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Portada - Comentarios - Enemigos del jazz

11/06/2007 - Francisco Moreno

Enemigos del jazz

El jazz es uno de los acontecimientos musicales más importantes del pasado siglo XX. Su feliz nacimiento se produjo a finales del XIX a lo largo del delta del río Mississippi (con especial relevancia en la ciudad de Nueva Orleans). Maduró en las décadas siguientes y se extendió primero por Estados Unidos y, más tarde, por el resto del mundo occidental. También tuvo sus enemigos políticos bien precisos: el nazismo y el comunismo.

La espontaneidad, la alegría de vivir y la radical expresión individual del arte (o de cualquier otra actividad humana) casan muy mal con los totalitarismos. Por un lado, los nazis la calificaron de música degenerada y, por otro, los comunistas (más imaginativos) de música decadente, burguesa e imperialista. Cómo se acaban pareciendo los regímenes liberticidas.

Tras la traumática experiencia del crack del 29 y los trece años de distorsión que supuso la estúpida Ley seca (derogada en 1933), la gente empezó a regresar a los pequeños cafés, cabarets y salas de baile, donde los músicos de jazz podían ya ganarse mejor la vida. Para mediados de los años 30 el jazz se popularizó en su variante swing al convertirse en la música de baile preferida por la juventud del momento por su ritmo e insinuante balanceo. Surgieron entonces las big bands. Nunca antes, ni después, el jazz tuvo tanta aceptación. La radio, el fonógrafo y los primeros discos propagaron el jazz por doquier. Fueron famosas las bandas dirigidas por Duke Ellington, Count Basie (negros ambos) y Benny Goodman (apodado el "rey del swing" y judío): ¡hasta ahí podían llegar las tragaderas nazis! Sus jerarcas culturales hicieron ridículos intentos por controlar el jazz.

Allá por 1941 el enemigo se encontraba también en casa: una restricción horaria y la cabaret tax (nueva tasa federal del 30%) impuestas a todos y cada uno de los locales que empleaban cantantes y orquestas de baile causó el cierre de grandes salones y la disolución de muchas bandas de jazz en los Estados Unidos. Para eludir dicha tasa los propietarios de clubs y cabarets empezaron a contratar con preferencia a pequeñas formaciones instrumentales. Esto supuso el final de la era del swing, abriéndose paso la etapa del bob jazzístico (a pesar de las agresiones fiscales, el ingenio humano no se detiene).

Tras la guerra, el jazz dio definitivamente la espalda al gran público y se hizo más hosco, complejo y polirrítmico; era el be-bop. Despuntaron en esto cinco cumbres de verdadero culto: Charlie Parker, Dizzy Gillespie, Thelonious Monk, Bud Powell y Kenny Clarke.

En las dictaduras comunistas, a su vez, los amantes del jazz que tuvieron que padecerlas vieron cómo se decretaba la prohibición de su música preferida (como tantas otras cosas). Esta música, según los guardianes del Partido, era el símbolo de la subversión y de la decadencia capitalista y, por tanto, muy inconveniente para la sana cultura del Pueblo. Stalin incluso identificó el sonido del saxofón con la mayor aberración en música y, cual diligente padre moralista, confiscó todos los que pudo. No obstante, hubo permanentes sesiones clandestinas en el bloque del Este entre sus incondicionales. Los más aficionados al jazz resultaron ser los checos y los polacos (incluso hoy día, una de las dos revistas jazzísticas más importantes del mundo se edita, no en Estados Unidos, sino en Varsovia, Jazz Forum; la otra es japonesa, cosas de la globalización...).

La aparición en 1948 del disco de vinilo LP de 78 r.p.m., nueva invención (otra más) del perverso capitalismo consumista, supuso un hito para difundir masivamente la música. A partir de entonces, permitió a los jazzófilos escuchar las actuaciones completas de jazz en cualquier momento desde casa (y no sólo los fragmentos ocasionales emitidos por radio).

Asimismo, en los años 50 el jazz tuvo que competir con otro de los acontecimientos más relevantes de la música moderna: el Rock’n’roll (censurado también desde sus inicios en los diversos paraísos comunistas). Espoleados por este ambiente musical, aparecieron en las décadas siguientes nuevos estilos protagonizados por otra pléyade verdaderamente genial de músicos de jazz: John Coltrane, Charles Mingus, Max Roach, Miles Davis, Bill Evans, Dexter Gordon, Sonny Rollins, Art Blakey, Sara Vaughan, Chet Baker, etc.

