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Portada - Comentarios - Elecciones y libertades

22/05/2007 - Gorka Echevarría

Elecciones y libertades

La relación entre la libertad y la democracia, es sumamente compleja. Es evidente que cada vez que el pueblo vota decide quien gobierna, lo cual evita que los políticos se atornillen a sus sillones de por vida. Y esto supone, como indicó Popper, un método para cambiar de Gobierno evitando el derramamiento de sangre. No tener que aguantar a tiranos de cualquier signo, ya se llamen Franco o Castro, Hitler o Stalin, es un argumento incontestable a favor de la democracia. Pero ¿es acaso el único?

Esta pregunta nos obliga a plantear bajo qué presupuestos podemos juzgar la democracia. La premisa del liberal sería la libertad. Con la democracia, todos votan y prima la opinión de la mayoría. Si un porcentaje considerable de la población vota a un político que quiere prohibir trabajar más de 35 horas semanales, por mucho que el resto se oponga a que decidan por él cómo debe utilizar su tiempo y cuánto quiere trabajar, nada podrá hacer contra la voluntad popular. Supuestamente, los derechos individuales tendrían que ser los límites al ejercicio de la soberanía, pero estos derechos han sido constantemente restringidos y tergiversados, como cuando se constitucionaliza que el derecho de propiedad tiene un fin social o se define al Estado con adjetivos como social, o sea, socialista, es decir, contrario a los derechos individuales.

Los impuestos son otro de los asuntos donde se aprecia que la mayoría desea pagar pocos tributos pero defiende que los ricos soporten la mayor carga fiscal porque, al fin y al cabo, son los que más tienen. Por tanto, a esos se les debe exigir mucho más. Para hacernos una idea, ahora que estamos en plena campaña de la renta, recordemos que el IRPF es un impuesto progresivo que supone que un incremento de renta provoca un salto en el tipo impositivo de forma que se penaliza el esfuerzo. Luego, una vez más, la mayoría decide sobre nuestro tiempo, bien porque tenemos que trabajar más meses para el Estado o bien porque nos anima a que tengamos más ocio (para evitar que se disipe el dinero que podríamos haber cobrado por trabajar más).

Y qué decir de los servicios sociales, desde la Policía hasta la Sanidad, pasando por la educación. Se nos impone una seguridad insegura, una sanidad masificada y una educación lamentable que no prepara a los alumnos para desarrollar un trabajo. El coste es claramente brutal, no sólo en eficiencia sino también en libertades. Como decía irónicamente un economista argentino, sobre otra de las medidas propias del Estado Providencia, el "seguro de desempleo" equivale a "desempleo seguro".

Lamentablemente, no podemos escapar a esta telaraña que nos atrapa como moscas. La agonía no se percibe pues nos invade una especie de letargo en el que vivimos pensando en que este es el mejor de los mundos. Nuestro voto nunca puede contrarrestar semejante situación.

El sistema democrático establece un mecanismo de rotación de oligarquías que ofrecen demagogia y promesas tan vanas e imposibles, como las del PP y el PSOE en Madrid: hacer del Manzanares una playa, propuesta que recuerda a aquella con la que soñaba el socialista utópico Fourier, convertir los océanos en limonada. La idea sin duda, sería refrescante pero estúpida. Como otras tantas que los charlatanes nos han estado repitiendo. Alguna, como la que ha expresado Simancas de que si se vota al PP este partido privatizará el aire, es tan increíble como propia de quien se comió la rosquilla tonta de San Isidro.

