22/08/2007 - Berta García Faet
Monarquía o República: todo es socialdemocracia
La opinión mayoritaria se decantaba por adecuar la libertad de expresión al marco político, "exigirle un respeto", y cada cual proponía a continuación su particular reforma del marco político para que éste respondiera cada vez más al ideal de "justicia". Y no fue extraño escuchar de las voces más variadas preguntas retóricas –e instigadoras– como la que sigue: ¿por qué debemos seguir sufragando los lujos de los monarcas y su caterva, privilegiados que nadie ha elegido y que, además, son Borbones?
La primera parte de la propuesta –la de "adecuar" la libertad de expresión al marco que impere– ya se aplica impecablemente, como en los viejos tiempos, y lo hemos visto: la democracia permite someter el derecho de libertad de expresión al marco político de la forma más arbitraria, o dicho con otras palabras, pero más honestamente, a los intereses del poder.
La segunda –analizar qué sistema es más justo– es bastante más compleja. Es cierto que hay diferencias de grado entre Monarquía y República que podríamos considerar, ya que sería conveniente preguntarnos bajo qué sistema salimos perdiendo un poco menos, en tanto que, como lo expresa Hans Hermann Hoppe, "la alternativa entre monarquía y democracia se refiere a dos tipos imperfectos de orden social".
Porque fijarnos en si el ladrón es guapo o feo, antiguo o popular, es un despiste grave. Fijarnos en los matices de las invocaciones a los mitos Patrum Patriae (¿el monarca heredero de la cognición intangible del destino histórico de la Nación o el aristoi democrático e ilustrado que conoce el bien común?), olvidando que las comunidades imaginarias andersonianas son sólo eso, imaginación, es un despiste peor. Lo relevante es la cuantía malversada: si analizamos la situación racionalmente, preferiremos que nos robe 10€ un desconocido que 30€ un señor que ha elegido la comunidad de vecinos.
Pero hay diferencias más allá del tamaño del botín. El republicanismo democrático, al contrario que las monarquías, construye artificialmente un Derecho Público que ofrece inmunidad a los agentes gubernamentales. Además, en un tipo de gobierno de propiedad pública, con la trampa mortal del cargo provisional, del caretaker, se modifica la estructura de incentivos del gobernante, pervirtiendo y alejando el cálculo económico y la previsión, incrementando la preferencia temporal y por tanto el tipo de interés de mercado, ya que el gobernante no dispone de la propiedad ni del valor capitalizado sino del uso y el disfrute de los bienes públicos. Resultado: no hay futuro, no hay proyectos. Hay descivilización e involución.
Si bien tanto en la Monarquía como en la República se manipula el concepto de robo, esto sucede más en la mentalidad democrática, haciéndolo parecer un acto noble y heroico, muy al estilo de Robin Hood. Si combinamos esta manipulación de términos con la legitimación carismática de vagas o nulas lecturas de eficiencia por parte de los ciudadanos, se abre la compuerta a la discrecionalidad y a la irresponsabilidad, porque los gobernantes ven sólo los efectos inmediatos y parciales de sus políticas: falsificaciones o expropiaciones fraudulentas como la creación de liquidez artificial, expropiaciones de bienes inmuebles, imposición fiscal, todo ello maquillado de "justicia social".
La institucionalización del expolio se legitima en la Democracia, como decimos, mediante el mito del llamado "imperio de todos", pero en el caso de la Monarquía, si bien también hay legitimación, ésta es más favorable a la responsabilidad del administrador, ya que se percibe la inmoralidad del salvapatrias y el privilegiado menos edulcoradamente. De ahí que las monarquías tiendan a autolimitarse en la política fiscal, porque la conciencia de clase refrena y cohíbe a los privilegiados: la guillotina es una posibilidad que ninguno descartaría.
No obstante, estas diferencias teóricas dejan de tener sentido cuando analizamos nuestra situación presente. Se equivocan los que plantean la disyuntiva entre Monarquía y República: ya es tarde para eso. Me temo que todo, también nuestra Casa Real, es socialdemocracia.
La ventaja propia más clara de la Monarquía es, como hemos visto, la fuerte conciencia de clase. Ya que ahora no hay diferencias sustanciales entre Monarquía Constitucional y República democrática, lo único que nos queda es avivar y promover esa conciencia de clase (o de estado: porque todo es cuestión de que el tiempo nos proporcione un cuñado metido en la Administración): ladrones contra robados. Que comprendan Zapatero y todos los demás que también a ellos pueden cortarles la cabeza.
