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Portada - Comentarios - ¿Es exportable la democracia?

23/07/2007 - Alberto Illán Oviedo

¿Es exportable la democracia?

Estados Unidos lleva varios años luchando en una particular cruzada, empujar a los países de cultura y tradición musulmana hacia regímenes democráticos. Tras el 11 de septiembre, que desembocó en el derrocamiento del régimen talibán de Afganistán, y la ocupación de Irak, el Gobierno estadounidense cree haber añadido estos dos países a la lista, pero esto no deja de ser una quimera. Si bien en los dos casos la guerra fue ganada con aparente facilidad, la ocupación está siendo otro asunto muy distinto y dando por sentado los esfuerzos de Irán y las organizaciones terroristas para desestabilizar la zona, cabe preguntarse si sus habitantes son capaces de aceptar una democracia al estilo  occidental.

No me estoy refiriendo a un sistema electivo donde los iraquíes, afganos, palestinos, jordanos o cualquier otro país vote a unos cuantos partidos con más o menos poder y representatividad, sino a un sistema donde haya división de poderes, donde todos los ciudadanos, sin importar el sexo, la religión o su procedencia, tengan los mismos derechos fundamentales, donde se proteja la propiedad y la libertad. Cabe preguntarse si la democracia liberal es exportable a aquellos países donde la cultura y la tradición han transcurrido alejadas de aquellos conceptos filosóficos, jurídicos y económicos que desembocaron en la democracia liberal.

Un breve repaso a la historia del último siglo concluiría que el éxito de Estados Unidos y de Occidente es limitado. Así, después de la Primera Guerra Mundial el Programa de los Catorce Puntos de Woodrow Wilson derivó en un fraccionamiento de los imperios europeos que propició un aumento del totalitarismo y un retroceso del liberalismo y del libre mercado que había favorecido el Imperio Británico. Su corolario, la Segunda Guerra Mundial, dejó medio mundo en manos del totalitarismo comunista y buena parte del resto bajo ese socialismo ligero que es el Estado del bienestar. Si bien Estados Unidos tuvo éxito en la defensa de la democracia en Europa occidental y en Japón, que es uno de los baluartes de la democracia en Asia, durante la Guerra Fría, podemos hablar de un éxito a medias en Corea y un rotundo fracaso en el sudeste asiático. África, durante el proceso de descolonización, fue un excelente caldo de cultivo para el avance del totalitarismo, en especial el comunista, pese a que muchos de los países habían heredado instituciones democráticas e incluso liberales, sobre todo en los que habían sido colonizados por los británicos. Incluso cabe llamar la atención sobre el hecho de que algunos de los aliados de Estados Unidos y de Europa en la estas zonas son regímenes totalitarios.

El siguiente paso es preguntarse por la idoneidad del propio proceso. Así, que Estados Unidos o cualquier otro país ocupen una región, por las razones que sea, y pretendan cambiar de arriba abajo el sistema social y político existente no deja de ser un programa de ingeniería social, una imposición. Que haya sido un éxito en algunas ocasiones no lo supone necesariamente en otras y cabe preguntarse sobre la ética de la acción. La posguerra europea tuvo éxito precisamente porque los países poseían una cultura adecuada, no sólo para la implantación de un sistema democrático, sino para que éste fuera de inspiración más o menos liberal. Más extraño es el caso japonés, cuya sociedad provenía de un militarismo genocida.

Pero el hecho de que un japonés, un indio, un musulmán o más recientemente un chino se vistan como un occidental, comercien como un occidental o terminen instaurando un sistema económico similar, que no igual, al occidental no los convierten en occidentales. La democracia liberal se sustenta en una serie de principios que cimientan muchas de las instituciones que ahora vemos evidentes. La tradición y la cultura de otros países no los han generado de forma espontánea, o al menos lo han impedido a través de instituciones totalitarias, colectivistas o coactivas. La imposición, que es de alguna manera lo que hace Estados Unidos por más que lo camufle en lenguaje diplomático, puede generar a la larga descontento y el resultado puede ser peor que la situación inicial si la evolución no es lo suficientemente rápida y exitosa, desembocando en no pocas veces en un odio hacia lo novedoso.

