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Portada - Comentarios - La primitiva envidia

30/08/2007 - Francisco Moreno

La primitiva envidia

Hace unos meses llegó a mis manos una de esas típicas guías de hacer dinero que pueblan las estanterías de todas las librerías de los EEUU y que apenas se dejan ver en muchas homólogas europeas. Esto no es más que un reflejo de la importancia que otorgan los lectores de ambos continentes a los asuntos prácticos de la vida. Se trata de una guía muy útil sobre los conceptos básicos para tomar o comprender decisiones de inversión.

Las sencillas explicaciones de dicho libro se intercalan con gráficas, tablas de rigor y viñetas con algunos chistes. Una de ellas consistía en dos dibujos básicamente idénticos. En el primero (titulado Capitalismo) se ve a un ricachón llevado en descomunal limusina y observado por un peatón desde la acera acompañado por su pensamiento: "Algún día conseguiré uno de ésos". Le sigue una segunda viñeta (titulada Socialismo) en la que se ve a nuestro mismo peatón observando, mohíno, al ocupante del cochazo pero con este otro pensamiento: "Algún día se lo arrebataré".

Es obvio que en esta última viñeta la envidia ha entrado en juego. Una de las razones por la que pienso que el socialismo sigue gozando de una buena salud (pese al decepcionante balance que nos ofrece la experiencia histórica contrastada) es debido a que la envidia está muy arraigada en nuestras pautas mentales ancestrales y su presencia es tenaz.

Durante las larguísimas etapas de carestía que nuestros antepasados homínidos tuvieron que soportar –nolens volens– hasta que el raciocinio y la aparición de la civilización empezaron a liberarles de las ataduras de las sociedades primitivas, probablemente nuestro cerebro hubo de codificar evolutivamente un mecanismo mental que rechazase, a modo de supervivencia cohesionadora, toda manifestación de abundancia sin ser repartida de inmediato entre los miembros del clan.

Los enormes beneficios que nos proporcionan la moderna división del trabajo y del conocimiento en una sociedad abierta debe llevarnos, contraintuitivamente, al respeto de los derechos de los demás a sus mayores ganancias (cuando así lo permita el mercado en cada entorno y en cada momento). Los colectivistas de todos los partidos, cuando nos hablan de la deseable moral pública del repartir –coactivamente, por supuesto–, no se imaginan lo tribal que es este pensamiento y de cuán lejos viene esa cruzada.

El paradigma actual de la sociología y antropología (muy escorado hacia babor) está basado en un modelo de conducta humano en el que da por hecho que nuestro cerebro es una "tabula rasa" y que todo está relleno de cultura; por tanto, se podría (y debería) educar al ser humano para que tenga las conductas que planifiquen los ingenieros sociales.

Pues bien, las investigaciones de la psicología evolucionista (1,2,3,4) niegan este paradigma: existirían, por el contrario, unos mecanismos innatos de la mente humana adquiridos por evolución que serían genéricos para todos los seres humanos y que nos harían tener comportamientos básicos comunes y previsibles (una especie de meta-cultura) aunque modulados –puesto que no son determinantes– por nuestra cultura, educación y entorno.

Mises acertó al denunciar la envidia como uno de los mayores obstáculos para la existencia de una sociedad libre. Es más, sus razonamientos sobre la importancia de la acumulación del capital para la creación de riqueza, así como del lujo como catalizador de la emulación e innovación, todavía hoy son incomprendidos por muchos. Si viviéramos en una sociedad totalmente despoblada de ricos, es más que seguro que padeceríamos todos serias penurias: la envidia igualitaria y anuladora del mérito habría, sin duda alguna, generalizado la escasez. El buen observador que fue David Hume apuntó en sus ensayos políticos que "la riqueza de los miembros de mi comunidad contribuye a aumentar la mía, cualquiera que sea mi trabajo."

Aquellos poderes públicos que obliguen menos a sus ciudadanos a ser "solidarios" y les dejen más espacio libre para sus mutuos intercambios voluntarios y hagan menos campañas de "sensibilización" pública que incidan en ciertas tendencias atávicas de nuestro cerebro, permitirán el desarrollo de entramados interpersonales mucho más prósperos que aquellos otros coaccionados y adoctrinados desde el poder.

Somos seres civilizados y libres muy a nuestro pesar, a contracorriente de nuestros impulsos ancestrales repetidamente imitados desde mucho antes del Holoceno (era geológica que tuvo, por cierto, su propio cambio climático y que puso el germen de las primeras civilizaciones humanas en nuestro planeta).

