20/07/2007 - Jorge Valín
El cambio
Toda idea alternativa al establishment siempre duda en cómo se llevará a la práctica el cambio del viejo sistema al nuevo. Todo tipo de pensamiento sólo puede establecer dos tipos de cambios: el progresivo y el radical.
El ejemplo más exagerado del cambio progresivo tal vez se encuentre en el fabismo, liderado por Sidney y Beatrice Webb, que abogaban por alcanzar el socialismo mediante recetas gradualistas y de cariz reformista. Aunque aparentemente los Webb llegaron a conseguir su objetivo más de 100 años después, la realidad es que los países que llegaron a ser puramente socialistas sólo alcanzaron ese objetivo mediante una revolución. No era el objetivo de los Webb instaurar el Estado del Bienestar, sino la transformación del sistema de producción capitalista por el socialista.
Una de las razones por las cuales la transición y el gradualismo gustan tanto a sus seguidores –ahora en todo el espectro ideológico– es debido a que se enmarca perfectamente en la estructura racional del hombre, el consecuencionalismo. Esta forma de pensar lineal, significa seguir la tendencia actual manteniendo la información como si fuese una constante. Esta forma de observar la realidad no comporta un carácter negativo en sí, porque lleva a acertar en algunos campos como, por ejemplo, el de los negocios. En ellos, el seguidor de tendencia suele tener más éxito que el rupturista. Es más fácil tener éxito al montar un bar que no inventar un nuevo combustible. Este sistema, sin embargo, no funciona en el mundo de las ideas. El porqué queda fuera del objetivo de este artículo.
¿Podría funcionar el método fabiano con el liberalismo? La idea es introducir poco a poco el libre mercado para que la gente vea su carácter positivo: individualidad, libertad, riqueza y bienestar. El problema, es que quién lo implementa son los políticos que no tienen interés alguno en otorgar liberad a la sociedad civil. Fijémonos en las privatizaciones de los años 90 por ejemplo. Éstas, sólo fueron una fuente de financiación rápida para el Estado que siguió manteniendo todo el control sobre el sector de las empresas privatizadas, de las propias compañías con acciones de oro, colocación de amigos en las cúpulas directivas o creación de órganos reguladores. ¿Qué nos hace pensar que si los políticos vuelven a tomar una política "liberal" la hagan correctamente? Nada. No tienen ningún interés en hacerlo. Si todo hombre sólo se mueve por maximizar su utilidad, eso no puede significar que una parte de ellos, los "escogidos", se muevan por leyes ajenas a la acción humana. El gran problema es creer que la sociedad se puede cambiar en una especie de Top–Down social. ¿Qué nos hace pensar que la gente olvidará como si nada las actuales políticas populistas, como ir regalando el dinero de los demás? Pensar así, no es más que una ilusión.
La política no es una causa de lo que es la sociedad, sino un efecto. La gente necesita estar preparada para los cambios, imponerlos sólo crea, primero, el rechazo y, después, la confusión. Observemos el presente otra vez. Cualquier hombre medio (socialista) no versado en el mundo de las ideas le dirá que el liberalismo está triunfando hoy día como muestran las políticas en todo occidente: las guerras, grandes empresas que mantienen el poder con el Gobierno, grupos de presión, intereses ocultos... A esto le llaman neoliberalismo, pero tal concepto sólo es la réplica del capitalismo de estado, del socialismo. Además, hemos creado el rechazo y hemos dado poder al burócrata para que maneje más aún nuestras vidas. Ese fue el error que cometieron los Ordoliberales en el siglo XX. Creían que con un liberalismo social, la libertad crecería. Las consecuencias corrieron en dirección opuesta.
La gente no actúa por buenos principios morales, sino por necesidades. No se puede esperar cambiar de un sistema del bienestar a otro más libre del día para la noche. Las ideas necesitan tiempo para luego irse deslizando muy poco a poco hacia la masa de la sociedad. Y la sociedad sólo actúa, no cuando una idea le deslumbra, sino cuando la anterior es insostenible. En ese momento las personas buscan las alternativas que hay vivas. En el siglo XX fueron los totalitarismos, y en este modelo político nos hemos quedado.