La democracia liberal  debería surgir de manera espontánea, sin necesidad de tutelas ni de guías, sin exportarla ni por supuesto imponerla, con esfuerzo, con retrocesos y avances, pero sin tregua. Es como ha surgido en Occidente donde, a pesar de tener fuertes cimientos, también han nacido sistemas como el fascismo, nazismo o el comunismo. Incluso ahora mismo corremos peligro de volver a caer en ellos si aquellos que deben vigilar a nuestros gobernantes e instituciones, es decir todos y cada uno de nosotros, olvidamos a qué le debemos nuestra prosperidad.

La competencia de ideas, las relaciones voluntarias con otros pueblos e individuos, la defensa de nuestras propiedades y de nuestra libertad, allí donde tengamos que defenderlas y con la fuerza y medios necesarios, deben ser medios más que suficientes para conseguirlo y no absurdas utopías o planes más o menos exitosos. Soy consciente de que la realpolitik y las visiones a corto o medio plazo parecen formas de actuar más idóneas para los intereses generales, pero a la larga suelen conllevar efectos poco deseados. Es la consecuencia lógica de dar más poder del estrictamente necesario a nuestros gobernantes.

 

Opinión de los lectores

Anónimus

Me surje una duda. ¿Cómo combatir al terrorismo islamista? ¿debemos esperar a que se adentren en nuestras fronteras? La amenaza talibán y baazhista a los intereses americanos era muy clara: la primera dio cobijo y apoyo a quien atentó en suelo estadounidense el 11-S, Bin Laden; la segunda, de no ser por la intervención americana, probablemente se encontraría hoy con un armamento químico (y a corto plazo, nuclear) amenazante para los intereses americanos en la zona. Ocurre lo mismo con Siria e Irán, que brindan apoyo al terrorismo islámico en todo el mundo.

La pregunta es la siguiente: ¿es deseable desde una óptica liberal permanecer pasivos mientras nuestros enemigos declarados se rearman con la intención de destruirnos (tal es el objetivo de la Jihad)? ¿cuál sería sino la solución? Todo esto sin contar que en este caso se pudiera esgrimir la legítima defensa. Me explico.

El aislacionismo es una teoría que bien podría cuadrar en el s. XIX, pero en el s. XX, donde los EEUU tienen intereses por todo el mundo, quizá donde más en Oriente Medio, ha quedado obsoleta. No se trata de imponer la democracia a cañonazos, creo yo que la expresión es fruto del lenguaje retórico y políticamente correcto de la clase política para justificar sus intervenciones, sino de simple y llana defensa, ¿no te parece, Alberto? Si tú tienes un negocio frente a tu casa y observas como unos salvajes intentan destrozarlo, ¿no harías algo?

Me gustaría saber que pensáis respecto a esto. Saludos.

ANGEL FERNANDEZ

Pues opino que llevas bastante razon Anonimus.

Sin embargo, el comentario de Alberto debe hacernos reflexionar sobre la necesidad de evaluar la enorme dificultad que afronta EE.UU. en la implantacion de Instituciones Morales (propiedad privada, libertades y derechos individuales, mercado libre, etc...) para las cuales se necesitan:

seguridad policial, sistema judicial efectivo, sistema funcionarial y administrativo estable, elecciones libres de un Parlamento representativo, etc...

Esto ultimo, dio origen a la Democracia Liberal y a la Civilizacion Occidental y el progreso mundial.

Es decir, dar origen a una Sociedad extensa y compleja es complicado en paises donde los derechos y libertades individuales han sido aplastados durante decenas (incluso centenares) de generaciones con sociedades poco evolucionadas ... bajo la continua dominacion de grupos y castas politicas y sociales (internas y/o externas).

Alemania, Francia, Italia, etc... deben sus actuales democracias al esfuerzo y ... a la sangre de miles de ciudadanos britanicos y estadounidenses.

Es bonita la teoria de la no-coaccion, pero no deja de ser una teoria de imposible aplicacion practica ... ante la amenaza REAL de Estados Totalitarios y ante la salvaje determinacion destructiva REAL del Terrorismo (Al Qaeda, ETA).

Existen serias dificultades socio culturales que exigen grandes sacrificios a medio y largo plazo para implantar Instituciones (donde no las hubo nunca) pero, en mi modesta opinion, la ACCION EXTERIOR es necesaria para extender la Democracia Liberal y, asi poder proteger los derechos y libertades individuales en los paises de Occidente.

