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Portada - Comentarios - No diga diversidad cuando quiere decir otra cosa

27/06/2007 - María Blanco

No diga diversidad cuando quiere decir otra cosa

Dice David Friedman, el hijo rebelde del Nobel de Economía, que en el mundo académico la palabra diversidad es un eufemismo de acción afirmativa y de discriminación. De manera que cuando uno tiene un diversity hire (que es como decir "empleo de diversidad", o en castizo, la cuota famosa) sabe que, en parte, le contratan exclusivamente por pertenecer a una minoría (mujer, discapacitado, negro, gay, o lo que sea).

Para Wendy McElroy, feminista individualista, la acción afirmativa no es otra cosa que una estratagema planificadora: el individuo cede su capacidad de elegir y actuar al planificador, quien se ocupa de redistribuir el poder económico canalizándolo hacia los grupos merecedores. Merecedores de privilegios según su criterio, el del planificador. Y siempre con la inestimable ayuda de la historia, ya que ¿qué mejor argumento que el agravio histórico para redistribuir?

Las supuestas bondades de la acción afirmativa tal y como las enuncia la autora son que la implicación femenina en el mundo laboral es un bien social, lo cual dependería en todo caso de las características de cada mujer, como pasa con los hombres, y también del trabajo en concreto de que se trate; la justicia compensadora, que es el motivo histórico según el cual las generaciones posteriores a las discriminadas son a las que se les compensa por lo padecido por sus antecesores; y, finalmente, el fin igualitario. Esta es la más peligrosa de las argumentaciones porque toca la moral del común de los mortales. La naturaleza nos hace diferentes, pero al ser racionales, podemos hacer algo para restablecer la igualdad entre todos. Porque eso es lo fetén ¿no? ser todos iguales y tener lo mismo.

Sin embargo, en ese caso estaríamos en una sociedad sin incentivos individuales. La desigualdad genera riqueza, como se sabe desde Adam Smith, porque promueve el intercambio.

Friedman, el anarco capitalista, defiende la idea de que, al menos en la universidad, aquellos departamentos que con más ímpetu defienden la contratación de las minorías en nombre de la diversidad son los más intolerantes y reacios a tener alrededor gente que opine diferente.

Y suele ser extrapolable a otros ámbitos. Por ejemplo, los diversos "institutos de la mujer" supranacionales, nacionales, autonómicos y locales (así se pilla más subvención) consideran que la mujer que decide quedarse en casa cuidando de su familia, independientemente de las razones que le lleven a ello, es una pobre ignorante abducida por el patriarcado, criada entre machismo e injusticia y, en definitiva, la chica no decide realmente ella sino que es una víctima más. Por eso existen ellas, las feminazis, para salvarnos a todas. Sin preguntar y con nuestros impuestos, claro. (No puedo poner un vínculo porque me lo han dicho en mi cara).

¿Se trata de discriminar para obtener la igualdad como decía Wendy McElroy? Ni siquiera eso. Se trata de predicar la igualdad para decidir a quién le transfiero poder económico y secuestrar votos. Así de simple.

El caso es que hay minorías y aún hay discriminación, siendo la más grave que no te dejen competir, que te traten como a una incapaz, porque eso realmente te incapacita en el futuro. Una de las virtudes del mercado es que al competir aprendes de tus errores y decides cada vez mejor, hay autoaprendizaje.

Esta virtud se torna abismo cuando en lugar de hablar de las mujeres de la sociedad hablamos de una raza diferente, o de otra cultura. ¿Estaría usted dispuesto a defender la libertad de entrada y salida de personas si quienes entran son más capaces que usted? ¿O más prolíficos? ¿O más entrenados para competir en el mundo laboral?

Casi que no, ¿verdad? Pongamos barreras para que nadie me quite mi puesto de trabajo (ese que lleva mi nombre y huellas digitales desde que nací porque yo lo valgo), para que nadie me "obligue" con su presencia a ser más dispuesto, a prepararme, a despabilar.

Un buen escudo es la cultura patria, hay que mantenerla, hay que defenderla de ataques extranjeros. Cómo vende la patria... ¡qué invento! Cine de barrio, versión española. Y no olviden la versión ampliada: Eurovisión, euro-cine, euro-loquesea... tenemos subvención y euro-subvención. Con nuestro dinero por la diversidad, por la cultura... por nuestro bien.

De repente, ya no sabemos si dejar que el Estado salve a las minorías (en ocasiones a su pesar) a cambio de que no me muestren que no me esfuerzo porque me he vuelto comodón, o ser coherente y que ambas cosas las solucione el mercado.

Se nos olvida que la libertad no es un medio. Es un fin. Esa es la clave.

