Ampliando la custodia estatal sobre la Naturaleza ibérica
Nuestros actuales planificadores legales tienen ya pergeñada una nueva Ley (otra más) que regula el patrimonio natural ibérico y su biodiversidad. Mis peores temores se han visto confirmados: van a hacer de su conservación un objetivo colectivo, moral y nacional.
El proyecto de Ley del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad recientemente aprobado por nuestro resuelto Gobierno, a propuesta del Ministerio de Medio Ambiente, va a sustituir la actual Ley 4/1989 para endurecer más aún, si cabe, la ordenación de nuestro territorio nacional (si bien muy extenso en superficie, escasamente disponible por culpa del consabido monopolio político-urbanístico). En su tramitación parlamentaria para después de este verano, ningún partido social osará enmendar la plana (so pena de excomunión laica) a este proyectado objetivo de planificación ambientalista.
Es penoso ver la hostilidad que muestra este proyecto de Ley hacia los otros pobladores (humanos) de dichos espacios naturales (agricultores, cazadores o sus propietarios bien definidos). Son ellos los que han dado sobradas muestras de gestionarlos mejor y no sus custodios estatales. Que estos últimos permitan un desarrollo sostenible por iniciativas meramente privadas y no subvencionadas o una protección privada de la biodiversidad parece algo imposible. Cualquier acción humana que afecte, incluso accidentalmente, alguna zona, planta o animal protegidos, acarreará multas millonarias. El festín sancionador y preventivo que se avecina por éste y otros proyectos legislativos en ciernes es abrumador.
Esta injerencia legislativa va a suponer otra nueva restricción impuesta al mercado en aquellas zonas delimitadas por los administradores ambientalistas de vidas y haciendas ajenas. Las comunidades autónomas han colaborado ya a ello y van a reforzar aún más este estanco de disponibilidad de sus respectivos territorios en su previsible carrera eco-reguladora.
Qué duda cabe que las Directivas de Aves (79/409/CEE) y de Hábitats (92/43/CEE) ayudaron mucho a alentar esas tendencias ordenancistas de nuestra particular especie íbero-reguladora. Fruto de ello, los europlanificadores diseñaron la denominada Red Natura 2000 (una suerte de programa ecológico paneuropeo) para poner fin "de una vez por todas" a la pérdida de la biodiversidad en los hábitats naturales terrestres y marinos de toda Europa de aquí al 2010, para deleite de las conciencias político-ecologistas del continente. Pocos sospechábamos que el legislador español iba, poco más tarde, a tomar impulso y dejar muy cortas estas orientaciones generales decretadas desde la Unión.
Pese a que la propia Directiva de Hábitats reconocía la necesidad de aplicar criterios flexibles cuando la superficie protegida saliera más del 5% del territorio nacional, (art. 4,2) y pese a que, además, la última cumbre onusina de Biodiversidad reunida en 2006 en Curitiba recomendaba proteger, al menos, un 10% de cada región ecológica, a nuestros representantes celtíberos les parecieron estas prevenciones bien poco y han establecido la custodia estatal(entre ZEPA y LIC solapados) de un 23% del territorio patrio.
La aportación media de los países europeos a esta superficie de protección intocable es de un 12%. Los más desarrollados (Alemania, Francia y UK) se han tentado las ropas y han sacrificado al sacrosanto altar de lo inmaculado no más el 7,9% (1,2). Nuestros políticos, con casi un cuarto de la superficie nacional, han querido ser, junto a eslovenos y eslovacos, los quijotes más verdes en esta cruzada conservacionista.
Nuestra todavía vigente Ley 4/1989 y sus desarrollos reglamentarios forman parte de un proceso político de cuasi-nacionalización creciente de espacios naturales que se inició con la Ley 15/1975, primera regulación nacional conservacionista, que protegía tan sólo meros y razonables enclaves (hoy con su propia ley). Luego el régimen jurídico protector del Estado (con las comunidades ya incorporadas por reparto constitucional en art. 149,1.23) se amplió a espacios cada vez más extensos (junto a mucha de su flora y fauna silvestres) para, finalmente, desembocar en este proyecto de Ley que engloba blindajes casi absolutos sobre zonas cada vez más vastas; a saber: áreas marítimas protegidas, espacios naturales incluidos en la Red Natura 2000, corredores ecológicos entre espacios naturales, áreas de montaña, espacios protegidos transfronterizos, toda la flora autóctona y toda especie animal silvestre (insectos incluidos), sus nidos, sus crías o sus huevos, estos últimos aun estando vacíos (sic).
