco de contaminación y que tardan, en algunos casos hasta cientos de años, en dejarse sentir en otro punto lejano y no se pueden enmendar con dinero.
Es muy sencillo decir que las mayores contaminaciones se dan den terreno público, ya que la mayor parte del territorio es público, y muy estúpido deducir que la causa es precisamente porque es público. Es como si echase la culpa de los accidentes de circulación a las carreteras por donde circulan.
Me parece también ridículo afirmar que el propietario de un terreno no va a contaminarlo porque su terreno pierde valor. Eso será solo en caso de que el propietario sea agricultor, ganadero o tenga una plantación de árboles. Dependerá, en todo caso, del uso que tenga pensado para ese terreno. Si es un minero o un constructor le dará igual que su terreno sea el reducto de especies endémicas de un gran valor para la ciencia o que no pueda volver a salir una planta si le compensa más explotar la mina o construir el parque de atracciones.
Tampoco los ríos o los mares se ciñen bien al concepto de propiedad privada por el hecho de que no tienden a quedarse “quietos” como lo hace la tierra firme. Imagine un propietario que tiene una balsa de residuos mercuriales que se le desbarata y va todo a un caudaloso río. Esto causa daños en infinidad de propiedades privadas que demandan al propietario. El desafortunado propietario se declara en quiebra al no poder asumir ese gasto y la contaminación se queda como está. Como es imposible depurar todo el agua del río mueren todos los peces, hay cientos de personas envenenadas y las tierras no pueden cultivarse por contener metales pesados. ¿No es acaso una situación muy plausible y sin necesidad de propiedad pública?
No me alargo más por no aburrir demasiado. Solo terminar diciendo que su artículo me resulta un ejemplo más del simplismo del que hacen gala los apologistas del anarcoliberalismo. Máxime en asuntos tan ajenos a ellos como son los medioambientales.
Un biólogo.
Lo simplista, Samuel, es pensar que los demás son simplemente simplistas porque no opinan como uno.
Verás, la propiedad privada es infinitamente superior en la defensa de la naturaleza por la simple razón de que en el momento en el que alguien entiende que puede haber un riesgo de contaminación de sus propiedades, de sus bienes o de peligro para su salud, será el primer interesado en obligar a aquel que los pone en riesgo a que tome las medidas oportunas para que tal riesgo se minimice o que asegure las posibles consecuencias de que tal riesgo se sustancie.
La cuestión es muy sencilla. Si yo tengo por vecino a un minero que extrae para su beneficio metales pesados, potencialmente peligrosos para mi, pediré a la autoridad judicial que exija las medidas cautelares necesarias para que se eviten los riesgos. Me podrás decir: ¿Y si compran mi voluntad pagándome para no demandarles por esos riesgos? Pues todos habríamos de considerar que al aceptar dicho contrato estamos asumiendo parte de los costes que llevan aparejados el aceptar tal acuerdo. Es decir, nos convertimos en cómplices. Puede que en algún momento haya quien valore más el dinero que el asegurar los riesgos, no lo niego, pero tienen que tener en cuenta que si se produce una contaminación en otra zona que nada tiene que ver ni con el minero ni conmigo, al contaminar yo a otro a través de mi acuerdo soy corresponsable de tal contaminación y, sabedores de esa posibilidad, este otro puede a su vez pedir medidas cautelares al minero, puesto que es el que puede causar dicha contaminación y a aquellos que acuerden con el asumir los riesgos.
La razón, de todas formas, no entiendas que es un canto de alabanza a la propiedad privada, sino que lo que defendemos esta postura ecologista fundamentada en la propiedad es que al estar definida la propiedad, la capacidad de defender la naturaleza se fundamenta en el interés privado. Piensa en ti mismo a la hora de defender lo que pueda pasar en tu casa, en tu coche, en tu parcela, y si consentirías que alguien te tirara una bolsa de basura dentro sin que tu hicieras nada... ¿no ves los caminos, los terrenos baldíos, de titularidad pública llenos de basuras que todos los incívicos ciudadanos tiran en las propiedades de todos como para comprender lo que decimos?
Es más, al estar la propiedad en manos de quienes no depende de ellos directamente la defensa de esos bienes estará supeditada a los acuerdos políticos y posibles y probables corruptelas que se quieran acordar entre quien quiere ahorrar en medidas de seguridad y quienes al tener el monopolio de la violencia, el poder del estado en sus manos para forzar voluntades y someter jueces y funcionarios a su favor logrará diluyendo las voluntades gracias a la típica y tópica manera de pensar de que aquellos que mandan, si son de los míos, lo harán bien.
Lo cierto, lo quieras ver o no, es que tu defenderás más y mejor lo que sabes que es verdaderamente tuyo que aquello que, por mucho que me lo jures, definas como “de todos”.
Me has entendido mal. Vuestra argumentación es perfectamente lógica. Pero es simplista en la medida en que el análisis que hacéis simplifica el problema a unos pocos factores, a saber:
1.- “Toda persona defiende su propiedad mejor que lo que no es directamente su propiedad” Nada que objetar a esto.
2.- “Si un propietario contamina su propiedad, esa misma propiedad está perdiendo valor y por lo tanto va en contra de los intereses del propietario”
Lo que dije, dependerá de los intereses del propietario y de lo que considere valor. Para él que tenga una importancia descomunal para la ciencia puede no interesarle si ve que va a sacar más rentabilidad con lo que ha pensado. Ej. El dueño de las cuevas de Altamira descubre una veta de plata en la cueva y decide hacer una mina de cielo abierto.
