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Portada - Comentarios - Cuenta atrás en las elecciones: comienza la campaña

11/05/2007 - María Blanco

Cuenta atrás en las elecciones: comienza la campaña

Acaba de empezar la campaña electoral. Todos los políticos se apresuraron a abrir sus barracas de feria y a contarnos dos cosas: el tirón de orejas que le van a dar al contrincante y lo bien que lo van a hacer. No lo van a hacer bien, lo van a hacer mejor. Mejores transportes, mejores carreteras, mejor sanidad. Dan ganas de votarles a todos.

Gracias a los medios digitales, los candidatos juegan con nuestra intención de voto primero, para jugar con nuestro dinero después, y crean sus propios personajes virtuales, se besan a la francesa públicamente para promover la libertad lingüística, o abren blogs para preguntar al ciudadano "dime qué quieres y te diré qué prometo".

Pero no hay que fiarse ni de las promesas de retirar los parquímetros de Miguel Sebastián, candidato a la alcaldía de Madrid (por otro lado nos sacarán los dineros), ni del "reencuentro" con el río Manzanares (financiado por nosotros y nuestros descendientes por los siglos de los siglos) de Alberto Ruíz-Gallardón candidato por el Partido Popular al mismo ayuntamiento.

Mientras que Enrique Gil Calvo, profesor de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, considera la abstención como una imprudente irresponsabilidad y sus consecuencias un trágico error, no parece que las demás alternativas sean satisfactorias para el interés del votante individual.

En nuestro actual sistema político, un ciudadano responsable puede votar a un partido en concreto porque comparte sus principios, porque lo hace aunque solamente sea de manera parcial o porque el modelo de sociedad ofrecido por los demás partidos le parece algo a evitar a toda costa. Pero, tal y como también señala Gil Calvo, y en esto sí estoy de acuerdo, las democracias occidentales adolecen cada vez más de una crisis de representatividad, descrédito y homogeneidad de las alternativas ofrecidas por los políticos, que le pone muy difícil las cosas al elector responsable.

¿Qué pasa si nos decidimos a renovar este sistema tan desgastado, obsoleto y generador de más mal que bien, tan restrictivo de las libertades individuales?

Dice Dennis C. Mueller en su Public Choice III que en una sociedad con un orden político cerrado, un individuo siempre está en peligro de ser explotado o tiranizado por una mayoría o una minoría de sus conciudadanos. Su capacidad de elegir, en tales situaciones, se centra en pocas opciones: confiar continuamente en la protesta (la opción voz) con la esperanza de que el resultado cambie, buscar un espacio político migrando a otro lugar (opción salida) o crear un orden nuevo mediante una revolución, es decir, un cambio brusco, no gradual. Pero esta última opción es problemática en nuestro maravilloso mundo occidental.

De acuerdo con el análisis de la Escuela de la Elección Pública la participación de la sociedad en un cambio radical es menor para altas tasas de salario y para bajas tasas de incertidumbre respecto a la renta futura. Es decir, una ciudadanía acomodada es también acomodaticia y manifiesta su desidia mirando al techo en lugar de asumir su responsabilidad, pidiendo a otro (el político de turno) que le resuelva sus problemas y quejándose después, pero sin tomar medidas directas. Vivimos demasiado bien.

¿Es más responsable mantener este sistema corrupto, desacreditado y ficticio, donde la mentira reina y los grupos de poder y los gobernantes son cómplices que atentan contra el individuo? ¿Es un trágico error no someterse a él y manifestar el desacuerdo de raíz con esta trama?

Nos esperan días de grandes palabras, grandes mentiras, grandes manipulaciones y muy poca imaginación. Está en manos de los ciudadanos negarse ser súbditos para ser tratados como vecinos. No participar, no acudir a una cita, no colaborar en lo que uno cree que es injusto es una manera de opinar y también es una opción responsable; para mí, la única opción responsable.

 

Opinión de los lectores

José Antonio Jiménez

Mi más sincera enhorabuena por su lucidez y realismo.