A parte de sus excelentes intenciones, la ceguera de los conservacionistas, en su afán de extender su manto salvífico sobre la naturaleza, es pensar que todo acto de producción humana que use recursos naturales es un empobrecimiento de los tesoros de la naturaleza (lo dado estáticamente), sin atender al papel que la inteligencia humana juega en el proceso creativo de constante incremento en el suministro de recursos naturales económicamente utilizables, tan necesarios para todos nosotros y para las generaciones venideras.
Las innumerables ocurrencias interventoras de semejantes amigos ibéricos de la Naturaleza (1,2,3,4,5,6,7) tendrán irremediablemente efectos perjudiciales para nuestro progreso económico futuro.
Opinión de los lectores
http://www.adamsmith.org/80ideas/idea/77.htm
No hay mejor protector de la naturaleza que el propietario que la explota para su beneficio, y no hay más que ver a los cazadores o las grandes plantaciones de árboles para obtener madera para comprobarlo. Como casi todo la mejor solución sería privatizar y ver que pasa, así muchos se caerían del burro.
Creo que no habeis entendido correctamente cuales son los objetivos de esta ley. Sería muy largo de explicar, porque los errores del artículo son casi infinitos, pero esta nueva ley de protección del medio ambiente supone un paso de gigante en la protección de nuestros recursos naturales
No nos importan los objetivos, Javier, sino las consecuencias, especialmente las no intencionadas. No obstante, comprendo que resulte muy socorrido decir que somos muy tontos y no entendemos nada sin dedicar siquiera un segundo a rebatirnos.
Pido disculpas si alguien se ha sentido molesto por mis palabras, no pretendo faltar al respeto a nadie, simplemente considero que las opiniones vertidas en el artículo no se ajustan a la realidad y se basan en principios más ideológicos que técnicos.
Me explico:
1. Suponer que lo pobladores de los espacios naturales son los mejores conservadores del medio es un grave error, las poblaciones rurales siempre han explotado los recursos según sus necesidades sin considerar limitaciones ambientales sino únicamente técnicas (capacidad de explotar el medio).
2. Suponer que la conservación del medio ambiente mediante la aprobación de leyes es una injerencia en el mercado: nuevamente en desacuerdo, el deterioro ambiental actual se debe, en gran medida, al propio mercado, que no es capaz de valorar adecuadamente los recursoso naturales, ya que muchas de las funciones de la naturaleza no son traducibles a dinero.
3. Cuestionar el valor de la red Natura 2000: esta red europea es uno de los pocos intentos serios de conservar la biodiversidad en Europa, limitando los usos de algunos territorios en aras de la conservación.
4. Considerar excesivo el porcentaje de territorio protegido en España al relacionarlo con el resto de países europeos: Es evidente esta diferencia ya que en España tenemos unos niveles de biodiversidad muy superiores a los de la media comunitaria. Lo raro sería tener porcentajes de superficie protegida similares a Francia y Alemania.
5. Confundir los valores naturales con el uso económico de los recursos naturales: creo que esto es la base de la cuestión. El artículista parte de la idea de que la naturaleza es básicamente una fuente de recursos para el hombre, este es el planteamiento que nos ha llevado a la actual crisis ambiental, y que lleva camino de agravarse.
Javier, gracias por animar el debate con tu intervención. Contesto, como mejor puedo, a tus objeciones:
1. No es un grave error suponer que los pobladores de los espacios naturales son mejores conservadores del medioambiente siempre que sean propietarios de los mismos. Un propietario tiene incentivos para, pese a su explotación, proteger y cuidar su espacio (estoy con snipfer). El funcionario no tiene ese tipo de incentivo (salvo figurar como salvapatrias y permanecer en el sillón).
2. El mercado, por el contrario, es el mejor mecanismo para valorar adecuadamente (aunque no perfectamente) los recursos naturales (o cualquier otra cosa).
Existe verdadera protección de la naturaleza en la acción del mercado (que regula fielmente las situaciones de escasez que se puedan presentar mediante el mecanismo de precios y el acoplamiento natural del consumo) y en entornos de propiedad bien definida (donde el verdadero propietario es diligente en conservarlo y en pedir responsabilidades a terceros cuando se daña efectivamente su dominio, con lo que se minimizarían las consabidas externalidades y darían pie, entre otras cosas, a la promoción de auditorías medioambientales por las propias empresas por temor a indemnizaciones cuantiosas a los propietarios bien definidos, y no ahora a auditorías impuestas desde el poder que son de “cumpli-miento”).