Y, en cualquier caso, prefiero la ACCION HUMANA a la PASIVIDAD HUMANA frente a aquellas personas que no respectan los derechos y libertades de los demas.

Si ahora no actuamos en el exterior y preferimos la pasividad politicamente correcta, en tan solo un par de decadas, la lucha contra el tribalismo de Al Quaeda sera aun mayor y la tendremos que realizar dentro de nuestras fronteras ... al igual que realizamos ahora con el tribalismo de ETA & Cia.

Gaspar Duarte

La pregunta a plantear, como a mi parecer bien apunta Anónimus, considero sería la siguiente: ¿La violencia se justifica únicamente como un acto de legítima defensa previa agresión, o está legitimado usarse de forma preventiva cuando hay un indicio claro de que esta agresión puede producirse en un futuro?

Alberto Illán Oviedo

Y el caso es que yo no soy ni aislacionista ni pacifista por lo que aparentemente me pones en un aprieto Anónimus, sin embargo, no creo que sea así, entre otras cosas porque el liberalismo no es precisamente pasivo ante una agresión, de hecho se convierte en un excelente marco para aplastar al enemigo.

En primer lugar, dejo abierta la defensa de la libertad y de la propiedad allí donde tengamos de defenderla, y eso por supuesto puede ser en el mismo salón de la casa del terrorista de turno o luchando contra los ejércitos talibanes y baazistas en su país o dentro de nuestras fronteras, si es que son ellos nos han invadido. Para mí, la defensa es uno de las pocas obligaciones de los Gobiernos, independientemente de que se puedan articular otras formas de defensa ligadas al sector privado, esto es en muchos casos una cuestión de supervivencia, pero el hecho de que sea así no quiere decir que debamos abandonar nuestros principios.

Precisamente soy consciente que cuanto más dura un conflicto más se abandonan los principios morales que sustentan las razones que originaron la intervención: un ejemplo es la Segunda Guerra Mundial en el que por ejemplo, no se bombardeó parte de la flota alemana en Noruega porque se veía que había civiles de este país en los barcos y alrededores y se terminó destruyendo Dresde, Hamburgo, Tokio, Hiroshima y Nagasaki. Ojo, no digo que no tuvieran sus razones y es posible que otros hubieran tomado las mismas decisiones por horribles que nos parezcan. Este flujo de acontecimientos que se repiten con demasiada frecuencia debería invitar a la reflexión a la hora de dejar claro cuáles son nuestros objetivos con una acción armada y cuándo debemos parar, dando por sentado que siempre habrá gente que piense que se hace poco y habrá otros que hemos ido demasiado lejos con nuestras acciones.

Desde luego para mi es inadmisible que se realice una guerra para “expandir” la democracia, primero porque como digo es pura ingeniería social y segundo, porque suele estar camuflado otros objetivos, que son más cercanos a los intereses del Gobierno del país que a los de los ciudadanos que suelen ser los que pagan sus excesos. Me parece mucho menos hipócrita que se diga claramente que el país X es tremendamente peligroso para la integridad de los nuestros y que se debe hacer algo. A lo mejor hasta estoy de acuerdo.

Otro elemento que debe invitar a la reflexión es el hecho de que algunas guerras no consiguen sus objetivos precisamente porque no se sabe qué es lo que se quiere y desde luego, cómo conseguirlo, un ejemplo de la ineficacia que suele ir unida a los organismos estatales. Un ejemplo es la Guerra de Vietnam que nunca se realizó una acción de invasión del territorio enemigo, sólo fue una guerra interminable que sirvió para sangrar a los contribuyentes y literalmente a una pequeña parte de los americanos que murieron en sus selvas. Qué sentido tenía seguirla después de unos pocos años, porque al final casi todos los países de la zona terminaron en dictaduras de diferente catadura, el comunismo siguió avanzando, y la derrota, en este caso política, fue clara.