Es, como muchas cosas en la vida, un problema económico, de utilidad. Es más fácil seguir con un sistema conocido, por incómodo que nos resulte, que cambiar a otro incierto. Sólo cuando el día a día se vuelve insostenible hay un cambio rupturista, y sólo de aquí prosigue el gradualismo y el reformismo pero en el sentido inverso al régimen anterior. El gradualismo y el reformismo no son corrientes primarias, sino que las podemos calificar, como se dice en matemáticas, de ruido (tendencias dentro de otra tendencia).
Si perdemos los principios y las ideas, perderemos el fin buscado. La libertad necesita identificar a sus enemigos y derrocarlos para siempre, y estos sólo son aquellos que se creen y son de facto nuestros dueños. El Gobierno y todo lo que a su alrededor se perpetúa es el principal enemigo del hombre libre. Aliarse con él es rendirle sumisión. Si lo hacemos, será él quien nos cambie, como de hecho ya ocurre con aquellos que apoyan a partidos políticos como mal menor. Al final quien gobierna no son las ideas, sino los intereses de los políticos por medio de la fuerza.
Opinión de los lectores
buen articulo jorge, pero estoy de acuerdo en que es como predicar en el desierto y mas contra quien regala el dinero publico, que no es de nadie, como dice la de la vogue.
Solo si las hipotecas llegan a apretarnos la soga alguien puede empezar a plantearse algo. Seguramente nuestros hijos y esta generacion se escape de rositas desconociendo que coño es haber vivido.
"Aliarse con él es rendirle sumisión. Si lo hacemos, será él quien nos cambie, como de hecho ya ocurre con aquellos que apoyan a partidos políticos como mal menor"
Yo ya he aprendido la lección. Estupendo artículo Valín.
Que pena que el estado del bienestar este dando coletazos durante mucho tiempo, seguramente demaciado para que podamos admirar su caída.
Yo tengo claro, como liberal, que el aceptar participar en política, más concretamente en participar en el poder es algo así como poner la mano en el pomo de la puerta que da al “lado oscuro”. Y la tentación es muy grande. Pero si bien los gradualistas son proclives a caer en ese otro lado porque el tiempo pasa y nada vemos, lo cierto es que el método “fabiano” existe, quizás habría que pensar mas en Gramsci, y que demuestra como tiene éxito en la medida que la sociedad se va orientado más hacia los postulados socialistas que a los liberales, aunque hay opiniones para todos los gustos, depende del cristal con que se mire.
Y es que lo importante es el método y el objetivo. La diferencia entre los gradualistas socialistas y los liberales, es que los primeros sí son gradualistas, es decir si están determinados a llevar a delante su idea de sociedad, mientras que los liberales, la mayoría dudan, y, caen, al igual que los socialistas, pero al ser minoría, un mensaje en muchas ocasiones antiintuitivo, y fácilmente manipulable a favor de quien dice proteger a la masa, los efectos suelen ser menores.
Pero el gradualismo es el único sistema por el que puede triunfar una doctrina. Es el convencimiento de la gente lo que la hace triunfar. El sentarse a esperar, a sembrar en foros e institutos puede valer, pero lo que no me cabe la menor duda es que es en el mercado político, en el enfrentamiento en igualdad de condiciones, en el decir en el Parlamento lo que son nuestras verdades del barquero la única manera de acelerar dicho gradualismo, de conseguir influir en la gente.
Eso sí, con el cuidado de tocar lo menos posible el pomo de dicha puerta. Y es que los liberales no tenemos como meta el gobierno, sino el conseguir que la gente crea que se puede gobernar sin depender del Estado.
"Y es que los liberales no tenemos como meta el gobierno, sino el conseguir que la gente crea que se puede gobernar sin depender del Estado." Tencuidado Bastiat, que yo empecé así y mira como he acabado... :)
Estimada María, yo entiendo que no es posible seguir la trayectoria de todas las personas que escriben por estos pagos, que además lo hacemos en otros, pero te diré que en mi caso la evolución intelectual no ha pasado ni por el liberalismo clásico, ni por el liberalismo pragmático, y, ni mucho menos por la Ancapía..
