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Portada - Comentarios - Educación nacional, educación irracional

17/07/2007 - Gorka Echevarría

Educación nacional, educación irracional

Ahora que de nuevo sale a la palestra el tema de la educación en España, por la fantástica propuesta adoctrinadora del PSOE de introducir la materia Educación para la ciudadanía, un remedo de las asignaturas fascistoides del régimen de Franco pero en versión socialdemócrata, es preciso replantearse el sistema por entero y ver si realmente los parches pueden reparar la rueda.

Si las ruedas tienen un propósito, la educación tiene el suyo propio, formar. Sabiendo que la educación pública falla como todo lo público y, además, los resultados son objetivamente lamentables, por puro utilitarismo deberíamos dejarla de lado. De hecho, cuando se sabe que los propios políticos que impulsan con denuedo la educación pública llevan a sus hijos a colegios privados (ni siquiera concertados), como es el caso del señor Montilla, cuya progenie acude a uno de los centros más exclusivos de Barcelona, podemos empezar a dudar de las bondades de la enseñanza gratuita.

Mientras que la educación esté en manos de los políticos, estamos constreñidos por sus decisiones. El ejemplo más preclaro es el de Cataluña, donde los derechos lingüísticos son vulnerados constantemente. Al estar ante una competencia cedida a la Generalitat, este ente hace y deshace sin rubor hasta el punto de que estudiar en español es como ser libre en Cuba: una quimera.

La solución de la derecha es siempre la misma: recuperar el sentido común y prometer que si ellos gobiernan acabarán con semejantes tropelías, pero el problema sigue en el aire, como un nubarrón que amenaza tormenta. Y el problema, algo que nunca nos cansaremos de repetir, es el Gobierno.

El hecho de que haya lenguas oficiales, que exista el derecho y el deber de conocerlas, hace que por obra y gracia de la Constitución española todos los niños catalanes, vascos, valencianos o gallegos tengan que ser obligados a aprender las lenguas locales y el español.

El idioma es lo que, según los nacionalistas nos define como miembros de la comunidad nacional. Consecuentes con tal tesis, quieren desterrar el español como idioma, rememorando las "hazañas" (sic) de la dictadura del "generalísimo" cuando se propuso eliminar el vasco o el catalán de la faz de la tierra. La combinación de la educación como derecho positivo con la cooficialidad de los idiomas ha dado alas a los nacionalistas para implantar su ingeniería social. Entregarles la llave de las mentes de los niños ha permitido extender el número de acólitos que sucumben al nacionalismo.

Por eso, junto con la privatización total de la educación, la solución pasaría por dejar en manos de los padres el idioma en que quisieran educar a sus hijos y que cada cual se pagara dicho coste, eliminando de una vez por todas el monopolio educativo. La propuesta es ciertamente radical y conllevaría la educación "anacional", es decir, una educación donde la lengua no es óbice para la libre decisión de los padres ni vía libre para el lavado de cerebro de los políticos.

Treinta años después del comienzo de la democracia, los resultados demuestran que el nacionalismo ha conseguido expandir su influencia gracias a la educación y que, en términos generales, la enseñanza es lamentable en este país. Así que podemos seguir estudiando las propuestas de los políticos de turno pero ninguna medida podrá salvarnos de la opresión educativa, cuya destrucción que pasa por echar abajo el mito de que el Estado debe educar a los hijos. Aunque nos hayamos acostumbrado a ella, es una idea tan opresiva como aquella de Platón de imponer el amor de las madres por cualquier niño, quitándole su retoño nada más nacer para que así quisiera luego a todos los chicos de forma igualitaria. De nuevo, el igualitarismo y la igualdad de oportunidades que pretenden impulsar los gobiernos son la excusa para seguir descerebrando a los niños. Frente al axioma "educación nacional, educación irracional" conviene empezar a plantear el lema "educación anacional, educación racional". Liberarnos del nuevo espíritu nacional-socialista es lo verdaderamente progresista.

 

Opinión de los lectores

Bastiat

A B S O L U T A M E N T E de acuerdo….

No modificaría ni una coma…

Eso si…

O nos planteamos llevarlo al mercado político o nos las seguirán dando todas en el mismo Carrillo.

Y mientras la educación siga por donde va cada día será más difícil.