Por otro lado, no podemos desdeñar el hecho de que la gente desconoce el funcionamiento mínimo de los impuestos, la distribución de las competencias entre las autonomías y el Gobierno central, el cupo vasco, la financiación de la sanidad y de la UE o qué son las aduanas. Es decir, la gente no invierte tiempo en controlar a los políticos que ha designado. Es más, desconoce la teoría económica básica por lo que acaba creyendo que los salarios mínimos, los controles de precios y la redistribución de la renta son los medios para alcanzar el bienestar social. Está claro que no todos pueden ser expertos en todo pero quizás tengamos cierta responsabilidad en la medida en que votamos, porque con nuestros votos podemos estar apoyando políticas dañinas para la sociedad. ¿Hasta qué punto recapacitamos? ¿Presionamos a nuestros políticos para que cejen en sus perniciosos empeños? La respuesta es un flagrante no. Ahora bien, seguro que a muchos se le ocurre que los grupos de presión son la manifestación de ese sentir. Desgraciadamente, se dedican a expandir ideas catastróficas y se esfuerzan en recabar más fondos, como sucede con los artistas, verdaderas plañideras a la caza de un canon más expoliador que cubra unas imaginarias ventas potenciales.

Si la democracia no consiste en un sistema apoyado en votantes conscientes que conocen, al menos en teoría, el funcionamiento del Gobierno y que dedican tiempo a informarse y analizar la realidad de forma sosegada, sino que más bien se dejan guiar por lo que sus padres les han dicho, lo que parece más moderno o progresista, entonces quizá lo que argumenta Bryan Caplan en su apasionante libro The myth of the rational voter sea cierto: la democracia es "un concurso de popularidad".

Probablemente este juicio sea erróneo porque hay mucha gente que se esfuerza en seguir la actualidad y estar al día de lo que pasa en el mundo, pero el peso marginal de un voto en unas elecciones es irrelevante. Deprime pensar que ningún político sea 100% liberal, aunque compre una de nuestras camisetas. Nuevamente, citando a Caplan, cabe sostener que "en elecciones con millones de votantes, los beneficios personales de aprender más sobre política son insignificantes porque un voto difícilmente cambiará el resultado. Entonces ¿por qué aprender?"

La solución a este drama sería aumentar los ámbitos en los que prime la libertad individual y no la política, es decir, que sean las personas las que puedan tomar decisiones sobre su vida, libertad y propiedad de forma que, aunque envidiemos a nuestro vecino por tener dos coches o a nuestros jefes por cobrar más que nosotros no podamos utilizar la política para satisfacer nuestra sed de venganza, haciendo que el Estado les expropie más y más. Tampoco, cabría ampararse en la democracia para censurar o para promover la virginidad, como ha hecho Bush, gastándose a tal efecto 740 millones de dólares del erario público.

Por mucho que nos repitan, la solución no pasa por más democracia sino por una mejor democracia, aquella en la que la libertad no pueda ser destruida, por nadie, sea mayoría o no. Más importante que la democracia es una Constitución mínima que impida que el Estado se expanda, lo cual, siendo realistas, podemos calificar como una utopía porque el poder tiende a crecer, como la nariz de los políticos al mentir.

Sin embargo, estamos ante otro sueño porque ¿desde cuándo alguien que recibe un subsidio por desempleo, que tiene acceso a la sanidad pública y que no paga demasiados impuestos va a renunciar a estos "derechos"? Aunque se arguya que esa persona ganaría más en un mercado libre, mucha gente no desea más que la falsa seguridad de un Estado que desde la cuna a la tumba le ha cuidado como a un indefenso bebé.

Cambiar las cosas parece tan difícil que a veces el único voto que funciona es el votar con los pies, un voto efectivo para que cuando todo lo que uno ama, como cantaba Sabina, se llena de cenizas y quepa escapar de las democracias tiránicas. Así que para quienes se quejaban de que mis postulados resultaban poco prácticos cuando aconsejaba no votar por nadie, les planteo otra solución, como es votar con los pies. Eso si, compren calzado cómodo porque no podrán dejar de moverse.

 

Opinión de los lectores

Bastiat

La verdad es que el remedio de la emigración suele ser válido más para los pobres que ven en esa huída la posibilidad de nuevas oportunidades más que el que aquellos que tienen una vida acomodada encontrar sentido a cambiar sus certezas, mas o menos certezas, por la inseguridad que le pueda procurar lo nuevo. Eso sí, si eres empresario o profesional de éxito, no tendrás problemas. Mira a Beckham, se va a Jolivud.