Opinión de los lectores
Tanto los progres como muchos liberales desnortados se llenan la boca de críticas hacia la monarquía: ¿cómo va a ser liberal la monarquía si es la consagración de la desigualdad ante la ley y de la prolongación de los vínculos de sangre para gobernar y no del mérito personal? aparte de que es falaz y demagógico hablar de que exista "desigualdad ante la ley" solo porque una familia esté sujeta a la principal magistratura del estado, a estos se les olvida que para el liberalismo no es fundamental quien ejerce el poder político sino si este es limitado y también que no es tan sumamente importante que en una sociedad la gente participe plenamente en la política (la república democrática sería el culmen de ese principio, supuestamente).
Dicho esto, me considero liberal y monárquico. Considero lamentable el espectáculo acaecido con el secuestro de la revista El Jueves y una buena evidencia de la banda de payasos que tenemos enquistada en el poder judicial no porque me parezca signo de "otros tiempos" o crea que la viñeta en cuestión no era para tanto o alguna de otras excusas planteadas por quienes se opusieron a la medida del juez delColmo. Me manifiesto en contra porque considero que la libertad de expresión en el ámbito de su propiedad privada es un derecho fundamental del ser humano sin otro tipo de consideraciones. Los gustos y opiniones acerca del mejor sistema político preferido por cada cual son secundarios frente a esta cuestión. Pero como no podía ser de otra manera, la basura humana de republicanos que sufrimos en España no ha perdido la oportunidad para nuevamente, atacar a la monarquía sin fundamento alguno. Nótese la patética incoherencia de la que hacen gala sin rubor alguno: primero se critica que el rey es una marioneta, que no hace nada, que solo chupa del erario público bla bla bla... luego le culpamos a él de que un artículo del C.P. diga que existe un delito de injurias contra la corona... señores ¿en qué quedamos? el rey no ha redactado el código penal, tan solo lo ha sancionado, cumpliendo con sus deberes constitucionales.
Y es justo aquí donde yo quería llegar: soy monárquico pero no me gusta para nada esta ficción de monarquía que tenemos. Ciertamente, ¿para qué queremos un monarca desprovisto de todo poder y prerrogativa y que encima, para mayor escarnio, carece de todo boato público y parece un presidente de la república aguachirlao? (¿han visto los actos públicos de la monarquía española? de tan austeros son ridículos).
Es una evidencia histórica que las revoluciones liberales del siglo XIX no sirvieron más que para cambiar el estado, limpiar la fachada y modernizarlo para que pudiera seguir creciendo. En este sentido, a la larga hemos llegado a la situación actual. No sabremos lo que habría pasado si dichas revoluciones no hubieran tenido lugar pero parece evidente que las monarquías absolutas nunca llegaron a los niveles de atrocidad y totalitarismo de las tiranías del siglo XX, ni retuvieron mucho más del 10% del PIB de un país de la época.
No hace falta volver a un modelo absolutista sino simplemente que el rey recupere algunas de sus prerrogativas tradicionales. El monarca se ve limitado por el pacto con sus súbditos (idea medieval que me parece urgente recuperar), por la tradición, por el respeto al derecho anterior a él, la costumbre etc. al ser un poder que le viene por herencia, existe una conciencia generalizada de la legitimidad de su cargo y no necesita cometer crímenes horrendos como los dictadores de todo pelaje.
Y por supuesto, el ceremonial. Es algo fundamental en una monarquía y sin el cual, ésta está coja. Algunos lo pueden ver superfluo pero yo les aseguro que unas pelucas y unas capas de armiño cuestan menos que mantener a un presidente de la república.