Gorka

Gracias Bastiat. Hasta ahora creo que los liberales nos hemos fijado únicamente en el problema de la educación pública y creo que es positivo seguir incidiendo en ello, pero las lenguas oficiales, son otra excusa para el intervencionismo educativo. Nunca será suficiente el gasto dedicado a preservar el idioma. La cultura lo justifica todo...y entre tanto, siguen utilizando este mecanismo para inventarse una historia, una cultura distinta de la española (o de cualquier otro país) que les permita vender la idea de que son un pueblo oprimido y que necesitan liberarse del imperialismo...Liberalicemos el idioma y rompamos con la obsesión de que un nacido en España debe hablar español, catalán o vasco...Tendrá que hablar el idioma que desee. Acabemos con este otro monopolio, tan olvidado como relevante a los efectos de ir hacia un modelo de sociedad realmente liberal

Francisco

Estoy totalmente de acuerdo con lo expresado en este artículo. El problema es que los ciudadanos no podemos hacer nada, hasta que los políticos decidan convocar un referéndum para cambiar la constitución, lo que veo muy poco probable debido principalmente a que cualquier partido nacional que gobierne, dado el escaso margen que suele haber entro los dos principales partidos y la guerra sin cuartel que existe entre ellos, necesitará la ayuda de los nacionalistas, y claro está, estos no tirarán piedra contra su propio tejado. La unión entre los dos partidos, PP y PSOE, hoy en dia parece imposible.

Bastiat

Es que, Gorka, precisamente el caso de las comunidades con dos lenguas cooficiales en las cuales se discrimina precisamente la que nos une se hace desde la imposición. Fijate, imposición. Es decir, no se hace desde dar a los ciudadanos la libertad de elegir, sino que se obliga a los niños a que se sometan a una imposición, a la coacción más rastrera y fascista de todas las posibles. Todas las dictaduras han procurado usar la educación para perpetuarse en el poder desde Bismark. Excusas muchas, ideológicas, nacionalistas, religiosas. Da igual. El caso es adoctrinar a los ciudadanos en los dictados desde el poder.

El campo de acción, la situación actual, pues, es magnífica para propagar el ideario liberal. Nosotros no imponemos, damos libertad al ciudadanos garantizándole el “derecho” a la educación mediante el cheque escolar y permitiendo que sean los padres los que elijan el tipo de educación que deseen para sus hijos.

¿Cabe mejor panorama?

Y sin embargo, te encuentras con que quienes se oponen a la EPC o a la dictadura fascista en las comunidades catalana, balear, valenciana, vasca y gallega,”, no están pidiendo libertad de elección desde este punto de vista sino que lo que están reclamando es...” recuperar el sentido común y prometer que si ellos gobiernan acabarán con semejantes tropelías”....

En el caso de la EPC la Iglesia no pide que se retire por que adoctrine porque el Estado no debe adoctrinar, sino porque, y es la sensación que muchas veces queda, se hace en una determinada moral que no es la suya. Y en caso de imposición lingüística, en Galicia hay una fenomenal inciativa que ha hecho retroceder al mismísimo Feijoó, que es la de “tan gallego como el gallego.

Pero es que, no hay nadie que defienda la libertad de elección dentro del mercado político.

Gorka

Efectivamente, ¡el drama del liberal es que sólo puede votar a nadie!

Fede

Mucho se ha hablado del famoso cheque escolar, para que sean los padres los que puedan elegir el centro de enseñanza y por ende la educación que quieren para sus hijos, la verdad es que hasta los socialistas podrían estar de acuerdo con el cheque escolar si a la hora de la verdad, son ellos o el Estado, los que imprimen los contenidos, imponen las horas lectivas de cada asignatura e imponen criterios para la elección de los centros.

El problema es mucho más profundo y para ello se necesitaría como bien apuntas de la abolición de la educación pública y la instauración de la libertad de mercado tanto de contenidos como de centros.

Sabiendo de antemano que no hay ningún partido político español, que se atreva a semejante aventura, ni siquiera los pocos “liberales” del PP, no estaría de más informarle al Sr. Costa que al menos en el próximo panfleto populista del PP de cara a las próximas elecciones generales se atreviera a implantar el distrito único universitario, pues sería todo un detalle que los sufridos alumnos preuniversitarios, pudieran tener la libertad de elección de cualquier universidad española y no solo las universidades de su propia comunidad autónoma (no sea que traicionen el oráculo de la lengua). También no estaría de más instaurar la cooficialidad del inglés y el español en los centros de enseñanza primaria y secundaria y al menos así, quizás en un futuro, puedan los alumnos escapar del caciquismo provinciano nacionalista y del adoctrinamiento socialista.