Difícilmente puede negarse que la abstención es un derecho legal y libre al que puede obtar todo ciudadano. Es más, no es un empeño agradable el escuchar sermones demagógicos que, en su inmensa mayoría, jamás serán cumplidos.

Sin embargo, hay quienes piensan que este comportamiento representa una notable falta de sensatez y sentido común en lo que a la participación electoral se refiere. Los ejemplos que se pueden aducir en defensa de esta tesis son los cientos y miles de comentarios acentuadamente negativos hacia el poder de personas que no se molestaron ir a votar por múltiples cuestiones. Sin duda alguna, este tema es una fuente inagotable de controversias.

A mi juicio, cada cual es libre de hacer lo que desee siempre que respete, no sólo los límites jurídicos-legales, sino también las normas ético-morales que prescribe la razón. Y siguiendo a pies juntillas la línea de fuerza que vertebra mi pensamiento, la abstención al voto es una opción tan digna y legal como la propia votación. En fin, la capacidad crítica hacia el poder es otro derecho inalienable en cualquier democracia que se precie, ya sea de un votante del partido en el poder, de un opositor al sistema, de un moralista intransigente e, incluso, de un abstencionista electoral.

Paulinchen

La abstención no cambia el sistema.
El sistema se cambia desde el sistema. El problema es que para estar hay que entrar y hasta ahora. ninguno de los que ha entrado ha tenido el coraje o el interés en camiarlo porque perdería los privilegios.Tenemos el vergonzoso ejemplo del estatuto andaluz.

ANGEL FERNANDEZ

María, casi en total acuerdo con tu comentario.

Discrepo tan sólo en cierto pesimismo que he capto en la lectura de tu argumentación.

Pesimismo respecto de un posible cambio en el régimen político democrático degradado y corrupto que sufrimos (socialdemocracia de todos los partidos, o intervencionismo institucionalizado).

Has citado a la Escuela de Elección Pública y también a Dennis C. Mueller y su análisis de las opciones que le quedan al sufrido individuo (inconformista) en un orden político cerrado: la opción VOZ, la opción HUIDA y la opción CREAR UN NUEVO ORDEN.

Sin embargo, en esta última opción has contemplado sólo la posibilidad de Cambio en las Instituciones mediante una REVOLUCIÓN, cuando también existe la posibilidad de cambio vía REFORMA.

1. Evidentemente, reconozco la evidente dificultad de llevar a cabo una REFORMA INSTITUCIONAL frente a muchos políticos amorales y corruptos.

2. Pero también creo que existen algunas excepciones de políticos íntegros (pocas) y, también creo que el discurso de REFORMA INSTITUCIONAL cala hondo en todas aquellas personas (tanto de izquierdas como de derechas)(por supuesto también entre liberales) con las que lo he comentado.

No quiero alargar más mi argumentación.

Creo que debemos dejar a un lado el pesimismo. Y, pese a existir cierta población sociedad acomodada y aborregada, creo merece la pena intentar presionar (en la medida que podamos) para lograr una REFORMA PROFUNDA DE LAS INSTITUCIONES, tal y como señalé hace ya muchos meses en el excelente comentario de Alberto Illán Oviedo sobre Totalitarismo Democrático, apelando a la movilización (pacífica) para reclamar una REFORMA CONSTITUCIONAL EN PROFUNDIDAD:

http://www.juandemariana.org/comentario/666/

Abrazos,
ANGEL FERNANDEZ

Aristipo

Totalmente de acuerdo con tu artículo.
Descartada la opción revolucionaria, desde el punto de vista individual la opción salida parece la mejor, y creo que es algo que muchos de nosotros tenemos en cuenta casi todos los días.

Es cierto, como se ha comentado más arriba, que la abstención por sí sola no cambia el sistema. Muchos sistemas políticos sobreviven con porcentajes de abstención altísimos sin que eso les afecte para nada, ya que la legitimidad democrática no requiere mayorías de electores sino mayorías de votantes. Los referenda de los estatutos o la pseudoconstitución europea son ejemplos recientes. Sin embargo, creo que ha llegado un momento en que ciertas formas de abstención activa podrían tener algún efecto sobre la opinión pública (no esperemos maravillas, pero, al menos, presionar, como dice Angel, para intentar lograr una reforma de las instituciones)

Por abstención activa entiendo una corriente de opinión capaz de explicar en público sus motivos: por ejemplo, un grupo organizado de ciudadanos que declarase abstenerse hasta la reforma del sistema electoral, la modificación de la financiación de los partidos, la reducción del despilfarro electoral, la desaparición de la disciplina de voto en el parlamento, etc...