Todavía hoy el jazz sigue vivo y en permanente evolución. Se transmuta y se funde con otros estilos, dando nuevas formas musicales. En concreto, el jazz latino es una de sus variantes más fascinantes. Confieso una especial predilección por Paquito D’Rivera, genial saxofonista cubano que, por descontado, sufrió las injerencias de los planificadores oficiales de vidas ajenas y que, finalmente, optó por huir de la vigilada isla caribeña.

Los disidentes, locos por el jazz, hicieron y harán siempre caso omiso de las directrices de sus particulares enemigos políticos. Si la música ha de ajustarse a sus imposiciones culturales, dejará de ser jazz, y si ésta es una música decadente pues, qué quieren que les diga, ¡qué magnífica decadencia!

 

Opinión de los lectores

Víctor

Paradójico: en la URSS, mandaban a los músicos de Jazz a los Gulags y allí, alejados de los censores, podían interpretar su música libremente, pues ni los guardias sabían qué era eso que tocaban.
Dmtri Shostakovich (compositor del s.XX) estaba bastante peleado con el régimen y era una apasionado del Jazz. Compuso algunas Jazz suites que no salieron a la luz hasta los años 90, después de su fallecimiento, y además en una de sus obras más famosas (un vals "jazzero") es el saxo quién conduce la melodía, probablemente como burla a la prohibición de Stalin.

gimenosaiz

Excelente Francisco. Veo que tendremos que incluir alguna jam a la lista de eventos organizados por el Instituto.
un abrazo,
AntonioG

Adrián

Muy bueno este artículo, me interesa mucho el tema de la música prohibida por los regímenes totalitarios del s.XX.

Al escuchar lo de la prohibición del saxofón vino a mi mente la escena de la película “la Ciudad Perdida” en la que una comunista “delegada del sindicato de músicos”, detiene el ensayo del cabaret del protagonista y dice que a partir de entonces la orquesta deberá tocar sin saxofón. Según ella el nuevo estado comunista cubano lo considera un “instrumento imperialista”.

El protagonista escandalizado le dice que lo invento el belga Adolphe Sax. La sindicalista contesta preguntándole: “¿no sabe lo que los imperialistas belgas están haciendo en el Congo? Son peores que asesinos”.

Me parece una pena que la gente asocie la libertad de crear, tanto en la música como en las artes en general, al socialismo, olvidando la represión ejercida históricamente por sistemas socialistas sobre cualquier creador que se saliera un poco de las pautas del Estado.

No es que escuche Jazz (aunque nunca se sabe), pero algo que siempre he querido hacer es pasar una noche en uno de esos clubs de Jazz que uno ve desde crío en las películas americanas. Me parece uno de los lugares más románticos que puedan existir.

ANGEL FERNANDEZ

¡ Impresionante !

Aparte de GEES (Grupo de Estudios Estratégicos), el IJM es el único sitio web español donde, en general, los comentarios y reflexiones logran sorprenderme gratamente por su enorme calidad intelectual.

Nuevamente, ... un orgullo leeros.

Por cierto, si alguien organiza una JazzSession (o una Blues Session) que también cuente conmigo.

Santiago Navajas

La opera prima de Thomas Carter, Rebeldes del swing, fue una película sobre un grupo de jóvenes alemanes aficionados a la música norteamericana, sobre todo Jazz.

Naturalmente, la afición termina por resultarles muy cara. La película no es una obra maestra, pero si ilustradora y entretenida, además de emocionante.

Robert Sean Leonard y Christian Bale estaban muy bien con sus abrigos anchos y sombreros de Chicago, desafiando musicalmente a los nazis.

Jazz über alles

Fco. Moreno

Teniendo en cuenta que en el IJM ya se han hecho comentarios polémicos tanto sobre las drogas como sobre el sexo (aquí y aquí) me estoy percatando ahora, no sin perplejidad que, tras esta favorable acogida sobre el jazz que muestran los lectores, nos estamos acercando peligrosamente al lema de los de "sexo, drogas y rock&roll". El IJM, azote de los progres, va a terminar también por escandalizar a los pocos lectores conservadores que se acercaban por estos pagos.

Como dice Santiago, Jazz über alles!

Bastiat

Sexo.....

Drogas....

Rock&roll...

Jazz...

