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Portada - Comentarios - Liberalismo y democracia

11/07/2007 - Manuel Llamas

Liberalismo y democracia

Resulta curioso que el debate teórico acerca de la democracia desarrollado a las puertas del siglo XX y comenzado ya el siglo XXI, con los enormes avances en materia de conocimiento y tecnología que disfrutamos, se siga sustentando sobre la base de conceptos y argumentaciones que se remiten al modelo de democracia directa, que se concibió en las postrimerías del siglo V a.C., constituyendo Atenas su ejemplo práctico más paradigmático.

Al mismo tiempo, desde la óptica contraria, inserta en la perspectiva crítica liberal, se vuelve a cuestionar mediante la restauración de conceptos liberales clásicos la vigencia y validez de un modelo, el representativo, que se creía ya permanente e inamovible, pero que, sin embargo, ha evolucionado de modo paradójico justo en contra de lo que sus fundadores pretendían con su instauración. Esto es, el control y la restricción del poder político con el fin de defender y garantizar la libertad y ámbito privado de los individuos.

Nuevamente resurge el dilema que siempre ha estado presente en la historia de la humanidad: el problema del poder, en cuanto a su titularidad, su ejercicio y su particular naturaleza. En las últimas décadas del siglo XX se viene produciendo un debate teórico tendente a cuestionar la vigencia de tal modelo (democracia representativa) por verse éste supuestamente afectado por una situación de crisis, si bien es cierto que la interpretación de la misma difiere en función del análisis de dos problemáticas divergentes: en tanto crisis de representación o legitimidad (visión neomarxista), o bien crisis de gobernabilidad (perspectiva neoliberal).

Estas dos corrientes analíticas opuestas y enfrentadas no sólo difieren en el problema, sino fundamentalmente en la solución que proponen. Mientras que la primera opta por reclamar una mayor participación ciudadana en el ámbito de la esfera pública con el fin de reforzar la construcción de una "auténtica democracia", la segunda propone un modelo que limite el poder político y maximice la libertad individual, consistente en la formación de una Estado mínimo.

Este regreso o restauración teórica de conceptos y modelos interpretativos clásicos cuyos principales referentes se sitúan en épocas y períodos pertenecientes al pasado, la Antigua Grecia y la Época Moderna, respectivamente, derrumba la teoría del "fin de la historia". Lo cual no debe extrañarnos si tenemos en cuenta que, si bien es cierto que las circunstancias y condiciones de las sociedades actuales son radicalmente distintas, el problema central de la Política sigue careciendo en la práctica de una solución final y definitiva. Esto es, la configuración del mejor régimen posible y, por consiguiente, la articulación y ordenación óptima del poder político.

La pregunta central que viene a colación sería, pues, la siguiente: ¿por qué ha de ser considerada la democracia como el mejor régimen político posible? La respuestaa tales cuestiones deriva de nuestra particular concepción acerca de lo que consideremos el principal valor a tener en cuenta en toda sociedad: la igualdad(democracia) o la libertad (liberalismo). Así pues, en función de la primacía de uno u otro, obtendremos sistemas políticos plenamente opuestos:

  1. Si el único valor a tener en cuenta es la igualdad, en tanto participación en el poder político, la consecuencia que se deriva de ello será la instauración de la democracia, una tradición teórica cuyo énfasis recae en el quién: ¿quién debe gobernar?
  2. Por el contrario, si lo fundamental es la defensa de la libertad del individuo, no cabe duda que el modelo a seguir será el concebido por los fundadores del liberalismo político primigenio, en tanto conformación de un Estado netamente liberal, una tradición que se centra en el cómo: ¿cómo se debe gobernar?

Lo paradójico de tal temática es que hoy en día la democracia es concebida en todo su esplendor como forma de gobierno deseable e, incluso, como el único sistema legítimo a tener en cuenta en el ámbito político mundial. Al hilo de tal exposición, cabe decir que, históricamente, tan sólo han existido dos modos de concebir la libertad, valor básico del individuo: la libertad moderna, concebida como independencia del individuo con respecto al poder en un determinado círculo de actividades; y la libertad antigua, consistente en el hecho de participar activamente en el Gobierno, siendo así el individuo libre por el simple hecho de que participa en la elección de su dueño y orientador de sus designios vitales.

Siguiendo las definiciones expuestas, llegamos a una conclusión ciertamente significativa y sorprendente: la libertad contemporánea ha sufrido un retroceso tal que, por paradójico que nos pueda resultar, se asemeja mucho más a la concepción antigua que a la moderna. Es decir, la libertad actual centra su objeto y punto de atención mucho más en la participación que en la defensa de las libertades individuales y restricción del poder público. En este sentido, se ha cumplido ciertamente la predicción señalada por Constant en su crítica al pensamiento de Rousseau, en tanto que la implantación del sistema democrático supondría "la total sumisión del ciudadano para que la nación triunfe y que el individuo se convierta en esclavo para que el pueblo sea libre".