No acabo de entender por qué defiendes la figura del rey para el presente (o lo he entendido mal). Como teoría es simplemente mejor que la República, tiene ventajas comparativas pero nada más. Porque como has señalado lo importante no es cómo se asiente sino cuánto roba, y por lo tanto... teniendo en cuenta que parece imposible volver atrás a las monarquías tradicionales, ¿qué ganamos adhiriendo a la República un pegote inútil que chupa del fraso muy bien? Si tan mala es la República, aún encima no la acicalemos con anacronismos que no tienen ningún papel, a no ser el de sancionar cosas tan liberales como nuestra Constitución. No le veo la utilidad a la Monarquía Constitucional a la hora de limitar o cohibir las violaciones a la propiedad por parte del Estado, más bien las aplaude y se pasan la vida inagurando instituciones públicas. Y no veo por qué somos tan duros con los políticos y le perdonamos tanto a las Casas Reales, que forman parte del tinglado. Ni el pasado ni la teoría política las hacen hoy más liberales.
Yo creo que en esencia la Corona Española se da cuenta perfectamente de su real anacronismo. En La Gran Bretaña al menos la reina es Jefa de la Iglesia Anglicana y mas alta Magistratura del Estado pero aquí ni si quiera eso. Letizia se beneficia de eso. Vive de la apariencia con la simple limitación en su actuar que guardar un suficiente decoro para no envalentonar a aquellos que quieren cargarse semejante anacronismo.
Dicho esto, lo cierto es que ni tan siquiera el que dejara de existir, sin cambiar nada más, apenas afectaría a nuestro vivir diario más que dejarían de aparecer en los programas del hígado sus majestades y demás cuchipanda. Una pérdida para las mujeronas chismosas (y tíos, que también los hay) pero poco más.
Otra cosa sería el cómo articular el Estado. Ni la opinión de Hope me parece completa ni el pasar a la república me parece lo adecuado.
De hecho, si estableciéramos ese orden básico, nos encontraríamos podemos aceptar que el monarca que se encargue únicamente de mantener el Estado unido equilibrando presupuestos mínimos en aquello que pueda conformar y dar sentido a la unidad territorial, pero luego la libertad de los ciudadanos, y las ciudades, fuera máxima con el único límite de los derechos fundamentales. Eso sí, podríamos encontrarnos que tanto la figura del rey como la del presidente de la república podrían ser equiparables, salvo por la diferencia fundamental que la guillotina, en el caso del Presidente de la República estaría presta cada cuatro años. Y eso ayuda a tomarse las cosas en serio…
Siempre y cuando todo ello esté fundamentado en una constitución realmente limitadora de la acción del Estado. Porque si no… efectivamente, en la socialdemocracia estamos.
Seamos realistas; de una forma u otra va a haber alguien robando. La elección no es entre si queremos estado o no, sino entre monarquía o república. La sociedad en general simplemente no considera la anarquía como una opción.
Así que partiendo de la base de que nos guste o no, existe y seguirá existiendo -al menos durante unos cuantos años- un Estado coactivo, el debate se centra en ¿Quién prefieres que lo gobierne? ¿Una persona elegida por una mayoría, que si no te gusta puedes cambiarla en las próximas elecciones, que compite con otras y que por tanto intentará auto mejorarse, o una que no ha elegido nadie, que ha llegado a su puesto por una simple cuestión de consanguinidad, que disfruta de su “plaza” de forma vitalicia y que no se tiene que preocupar por competir con nadie?
En mi caso, la respuesta es evidente. Desde una perspectiva liberal, creo que, puestos a que nos planifiquen la vida y “nos roben” es preferible que lo haga alguien elegido por la mayoría y al menos sea bueno en su trabajo. La monarquía solo garantiza decadencia y arbitrariedad.
Además, ¡No tiene porque ser una república “socialdemócrata”!. Existen y han existido repúblicas para todos los gustos y creo que todos conocemos ejemplos de democracias muy liberales que han respetado a pies juntillas los derechos individuales. Si a todo lo que conlleve estado, por muy reducido que este sea, lo llamamos socialismo ¡Adam Smith era socialista! ¡TODOS “semos” socialistas!
Fonseca
Yo creo que el pensar que es preferible defender un sistema monárquico (dentro de lo malo) es contraproducente para la percepción social del movimiento libertario. Parecerá que toda la doctrina liberal solo es una excusa para hacer apología de una forma de gobierno ya superada por el progreso histórico.
Si defendemos eso pasara como a los marxistas que al final lejos de producir una anarquía se quedo en un sistema legitimador del Estado en todos los ámbitos. De la misma forma se identificara el liberalismo (si seguimos ese resbaladizo camino) con la monarquía.