Creo somos muchos los ciudadanos responsables que nos negamos a ser tratados como súbditos y a participar en esta especie de reality show en que se han convertido las convocatorias electorales. El problema es que, a la hora del recuento, poco importa si no hemos acudido a las urnas por nuestro desacuerdo con el sistema o porque nos hemos ido a la playa. Y ya va siendo hora de que se sepa.

María Blanco

Paulinchen... eso es un círculo vicioso, con todo mi respeto. No hablo de reformas, porque no creo que hay que reformar (Ángel, date por aludido porque va por ti también). Creo que hay que CAMBIAR el sistema, no reformarlo. Y eso es complicado hacerlo desde dentro. Tal vez se pueda, me encantaría escuchar las propuestas y estaría dispuesta a apoyarlas si llevan a una sociedad libre, quiero decir... aquella en la que hay individuos libres, eliminar la coacción al individuo que no daña a nadie. No una en donde la coacción es menor o se nota menos porque mi sueldo me da para comprarme un coche nuevo.
La abstención ha ganado las elecciones en alguna ocasión y actualmente es la tercera fuerza política. Un ciudadano que se abstiene y sabe que es mayoría, puede decidirse a no pagar un impuesto que le parezca injusto (el que le parezca más injusto de todos...) por ejemplo, los parquímetros, si sabe que hay un 70% de la población que no lo hace... y el Estado no tiene capacidad monitorizadora, y recaudadora... colapsarían los Tribunales si de repente TODO MADRID (o Barcelona, o Cuenca) no pagara los impuestos, o un impuesto... Tal vez haya que empezar por algo pequeño, y cuando las personas no dispuestas a plegarse y que están hasta el mismo gorro comprueben que no pasa nada, porque no es uno, sino un montón....

ANGEL FERNANDEZ

Cuando digo REFORMAR el sistema, ... significa CAMBIAR el sistema desde dentro EVOLUCIONÁNDOLO (en el sentido expresado por F.A. Hayek en su libro LA FATAL ARROGANCIA).

De hecho, como bien sabes, ya estoy dando pasos en esa dirección. Y, ahora, al igual que muchos otros miembros y simpatizantes del IJM, se puede afirmar que trabajamos DENTRO DEL ESTADO ya sea en la AGE, en alguna Administración Autonómica, en Univesidades Públicas o en los Entes Locales que lo forman. No quiero dar más pistas.

Al igual que en la Transición se evolucionó de un régimen dictatorial hacia un régimen partitocrático, ahora toca REFORMAR el actual sistema, dado que se ha tornado corrupto y defectuoso en cuanto a INEXISTENCIA de:
- protección efectiva de derechos y libertades de muchos ciudadanos (Cataluña, Pais Vasco, Galicia),
- financiación legal de partidos,
- democracia directa "real",
- separación de poderes "real",
- separación clara de competencias entre AGE y Autonomías,
- etc...

De otro modo, el sistema político corrupto que padecemos seguirá devorando aún más nuestros precarios derechos y libertades individuales.

Si puedo, en los próximos meses, en la medida de mis posibilidades, con modestia y con precariedad de recursos, intentaré montar algún tipo de Asociación que sirva como Plataforma de Reforma Constitucional. Al respecto, toda idea constructiva será bienvenida.

Salu2

María Blanco

Sí, Ángel, sé lo que haces y con quién :P
Me encantaría saber qué tipo de régimen político no va a derivar en una versión corrupta del mismo, que no sea el basado en la iniciativa y libertad individuales a full.
Una democracia como la de ahora pero parcheada? :))

ANGEL FERNANDEZ

¡ Quiero intentarlo !