Por tanto, si bien es cierto que el único recurso para poder escapar de las democracias absolutistas es la huída, no es menos cierto que sólo en las democracias se puede cambiar el régimen, el marco en el cual se puede uno interferir en los derechos individuales de las personas, es en la democracia.

Nadie dice que sea fácil. Lo complicado es esperar a que surja la oportunidad para hacerlo pensando que sólo cuando todo se hunda, por la simple acción de la ciencia infusa, la mayoría (concepto fundamental en la democracia) de los mortales van a adoptar una constitución con los derechos individuales como límites.

Y más cuando tu mismo reconoces que para votar con los pies puede que nos acaben haciendo falta varios pares de zapatos porque vamos hacia donde vamos. Ya ni los USA pueden considerarse liberales…

Así que mejor…. Vota a nadie o vota con los pies.

FMoreno

Lúcido análisis, Gorka.
Sowell ha escrito que la política es el arte de hacer pasar los intereses personales como si fuesen “intereses nacionales” (encima con el respaldo de los votantes, añadiría yo).
Conozco bien el caso de una persona residente en Francia que, justo antes de la venta de su compañía, se fue a residir a Londres para estar exento de tributación por plusvalía. El tipo expropiatorio galo creo que era por aquella época de un 30%. Pudo hacerlo en tiempo récord pues tenía ya sus hijos emancipados. El cambio de residencia sólo le afectó a él y a su mujer.
Votar con los pies es lo más racional pero el coste familiar puede ser enorme.
Tal vez la descentralización tributaria lo más intensa posible sea la solución para una efectiva competencia interregional sin tener que irse muy lejos para buscar el óptimo fiscal.
Mientras tanto nos vamos dejando jirones en el quehacer diario…

euribe

Muy interesante el artículo. Yo apuntaría un par de cosas:

Primero, una de las cosas que la gente ignora y no has citado, es qué es el dinero, ya que creen que éste se puede crear del aire sin que eso afecte al resto de las cosas. A mí me parece uno de los aspectos más importantes del control político de la población.

Otro aspecto sería la diferenciación entre democracia como método de decisión en asuntos propios de la sociedad (mayoría) y la democracia entendida como sistema de separación y limitación de poderes. No se trata de elegir quién te va a tiranizar, sino de cómo conseguir limitar el poder.

Respecto del "voto con los pies", es una solución que ya practican, en lo económico los ricos (p. ej. poniendo su residencia en Mónaco) o los muy pobres (emigrando). A veces me pregunto si no podría existir un estado que admitiera nacionales bajo "tarifa plana", de forma que puedas elegir voluntariamente tu nacionalidad.

Nairu

Ahora tenemos la oportunidad de castigarle por sus tropelías. ¿ La vamos a desaprovechar ?
Él no ha desaprovechado ni desaprovechará las oportunidades para castigarnos a nosotros con su política.
Se merece un varapalo y si no se lo damos nosotros no se lo dará nadie.

La abstención es un arma absolutamente ineficaz contra él. Ni siquiera le despeina. Se la suda completamente que te quedes en tu casa. Si no se lleva un buen varapalo se sentirá avalado para seguir haciendo lo mismo que ha hecho hasta ahora. Si no se lleva un buen varapalo tendremos que ver a Blanco y Rubalcaba sonrientes, satisfechos, eufóricos y presumiendo de que tienen el apoyo del pueblo. Si tampoco te convence la oposición vota a Ciutadans u otro partido. Si ganan y luego te defraudan castígales dentro de cuatro años; pero ahora es urgente pararle los pies a Zapatero y abrir la puerta de la regeneración del PSOE.

Gorka

Respecto a lo que dice Nairu, una cosa es que se acabe por votar a alguien porque el actual gobierno es patético, algo que entiendo y otra cosa es que se crea que la oposición es como el arcangel Gabriel. Y por supuesto, si el liberal vota, lo tiene que hacer sabiendo que lo que está haciendo es aceptar un régimen que restringe sus libertades...