 

Opinión de los lectores

María Blanco

Francisco, te vas superando comentario a comentario. ¡Enhorabuena! La envidia como deseo de lo que tiene el otro, indica que no todos tenemos lo mismo, y nos enseña a valorar tanto aquello que tenemos, como de lo que carecemos, induce a la acción. Y luego hay que canalizar esa acción. Desde luego, con un estado redistribuidor no hay más que adherirse al partido ganador y poner la mano, como vemos que pasa después de las elecciones... Me ha encantado tu artículo.

Bastiat

Excelente artículo, Francisco. Refleja mucho de lo que yo pienso y, ahondando en ello me viene a la cabeza lo del “Español y los Siete Pecados Capitales”, de Fernando Díaz Plaja, no por lo del español, sino por lo de los pecados.

Todo ello se enmarca dentro de lo que podemos llamar la moral. Por un lado está la ética, a la que yo quitaría del excelente trabajo de Capella el adjetivo de liberal, no creo que pueda haber otra ética, sobre todo si es racional, y por otro lado está la acción. La Acción Humana.

La acción humana es la forma en la que el hombre se relaciona con el entorno y los demás seres humanos. La naturaleza humana, surgida y modelada por la evolución, ha interiorizado en comportamientos que podríamos llamar genéticos actitudes que le son buenos para la supervivencia, no como especie sino como individuo, la especie es la suma de muchos individuos.

Y es esa individualidad la que actúa con esos parámetros conformados a través de los milenios. En ello están determinados comportamientos “naturales” de los que la envidia es uno de ellos pero igualmente lo son, por seguir con la idea del libro, la lujuria, la gula, la codicia, la ira, la soberbia y la pereza. No sé si son todos los que deberían ser si analizamos el comportamiento humano desde un punto de vista moral pero lo que no me cabe duda es que tal clasificación lo que trata de reflejar son actitudes, aunque naturales, que son negativas para las relaciones humanas. Dicha clasificación es igualmente el resultado evolutivo de la sociedad en el momento en el que las sociedades se estaban empezando a generar saliendo de la oscuridad pre religiosa y que en la desafección por la religión estamos olvidando.

El comportamiento humano no está orientado por la religión, sólo está explicado por ella, de manera mas correcta o no, dependiendo de la propia religión y sus preceptos y coordenadas de desarrollo, pero, en el caso que cuento, si creo que están profundamente destiladas de la observación de dicho comportamiento y de los “defectos” que pueden afectar a dichas relaciones.

De hecho, de tu artículo y del de Juan José, también muy bueno, me interesan más esos aspectos morales, más que los puramente económicos o sociopolíticos, puesto que el resultado moral de la acción, en tanto en cuanto dichos comportamientos, la envidia y el proteccionismo (no como pecado capital ¿o sí?), tienen como consecuencia un atentado a la ética.

De ahí, que la moral sea el camino para reconducir la acción en pos de preservar en las relaciones humanas una correcta preservación de la ética.

Un Saludo.

Fco. Moreno

No sabes, María, lo que he aprendido (y sigo aprendiendo) desde que descubrí esta página liberal y otras similares. Gracias por tu comentario. Efectivamente la envidia es uno de los acicates (entre otros) que nos induce a actuar y debe ser convenientemente canalizada (mejor aún, auto-canalizada) y con ello nos topamos inevitablemente con el planteamiento que nos hace Bastiat.

Comparto, Bastiat, tu interés sobre la moral y su necesario reflejo en actitudes éticas. Creo que una sociedad cuyos individuos no tengan arraigadas –o interiorizadas- ciertas pautas de conducta moral, no necesariamente homogéneas, pero, al menos, adecuadas (en cuanto que puedan ser universalizadas por su adecuación a la naturaleza humana y, por tanto, ser reflejo ético) dará como resultado permanentes conflictos entre sus miembros (por muchas leyes o constituciones “perfectas” que puedan darse a sí mismos).

Reconozco que la moral (como institución) es generalmente colectiva, grupal, poco racional y, por tanto, cálida, pero llena de peligros para un liberal (hay tantas morales que no tengo más remedio que planteármela como lo hacían los griegos con respecto a las religiones después de sus viajes por mar: si son tan diversas sus manifestaciones ¿no será acaso que ninguna sea la verdadera?). Por ello es necesario contar con una ética mucho más fría (helada diría) pero que nos sirve de guía eficacísima para, al menos, no dañar o no invadir los derechos de los terceros y procurar, así, en la medida de lo posible, el bienestar, la paz y la cooperación social (y, por tanto, hacer evolutivamente estable a los individuos que conforman sus acciones a dicha ética; independientemente de que las conformen también a su moral particular –y de grupo- si no contradicen descaradamente esa guía de mínimos que he denominado ética y que tan pocas pasiones levanta, pero que es fundamental para nuestra supervivencia).