Desde luego, con perspectiva totalmente liberal. Veremos ... dijo un ciego

Bastiat

Ángel, no sé exactamente qué estás haciendo o promoviendo, me gustaría saberlo, pero ante todo quisiera hacerte ver a ti y los que lo estén intentándolo contigo que hay una parte importante de liberales, sobre todo de los que se llaman liberales de verdad que no entienden para nada que la acción política liberal pueda llevar a otro sitio que a la continuación del Régimen, es decir, de perpetuar, con altos y bajos, con ajustes y progresos, el sistema democrático como sistema de coacción de todos los individuos.

Para lograr algo hay que ser constante, hay que ser inquisitivo, hay que ser pedagógico y, hasta un punto cachondo para poder destornillar de las cabezas de los ciudadanos la idea de que el Estado nos solucionará todo.

Pero quizás lo más desasosegante sea, como digo, el observar lo que muchos liberales piensan de la acción política. Se quejan, dicen que todo va a peor, se quedan en el papel de ilustrados agoreros pero no quieren hacer nada, o no se atreven, o no lo ven claro, o simplemente, siendo conocedores de los recovecos que aún les deja el sistema pretenden encontrar la forma de vivir lo mejor posible dentro de él sin que les salpique demasiado. Cuando consideren que ya es demasiado a lo mejor ya es demasiado tarde. Aunque alguno habrá que considere que cuanto todo se hunda ya surgirá el modo de que todo cambie.

Además, en algunas de las manifestaciones que leo, si se piensa un poco, parece querer que el ideario de libertad o bien surja del desastre tras la represión vencida al fin, o de la imposición de unos pocos ilustrados, es decir, imponer la idea de libertad a los demás que en el fondo, a día de hoy, en una sociedad acostumbrada a que se le sirva sin importar el coste, implica el que los ciudadanos dejen de tener esos servicios “gratis” que ahora disfrutan. No sé que es mas ilusorio, en el fondo, si pretender lo uno, lo otro, o el conseguir que las clases obreras se guillotinen sus perspectivas de un “Estado Benefactor!” a cambio de una libertad que, en el fondo, muchos ven como un ambiente de inseguridad que nadie quiere.

Por tanto mi paseo diario varías veces al día por éstas páginas busca siempre encontrar alternativas políticas, basadas en el ideario liberal, para elevar propuestas realizables en el entorno actual para conseguir ir cambiando, en un proceso largo y difícil, lo que mucha gente considera como un gran logro, el Estado de Bienestar.

Un Saludo.

José María

María: la abstención es una opción, desde luego, pero en los tiempos que vivimos, cuando el partido gubernamental está desvertebrando España, la solución intermedia pasa por el cambio. Y ese cambio, María, sólo se puede hacer desde una serena participación, votando la opción que mantiene una idea clara y leal de convivencia, con base en la Constitución de 1978, que con sus virtudes y sus defectos nos ha permitido vivir años incomparables en nuestra nación. Yo os animo, os pido, a todos los integrantes del Instituto Juan de Mariana, que por encima de nombres propios a los que las listas cerradas obligan, votéis por la opción política que más se acerca a los planteamientos liberales. A dicho partido y al Instituto les une mucho más de lo que les separa. Pensad en ello, queridos amigos, pensad en ello.

María Blanco

Querido José María, muchos del IJM y muchos liberales votarán serenamente al PP. Y ganará, al menos en Madrid. Lee mi última frase y te quedará claro qué haré. Y lo sabes desde que me conoces...

José María

Querida María: sé cuál es la opción en la que, legítimamente -faltaría más-, te acomodas. Sé también que muchos miembros del Instituto votarán por el partido que mencionas. Mi duda es: ¿cuántos votos pueden perderse por pequeños matices? Cada voto es un tesoro, María; cada votante puede ser decisivo.

Nos encontramos en un momento crucial de nuestra historia. Sé que puede parecer exagerado esto que digo, pero es así. El desastre de cohesión y convivencia es tapado por la anestesia de los datos macroeconómicos, que todavía se mantienen lustrosos en apariencia. Es el momento de las grandes decisiones, de dejar a un lado las pequeñas diferencias, incluso de votar con la nariz tapada si a alguno le resulta insoportable el aroma que destilan las listas cerradas.

