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11/09/2007 - Gorka Echevarría

Pisos para todos

Al grito de "pisos gratis", la Junta de Andalucía ofrece llevar a la práctica el derecho a la vivienda ya presente en la Constitución Española. Específicamente, el anteproyecto andaluz pretende garantizar que las familias no dediquen más que un tercio del salario a la compra de una casa (o un cuarto, en el caso de alquiler de la misma).

Según publica Libertad Digital, "los andaluces que podrían beneficiarse de este derecho son todos aquellos cuyas rentas mensuales no superen los 3.100 Euros". El Gobierno de Zapatero parece estar de acuerdo con esta medida, hasta el punto de que la ministra de Vivienda, Carme Chacón ha animado a otras Comunidades a que sigan el ejemplo de Andalucía, autonomía ejemplar, sin duda.

La medida aplicaría a más de 46.500 andaluces y generaría un efecto llamada, lo que inevitablemente supondría que el Señor Chaves tendría que subir los impuestos autonómicos o reclamar más dinero al Estado.

Probablemente lo que acabe sucediendo es que Chaves se vea obligado a limitar la aplicación de la medida, mientras que el precio de la vivienda, en lugar de bajar, seguirá subiendo, ya que los vendedores contarán con que, gracias a la ayuda de la Junta, los potenciales compradores pueden pagar más por los pisos. Así que los andaluces no se podrán relajar sino que tendrán que seguir trabajando más y más para pagarse el piso.

En lugar de prometer aligerarnos la carga que soportamos como ciudadanos, lo que los Gobiernos autonómicos podrían hacer es liberalizar el suelo inmediatamente, dejar de limitar alturas, como ha propuesto Esperanza y, cómo no, revisar el tipo del impuesto sobre construcciones, instalaciones y obras (ICIO) para reducir el coste que tienen que soportar las constructoras. De esta forma, se reducirían notablemente los costes de la vivienda, lo que se trasladaría a los precios. Evidentemente, mientras los Ayuntamientos sean los que decidan si se puede o no construir estaremos ante un problema irresoluble.

Al margen del efecto económico perverso y el deseo de captar votos de los socialistas, la cuestión tiene una enorme importancia en el plano moral. Con este tipo de promesas, se incentiva que la gente actúe de forma menos responsable porque el Estado siempre estará cuidando de nosotros. Si bien es cierto que comprar un piso es casi un lujo, esto no es óbice para decir que el Estado tiene necesariamente que inmiscuirse en los asuntos de cada uno. Está claro que si recibo un subsidio mi situación mejorará pero a costa de otros, aunque esos otros no percibirán un coste directo ya que los costes del Estado se reparten entre todos. Pero a la larga, el intervencionismo se paga porque a más Estado, menos individualismo y a menos individualismo, menos creatividad y prosperidad para todos, es decir, que acabamos dependiendo más del Gobierno de turno y menos de nuestro esfuerzo y de la solidaridad natural de nuestros familiares y amigos y de la sociedad, en general. Al fin y al cabo, ¿si el Estado se ocupa de todo, para qué necesitamos hacer un esfuerzo o pedir a nuestros semejantes que nos ayuden?

Cualquier "derecho a", como el que ha planteado Chaves en materia de vivienda, derecho que, como hemos dicho, reconoce nuestra Constitución socialista de 1978, supone en último término que se legitime el latrocinio fiscal, porque para dar a unos hay que quitar a otros y la mejor forma de redistribuir la renta son los impuestos. Por cada euro que el Estado le prometa, antes ha tenido que quitar varios a todos los ciudadanos, incluyéndole a usted. La diferencia es el coste (enorme) en que tiene que incurrir para procurarle ese euro.

Mientras tengamos una Carta Magna que reconozca estos derechos, no hay que ser muy listo para llegar a la conclusión de que la propiedad y la libertad de actuar estarán en peligro, porque actuar tendrá costes y, para mantener la propiedad, habrá que ceder una parte de la misma como peaje. Como siempre, habrá muchos que estén dispuestos a que otros tengan que renunciar a sus derechos para procurarse bienestar material, aunque no se percaten de que apostar por el intervencionismo es pedir a gritos, no un piso, sino un futuro más negro para todos.

 

Opinión de los lectores

Andrés

Queda además una de las mayores asignaturas pendientes en España. La reforma de la ley de arrendamientos. No puede ser que tengamos una ley que desprotege absolutamente a los propietarios y que fomenta que haya millones de pisos vacios (un absoluto sinsentido desde el punto de vista económico) sin que se quieran alquilar debido a la inseguridad que genera la legislación actual.

GORKA

Gracias Andrés. Estoy de acuerdo con tu punto de vista pero ¿cómo crees que esa mejora necesaria afectaría al precio de la vivienda?
Un saludo. Gorka

Angel

Muy buen artículo.
Lo que también me parece lamentable es que la oposición, autoproclamándose liberales en algunos momentos, critica estas medidas por electoralistas, pero no por las medidas mismas. Así que, no dudo en que ellos harían lo mismo.
El gran problema es que la mayoría no se da cuenta de lo que comenta en su artículo. Como dice Mark Skousen en Persuasion vs. Force: "we shall never change out political leaders until we change the people who elect them"
Un saludo

Miguel Moreno Ibáñez

Nadie nace con derecho a poseer una vivienda... ni un coche, ni una lavadora, ni un frigorífico, ni una bicicleta, ni un libro, ni un ordenador, ni una radio, ni un televisor... Cosas todas ellas prácticamente imprescindibles en nuestra vida ordinaria. Se tiene derecho a que nadie te impida trabajar para conseguir todo eso. Pero nada más.

Mucha gente vivió, vive y vivirá en pisos de alquiler y no pasa absolutamente nada. Cada cual, con su propiedad hace lo que puede o quiere. Nada más. Pero el Estado no puede despilfarrar recursos para garantizar a quien sí (prácticamente todo el mundo) puede pagarse un piso a lo largo de su vida.

La demagogia es un gran problema de las democracias actuales. Finiquitados determinados problemas totalitarios, la engañufla del reparto de bienes y servicios estatatales se perfila como el cáncer del siglo XXI.

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