De hecho me gustaría añadir las siguientes anotaciones, la cesión de competencias a las comunidades autónomas en principio no tiene porque tener ningún problema, de hecho, el principio liberal de subsidiaridad, en que la administración de los asuntos o bienes públicos este lo más cerca posible del ciudadano es loable (menor discrecionalidad del gasto al estar más focalizado al usuario final), el problema no esta en la cesión de las competencias sino en su utilización, y en como se ejerce dicha competencia. Desde luego podríamos decir en pro de una privatización de la educación, que no existe mayor proximidad que aquella en que el usuario es propietario absoluto de su propia elección.

Segundo, la posibilidad de que sean los profesores junto a los centros los que decidan el enfoque y estructuración de la asignatura comportaría de modo automático la especialización y profundización, amén de la competencia por parte de profesores y centros en la búsqueda continua de nuevas y mejores metodologías, pues de poco sirve el status si este no viene acompañado de resultados, lo que provocaría en última instancia y de forma espontánea, una elevación de la calidad que disfrutarían los usuarios del mismo y no la visión encorsetada, funcionarial y estatal que algunos o todos pretenden.

Tercero sería importante hacer hincapié que un sistema educativo libre y con un enfoque claramente orientado al mercado, provocaría un constante abaratamiento de la educación, esto es lo más importante de resaltar desde mi punto de vista, pues no hay que olvidar que la automatización o industrialización de procesos, provoca un aumento de la acumulación de capital por alumno, lo que a la larga provocaría un abaratamiento de la educación. Los diferentes centros en competencia podrían comprar, investigar o compartir metodologías o enfoques con otros centros, además, provocaría tanto un aumento del conocimiento en su vertiente horizontal (nuevos conocimientos o procedimientos y nuevos estudios), como la intensificación en su rama vertical (especialización).

Por último no estaría de menos resaltar el plano moral del mismo, pues obligaría a padres y profesores a evaluar de manera consciente y constante la evolución del mismo sin tener que esperar como ahora, al cataclismo más absoluto, para que luego algún político lumbrera nos diga de hay que hacer algo por la educación, pues es el futuro de la sociedad. Me sigo riendo…

zuppi

Muy de acuerdo contigo.
Lo triste es que casi de vergüenza hablar de estas cosas porque si dices que estás a favor d ela educación solo privada, parece que eres un insolidario que quieres condenar a los pobres a la ignorancia para que sigan siendo pobres.
Solo una matización: creo que la Constitución solo obliga a conocer el castellano (art. 3.1)

Bastiat

No Gorka, el drama del liberal es que no puede votar a nadie porque los liberales prefieren quedarse en casita, pensando “nosotros tenemos razón, pero no nos quieren hacer caso, nosotros tenemos razón pero no nos quieren hacer caso , nosotros…. “ en vez de saltar a la arena política a decir lo que en muchas ocasiones para nosotros son las verdades del barquero de puro obvias que nos parecen, pero que a la gran masa, a la gran mayoría no les parecen tanto.

¿Habéis, y digo habéis, los liberales, intentado hablar de estos temas con vuestros padres, abuelos o vuestros suegros a ver qué piensan, ahora que disfrutan de pensión, viajes del Inserso, medicina gratis…?

El problema es que ninguno de nosotros salimos al mercado político a vender nuestra fenomenal mercancía.