Así pues, hemos vuelto al sistema de libertad de los antiguos, sólo que ahora su práctica, inherentemente problemática y claramente inferior a la concepción moderna, se ha visto infinitamente agravada por las extraordinarias dimensiones del Estado y formación política actuales.

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Opinión de los lectores

Iracundo

Robert Kagan hace poco hacía énfasis en una entrevista en que no es necesaria la democracia para que exista una mayor libertad en determinados lugares del globo y que tal pensamiento es un fetiche. El problema de ello es establecer a partir de cuándo es posible o deseable la democracia: a mi juicio debiera ser cuando toda amenaza de confrontación civil estuviese conjurada y existiese un "colchón" de años (e inversiones) que hubiesen hecho normal el respeto a los derechos de propiedad y por ende a las instituciones.

Por otro lado la diferencia que hace entre quienes ponen por delante de la libertad la igualdad y viceversa, corríjame si me equivoco, es enteramente original de Popper: quien en "La sociedad abierta y sus enemigos" insiste mucho en esa diferenciación.

Salud y libre comercio

ANGEL FERNANDEZ

¡ Valientes reflexiones !

A este respecto, me encanta citar el articulo de Alberto sobre TOTALITARISMO DEMOCRATICO: http://juandemariana.org/comentario/666/

All¡ expuse, dentro de varios comentarios, algunas MEDIDAS DE PROFUNDIZACION DEMOCRATICA para garantizar la separacion real de poderes, para limitar el tamaño del Estado y para transferir el poder de eleccion en los principales asuntos politicos a los individuos frente a los grupos de poder.

Veamos si logramos articular alguna Plataforma que de modo efectivo logre presionar mediaticamente en ese sentido, sin involucrarse directamente en actividades politicas.

Gota a gota ... puede que lo logremos.

Libertarian

Gran artículo. Las conclusiones de todo el artículo me recuerdan a la exposición de motivos del profesor Huerta en el seminario de liberalismo de la univ de verano rey juan carlos sobre el fracaso del liberalismo clasico.

No me gustó mucho lo de neoliberal en vez de liberal en el parrafo tercero acerca de la vision critica del estado democratico actual opuesta al neomarxismo.

Me apunto la cita q encabeza Oscar Wilde, buenisima!

Bastiat

En alguna ocasión me parece que este debate, liberalismo y democracia, es un debate equivocado. El debate es ¿Es la democracia un buen sistema de gobierno?

Y la respuesta no puede ser mas que….

Depende.

Depende del acuerdo constitucional al que se llegue.

Si se piensa que el dar todo el poder a una persona durante cuatro años, por el mero hecho de que los hombres que alcancen el poder no pueden, por definición, actual mal al ser elegido para hacer el bien por el pueblo, evidentemente es una tontería.

Ahora bien, si entendemos que el ejercicio del poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente, lo mejor que podemos hacer es entender que el poder que hemos de dar a nuestros gobernantes ha de estar limitado, ha de ser posible revocarle su poder, y, sobre todo debemos dejar bien claros cuales son los derechos que el poder no puede, por muy democráticamente que haya sido elegido con sus propuestas ideológicas que lo adornen, tocar, agredir, eliminar.

La cuestión pues no es si ha fracasado la “democracia liberal” sino si lo que han fracasado han sido los liberales en la defensa de los derechos individuales al admitir en alguna medida, Stuart Mill, que el Estado tiene entre sus funciones la potestad para dirigir la economía, la sociedad, y a los individuos en pos de un determinado tipo de estándar de bienestar.

Es mas, el camino del liberal, si se me permite mi machaconería, no debe ser mas que el participar en política para lograr recuperar su original impulso, el de la limitación del poder del gobernante, no el de gobernar a los ciudadanos libres.

Juan Marin

Si la sociedad occidental no es hoy mas liberal es precisamente porque es mas democratica.
Cuando los liberales del XIX renunciaron a cuestionar la democracia, nos dejaron la herencia que hoy padecemos: un sistema democratico,que como no podia ser de otra manera, desemboca en un crecimiento del Estado que resulta imposible de parar.
Dejemos el pragmatismo a aquellos partidos politicos que se conforman con ganar las elecciones de vez en cuando y centremonos en cuestionar todo aquello, que como la democracia suponga un ataque a los derechos de propiedad.

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