Jose A. Baonza Díaz

No podemos quedarnos con proponer límites genéricos y fuertes a un gobierno y dejar que se salga con la suya el actual de Rodríguez Zapatero. Él y su camarilla van a por el poder absoluto y hay que pararlos, si no queremos arder en esta vorágine de la demagogia. Además de utilizar el voto para derribar a este gobierno, tal como recuerda Popper que se puede hacer, propongo una más resuelta denuncia de todos los atropellos que ha cometido. Desde la ocultación -como mínimo- de las pruebas de los atentados del 11-M a la utilización más grosera del poder coactivo del Estado no ya para interferir en el mercado, sino para destruirlo abiertamente, como han demostrado sus maniobras en las Opas de Endesa. Desde la Ley estatal del Suelo que da la puntilla al derecho de propiedad privada de la tierra, a la Ley de Paridad que acaba con la igualdad ante la Ley de hombres y mujeres. Estoy de acuerdo con Nairu. ¿No concurren causas suficientes, aquí y ahora, para invocar la democracia como mecanismo para derribar esta tiranía?

Bastiat

Añadiendo mis palabras a las de Nairu y José A. Baonza tengo que remachar que la democracia no es un régimen, es un método. Y como método se puede usar para tratar de implantar una dictadura socialista como hace Chavez, el amigo de Zapatero, o para derrocar a los tiranos de forma no sangrienta, como tu mismo has reflejado. Pero además, o tenemos claro que es el único método posible usar para tratar de avanzar hacia un entorno cada día mas liberal o, simplemente, estaremos dejando el campo libre para aquellos que lo usan para la tiranía.

Si no somos capaces de oponernos dentro del sistema democrático, no creo que nuestras ideas merezcan más crédito que las de aquellos que viven en la utopía, que esperan a algo tan nefasto como a que acabe la democracia sustituida por la dictadura. ¡Que objetivo mas bello! ¿Verdad?

Guillermo S.

Una idea muy interesante la de votar con los pies (mucho más que la de votar a nadie). Dame un Hari Seldon con su Términus y la Fundación, y me voy de cabeza. Ahora bien, para emigrar de un planeta a otro del Imperio me quedo en casa, que es más fácil y más cómodo. Que como decían Cruz y Raya "si no es por no ir, pero ir pa ná... es tontería)".

PD: espero no haberme pasado de friki con la metáfora

aquiles

Yo me niego a pasar la oportunidad de castigar al malo aunque para ello me tenga que tapar la nariz (Gallardón).

Y entiendo vuestras posturas, pero con la abstención no se va a conseguir nada. Puede que vuestra satisfacción personal, pero no computa en ningún sitio. Si me lo permitís, os recomiendo el voto en blanco, que se ve más que la abstención de los que "pasan" de ir a votar porque "pasan" de la política.

ANGEL FERNANDEZ

Me sumo a los sensatos comentarios de Airu, José Antonio Baonza y Bastiat.

Creo que debemos dejar a un lado cierto pesimismo liberal e incluso existencial. Y, pese a existir cierta población sociedad acomodada y aborregada, y pese a existir una oligarquía reinante, creo merece la pena intentar presionar (en la medida que podamos) para lograr una REFORMA PROFUNDA DE LAS INSTITUCIONES.

Vuelvo a indicar el CAMINO DE REFORMA INSTITUCIONAL (que pretendo comentar y discutir constructivamente en llos próximos años desde una nueva plataforma liberal), tal y como señalé hace ya muchos meses en el excelente comentario de Alberto Illán Oviedo sobre Totalitarismo Democrático, mediante movilización (pacífica) para reclamar una REFORMA CONSTITUCIONAL EN PROFUNDIDAD:

http://www.juandemariana.org/comentario/666/

Si no os importa, después del verano, una vez diseñada la nueva plataforma en forma de asociación, me pondré en contacto con cada uno de vosotros.

Un saludo,
ANGEL FERNANDEZ

flix

El problema de la democracia pura es simple:
"Dos lobos y un cordero votando sobre que cenar"

Por eso las constituciones deben defender los derechos individuales.

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