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Portada - Comentarios - Reformas educativas que hunden la educación

18/09/2007 - Berta García Faet

Reformas educativas que hunden la educación

El derecho a la educación es un derecho fundamental (como el derecho al cine, a la gastronomía mejicana o a Cervantes). Sin embargo, existe un vicio público –fuente de casi todos los problemas– que tergiversa el sentido de "fundamental" (¿fundamental para quién?) y según el cual se considera que el derecho de uno implica necesariamente la obligación del prójimo, no sólo de no impedir la materialización de ese derecho, sino de impulsarla y sufragarla. De este modo queda interiorizada demasiado bien la convicción rabiosamente progresista de que la educación debe pagarse con los impuestos y, además, ser igual para todos. Y el Estado es el que se encarga de recaudar, distribuir, diseñar y monopolizar el reparto de "carnets de conocimiento": los títulos educativos.

¿Pero qué sucede cuando se administra públicamente la educación? Lejos de garantizar la igualdad de oportunidades, que tampoco es especialmente deseable, sucede que a golpe de decreto se impone una determinada pedagogía, una determinada simetría o asimetría entre derechos y deberes de alumnos, profesores y padres, una determinada gama de asignaturas y una determinada forma de distribuir el tiempo y los recursos: mejores o peores, lo relevante es que se imponen. ¿Dónde queda la libertad de elección? Los políticos diseñan un catálogo de apenas dos o tres páginas y quieren que nos creamos el cuento de que podemos elegir. Y esta es la historia de la dirigista educación europea, la de las rígidas homologaciones. La española no es ninguna excepción; veamos su evolución a partir de la democracia.

En los ochenta se hizo patente la necesidad de una reforma a fondo y la respuesta fue la LOGSE, que sustituyó a la Ley General de Educación de 1970 de Villar Palasí. Hoy muchos docentes recuerdan esa ley como la que les hizo imposible ejercer dignamente su profesión, una ley que les abocó a su particular Nunca Más: nunca más votar socialista, porque la izquierda se había permitido creerse su fama de madre de buenos pedagogos; pero en realidad, y entonces se vio, éstos disertaban y dictaban sobre enseñanza sin pisar el terreno de juego. Sólo bajo esta consideración se entienden algunas de sus nefastas medidas: la evaluación continua y la promoción automática de curso; el aumento de la edad obligatoria de escolarización a los 16 años; la gran autonomía a las comunidades autónomas para redactar las materias (de ahí que mi generación en toda la Primaria no cursara más Geografía que la de la Comunidad Valenciana); la sistematización posterior, en la LOPEG de 1995, de la potestad de los consejos escolares para elegir a los directores, en detrimento del claustro de profesores; el brindis por la calidad restando horas y protagonismo a las materias instrumentales.

No hubo cortapisa mayor a la vocación de enseñar que la LOGSE, y no es de extrañar que las bajas por depresión se dispararan entre el personal docente, agostado de pura impotencia, y sin más instrumento que la espera: la espera a que las fierecillas se dignaran a volver al cubil. Y es que se había pasado sin transición de la plúmbea disciplina franquista del profesor que se ponía a leer el periódico en clase fumando un puro al engendro progre-democrático en que los alumnos campaban a sus anchas encima de los pupitres.

Años después, en 2002, vino la LOCE que, aunque no llegara a aplicarse, no suponía en ningún caso la sedicente salvación. Los liberales siempre hemos estado huérfanos de políticos afines, pero especialmente en lo que atañe a las políticas de educación, y la LOCE es el ejemplo de esta orfandad. Porque cabría pensar que el PP plantó cara al desastre de la LOGSE socialista con su reforma, pero no: cierto que se ingeniaba la Reválida a final de Bachillerato, que habría de acompañar a la Prueba de Selectividad (lo cual se interpretó como una vuelta a la cultura del esfuerzo), y cierto que se pretendía dotar de más autonomía a los profesores, devolviéndoles su prestigio y su protagonismo. Pero no es menos cierto que, desde un punto de vista liberal, era una reforma que no ampliaba sustancialmente la oferta educativa. Algunos liberales opinan que fue una justa reacción a los excesos socialistas que empezaban ya a inclinarse amorosamente hacia el nacionalismo; otros liberales, entre los que me incluyo, no perdonan a la LOCE que incluyera en el elenco de materias obligatorias y evaluables a la asignatura de Religión, casi con la misma cara dura con la que hoy nos encasquetan la Educación para la Ciudadanía.