Lo único coherente es denunciar al mismo estado como institución ilegitima y pensar que dentro de lo malo, lo mejor es menos gobierno, independientemente de la forma de dicho gobierno.
Además me parece que en una Monarquía las supuestas propiedades del príncipe son tan ilegitimas y criminales como la “propiedad pública” en una republica. Es más creo que deberíamos hablar de propiedad legitima más que de propiedad privada en nuestros discursos. Defendiendo abusos de este tipo por ser menos malos solo nos desacreditamos ante el gran público, así no se lleva a nadie “a las barricadas”.
En cuanto a la concepción pacticia del poder de la que habla Borja característica de la constitución histórica española (en palabras de Jovellanos), fue un sistema mejor que el feudal que existió en buena parte de Europa y en el que las propiedades se respetaban mucho más, las costumbres limitaban la acción del gobernante y existían instituciones judiciales populares mucho mejores, pero no creo que sea un modelo de sociedad que se pueda proponer en pleno s.XXI
Fonseca, en lo de Smith no vamos a entrar. Quedémonos con la copla principal: prefiero que gobierne el que menos me expropie, simplemente. Esa malsana fe ciega en la democracia (creer lo que dicen de ella en el colegio, en la universidad, en la televisión) se da de bruces con la realidad al constatar que los políticos no compiten, trepan; no sirven, ofrecen espectáculo y discurso; no solucionan, bloquean. Downs y la elección pública lo explican bien: hay un juego competitivo, sí, pero no empresarial tal y como los austriacos lo entienden. Hay una oferta en bloque y un objetivo: el prestigio, el poder y los privilegios económicos y no económicos que se derivan.
Precisamente el hecho de que su cargo sea provisional es lo que los hace ligeros e irresponsables, y me refiero a la inmunidad no penal sino "de eficiencia". Es una orientación extrema al presente -el futuro más lejano es el horizonte de los cuatro años- que no entiende ni de coherencia ni de consecuencias. Añádasele a esto que los gobernantes deciden sobre los bienes públicos -y todos los bienes privados son susceptibles de expropiarse en parte- y queda patente la naturaleza de este sistema. Sí, la Monarquía Constitucional no es la solución, pero al menos no caigamos en la divinización de la democracia (que no diré que es el peor sistema pero tampoco que es el menos malo).
Mucho me temo Berti que tras esta locuaz argumentación se esconde una tendencia de muchos liberales que se esfuerza en justificar posiciones conservadoras. Muchos progres intentan entrelazar las ideas derechistas y conservadoras con las liberales porque muchos liberales están un poco confusos.
Estoy de acuerdo con Bastiat en que la guillotina este de visita cada cuatro años favorece la responsabilidad del jefe de estado, pero tengo que añadir que en una democracia moderna el titulo de jefe de estado(si es que tiene que existir) debería de estar al alcance de cualquier ciudadano. Un estado monárquico es antiliberal por defunción. Buscamos ante todo la libertad del individuo para actuar y decidir sin causar perjuicios a los demás. Una monarquía concede a una familia en concreto un privilegio injustificado, y por dios que esto es una violación de la libre competencia! jeje
Stewie, me gusta ese concepto de propiedad legítima frente a propiedad ilegítima. Aunque sigue existiendo un problema sobre el cómo se legitima y cuánto se legitima pero eso, en realidad, nos llevaría al principio de los tiempos y muchos indígenas, aquellos de los que se pierda la pista de su origen, se considerarían legitimados para adueñarse de no se sabe cuánto de la tierra de sus antiquísimos antepasados.
Y digo tierra porque, al final es el concepto fundamental. Los reyes y las repúblicas se asientan sobre un territorio… ¿Es el rey o el sistema político del Estado que fuere el que legitima la propiedad de la tierra en base a las leyes? ¿Es la conciencia de grupo, la pertenencia al grupo?
¡Cáspita! Es una cuestión interesante.
Berti, hay otra opción distinta : la República Constitucional.
Ver
http://antoniogarciatrevijano.com/
Antonio, ya conocía su propuesta, que es perfecta para ahondar en la democracia, que no es lo que a mi me interesa. Sin embargo, si hubiera tres o cuarto cláusulas liberales la firmaría, aunque me quedaría muy insatisfecha (pero no tengo nada especial en contra del gradualismo); porque puestos a elegir prefiero una democracia con separación de poderes y en la que el Estado no financia ni sindicatos ni partidos, a la partitocracia que sufrimos actualmente, que no se sostiene de tan elitista y fraudulenta, …a pesar de que entonces quede muy lejos el Estado limitado.