 

Opinión de los lectores

snipfer

Hombre, que la libertad es un fin... Depende de para quién, más bien es un medio que usa la gente para alcanzar la felicidad. No quier decir por eso que deba ser menos respetada.

Y el salto de la discriminación positiva al patriotismo es algo forzado, ¿no crees? Precisamente porque la Patria sí que es un medio para garantizar la vida, la libertad y la propiedad, las cuales en última instancia nos darán pie a lograr la felicidad.

O no, se me olvidaba, mejor vivir en un mundo ancap, chupi chupi, chupiguay.

María Blanco

No lo veo forzado, Snipfer. Tenemos muy claro que el acceso de las minorías se resuelve gracias al mercado cuando la minoría no te cuestiona. Dejamos que vengan inmigrantes siempre que se queden en trabajos residuales: abrir las puertas NUNCA si son más eficientes que yo y van a mever mis cimientos. ¿Incoherente, no?
"La patria es el medio para lograr la felicidad"... ¿y la patria qué es?¿la unidad de destino en lo universal?
Felicidad y Libertad no me parecen categorías comparables y la persecución de la felicidad depende de qué creas que es la felicidad, que para mi no existe más que como aceptación de la situación actual de un individuo. Vamos, para mi, una milonga más...

Albert Esplugas

Un apunte: en relación con la discriminación positiva lo reprobable, desde un punto de vista liberal, es que sea ejercida, promovida o impuesta por el Estado (por ejemplo, en las universidades o a través de cuotas fijadas por ley en las empresas etc.). Pero no olvidemos que en un contexto de mercado también puede haber discriminación positiva. Quizás una empresa prefiera sacrificar algo de eficacia en la provisión de un servicio a cambio de tener una mano de obra más diversa o de una minoría étnica que se ajuste a la demanda de “diversidad” o de “etnicismo” de los consumidores (por ejemplo, un restaurante indio que solo contrata indios como camareros, a pesar de que algunos no-indios sean mejores camareros). En realidad este tipo de discriminación es indistinguible de cualquier otra decisión empresarial encaminada a servir al consumidor y maximizar los beneficios. Pero la discriminación positiva en una sociedad libre también podría darse en el ámbito universitario, por ejemplo. La universidad privada podría considerar que una mayor diversidad e intercambio cultural compensa sacrificar un poco de meritocracia. En este caso la universidad podria ser criticada desde una óptica meritocrática, pero no puede alegarse que esté violentando derechos individuales.

Este comentario no es una crítica al artículo, porque María deja claro que está hablando de la discriminación positiva llevada a cabo por el Estado. Pero es un pie de página que vale la pena traer a colación de vez en cuando.

Estoy parcialmente de acuerdo con Snipfer cuando comenta que la libertad es un medio para alcanzar la felicidad (o la prosperidad). Pero ambas posiciones, la de Snipfer y la de María, son conciliables. La respuesta cambia dependiendo de cómo plantees la pregunta. La libertad es un medio para alcanzar la felicidad y la prosperidad (o dicho en términos menos abstractos y más económicos, para satisfacer nuestros respectivos fines subjetivos). Pero la libertad es también un fin político en sí mismo, intrínsicamente justo, no un medio al servicio del “bien común” o del “bienestar de la mayoría” que puede sacrificarse según la definición de estos o según sirve para alcanzar un determinado óptimo social definido al margen de las decisiones individuales de cada sujeto. Supongo que María le ha atribuido este segundo significado, que es enteramente compatible con el anterior.

Un saludo

Berti

María, un artículo muy bueno. Un apunte: dices que la acción positiva ejercida desde el Estado -podríamos dejarnos ya de eufemismos, no se trata más que de una imposición inmoral más, no utilicemos el argot de los socialistas- se hace para ganar votos. Yo estoy con Wendy: si se hace para ganar votos, es porque hay una demanda social más o menos extendida de paridad, con lo cual el objetivo de la medida en última instanscia es la paridad. Eso es lo que me parece grave. Que los políticos sean unos oportunitas es algo inamovible e inherente a su condición, pero que las ideas que calan en la sociedad civil son monstruosas no tiene por qué ser algo invariable. Más que quejarnos de que los políticos sean así, es decir políticos, sería mejor limitar o anular su poder y difundir, para este caso concreto, las críticas a la paridad... Que sea una medida tan prestigiosa (PP y PSOE se pelean por ver quién da más) es terrible.