Actualmente se nos avecinan dos mortíferas bombas de la mano: la LOE y la culminación de la "Construcción del Espacio Europeo de Educación Superior" (Proceso de Bolonia en particular), que ya se perfilaba con la Ley de Universidades en 2001. El proyecto del EEES es especialmente innecesario: ¿por qué no se le confía al mercado la homologación de los títulos universitarios? El "crédito europeo" no es más que una unidad de medida que el mercado libre proporcionaría más en consonancia con la demanda real. Lo mismo cabe argüir respecto a la formación de tres años por decreto y a la nueva manera de enseñar, que es obligatoria: los que sufrimos haber sido incluidos en los "grupos de innovación", sabemos a qué se refieren: más caradura, más trabajos en equipo, más calificaciones en bloque y adiós a las clases magistrales. Para mayor escarnio, cuentan como créditos cursados (que también se pagan) las horas que el alumno supuestamente pasa estudiando en casa...

En cuanto a la LOE, tiene el mismo espíritu socialista que la LOGSE, sólo que además adoctrina al alumnado en los fundamentos de la "alterglobalización" y la pereza. No sería mucho peor que sortear los títulos de la ESO en la tómbola: ¿alguien es capaz, aparte de una ministra electoralista, de verle las virtudes a una ley que permite pasar de curso con cuatro asignaturas?

Pero por supuesto, no toda la culpa la tienen las leyes. La Sociología contemporánea está en condiciones de afirmar que ha habido cambios cualitativos cardinales en los senos de las familias; algunos positivos –flexibilidad y, en general, libre elección de los itinerarios ofertados– y otros negativos –la flexibilidad que se convierte en renuncia o sobreprotección–. La familia, si no dimite como agente educador, se empeña en contradecir los valores de esfuerzo mimando excesivamente al niño y catequizándolo en el despotismo y la dependencia.

Por ello los liberales no sostenemos que la privatización de la educación sea una solución infalible al absentismo escolar, a la crisis de valores o al penoso nivel cultural del alumnado per se, sino que el desbloqueo es una condición sine qua non para la diversidad, permitiendo a los padres que elijan el nivel de disciplina, calidad y sesgo –cosmológico, religioso, moral y también ideológico– que deseen para la formación de sus hijos. Habrá más variedad en la oferta educativa pero, como en todo mercado liberalizado, florecerá la moda, el estilo pedagógico (Escuela Nueva, Pedagogía autogestionaria, tradicional, personalista, operatoria, etc.) preferido por la mayoría de los padres. Presumiblemente triunfarán aquellos centros que preparen mejor al alumnado para el mercado laboral, que ofrezcan una formación en valores sólida y que oferten un catálogo de asignaturas más bien clásico: guarismos y letras, sin más progresías. Que es justamente el tipo de educación que ahora está en plena decadencia.

¿Cómo enseñar justicia en un sistema socialdemócrata que se asienta en las prédicas de Robin Hood? ¿Cómo incrementar el conocimiento y excitar la creatividad en un sistema que traza itinerarios obligatorios con techos muy bajos? ¿Cómo conservar los clásicos en el constante vaivén partidista? No hay más opción que la liberalización para los que de verdad quieran sepultar esta educación basura. Y para que no haya que llevar a rastras, pagándoles aún encima el viaje, a aquellos que se regocijan rebozándose en ella.

 

Opinión de los lectores

Iván Moreno

Buen post.

