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Portada - Comentarios - ¿En qué quedó aquello del agujero en la capa de ozono?

21/09/2007 - Daniel Rodríguez Herrera

¿En qué quedó aquello del agujero en la capa de ozono?

En esta época de fieros debates sobre el calentamiento global, sus consecuencias y el protocolo de Kyoto como posible tabla de salvación, no está de más echar la vista atrás a otro problema ecológico cuya solución necesitó de un acuerdo entre todos los países del mundo. El pasado 16 de septiembre se cumplieron 20 años del protocolo de Montreal, en el que 40 naciones acordaron una reducción en el uso de los CFC para evitar que la capa de ozono adelgazara. Se fueron sumando más países y para 2010 todos habrán dejado de producirlos y consumirlos. El temor que causó esa reacción fue que ese fenómeno permitiera la llegada a la superficie de rayos ultravioleta B (UVB), radiación absorbida por el ozono, lo que produciría un aumento en los casos de cáncer de piel, además de daños diversos a multitud de especies.

La raíz, la aprobación y los resultados de esta medida presentan unos notables paralelos con el caso del calentamiento global. Una teoría presentada como un hecho cierto e indiscutible, apoyada por el consenso científico. Unos cuantos escépticos apuntando a la variabilidad natural, y no a la acción del hombre, como origen del problema. Una campaña mediática que provoca que los políticos se apunten al principio de precaución y prohíban el uso de unos compuestos químicos que no se sabe a ciencia cierta si son dañinos o no, con un impacto mayor en los países pobres, que tienen menos recursos disponibles para acceder a las alternativas, más caras.

El caso es que desde que se prohibieran los CFC, la histeria mundial pasó a centrarse en el calentamiento global y el dióxido de carbono, dejando el ozono en un segundo plano. Sin embargo, la teoría decía que parte de los compuestos químicos que ya estaban en la atmósfera tardarían entre 75 y 100 años en desaparecer, de modo que tendríamos que sufrir las consecuencias del daño que ya habíamos hecho; el protocolo de Montreal era una solución a largo plazo, porque a corto no teníamos ninguna. Sin embargo, el ozono hace mucho que dejó de desaparecer en la Antártida, que es el único lugar donde se tenía constancia que lo estuviera haciendo.

El caso es que el famoso agujero en la capa de ozono no era en realidad tal: se trataba de un adelgazamiento, no de una desaparición de este gas, y se limitaba a un periodo de tiempo corto; en el comienzo de la primavera en el hemisferio sur (septiembre-octubre), la concentración de ozono descendía para luego volver a la situación normal. Y aunque es cierto que el problema se incrementó durante los años 80 hasta el 87, también lo es que desde entonces se ha mantenido más o menos estable, pese a que la concentración de CFC en la atmósfera no empezó a disminuir hasta finales de los 90, como reconoció la Organización Meteorológica Mundial (WMO), habiendo crecido hasta entonces.

La propia Greenpeace lo reconoce implícitamente cuando, para indicar la gravedad del problema, pone cuatro imágenes de satélite correspondientes a 1980, 1983, 1986 y... ¡1998! Lo que quieren hacernos creer es que el "agujero" ha seguido aumentando, año tras año, incansablemente. Sin embargo, las cifras son claras. De 1982 a 2006 el tamaño del mismo, en millones de kilómetros cuadrados, según la NASA, ha seguido esta serie: 4, 8, 10, 14, 11, 19 (aquí se aprobó el protocolo de Montreal), 10, 18, 19, 18, 22, 23, 22, 22, 22, 21, 26, 23, 24, 25, 12, 25, 19, 24, 26. Como se ve, después de aumentar notablemente durante los años 80 parece que la cosa se ha estancado desde entonces.

Pero el problema es mayor aún. Debemos recordar que el riesgo del que se nos alertó no se refería a la disminución de ozono, sino a que eso dejaría entrar más rayos UVB, lo que afectaría a la vida marina y produciría un aumento en el número de casos de cáncer de piel. Pero la propia WMO reconoció que la variación en la llegada de esos rayos a las zonas pobladas de la tierra no presenta ninguna tendencia significativa durante todo ese periodo, y que en todo caso su posible aumento debido al ozono se perdía entre la variabilidad de fondo. Y aunque los melanomas han aumentado durante el periodo comprendido entre 1970 y 1990, es difícil separar el posible efecto de los problemas en la capa de ozono con los relacionados con el aumento en el nivel de vida, cambios en las costumbres y mejora en la detección.

En definitiva, por más que la ONU defina Montreal como "el más exitoso tratado internacional hasta la fecha" y considere que no da "un mensaje de esperanza para trabajar cooperativamente en pos de solucionar los grandes problemas medioambientales", lo cierto es que la realidad no es tan hermosa. Sin duda, tuvo éxito en aquello que materialmente buscaba lograr, es decir, acabar con los CFC. Pero que haya mejorado en algo el medio ambiente al hacerlo es dudoso. Eso no quita para que, ahora que la atención del público está en otra parte, las organizaciones internacionales y ecologistas celebren su éxito como un inmenso beneficio para la humanidad. Ya se sabe que nadie las va a pedir cuentas nunca por sus errores.