Por ejemplo, en el punto XIX se legitima la desobediencia civil cuando el poder se corrompa. Yo añadiría el supuesto de la expropiación, y además no veo por qué la legítima defensa tiene que ser pacífica. Aunque claro, en su sistema una subida de impuestos votada en el Parlamento sería perfectamente legítima… lo que se hace en cierto modo incompatible con la propuesta de legitimar la desobediencia civil cuando haya abuso de poder, ya que una elección democrática no garantiza su control, en la mayoría de los casos más bien lo institucionaliza. Podría haber algún punto que hiciera hincapié en la importancia de la propiedad privada y alguna garantía de que la clase política al menos no presumirá de expropiar y robar como si esto fuera algo bueno.
Tampoco creo en la igualdad de oportunidades, nunca la pondría entre mis principios. Y sí veo legítimo el oportunismo personal y social, siempre que no medie coacción ninguna, pero no el político, porque en ese siempre hay coacción.
Para aumentar el peso de la sociedad civil sólo hay que poner a régimen estricto al Estado. Dejar que surja… si tiene que surgir, y dejar de financiar iglesias y ONG.
El problema con los medios de comunicación son todas las trabas que les ponen para desarrollarse. Bastaría con la privatización total y el fin del monopolio de asignación de licencias.
En cuanto al presidencialismo… tiene que ir acompañado de listas abiertas, pero esto, aunque es una cuestión prácticamente de higiene, no garantiza nada.
Y, por último, si bien se señala la poca democracia de las naciones europeas, no se hace mención alguna a la socialdemocracia extrema de la Unión Europea, que es constructivismo puro y duro y, para colmo, supraestatal, como si no tuviéramos ya bastante con nuestro propio Estado. La Unión Europea, además de suponer una trampa comercial para los que están fuera de su delimitación, se asigna cada vez más monopolios, y estando muy lejos de lo que yo quiero o soporto, también lo está de la democracia que su plataforma desea… por lo que se echa en falta su crítica en su declaración.
Un saludo
Querida Berti,
Antes de nada una aclaración: me llamo Antonio Muñoz Ballesta.
El blog al que hago referencia es el de Antonio GArcía Trevijano y dentro de nada habrá un Diario.
Los principios del Movimiento Ciudadano hacia la República Constitucional se deben, como bien dices, a don Antonio García Trevijano.
Puedes intervenir en su blog libremente. Ánimos.
Yo te diría que las objeciones y críticas que haces son de "democracia material" y no de "democracia formal". Por lo que, en gran medida, no le afectan.
La democracia formal es la forma de organización del poder político para que exista libertad política, es decir, para que los gobernados puedan realmente elegir a sus gobiernos y el poder esté realmente limitado y controlado por la sociedad civil.
En cambio, las medidas concretas de cada gobierno es cosa de la democracia material. Sin democracia formal no hay democracia alguna. El Estado actual es el Estado de partidos y no hay democracia formal ni libertad política. La libertad política es la libertad de todos.
Hans Hermann-Hoppe habla principalmente de la democracia material.
Abrazos
Antonio
Perdona Antonio, he dirigido a ti la crítica porque pensaba que eras García Trevijano :)
La democracia formal es la forma de garantizar una organización política en libertad, para la cual concreta unas normas, a las que se dedica, según he entendido, el manifiesto. La democracia formal es como si dijéramos un paso anterior y necesario a la democracia material: sin estas condiciones la democria está coja. Por eso pienso que las críticas a la democracia genérica que he hecho se mantienen, sin concretar las medidas de los gobiernos, simplemente centrándonos en lo que significa la democracia y para qué sirve. Ese punto es el que critico, sin importar -o precisamente porque las posibilita y las legitima- las medidas concretas de los gobiernos, que son un tema aparte.
En teoría con la democracia formal la sociedad civil puede limitar al poder, pero esto no puede ser cierto en el momento en que la democracia se concreta en un gobierno -y no importa cuál- que se edica a utilizar el dinero de otros. Esta es una actividad que no tiene límite, solamente tiene signo: "conservador", "progresista", "verde"...
Un saludo