Sólo dos detalles:

1.- Comparar la asignatura de religión con la de EpC es del todo inaceptable. La primera se trata de una asignatura con un fondo objetivo (estudio de las religiones, doctrina, cultura, liturgia, etc), donde no se evalúa la fe, y cuyo contenido es fundamental para entender el mundo actual. No difiere en nada del estudio de historia (en esta incluso no se permite elegir entre historia de España y la universal) y mucho menos de la filosofía. La segunda tiene un marcado corte moral (y por lo tanto inconstitucional por obligatoria)... hacer buenos ciudadanos (objetivo completamente ajeno a la asignatura de religión). Supongo que bajo esta premisa, no serán más valorables los conocimientos que las actitudes, o al menos ambos serán tenidos en cuenta.

La diferencia es tan enorme, que me sorprende que las compares.

Eso sí, es claro y comparto contigo que todo se solucionaba con un sistema privado de educación.

2.- El sistema socialdemócrata más que asentarse en las prédicas de Robin Hood, se asienta en las del Principe Juan. Es una pena que de Robin Hood haya trascendido lo de "robar a los ricos para dárselo a los pobres", cuando Robin lo que realmente era es un "ladrón de ladrones", y no de ricos. Yo creo que se puede hacer pedagogía a través de Robin Hood... eso sí, siempre que se luche y no se les dé directamente un arma más de propaganda.

Un saludo

Andrés

Hola. Muy buen artículo y cargado de buenas intenciones. De todas maneras no hay nada que hacer. En España - sin excepciones, de hecho, aquí en Catalunya es peor - nos encanta el "café para todos". Todos igualados, pero por abajo. No queremos élites, no queremos gente que destaque, mejor tener generaciones de borregos buenistas que jóvenes hambrientos de prosperar, de innovar, de crear y consolidar empresas. Pero no nos preocupemos, Papá Estado nos hará a todos funcionarios, y eso sí, nuestra cultura socialdemócrata es inifinitamente superior al capitalismo liberal. Nuestro lema es: empresarios no, funcionarios (con todo el respeto a los funcionarios eficientes) y artistas sanguijuelas sí. Los pilares de nuestra educación.

Daniel Rodríguez Herrera

Efectivamente, estoy con Iván en que la asignatura que se proponía obligatoria no era "Religión", la asignatura confesional, ya sea católica, protestante, judía o musulmana, sino "Religión" o su alternativa "Historia de las religiones", que me parece básica a la hora de poseer cierta cultura, tanto a la hora de comprender la historia en general como la cultura y las artes.

De hecho, me parece que es esa asignatura la que debería estar en el temario, como obligatoria, y cargarse de una vez la de "Religión". Aunque, claro está, estoy con Berti en que lo que habría que cargarse es la obligación del temario común.

agolmar

Muchas veces me he preguntado si no sería bueno descentralizar la educación para que dependiera de las administraciones locales. De esa forma las decisiones sobre la financiación estatal, la subvención, la lengua vehicular etc.. la tomarían los ciudadanos mediante su voto, que en este caso sí que importaría. Si en algún sitio quieren privatizar y en otro deciden intervenir más, allá ellos, con su dinero lo pagan y las consecuencias las pagan los que legitiman ciertas decisiones con su voto. Pero como bien dices, es muy difícil -casi imposible- que el PP, que en estos asuntos tiene algo de sentido común, renuncie a que sus consejerías de Educación tengan menos dinero y que sean los vecinos quienen decidan lo que quieren gastar y cómo.

Berti

Gracias por la aclaración de Robin Hood. Es verdad que en la Wikipedia dice que devolvía a las víctimas la riqueza arrebatada ilegítimamente por el rey. Visto así sería una especie de justiciero que se toma muy a pecho lo de nada humano me es ajeno...