Sin embargo, también es cierto que tampoco ha afectado en exceso a la economía; en ese aspecto, no juega en la misma liga que el protocolo de Kyoto, que obliga a enormes sacrificios para unos resultados mínimos e indetectables dentro de la variabilidad natural del clima. Se esté o no a favor de estos grandes tratados, examinando los sacrificios a los que obliga con respecto a los hipotéticos beneficios que obtendrá, Montreal sale mucho mejor parado que Kyoto, de largo. Algo que debería hacernos pensar un poco.

 

Opinión de los lectores

Mikimoss

Cofis (Colegio de Fisicos).- \"El cambio climático agravará el problema del agujero en la capa de ozono\"

Contrariamente a lo que pasó en el año 2002, en el 2006 se ha producido el agujero de ozono más intenso y duradero, provocando un nuevo fenómeno que explicar. Y eso que precisamente estamos viviendo una evolución favorable hacia la desaparición definitiva del agujero de ozono antártico, ya que se observa una muy lenta disminución de los CFC’s en la estratosfera. Bueno, quizá no tan favorable, ya que según recientes estudios, entre otras razones, las consecuencias del cambio climático han retrasado esa previsión tan deseada en unos quince años, fijando la fecha aproximada de la reparación de la capa para el año 2065.

El agujero de ozono fue observado por primera vez por investigadores ingleses y japoneses en 1984, aunque previamente Gordon Dobson en 1960, observó como anualmente se producía un flujo de pérdida y recuperación de ozono en los polos, especialmente en el Sur. Sin embargo, la teoría y comprobación de que el agujero tenía causas antrópicas (humanas) fue de Mario Molina, Paul Crutzen y F. Sherwood Rowland, lo que les valió el Nobel de Química en 1995. Afortunadamente, ocho años antes, las comunidades científicas y políticas se habían puesto de acuerdo de una manera tan ejemplar como inusual, mediante el Protocolo de Montreal, en que se estableció que había que ser rápidos y tajantes en el control de las emisiones de CFC’s a la atmósfera. Las primeras predicciones desde la puesta en marcha del Protocolo vaticinaban que el agujero de ozono desaparecería en 2050. Para Margarita Yela, «en Montreal se hizo un gran trabajo de colaboración entre políticos y científicos que propició la prohibición en la utilización de CFC’sy otros compuestos que destruyen el ozono. Ahora estos compuestos se han sustituido por otros, pero no hay que olvidar que el tiempo de vida de algunos de los que ya estaban en la atmósfera se calcula en un siglo».

El interés por la capa de ozono ha sido relegado en los últimos años a un segundo plano por el fenómeno del Calentamiento Global. «A partir de mediados de los años 80, el interés fue creciente, ahora el ozono, se considera un problema resuelto, ante la urgencia que supone el Calentamiento Global. No es que yo le quiera quitar trascendencia creo que es probablemente la amenaza más grave a la que se enfrenta el planeta en este siglo porque es un problema global y una demostración del potencial que tiene el hombre para modificar la atmósfera. Hay que tratar de estar atentos y actuar racionalmente, incluso aunque no todos compartan la certeza al cien por cien de que este cambio tenga un origen antrópico y no natural. La sociedad se tendrá que adaptar a las imposiciones que suponen los cambios que se están produciendo», nos dice esta investigadora.

La destrucción del ozono no es una cuestión totalmente resuelta porque todavía tenemos que preocuparnos de una serie de compuestos industriales que siguen afectando a la capa de ozono, pero básicamente el problema se conoce. Auque no al cien por cien. Tenemos que asegurarnos que estos compuestos ya no se produzcan o se eliminen, tal y como lo establece el Protocolo de Montreal. Sabemos que ese acuerdo está funcionando porque podemos medir en la atmósfera que los gases que deterioraron el ozono ya están disminuyendo, aunque de forma muy lenta, porque muchos de ellos permanecerán durante décadas, e incluso más de un siglo.

Sin embargo en los últimos años es evidente la conexión entre ambos fenómenos, que puede hacer que las previsiones en la desaparición del agujero de ozono no se cumplan. De hecho, en el último informe cuatrienal de la OMM sobre el estado del ozono han retrasado en 15 años el plazo respecto a lo inicialmente previsto. El cambio climático influirá sobre la evolución de la capa de ozono a través de cambios en el transporte atmosférico, en la composición química de la atmósfera y en la temperatura. A su vez, los cambios en la capa de ozono afectarán al clima a través de los procesos radiativos y cambios en los gradientes de temperatura que afectarán a la dinámica atmosférica.


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