Existe, eso sí, una amenaza para la naturaleza en situaciones de bienes comunales (que acarrean sobreexplotación) y en la acción del Estado (cuando se apropia de los espacios naturales y otorga después la explotación mediante concesiones temporales a empresas amigas del poder; véase lo que está sucediendo en el Amazonas. Y luego se culpa al capitalismo de esquilmar recursos cuando lo que hay es sencillamente un capitalismo de estado, mercantilista, que nada tiene que ver con lo que en esta web se defiende).
La promulgación de leyes como esta que nos ocupa supone una apropiación monopolística del Estado en la gestión de espacios naturales, situándose en un punto de vista privilegiado sobre el mundo; como si empresarios, científicos e ingenieros que trabajan diariamente para mejorar la vida de los hombres fuesen unos completos irresponsables (por no decir algo peor). Hace tiempo que he descartado esa supuesta sabiduría del Legislador. Lo más probable es que entorpezca la labor del progreso y detenga cualquier producción que afecte esos espacios.
¿Por qué se critica la nacionalización a lo Evo o Chávez de los recursos naturales y no la de los espacios naturales? ¿no será que en este último caso la doctrina ecologista amortigua las alarmas de lo que es, de facto, una nacionalización?
La promulgación de leyes que apelan a objetivos colectivos es, por principio, sospechosa. Lo mismo hacían los Estados fascistas y comunistas (por cierto, enemigos acérrimos del mercado). Por favor, no entiendas esta crítica como dirigida a ti personalmente, Javier, ni mucho menos; tan sólo quiero resaltar que detecto ciertas amenazas fascistoides en legislaciones de este tipo. Los nazis no se cargaron en absoluto la propiedad con sus leyes, pero te decían cómo se tenía nacionalmente que explotar o conservar (¡justo como hace este proyecto de ley!).
Proponer como hacen los ecologistas la intervención del Estado en estos temas ¿no es también una ideología? Los ambientalistas apelan constantemente al principio de precaución y a las externalidades impidiendo actuar a menos que las consecuencias para el medioambiente sean neutras o inmaculadas ¿pero y las consecuencias de las acciones de los propios ecologistas sobre las vidas y bienestar de la gente? ¿y sus doctrinas que han impedido el aprovisionamiento de estructuras básicas de energía (hoy vemos apagones en NY o Barcelona)? ¿y las consecuencias energéticas negativas de la moratoria nuclear en aquellos países como España que se empeñan en mantener, incluso como alternativa válida a las emisiones del CO2? ¿y los daños irreparables producidos en Africa por impedir la implantación de transgénicos y OGM?¿y la violación gratuita de los derechos de propiedad, un ejemplo de miles, este proyecto de ley? ¿y la no construcción de fábricas e industrias por su quehacer mediático? ¿y las miles de muertes producidas por malaria sobre las poblaciones más pobres en varios continentes por la supresión del DDT? El apoyo a la doctrina ecologista no es tan inmaculado y benigno como parece…
3. Cuestiono proyectos centralmente planificados como el de la Red Natura 2000 porque parten de un presupuesto que no comparto: la conservación a ultranza de TODA la biodiversidad sin importar los efectos colatrales (consecuencias no intencionadas que decía Daniel) que este tipo de programas pueda acarrear para el progreso económico de los que lo sufren: la acción humana es frenada en aras de una sacralizada biodiversidad.
Además es importante saber que esta Red Natura 2000 engloba espacios naturales (tipo parques naturales o nacionales que todos tenemos en mente) como también espacios seminaturales ya habitados por el hombre como dehesas o estepas cerealistas (espacios en los que ninguno sospecharíamos que hay que proteger a ultranza por su belleza o “interés intrínseco”).
Además, para ser coherentes con este planteamiento, debería conservarse la biodiversidad a escala planetaria, por tanto debería haber un Gobierno mundial con policías, políticos, legisladores e inspectores transfronterizos (¿un mundo orwelliano hecho realidad?). No estoy hablando de quimeras: existen ya proyectos salidos de la ONU que van en ese sentido: como la Red Mundial de Reserva de la Biosfera a propuestas del Consejo Internacional del Hombre y de la Biosfera de la UNESCO.