Por último, para no hacerme pesado y desviarme demasiado del tema, también debemos darnos cuenta que este tipo de conflictos suele ir unido a un descenso de nuestras libertades, no sólo de los principios morales (alguien debería estudiar la relación de estos dos aspectos), y ello siempre supone una merma para nuestros derechos. Precisamente, ahora que con las vacaciones de verano se producen muchos viajes en avión, observamos como tenemos muchas limitaciones (incluyendo registros que a algunos les pueden resultar hasta vejatorios) que hace unos años ni se planteaban y además por ley, no por decisión de los dueños y gestores de las compañías. Cierto que esto es para luchar contra el terrorismo y que se supone que es por nuestro bien, pero ¿es por nuestro bien que nos limitan nuestra libertad o es porque el Gobierno se ha mostrado ineficiente y tiene que justificarse o porque el Gobierno promete algo que es imposible de cumplir?, en cualquiera de los tres casos son inadmisible ciertas medidas, se pueden sugerir pero no obligar. Debo recordar de nuevo que después de la Segunda Guerra Mundial el estado de bienestar consiguió en Europa uno de los periodos de menor libertad dentro de los regímenes democráticos, qué decir de los países que quedaron bajo dictaduras.

Ismael

Anónimus,

1) Tengo entendido que el terrorismo es una táctica, no un enemigo concreto. Lo que puede explicar que así nos vaya con la técnica del cañonazo…

2) Por supuesto: principio de agresión cero.

Los EE.UU a lo largo de su historia han mantenido pulsos con potencias mucho más peligrosas (URSS o Corea del Norte) con gran cantidad de arsenal nuclear y al final nunca ha pasado nada. Y sin embargo, últimamente pierden el culo por darse de ostias con cualquier país tercermundista que por no tener no tiene ni ejército. Normal que esta gente llegue a la conclusión de que los americanos solo respetan a los que tienen poder nuclear.

Y si los intereses en el extranjero de los que hablas los consiguieran comerciando y demás, y no a base de años de bombardeos y de meter las narices en los asuntos de aquellos países, seguramente no haría falta defender nada. Lo que los EE.UU. necesitan urgentemente es un cambio radical en su política exterior… que ya les duele como 40 billones en deuda externa, y sumando.

Por cierto, ¿cómo se puede IMPONER la paz? ¿No es esto una contradicción en sí mismo?


Un saludo.

CLD

Tu posición recuerda a la de Huntington, para quien el individualismo, los derechos humanos, etc son una particularidad de la cultura occidental, y por tanto son tan absurdos los intentos de imponerlos a otras civilizaciones como lo es el multiculturalismo, que supone olvidar que nuestra propia cultura tiene tanto derecho como las demás a preservar sus valores. El análisis de Huntington resulta atractivo porque, sin recomendar tampoco el aislacionismo, parece defender unos objetivos más modestos que los idealistas neocons (con quien lo confunden los que de su libro más famoso sólo han leído el título, "El choque de civilizaciones"). Pero en mi opinión, y sin negarle sus aciertos, su tesis central es errónea. Primero, porque la naturaleza humana tiene una base biológica común que trasciende las diferencias culturales, y eso explica porqué en el fondo todos los seres humanos, en cuanto tienen unas mínimas posibilidades de elección, preferirán vivir en una sociedad donde se respeten las libertades, exista un libre mercado, etc. Y segundo, porque dadas las actuales posibilidades tecnológicas de destrucción, cada día al alcance de más Estados e incluso grupos terroristas, es posible que la actitud de limitarnos a una estricta autodefensa sea mucho más ingenua y utópica de lo que habíamos creído hasta ahora.

Anónimus

Ciertamente, es un tema que me interesa. Quedo agradecido. Pero me surje un interrogante. Natan Sharansky comenta en su libro (Alegato por la Democracia) que todo estado no-democrático es per se un enemigo. Quizá sea cierto. Da la casualidad que la mayoría de los totalitarismos tienen en común su verborrea profundamente antioccidenal y belicista contra los intereses estadounidenses. En un caso así, ¿está legitimada la intervención militar? Voy más allá. Es sabido que Siria e Irán subvencionan a grupos terroristas no solo en Iraq sino en todo el mundo para que asesinen a civiles occidentales. Ellos, por supuesto, no lo admiten, pero no por ello deja de ser menos cierto (los generales nazis tampoco admitieron el genocidio de los judíos). En este caso, desde una óptica estrictamente liberal, ¿se justificaría una intervención en base al principio de legítima defensa? O, como se ha comentado más arriba ¿vale este principio para prevenir futuras catástrofes?

Demasiados interrogantes, jé, pero, a mi juicio, este es uno de los grandes desafíos a los que se enfrenta el liberalismo hoy día: el terrorismo islámico, cómo afrontarlo.

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