Dices también, Bastiat, que “el comportamiento humano no está orientado por la religión, sólo está explicado por ella…” menuda frase, me has hecho pensar… (creo que llevas razón).

Antonio

Muy bien Francisco. La izquierda, que se ha quedado sin clases a las que colgar su sambenito igualitarista, también está abrevando en la PE. La solidaridad/cooperación vs egoismo/competencia, vamos progreso vs liberalismo, es la consigna. Es que son incapaces de conceder al ser humano su complejidad ... Por ejemplo Gintis y compañía afirman que la gente apoya, defiende, el moderno estado de bienestar porque su fundamento, ese altruisimo solidario, esta muy arraigado en el ser humano … vamos que en el no va más de la solidaridad viene a afirman que el estado del bienestar es el más claro exponente de la redistribución voluntaria de ingresos entre extraños (perdón por la traducción). Voluntario, je.
Por cierto, gracias por la cita. Dos más a propósito del tema.
También encuentro muy sugerente lo que comenta Bastiat sobre la religión. A ver si Alberto y Paco se dejan caer.

Bastiat

El peligro para toda persona no es la existencia de una moral, de cualquier moral. El peligro es que dicha moral use la coacción para imponerse.

La religión, como generador de moral, tiene su principal talón de Aquiles en la legitimación que supone a esa su propia moral. Ofender la moral es ofender a Dios, de tal manera que se peca y debes ser castigado. Una cosa es el arrepentimiento ante Dios mediante la confesión y otra muy distinta el ser sometido al Juicio de Dios por un inquisidor cualquiera.

Por otro lado, dicha generación es el resultado de observar determinados comportamientos en un determinado entorno físico y social, y usando dicha legitimación “divina” trata de ordenar el comportamiento. Eso no descalifica la moral ni la santifica. Sólo su aplicación demuestra su eficacia para la convivencia y, mediante la razón y la observación vemos que en el momento en el que la moral desafía a la ética, dicha moral deja de tener validez para convertirse en una rémora, sobre todo si se impone por la fuerza.

Por tanto, la ética es el resultado de la fría razón, la moral es el resultado cálido de la razón aplicado a la acción humana y su estudio tiene como objetivo el adecuarla lo más posible a los principios de la ética.

Fco. Moreno

Bastiat, es cierto, lo peligroso es si se intenta imponer coactivamente una moral (la que sea). Era necesario ese matiz, gracias. Por lo demás su existencia –siempre que no contradiga los principios de la ética- es muy saludable (i.e. moral del esfuerzo y de la propia responsabilidad para que no acabemos todos apostando a caballo (medio político) ganador y “extendiendo la mano tras las elecciones” como decía gráficamente María en su post).

Antonio, qué bueno que has incluido los enlaces a tus dos reflexiones, que ahondan más en estos temas. ¡Qué interesantes! ¿cómo el de “Intuiciones” se me pudo pasar desapercibido en su día? Es un gran comentario.

Alberto Dietz

Si el ricachón del primer ejemplo ha justamente adquirido sus propiedades, merece elogios, nunca envidia.

Tampoco hay que envidiarlo si las adquirió injustamente, -léase desde expropiaciones forzosas hasta la actual fase en derivativos- pues la respuesta apropiada nos la dió Juan de Mariana hace cuatro siglos, luego Jefferson y hoy Ron Paul.

Mirko

Lo que dices tiene mucho que ver con las Estrategias Evolutivamente Estables de las que habla Richard Dawkins en El Gen Egoísta.
http://brenes.blogspot.com/2005/09/del-bien-el-mal-y-las-eee.html

canovas

Es cierto lo que dice usted. Pienso que aquí en España (me consta después de estudiar la carrera en USA) hay demasiada envidia generalizada. Pero lo peor de todo no es eso, ya que no debemos intentar cambiar a las personas, sino que el socialismo económico ha colado en la mente "colectiva" de este país. Es mas, estoy convencido de que la gente "respeta" mas a un falangista ó fascista que a un liberal. Hemos perdido el norte y no soy optimista porque cuando se habla con la gente, izquierda o derecha, todos coinciden en el socialismo económico. Yo ya me he cansado de escribir sobre el tema.

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