Si me he definido en mas de una ocasión como “Ancap en prácticas” pero con visos de suspenderlo, y eso que no se me ha sometido por parte de los prebostes de dicha doctrina a ningún tercer grado, sino que mas bien encuentro algunas deficiencias en el planteamiento general que difícilmente puede ser superado si sigo solamente mis propios caminos racionales.
Otra cosa muy distinta es que tenga un profundo convencimiento en que sólo la libertad de las personas genera verdadero progreso, que si nos esforzáramos en definir qué es eso del “progreso” quizás también lograríamos quitarle esa bandera al socialismo. Algo que creo que no debería de ser demasiado difícil. Y desde luego mi convencimiento es que el liberalismo, en su evolución sólo pasa por acercar el ideario liberal a los ciudadanos comunes, normales, sacarlo de los círculos académicos e intelectuales y, sobre todo, dejarnos de disputas fratricidas a las que nos lleva la beligerancia de Iracundo.
Un saludo y un placer conversar con Lady Godiva.
¡Vaya! Qué interesante, Bastiat... Un reconquistador, como yo... hablas de reconquistar el progreso, redefinirlo. A mi me pasa con muchas más palabras: capitalismo, libertad, y ante todo, quiero dedicar el resto de mis días a reivindicar (entre otras cosas...) el ánimo de lucro.
Yo te comentaba lo que te comentaba más por protegerte que por otra cosa, los indefinidos no somos bien aceptados, pero si nos definimos es peor. A mi simplemente me gusta que me porvoquen intelectualmente... independientemente de la etiqueta. Y el placer es mío. :)
Pues respecto a la provocación no sé yo qué decir, ¿¡la hay de tantos tipos!? Pero sí, una de las mas estimulantes es la intelectual, es más, uno se pasea por estos pagos para eso, para encontrar lo que es muy difícil en tu lugar de trabajo o en la piscina comunitaria, entre niños jugando al balón y gorduras por todos lados.
Pero yerras al pensar en redefinir el progreso, el capitalismo, la libertad. NO, de lo que se trata es de desvestir de ropajes grotescos puestos por quienes hablan de progreso, de capitalismo, de libertad, de justicia, pero para cargárselos. He incluso lo que llamas el ánimo de lucro que curiosamente, desvestido de la terminología liberal pero investido de la terminología cotidiana viene a ser algo asi como si lo seriese y perfectamente explicado, querido Sancho: “Por el interés te quiero, Andrés”. Qué grande es el refranero y que poco caso se le hace hoy en día en el que los jóneves hbln cm s no supiesn ni tklr una plbra.
Pero gracias, ¿Qué mejor protección que la vuestra, Mi lady? Pero aquel que se queda protegido, que no corre riesgos, no sabrá nunca si sus planteamientos son los correctos. Ese es el problema de los sectarios, que no salen de sus cubiles, que se encierran en sus “verdades totales” para afianzar convencimientos, para luchar contra el enemigo, que el disidente, que el que piensa distinto no existe o no puede existir.
Un Saludo. Bastiat.
Me refería a redefinirlo respecto a cómo lo definen quienes manipulan esos términos, pero estoy hablando de lo mismo que tú.
No estoy de acuerdo con tu refrán, no creo que esté bie traído, me vas a disculpar. Por el interés te quiero, Andrés, tal y como me lo enseñaron a mi, que puede estar equivocado, se refiere a una actitud aprovechada de una persona hacia otra. El ánimo de lucro es la intención de obtener mejoras materiales a partir de nuestros actos. Es el pasaje de la benevolencia del cervecero de Smith...
María, es igualmente una cuestión de matiz y que… bueno no sé si seguir haciendo confidencias… y que me llevaban a mi propia evolución en el pensamiento político.
La ¿benevolencia? Claro que no es benevolencia, es mutuo acuerdo pero porque ambos obtenemos un beneficio, porque a ambos nos “interesa”… sobre todo si queremos tener una vida pacífica, porque a mi me interesa mas llevarme la cerveza gratis o al otro venderme una jarra a medias, pero como el riesgo ante el aprovecharse de los demás es que nadie confíe en ti surge el “interés” por respetar acuerdos…
Bueno, en definitiva, yo llegué por el “interés personal” no por lo técnico del “ánimo de lucro”.