4. Considero excesivo el porcentaje de bloqueo terrestre (más del 23%) con el que se han descolgado nuestros representantes públicos ante el foro de la biodiversidad europeo porque no era necesario autoimponerse ese racionamiento tan exagerado. Es cierto que la biodiversidad española es rica, pero la alemana o la francesa no es tan pobre ni mucho menos. En cualquier caso ¿la pérdida de biodiversidad pasada en dichos países con respecto a España afecta en algo realmente al bienestar de sus gentes? Si la Península ibérica es tan desproporcionadamente rica en biodiversidad, ¿por qué Portugal ha sacado porcentajes menores que España? ¿es que la diversidad en la Naturaleza atiende a fronteras artificiales? Creo que los representantes portugueses, han sido tan sólo un poco más cautos.
5. Creo, por el contrario, que la confusión de valores la hace la doctrina ecologista y, coincido contigo, que esto es el meollo de la cuestión: los conservacionistas no perciben el valor de las cosas en función de su capacidad de cubrir las necesidades humanas más urgentes sino que toman el valor intrínseco de la naturaleza independientemente del valor que tenga realmente para las personas (que es, por cierto en muchos casos, de nulo valor para el hombre). Desde mi punto de vista, la mejora del entorno humano se logra mediante la producción y la actividad económica que son los MEDIOS con los que el hombre adapta y mejora racionalmente su entorno.
Para los ambientalistas la mejora del entorno significa la conservación de la naturaleza en su estado dado y toda variación humana supone una herejía (no debió haber cambiado un ápice desde la Revolución industrial, vamos que lo ideal hubiese sido conservarla según el estado del Plesitoceno), además de suponer un inminente peligro de extinción para todas las especies, incluida la humana: estas jeremiadas de crisis ambientales se llevan oyendo desde la Grecia clásica y siempre han sido exageradas o, al menos, no han tomado en cuenta la acción humana para resolverlas. Muestran a las claras no entender el proceso de creación humana de riqueza (que por cierto ayuda, entre otras muchas cosas, para proteger y cuidar mejor el medio ambiente y los animales), así como una nula valoración del hombre y del progreso económico (he oído a ecologistas tratar al hombre como un virus para la tierra que conviene reducir; ya se sabe neomalthusianos).
Flix, interesantísmo tu enlace: la caza privada, efectivamente, defiende las especies salvajes en peligro de extinción. Esta es otra idea antiintuitiva que los ecologistas son incapaces de entender (¿o acaso algunos sí pero el aceptar este tipo de ideas arruinaría su entramado e influencia en los poderes públicos?)
Te felicito Francisco, me parecen muy interesantes las argumentaciones que expones, pero la verdad es que no estoy de acuerdo con muchas de ellas. En tu escrito tratas muchos y muy variados temas, algunos de ellos creo que son la clave de las cuestiones ambientales (propiedad de los recursos naturales, papel de las administraciones públicas en la gestión de los espacios y especies, ajuste del mercado a la conservación del medio, valor intrínseco de la biodiversidad, etc.). Cada uno de estos aspectos sería merecedor de unas argumentaciones largas y laboriosas que ocuparían tanto como la enciclopedia Espasa. Como no tenemos el tiempo y el espacio necesario para abordar todos los temas que planteas, ni yo tengo los conocimientos suficientes sobre biología, economía, política, etc, necesarios para abordarlos, me voy a centrar en dos que considero se pueden ajustar más a los contenidos de esta web:
1. El mercado y la conservación de la naturaleza: Insisto en mi desacuerdo sobre las bondades del mercado para la conservación del medio. La base de mi argumentación es la inadecuada valoración económica de los bienes ambientales que aquél realiza. El mercado regula lo que se compra y se vende, asignando, en teoría, precios en función de oferta y demanda. Ahora bien, los factores ambientales tienen un valor intrínseco independiente del precio que se pueda pagar por ellos. En esto se diferencian de los productos del mercado, cuyo valor es el precio que se esté dispuesto a pagar. Un determinado ecosistema de elevado valor ambiental realiza unas funciones que pueden no ser valoradas adecuadamente por los ciudadanos (no todo el mundo tiene los conocimientos científicos y técnicos necesarios para hacer esta valoración) y, por tanto, este tipo de ecosistema tendría una baja valoración económica, pudiendo admitirse que su deterioro implica un escaso coste. Por otro lado, un ecosistema muy vistoso pero de escaso valor ambiental puede ser muy demandado por los ciudadanos y, por tanto, asignársele un valor económico alto, por tanto, su deterioro implicaría un elevado coste. Si nos fijamos en ambos casos la valoración económica nada tiene que ver con el valor propio del ecosistema, produciéndose un claro desajuste entre el valor de mercado de un recurso y su valor intrínseco.