En mi opinión es la misma imposición se trate de Educación para la Ciudadanía o de Religión o de Historia de las Religiones. En ésta última, habría que ver realmente qué se dedicarían a enseñar; salvando las distancias, porque evidentemente el propósito del programa no es el mismo, en mi asignatura de Religión Católica se daban el resto de religiones -incluyendo la New Age- y la "refutación" desde el catolicismo (también se hacían refutaciones muy interesantes a Feuerbach, Nietzsche, etc.) De hecho la calificación se hacía respecto al trabajo de "investigación" sobre otra religión distinta a la propia. Con esto quiero decir que ya es suficiente imposición el catálogo de asignaturas "obligatorias", que suelen ser clásicas y desde luego menos propicias (excepto Historia) a la hora de impregnarlas de una moral, como para que encima el Estado meta sus narices a la hora de diseñar materias mucho más sensibles al adoctrinamiento. No es aceptable que se imponga obligatoriamente desde los órganos gubernamentales ningún tipo de materia, pero lo razonable es desconfiar todavía más de aquellas materias que o bien no son ciencias o bien son ciencias sociales. Si se liberaliraza el mercado de la educación no creo que fuera a estallar una gran multiplicidad a la hora de impartir Física y Química o Matemáticas, pero sí en asignaturas como Historia, Filosofía, Historia de la Religión o Religión confesional.

El tema de los contenidos mínimos es muy interesante. El caso es que la LOE no modifica el mínimo porcentual de horarios de "contenidos mínimos", que se mantiene igual desde la LOGSE pasando por la LOE (que habla de "enseñanzas comunes", denominación que pretende diferenciarse del gusto socialista por las particularidades autonómicas). ¿Esto es positivo o negativo? Parece razonable que en un mismo país se enseñe más o menos lo mismo, pero no lo es que tenga que organizarlo y homologarlo el Estado, como si el mercado no pudiera hacerlo mucho mejor, si es que hay que hacerlo, porque "razonable" puede parecérmelo sólo a mí. ¿Es aceptable que el Gobierno central dicte el catálogo y el contenido mínimo de las asignaturas, habiendo tanta "diversidad" en España? No, pero tampoco es aceptable que esa competencia pase a las Comunidades Autónomas, porque hablar de "diversidad" refiriéndonos sólo a las particularidades autonómicas no es hilar muy fino: la diversidad afecta también a la variedad de modelos morales, religiosos, ideológicos, pedagógicos, económicos... Sólo un mercado libre puede satisfacer todas esas demandas tan específicas, que no tienen por qué tener relación alguna con la Comunidad Autónoma (una de las grandes equivocaciones de la LOGSE).

Un saludo a todos

Berti

Antonio, un pueblo puede compartir una misma cultura (o no, ya que ahora empiezan a cobrar protagonismo los inmigrantes, que están en su derecho de querer educar a sus hijos según sus tradiciones), pero dudosamente las mismas preferencias religiosas, morales y pedagógicas. En un mismo barrio conviven votantes de IU, PP, PSOE; musulmanes, católicos, agnósticos... Las diferencias pueden parecer mínimas, pero en realidad son cosmológicas, y no hay más que comparar el estilo de un colegio del Opus Dei

(http://www.gaztelueta.com/)

con uno simplemente católico

(http://www.fundaciondomus.org/)

y con uno de Escuela Nueva

(http://www.colegioescuelanueva.edu.do/)

Radix

“No es aceptable que se imponga obligatoriamente desde los órganos gubernamentales ningún tipo de materia, pero lo razonable es desconfiar todavía más de aquellas materias que o bien no son ciencias o bien son ciencias sociales”, ni más ni menos, ni menos ni más. Entiendo que la mayoría de la población está demasiado despegada de su responsabilidad de educar a sus hijos como para plantearse siquiera la pregunta de si un funcionario es más adecuado para esta tarea que ellos mismos (o que otra persona en quien un padre delegue voluntariamente esa responsabilidad). Forma parte de la doctrina estatal el que no nos cuestionemos si quiera que ¡la educación e instrucción de nuestros hijos pertenece al Estado, y no a los padres!