No, si al final va a ser verdaderamente interesante ir los viernes al IJM.

libertyvallance

Amo a Duke Ellington, a Luois Armstrong, a Ella Fitgerald y a Django Reinhartdt. Casi cualquier pieza de estos intérpretes me emociona sin importar cuantas veces la escuche. También Grapelli, Benny Goodman y Rubén González. Es extraño para mí que una música tan divertida y que en su día fue esencialmente popular hoy se mire con cierto desdén y se le atribuya un elitismo cultureta por parte de mucha gente. Gran parte de la culpa la tiene la tendencia emprendida desde los años 50. Yo con Parker todavía puedo a ratos, pero Coltrane me aburre hasta la muerte, por poner sólo un ejemplo.
Quizá no todos los enemigos de la libertad tuvieron una influencia negativa sobre el jazz. Hace tiempo leí que el cierre de los prostíbulos del puerto de Nueva Orleans a principios de siglo obligó a muchos músicos a mudarse a Chicago, donde encontraron un ambiente más próspero, lo cual pudo contribuir al despegue comercial del swing en sus orígenes. De hecho, muchas grabaciones consideradas "estilo New Orleans" se hicieron en Chicago.
Avisad con tiempo si organizáis una jamm-session liberal. No me la pierdo.

Fco. Moreno

Libertyvallance, celebro que traigas a colación en tu comentario a estos jazzistas que son todos grandes (incluiría también a Billie Holiday, por la parte americana y a Chucho Valdés, por la cubana). El que no haya hecho mención a Luois Armstrong en mi primer comentario es imperdonable pues es fundamental y ha sido muy oportuno tu recordatorio (alguien dijo gráficamente que la historia del jazz pivotaba en torno a dos nombres: Luois Armstrong y Charlie Parker, y creo que es cierto).
También yo tengo dificultades con el be-bop, hard-bop y similares (de free-jazz, tipo Ornette Coleman o Cecil Taylor, ya ni hablamos).
Me identifico con tus preferencias jazzísticas y es que creo que, a partir del be-bop se produce una fisura en el jazz en la que todavía estamos inmersos. Al fin y al cabo, y simplificando a lo bestia, se podría decir que hay, por un lado, un jazz "bailable" (con cierto swing o blues) y con melodía más o menos definida y, por otro, uno más inarmónico, fragmentado e intelectual (cultureta decías) que tan raro le parecía al propio Armstrong (y con el que perdía la paciencia). No obstante, en el bop jazzístico reconozco hay cosas muy interesantes (las que he logrado digerir, que no son muchas); el resto se lo dejamos a los entendidos (salvando las distancias, sería parecido a lo que sucede con la música dodecafónica en la música clásica). Por eso el jazz latino me parece una renovación muy saludable, superadora de esa fisura (y, además es marchoso y divertido, lo que siempre caracterizó al jazz desde sus inicios).

Lo que dices con respecto a que las primeras grabaciones del "estilo New Orleans" se hicieron en Chicago es exacto. El origen de ese desplazamiento de población negra a las ciudades del Norte de los EE UU fue, efectivamente, la irresistible llamada por aquellos años de la pujante economía del norte industrializado frente al Sur agrícola y menos desarrollado (en 1900, tres cuartas partes de la población negra vivía en el Sur rural. Cuatro décadas más tarde apenas quedaba allí un quinto de la población negra total; otras zonas más prósperas de los EE UU los habían acogido). Por tanto podríamos concluir que fue la libertad (empresarial) la que propició que los músicos negros (junto a muchos otros compañeros de fatigas) se decidieran abandonar, a su pesar, los climas subtropicales del delta del Mississippi por el frío e industrial Norte y, a la postre, permitir una propagación de su música en un ambiente más dinámico, competitivo e innovador (discográficas, industria del espectáculo, contratos, etc.).
Desconocía lo del cierre de los prostíbulos en el Sur, pero eso sería (junto a la prohibición en 1920 de la ley seca) un incentivo más para que los empresarios mafiosos y abundantes de Chicago hicieran caja (las prohibiciones no eran problema alguno para ellos, en general, les favorecían y eran oportunidades de negocio y corrupción fabulosas). Así es que los prohibicionistas americanos, más, que favorecer el jazz, lo que hicieron fue impedir que la evolución del jazz tomara unos derroteros y que se abriera paso a otros desarrollos imprevistos por el legislador. Eso sí, en el interim, muchos músicos se quedaron sin trabajo y lo pasaron mal (Sidney Bechet, antes de hacerse famoso con el swing, tuvo que ganarse la vida limpiando zapatos. Otros, ya por entonces famosos, como Ellington, Armstrong o Hawkins, se marcharon a Europa a tocar hasta que se despejara el panorama prohibicionista de los EE UU).
Cordial saludo.

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