Es el momento de hacerlo, amigos. No podemos resignarnos a perder todo lo conseguido. ¿Imagináis hasta dónde pueden estar dispuestos a llegar -en el ámbito del intervencionismo- los actuales gobernantes de la Nación si el resultado de la opción sensata y única de oposición no es bueno? Si eso ocurre, María, amigos del Instituto, no discutiremos sobre temas de matiz, no; el modelo más intervencionista que haya podido tener España nunca se habrá extendido sobre nuestro país, vida, personas y economía. Cambiar entonces ese régimen de intervención resultará muy difícil. Estamos a tiempo de evitarlo. Seamos conscientes de la gran responsabilidad que tenemos cada uno de nosotros si, como dice una persona a la que conozco algo, "no queremos levantarnos mañana y descubrir que España es apenas nada".

Si después de todo seguís militando en la abstención, en cualquier caso será una opción legítima y respetable, pero creo que equivocada.

Un fuerte abrazo,

ANGEL FERNANDEZ

José María:

¡Bienvenido a las discusiones y comentarios del IJM!

Coincidimos hace dos años en Campus FAES 2005. Si recuerdo bien, estuvimos codo con codo en un ciclo de conferencias sobre economía; bastante interesante por el nivel de algunos ponentes liberales.

Espero que este acercamiento tuyo al IJM sirva para que atraigas a muchos simpatizantes y militantes del PP hacia posiciones realmente liberales. En muchos casos, algunos dicen defender el liberalismo sin saber lo que significa realmente. Convendría hacer mucha labor pedagógica en el PP. Allí es todavía posible explicar el verdadero significado del liberalismo. En otros partidos es prácticamente imposible.

Creo que tu aportación al IJM podría ser importante para acercar el ideario liberal a muchos votantes del PP. Sugiero colabores con el IJM con artículos. Y, ya puestos, sugiero comentes y promuevas entre tus alumnos y entre tus compañeros de partido los interesantes artículos y conferencias del IJM.

Es más, creo que sería muy útil plantear una propuesta formal para que alguien diese conferencias sobre liberalismo en la mayoría de sedes de tu partido (así como en cualesquiera otros partidos que admitan un discurso libral en su seno) para lograr limitar el intervencionismo (de todos los partidos) que está asfixiando la Constitución Española de 1978.

Saludos,
ANGEL FERNANDEZ

José María

Querido Ángel: espero que vuelvas a acudir este año puntual -como el resto de miembros del IJM- al Campus FAES. En la web de la Fundación podéis ir viendo el avance del programa, que pretende no defraudar a los asiduos participantes.

Independientemente de que es cierto lo que dijo Hayek y, por tanto, intervencionistas hay en todos los partidos, es en el PP donde pueden encontrarse los muchos o pocos liberales, más o menos puros, con mayor o menor decisión por aplicar los dogmas liberales, que existan.

No hay que olvidar que el único partido liberal reciente en España, que no tuviese el liberalismo sólo en el nombre, sino también en sus principios, fue la Unión Liberal de Pedro Schwartz, en el que militó una jovencísima Esperanza Aguirre. Dicho partido surgió dentro de la Coalición Popular para dotar a la entonces Alianza Popular, hoy ya Partido Popular, de una base de pensamiento liberal y capitalista importante y fundamental.

Por supuesto, todo es mejorable, y hay que hacer mucho todavía, pero lo importante es dar pasos, más o menos amplios, siempre en la buena dirección.

En cualquier caso, convendrás conmigo, querido Ángel, que la verdadera asfixia de la Constitución viene por otros frentes, que no son precisamente los del Partido Popular.

Es siempre para mí un honor poder asistir a las conferencias que organiza el IJM. Espero que pronto, Ángel, nos veamos de nuevo.

Te animo también a votar el 27 de mayo por el liberalismo y la CONFIANZA en el mercado.

Un fuerte abrazo,

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