María Blanco

Albert, es más, ante una situación de desigualdad en número, por ejemplo, una solución es crear una empresa o un servicio para esas trabajadoras descontentas. Es decir, cada cual en su empresa pone las normas que le parece y se "combate" (sent.fig.) con imaginación.
Respecto al segundo punto,desconfío de eso de la "búsqueda de la felicidad" y prefiero considerar que cada cual busca llegar a sus fines, a sus metas subjetivas, entre otras cosas, porque lo otro se presta a que venga un tipo y te cuente que el dinero no da la felicidad, o que va a buscar tu felicidad porque tu no sabes exactamente qué quieres. Gracias por matizarlo, en realidad ese es el sentido que le daba... :))

agolmar

Algunos profesores universitarios conservadores y liberales están pidiendo "tongue-in-cheek"acción afirmativa en sus universidades, pues dicen que si el porcentaje de profes no progres es del 20% y en su departamento sólo están ellos, la universidad en la que trabajan debería contratar al menos uno más.
También los transexuales comienzan a pedir discriminación positiva.
No sé si debería oponerme, tal vez en el futuro yo pueda ocupar alguna plaza esgrimiendo la conveniencia para mi universidad de contratarme, pues con eso rellenan dos cuotas: liberal y mariquita. ¿Qué hacer?

Angel

Querría tocar un punto que ya se ha tocado en los comentarios. Y es que los políticos, para ganar votos, tratan de satisfacer las demandas de determinados grupos sociales. El hecho de que lo hagan con fines electoralistas, es porque un grupo de personas les votará si prometen determinadas medidas. A lo que voy es a lo que ha apuntado Berti, que más que culpar a los políticos, ellos, en ocasiones, sólo tratan de satisfacer unas demandas (con esto creo que no estoy defendiendo a los políticos y a su condición, pero todos sabemos ya cómo son y cómo se las gastan).
Para apoyar lo que digo se me ocurre la idea que está enraizada en la sociedad de que cuanto mayor protección laboral mejor, de que hay que aumentar las pensiones, dedicar más recursos públicos a sanidad, educación, etc.

Simplemente concluir con mi desconfianza y desazón ante algunas ideas tan enraizadas en la sociedad, obra, seguramente, de la hábil manipulación del establishment.
Esta es mi visión, bastante pesimista de la sociedad.

María Blanco

A mi me parece genial que cada cual arrime el ascua a su sardina: en el mercado y con su dinero. Pero me incomoda que los políticos consigan votos con un presupuesto que se nutre de mi trabajo y mi patrimonio... Igual a otros les encanta. A mi NO. Igual es que soy vaga, poco solidaria, lo que sea... pero es mi dinero, mi trabajo y mi patrimonio. No el de nadie. Y si quiero beneficiar a un grupo débil, se lo doy. Y si soy una egoista, pues lo soy. Pero me impresiona la tranquilidad con la que se culpa a quien llora para conseguir prebendas, cuando el que las da con mi financiación es el gobierno.

libertyvallance

El comentario de Albert es interesante. No se trata de convertir la sociedad entera en un concurso de méritos monumental en el que no haya sitio para la discrecionalidad. En ese sentido, quizá el principal problema de las empresas públicas es que existan.
En lo de la libertad y la felicidad estoy de acuerdo con María. Establecer la felicidad como un fin social común medio-aceptado es echarse la soga al cuello. Siempre puede venir luego el gobierno a ponerte la zancadilla por tu propio bien, para ayudarte a ser feliz. Ejemplos: la existencia de TVE se suele justificar por progres y no progres por la necesidad de que alguna televisión emita programas que nadie querría ver de otro modo.

Stewie Griffin

La discriminación positiva ejercida por el mercado que señala Albert es lícita, cada uno lleva su empresa como desea. El gobierno no debe meterse en si el restaurante chino de la esquina contrata solo asiáticos o si una red de supermercados solo contrata a católicos y les obliga a llevar una vida semimonacal de cara a la galería.

Ahora bien desde mi perspectiva de consumidor y de trabajador existen deerminadas discriminaciones de este tipo que intentaría evitar de una forma no violenta. Nunca apoyaría ni contrataría nada con una empresa que me discriminara si yo fuera el mejor capacitado para acceder al trabajo única y exclusivamente en base a mi raza, a mi sexo o a mi religión. Además creo que en estos casos lo moral es organizar una campaña de boicot privado a la firma en cuestión.
Tampoco entraría a tomar el café donde pusiera “white only”, ni pertenecería a un club privado en el que solo pudieran entrar hombres (que por otro lado sería de lo más aburrido), ni alquilaría nada en un videoclub en el que solo se ofrecieran películas aprobadas por una institución religiosa.

Insisto siempre y cuando la característica por la que se discrimina sea irrelevante desde una perspectiva meritocratica y estuviera fundada en el sectarismo, el machismo/feminismo, el racismo o similar. Desde luego esta es una apreciación moral subjetiva, que en ultimo caso nunca pretendería imponer sino convencer.

Como todo esto no es un absoluto, pero en los peores casos si que apostaría decididamente por la vía del boicot voluntario y pacífico.

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