El Estado adoctrina a nuestros hijos en una cantidad de cosas con las que no estoy de acuerdo que el intento de listarlas aquí sería impracticable. Es evidente que en esta cuestión todos los políticos están absolutamente de acuerdo, y es ésta una de las más poderosas razones por las que se parten la cara aún con más fiereza por el poder: porque desde el poder pueden inyectar su ideología a aquellos más vulnerables y que, a la vez, significan su conservación y su vida futuras: los jóvenes. Los procesos de vasquización y la catalanización de los colegios son ejemplos fáciles.

Y hay que decirlo de forma radical, clara y abierta: ¡NO AL ADOCTRINAMIENTO! ¡LIBERALIZACIÓN DE LA EDUCACIÓN YA! Pongamos fin a los debates estériles y a los subterfugios, hoy es Educación para la Ciudadanía, ayer fue Religión y mañana será el diseño inteligente. ¡No permitamos que los burócratas escriban las más importantes páginas de la mente de nuestros hijos!

Iván Moreno

Berti, completamente de acuerdo con tu respuesta...

Eso sí, aceptame un matiz para terminar de unir posturas...

Entiendo que tu afirmación no era tanto comparar la obligatoriedad de la religión con la de la educación para la ciudadanía en cuanto a su nivel de validez, sino en términos absolutos. Ninguna debería ser impuesta, al igual que dentro de tu crítica entrarían la historia y la filosofía de la misma foma...

Pero creo que es claro que la religión , la historia y la filosofía son objetivas en su finalidad (en principio sólo deberían dar datos objetivos, aunque bien es cierto que solo la elección de los mismos ya aporta un sesgo) , mientras que la EpC tiene ya un claro objetivo moralizador (si no, no sería "para" la ciudadanía sino "en" o "sobre"). Buenos estaríamos si nos educaran "para" la religión.

Un saludo.

Gonzalo Peña Fernández

Podré estar equivocado, pero...

¿Hay alguna posibilidad de quitar el lastre de los políticos de la educación?


Mi teoría es libertad de enseñanza y elección.

Que cada colegio se responsabilice de su producto ( la calidad del alumno), las asignaturas que imparte, metodología,lengua, etc.

¿Es esto posible? ¿Deseable?

¿Cuál es el camino para arrebatar la educación de las manos de políticos?

¿Hay algún movimiento ciudadano, asociación..?

Me temo que llegarán las elecciones, los pactos post electorales y los chavales acabarán pagando el precio político.

Berti

Iván, estamos de acuerdo. El contenido de la EpC es especialmente adoctrinador, y dudo que haya ninguna asignatura en la democracia que haya sido tan marcadamente ideológica. Es una pieza que responde perfectamente a los puzzles de las lavadoras de cerebro del siglo XX.

Gonzalo, es deseable y posible. Primero la privatización, y luego lo demás vendrá de forma lógica. No sería coherente mantener las homologaciones obligatorias. Ahora mismo el espíritu es el contrario, el de honra y ovación al monopolio estatal de la educación. Ignoro si existe alguna organización que se dedique a defender el libre mercado educativo; por ahora no se protesta porque se imponga siempre el contenido, sino porque se impone hoy cierto contenido. Lo cual dice mucho -dice demasiado- del modo en que se toman los españoles la educación de sus hijos. Con demasiada ligereza y con un excesivo sentido progre-democrático-colectivista: siempre empeñados todos en rascar y encontrar una moral y un estilo educativo común a todos los españoles. Y en breve, común a todos los europeos. Luego, claro, el capitalismo salvaje es homogeneizador.

agolmar

That's my point. Esas diferencias conducirían probablemente a que hubiera diversidad en la oferta educativa, cooperación entre poblaciones distantes pero similares etc.. El caso de la ciudad de Londres es muy interesante a este respecto.

Gonzalo Peña Fernández

Asociacion por la libertad en la educación

http://www.chequeescolar.org

Un hilo que anticipa las dificultades

http://www.todopolitica.com/BB/viewtopic.php?t=12655&postdays=0&postorder=asc&start=0

En el hilo inserté tu artículo, no muy bien recibido por algunos, por cierto

Un saludo


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