Hilario Ideas

Quiero citaros el preámbulo del Plan de Instrucción Pública redactado en 1836, escrito por el Duque de Rivas, que dice así:
El pensamiento es de suyo lo más libre entre las facultades del hombre; y por lo mismo han tratado algunos gobiernos de esclavizarlo de mil modos; y como ningún medio hay más seguro para conseguirlo que el de apoderarse del origen de donde emana, es decir, de la educación, de aquí sus afanes por dirigirla siempre a su arbitrio, a fin de que los hombres salgan amoldados conforme conviene a sus miras e intereses. Si esto puede convenir a los gobiernos opresores, no es de manera alguna lo que exige el bien de la humanidad ni los progresos de la civilización. Para alcanzar estos fines es fuerza que la educación quede emancipada; en una palabra, es fuerza proclamar la libertad de enseñanza.
El programa de la asignatura Educación para la Ciudadanía es un conjunto de apelaciones a la sumisión del individuo al Estado, la renuncia a las ideas propias a favor de lo que el grupo considere deseable y la constante vigilancia –también sobre las familias– para que nadie ose poner en duda el relativismo radical de todas las opiniones
La asignatura no busca formar ciudadanos libres, busca forjar súbditos que jamás se quejen, alineados sin fisuras con el paradigma servil de la izquierda, dispuestos a vivir toda su vida bajo la odiosa tutela del Estado. De la sociedad civil depende que los ingenieros de mentes del Ministerio de Educación y consejerías adyacentes no se salgan con la suya. Si lo consiguen, los españoles del mañana no sólo no serán libres sino que nunca habrán tenido la oportunidad de serlo.
La mayoría de la gente se da cuenta ahora del fracaso de la educación pública, incluso aquellos que sólo buscan reorganizar el sistema. Desde luego los padres se dan cuenta de este hecho, dado que la educación privada y el homeschoolling están en alza. Aparentemente, mucha gente entiende que es mucho mejor pagar dos veces por la educación que recibir muy poca.
La teoría económica muestra que las empresas privadas sirven las necesidades de los distintos consumidores mucho mejor que las burocracias. La historia muestra que los sistemas privados son viables. Que aquellos que están en el último escalón obtendrán la educación que necesitan y que la alfabetización no sufrirá si el sistema de educación pública masiva desaparece.
No es el Estado quien financia el sistema educativo, sino los ciudadanos, en su calidad de contribuyentes. El Estado es un mero administrador del dinero ajeno, y por ello debe garantizar el derecho a la educación y la libertad de elección.
La libertad de enseñanza. ¿Existe hoy en España? El dueño de un colegio privado ¿De qué es dueño, aparte de las paredes que contienen las aulas, de las instalaciones, del material escolar? Pues lo que en ellas se enseñe no depende de su criterio, de su vocación educativa o de su deseo de cumplir con los deseos de los padres, sino de un programa oficial. En una sociedad libre, los colegios podrían elegir el suyo propio. No habría limitaciones para la elección, en competencia, de nuevos y viejos métodos educativos. Los padres recuperarían en la práctica un derecho que solo a ellos pertenece, elegir lo que consideran más adecuado para la formación de sus hijos. Lo que entienden que les conviene para desarrollar su persona.
Estamos tan acostumbrados al monopolio de la instrucción por el Estado y a la sustitución de ésta por la pura propaganda incluso en contra de los deseos de los padres, que nos cuesta hacernos a la idea de que la educación fue libre en origen y que puede volver a serlo de nuevo si hacemos algo para recuperar ese derecho robado, que es la libertad de enseñanza que reclamaba el Duque de Rivas.
Quienes guardan en su alma sueños totalitarios, deseos de transformación social, de construcción nacional, han contaminado la educación con otros objetivos: la igualdad, el olvido de España, el odio a nuestra herencia cultural occidental... La única objeción seria que se ha pronunciado contra la libre educación es que los más pobres no podrían pagársela. Hoy sabemos que la iniciativa privada llega a los pobres de entre los pobres. Sabemos, además, que el Estado podría pagar la educación de quienes menos tienen sin necesidad de entrometerse en su gestión, gracias al cheque escolar.
Durante años la educación coactiva estatal fue usada en nuestro país para aplastar las minorías lingüísticas. Ahora son las minorías nacionalsocialistas las que tratan de someter al resto. Hoy son ellos y mañana serán otros los que traten de implantar en las mentes de los jóvenes sus sueños de dominación política y lingüística a través de la educación pública. Lo cierto es que a día de hoy no hay político que ame lo suficiente la libertad como para erradicar la fuente de este cáncer social que no es otro que la educación pública obligatoria. Y mucho menos se vislumbra una personalidad del mundo político que defienda permitir que la educación sea libre y voluntaria.
Uno de los pilares fundamentales del Estado del Bienestar es la Educación Pública. Es difícil encontrar un político que se oponga a su liderazgo frente al de la Educación Privada. Es un suicidio político despotricar contra este sistema y ya sólo criticar su ineficacia conlleva no pocos disgustos, electoralmente hablando. El deseo, hasta cierto punto lógico, de que toda la población tenga una educación básica y que esta base sea lo más profunda posible es fuente de problemas ya no sólo por su financiación y por sus contenidos sino por su universalidad ya que hacer obligatoria la educación no es sólo sino echar más leña al fuego. Pero la educación de masas, lo mismo que las televisiones públicas, es una de las herramientas más importantes para mantener una sociedad civil encarrilada.
No queda ninguna razón para que el Estado siga imponiéndonos la educación. Que yo sepa, el PP no está por levantar de la sociedad ese yugo. Pero es hora de exigírselo, a él como a los partidos que tengan algún interés en la libertad de los ciudadanos. Es nuestro deber hacerlo.
El socialista Javier Solana dijo: "Se ha democratizado la enseñanza porque la suma de los pocos saberes de todos es más grande que la suma de los muchos saberes de pocos". Durante décadas las masas han sido bombardeadas con este tipo de pensamiento, por lo tanto a los liberales nos queda mucho trabajo por hacer.

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