2. Propiedad privada y conservación del medio: Tampoco estoy de acuerdo en que la propiedad privada garantice la conservación del medio. La propiedad de un bien garantiza la libertad de su uso siempre y cuando no se vulneren las leyes. Además, el derecho de propiedad suele ser exclusivo, es decir, si tú tienes un bien solo tú o quien tú autorices puede hacer uso de él. Aquí ya se nos plantean algunos de los problemas que tenemos con los bienes ambientales. Los recursos naturales, si admitimos la necesidad de su conservación, no pueden ser explotados a criterio del propietario, ya que sus intereses pueden chocar con la conservación del recurso (sobre esto tenemos infinidad de ejemplos), por este motivo son necesarias normas que regulen estrechamente el uso de los recursos naturales, con objeto de garantizar su mantenimiento (este mantenimiento es, sin duda, de mayor trascendencia que el uso que pueda hacer del recurso el propietario). De este manera, el propietario puede llegar a perder de facto el control del recurso, ya que las limitaciones de uso pueden, en la práctica, hacer intocable el recurso (por ejemplo en los espacios protegidos). Por otro lado, los recursos naturales proveen servicios ambientales que trascienden a su propietario, beneficiando por igual a toda la sociedad (mantenimiento de la funcionalidad de los ecosistemas, el ciclo del agua, la calidad del aire, la biodiversidad, el paisaje, etc.), de esta manera también se pierde una de las características básicas de un bien privado, que es su exclusividad de uso y disfrute.
Espero no haber sido excesivamente esquemático en mis planteamientos. Por no extenderme demasiado los he planteado de forma muy sucinta, faltando muchos matices en las argumentaciones. Espero que sepas entender el sentido de mi intervención. Gracias por vuestra atención.
Javier, entiendo tu posición. Has hablado de mercado (libre) y propiedad (privada), pero te has dejado un aspecto imprescindible: la función empresarial (la creación y descubrimiento de la información práctica que es necesaria para ajustar y coordinar los comportamientos de los seres humanos y, así, lograr el desarrollo y adaptación de instituciones espontáneas necesarias para nuestra civilización (mercado, propiedad...).
Considero de vital importancia el libre ejercicio de la función empresarial para garantizar nuestro progreso económico y para, al mismo tiempo, lograr una mejor asignación y conservación de los recursos naturales.
La intromisión de los poderes públicos agrede y dificulta la función empresarial.
No es casual que sean los países menos desarrollados (donde no se permite la libre función empresarial en un entorno de propiedad privada segura) los que padecen mayores niveles de contaminación, menores índices de salud, donde peligren más las especies y donde haya más amenazadas ecológicas. El experto en desarrollo (si bien no desarrollista del tipo clásico FMI o BM) W. Easterly nos recuerda que los ricos tienen mercados y los pobres burócratas.
Hablar de valores intrínsecos ambientales, de limitar los derechos de propiedad, de bloquear a toda costa recursos es situarse en contra de la función empresarial o de la libre acción humana. Estoy de acuerdo que los problemas ecológicos aumentan cuando no hay disciplina. Tan sólo proponemos medios diferentes para lograrlo. Tú defiendes medidas disciplinarias que vengan impuestas coactivamente por los poderes públicos (y esto tiene consecuencias: control de la acción humana por policías, comisarios, sanciones, establecimiento desde arriba de la jerarquía de objetivos comunes, restricciones al crecimiento económico y limitación de la población humana; en resumidas cuentas, vamos derecho a sociedades cerradas (no desarrolladas) y planificadas centralmente por supuestos expertos “omniscientes”). Por el contrario, creo que la mejor disciplina para una ecología bien entendida es la función empresarial en un entorno de propiedad bien definida (y defendida) y de mercado libre que crea prosperidad, sociedades abiertas y descentralizadas y evitan las numerosísimas consecuencias negativas (también para el medio ambiente) de los mandatos y planificaciones establecidos coactivamente.
Existe un ejemplo de lo adecuado de una gestión privada de un parque natural en los EE UU: en el siglo pasado el matrimonio W.W. Beck compraron algunas parcelas de tierra descuidada en el estado de Washington que albergaban abetos gigantes; hicieron construir un pabellón para conciertos y conferencias sobre medio ambiente, cuidaron dichas parcelas, abrieron senderos y pusieron precio de entrada: se convirtió en el famoso Ravenna park; pero cuando se expropió por el Estado federal, los abetos gigantes desaparecieron, se esquilmaron por los propios funcionarios (los incentivos de estos últimos, siempre a corto plazo, son totalmente diferentes a los de los propietarios tal y como nos lo explica la escuela de la Public Choice).