3.- “La contaminación de un propietario puede afectar a las propiedades de al lado. En caso de contaminar otras propiedades se resolverá económicamente para enmendar la contaminación”
Primero la contaminación muy frecuentemente afecta muy lejos de donde se originó y segundo el dinero no lo arregla todo por lo que, a veces, es mejor prevenir.
Ej. En la salinización de los acuífieros en el levante, causada por la cantidad de pozos construidos, ¿a qué propietarios tendrían que pedir responsabilidades los que tienen las tierras cerca de la costa?. Además ese tipo de impacto no se puede resolver económicamente a no ser que se cierren pozos o acuerden pagarle de por vida un sueldo a los afectados.
4.- “Los propietarios de al lado exigirán que el vecino tome las medidas necesarias para evitar la contaminación de sus parcelas”
Pero es que eso ya se da y lo hacen tanto los propietarios colindantes como la administración (y mejor que lo haga la administración para evitar los casos en que la empresa en vez de usar el soborno decida callar a los vecinos con unos matones)
Hay muchísimos factores que no se están teniendo en cuenta. No todos los contaminantes son iguales, no solo se contamina el suelo, tanto la atmósfera como el agua de los ríos y mares son difíciles de privatizar (el impacto aquí puede ser imprevisible en consecuencias), hay contaminaciones difíciles de percibir, que se detectan a muy largo plazo y/o en lugares muy alejados del foco de contaminación, hay bienes que pueden no tener interés para un propietario pero tener un valor incalculable para la sociedad o la cultura de un país, etc.
No sé porqué os parece mal el modelo que hay ahora. Claro que en la administración hay corrupción, privilegios y demás, pero un modelo plenamente privatizado no lo resolvería, solamente la cometerían las empresas, cometer las empresas en vez de la administración. Tú mismo admites esa posibilidad en tu réplica.
Os guste o no todos estamos orgullosos de nuestros parque naturales, de la riqueza paisajista y faunística de nuestro país y hay mucha gente interesada en que sigan así.
Es muy fácil verlo de éste modo: estamos en un equilibrio dinámico en el que las empresas y la iniciativa privada fuerzan a la administración hacia un lado y los grupos conservacionistas conciencian a la gente y ponen denuncias para, todos juntos, forzar a la administración hacia el otro lado. Y en ese equilibrio no es bueno dar plena potestad ni a unos ni a otros. Ni se puede vender la administración a los intereses privados ni liarse a cerrar empresas a discreción.
Un saludo
Si alguien usa matones....comprenderás que no estamos hablando de protección de la ecología sino de la mas evidente falta de respeto a la vida y a la propiedad, constitutiva de delito en cualquier caso, puesto que no es tolerable ningún tipo de coacción.
Pero lo cierto es que ni el aire, ni las aguas, ni los acuíferos son susceptibles de ser gestionados de manera ni publica ni privada, porque, evidentemente su propiedad es muy difícil de precisar. Ni tan siquiera para el Estado porque el elemento de la corrupción, que yo no he negado nunca, está en la propia acción humana. Mas que nada por la excesiva extensión de los mismos y al afectar a tantas personas.
Ahora bien, si me quieres decir que el proponer la propiedad privada como mejor garante de la naturaleza implica necesariamente la eliminación de ningún tipo de legislación tendré que decir que, si bien tu has especificado a los anarcoapitalistas, no es el caso ni del autor del artículo, creo, ni de mi. Y eso tienes que entenderlo, incluso en el caso de los Ancaps, puesto que éstos no niegan la existencia de un derecho consuetudinario, y la mera acción de los tribunales en la resolución de los conflictos hace surgir dichas normas de aplicación a todos los casos... No olvides el famosísimo Tribunal de las Aguas de Valencia que se encargaba de dirimir las disputas sobre tan preciado bien. Pero claro, las disputas sobre todo no se pueden solventar ni tan siquiera sobre los efectos de acciones presentes sobre situaciones futuras de las que ni tan siquiera se tiene constancia física de que tales efectos se puedan dar. Por tanto, con esto te quiero decir que la sociedad, sin la presencia del Estado puede muy bien gestionar los recursos naturales partiendo del interés privado y particular de las personas libres y sometidas al imperio de la ley.
Pero ten en cuenta que la aparición de esos entes de los que estas tan orgulloso, pueden tener su orígen curiosamente en el interés conservacionista y cinegético de unos duques y de un bodeguero como es el caso del primero de España, Doñana. Es el Estado el que le da su forma definitiva, dicen que protegiéndolo, para que además sirva de solaz sosiego de políticos ilustres.
Porque ¿quienes son los que disfrutan de dichos protegidos parajes? Eso es un buen factor a pensar.
Bueno pues hablando de la posibilidad de que el derecho surgido de la acción humana sin la intervención impositora de un Estado permita la protección ya que entendemos que dicha protección puede surgir del interés de las personas porque determinados entornos se conserven con el aliciente añadido de que puedan suponer un interesante negocio debido a que la sociedad demande poder disfrutar de ellos ¿Cual es el problema?
Eso sí, como te digo, yo nunca he negado la posibilidad de que exista la corrupción, es algo intrínseco al ser humano... Solo que si la corrupción la ejerce el Estado.... La cosa es más difícil. ¿no?