En los EEUU, no sólo en Europa, también hay una fuerte tutela de los espacios naturales por parte del Estado federal central (no importando su color político), de hecho creo que fue el primer país en declarar un espacio natural en parque nacional (Yellowstone). No obstante, en los últimos años se están vendiendo tierras públicas en los EE UU para su mejor gestión privada. Así es que en España, con este proyecto de ley, iríamos en sentido contrario a estas nuevas tendencias de gestión de espacios naturales.
Por lo demás ¿a qué se debe el que no exista peligro de extinción de, pongamos por caso, la vaca? Incluso esa idea nos parece peregrina. La especie vacuna está fuera de peligro porque es un bien económico, tiene propietarios bien definidos y está dentro de los circuitos del mercado. El búfalo no lo fue (era un bien comunal y fue sobreexplotado).
Pese a lo bonito, sencillo y atractivo que suena, no te puedes imaginar lo complejo que puede llegar a ser administrar centralmente la sostenibilidad ambiental de una nación (ni te cuento si es el planeta entero); no existen ni existirán nunca patronatos o expertos capacitados para gestionar el mastodóntico nivel de información requerido acerca de todas las variables posibles en un ecosistema (siempre cambiante, por lo demás). Se quiere hacer precisamente esto desde gobiernos (este proyecto de ley), la Unión Europea (Red Natura 2000) y desde la ONU, pero son quimeras que engordan las partidas presupuestarias correspondientes y tienen, por lo demás, muy escasos resultados. La gestión descentralizada de millones de propietarios bien definidos que internalicen, por tanto, los costes externos de su explotación, cuidarán (incluso mejorarán) dichos espacios naturales (esto sí que es realista).
Hoy en día no podemos concebir en España esta alternativa en los espacios naturales, por la sencilla razón de que no existe tal posibilidad. Son tales las regulaciones y la maraña intervencionista por parte del Estado en esta materia que toda iniciativa empresarial o de evolución de los derechos de propiedad sobre los mismos se ve entorpecida. El propietario que ve cómo se declara su propiedad en espacio intocable, lo normal es que no haga nada para mejorarla y se convierta en espacio agreste (o estéril para el hombre).
Hemos de recordar que los desastres ecológicos más importantes de los que tenemos noticia han tenido lugar, por regla general, en espacios donde no estaba convenientemente definidos los derechos de propiedad y su transmisión (mares, ríos, aire, animales en régimen de bienes comunales…).
Con la socialización o declaración pública de los recursos naturales por parte del Estado y su Plan estratégico nacional tenemos asegurados controles ineficaces (los inventarios periódicos de la biodiversidad y patrimonio natural y catálogos nacionales de especies amenazadas de los que nos habla este proyecto de ley son de risa), mal asignación de recursos o incentivos inadecuados de la función empresarial, subsidios (concesiones de ayuda a asociaciones sin ánimo de lucro, lo llama el proyecto de ley) sobreexplotación de ciertas zonas (recuerda el ejemplo de las concesiones administrativas que antes comentaba, i.e. en Amazonas), infrauso de otras (excesiva región salvaje para las necesidades más importantes de la población). ¿De verdad es creíble que los poderes públicos garanticen la biodiversidad, prevengan o reaccionen eficazmente y a tiempo ante desastres ecológicos, asignen con conocimiento de causa los recursos, hagan descubrimientos de nuevos usos de sus zonas tuteladas, introduzcan mejoras en su explotación, creen centros de investigación científica con aplicaciones ad hoc…? Yo no me lo imagino, más bien me imagino que habrá mucho ruido (dinero de todos mal asignado) y pocas nueces (utilidades). El mero “todos quietos y parados” no es, pese a que lo parezca, el mejor modo de conservar un espacio natural.
Las economías libres con instituciones bien asentadas (propiedad, mercado, garantías de reparación del daño cierto causado) y, por tanto, dinámicas en crecimiento (al igual que los ecosistemas) son más elásticas y reaccionan con mayor vigor a la hora de enfrentarse a problemas o imprevistos de todo tipo, incluidos los ambientales. Es verdaderamente importante transmitir a las futuras generaciones un mundo más productivo, no un mundo más “conservado”, de no conseguirlo por culpa de las numerosísimas regulaciones a la acción humana o función empresarial como la que nos ocupa, nos puede salir muy caro.
Cordial saludo.