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Portada - Comentarios - Ciencia sin cerebro

27/09/2007 - Antonio Gimeno

Ciencia sin cerebro

Ya en el año 2003 un estudio, pagado generosamente por el republicano gobierno federal de los Estados Unidos, aseguraba, entre otras cosas, que los progresistas parecen tolerar mejor los cambios que los conservadores. Va en el nombre. La cerrilidad de la derecha frente a la flexibilidad de la izquierda, la laxitud de la progresía elevada a virtud por la gracia de la justicia social y la discriminación positiva, ahora, sancionada científicamente.

Los autores bucearon, previa selección, en cincuenta años de estudios sobre la psicología del conservadurismo, para concluir que la resistencia al cambio y la tolerancia a la desigualdad están en el meollo de la personalidad conservadora. Personalidad que se complementa con una desmedida aversión a la ambigüedad y a la incertidumbre, lo que conduce, sin descartar otras patologías, a un maniqueísmo indisimulado, que encontraría su mejor ejemplo, cómo no, en un Bush empeñado en bombardear Irak. Era el año 2003.

Por si la intención del estudio no quedaba suficientemente clara, sirva esta perla como traca final:

Hitler, Mussolini y el ex presidente Ronald Reagan eran individuos, pero todos eran conservadores de derechas porque predicaban el retorno a un pasado idealizado y de alguna forma aprobaban la desigualdad.

Una basura intelectual con la que perfectamente podríamos concluir que el presidente del Gobierno español es un criptofacha por, todo en uno, su desmedido interés por la memoria histórico-selectiva. Al fin y al cabo si se puede comparar el racismo genocida de Hitler con la idea de la desigualdad que pudiera albergar Reagan, todo es posible. Fascismo y liberalismo de la mano, fundidos por el determinismo que, según convenga, tanto repele a la progresía dentro y fuera de la academia. Nada nuevo: es sabido que la superioridad moral de la izquierda es una de sus características universales y casi siempre pasa por ver a todos los demás como borregos mal intencionados. Hay que emborronar el espectro político para que fuera de su círculo solo haya espacio para la intolerancia, para el involucionismo.

Ahora, un nuevo estudio, pretende ahondar en estas ideas, esta vez con instrumentos más precisos que permitirían asentar sus conclusiones sobre bases más sólidas, neuronales. Veremos. Concretamente se trata de establecer un correlación entre la ideología del participante y el óptimo funcionamiento de su cortex cingulado anterior (CCA). Es esta, el CCA, una región del cerebro entre cuyas tareas podría encontrarse la supervisión de los conflictos (SdC) en el procesamiento de la "información" acarreada por estímulos novedosos, tales como los que plantean los investigadores. La misión del CCA sería poco menos que la de mantener a raya tales conflictos de manera que su impacto en el rendimiento del cerebro, de su respuesta en términos adaptativos, sea el menor posible. Y en eso se basa el estudio dirigido por el Dr. Amodio, de la universidad de Nueva York: si el conejillo de indias es poco ducho frente a los retos planteados en la laboratorio, es que su CCA funciona peor, una merma neurológica que es posible "medir" interpretando las señales eléctricas del cerebro. Tal merma se traduciría, más allá del cráneo, dando la razón a estudios previos, en esto:

Los conservadores muestran estilos cognitivos más estructurados y persistentes, mientras que los progresistas son más receptivos a la complejidad "informacional", la ambigüedad y la novedad.

¿Mas listos? Tal vez, según Amodio, la SdC es un mecanismo que sirve para detectar cuándo la tendencia habitual en la respuesta a un estímulo no es apropiada para  la situación actual. Más aún:

Esta parte del cerebro se ha relacionado en muchos investigaciones pasadas con el proceso de detección de conflictos entre un comportamiento y una señal que indica que algo va mal con tal comportamiento y que es necesario que lo cambies.

Lo que es mucho decir, habida cuenta de que el SdC es, hipotéticamente, un mecanismo de detección y no de decisión. La relación entre este nuevo estudio y el anterior mencionado es evidente y no sólo porque se complementen sino porque al menos unos de sus autores se repite (el Dr. Jost). En fin, Frank J. Sulloway, un investigador de la universidad de Berkeley (cuna de la Nueva Izquierda americana) que participó con Jost en la patraña de 2003, ha afirmado:

[El resultado] provee un demostración elegante de que las diferencias individuales en una dimension conservadora-progresista están fuertemente relacionadas con la actividad cerebral

David Horowitz, lider de la Nueva Izquierda en los sesenta y reconocido icono intelectual del conservadurismo americano desde los 90, en una conferencia en la Heritage Fundation, que llevaba por título ¿Somos conservadores?, se preguntaba si era imaginable siquiera que en un foro paralelo surgiera la pregunta: ¿Somos progresistas? Tal vez Amodio, Jost, Sulloway y compañía podrían considerar, para futuros estudios, ejemplos como el de Horowitz, con un cortex cingulado anterior poco dado a la complacencia.

Decía Hume, en su investigación sobre el conocimiento humano, que una opinión que conduce al absurdo es falsa, pero que no podemos asegurar que una opinión sea falsa porque de ella se deriven consecuencias no deseadas, peligrosas. Por lo tanto, decía:

Debe prescindirse totalmente de tales tópicos por no servir de nada al descubrimiento de la verdad, sino sólo para hacer odiosa la persona del antagonista.

No estoy seguro de cuán peligrosas pueden ser las conclusiones del estudio del Dr. Amodio y compañía, pero que su planteamiento responde a prejuicios ideológicos está fuera de toda duda lo que, a mi juicio, sí la convierte en absurda desde un punto de vista científico, por más que se apoye en un ingenioso experimento.

 

Opinión de los lectores

Mikimoss

Estos estudios no vienen más que a sustentar desde la neurociencia lo que había ya sido intuído por el pensamiento político-filosófico. En efecto, la felicidad proviene de la satisfacción de dos grandes deseos a menudo contradictorios: el deseo de bienestar y el de nobleza. Los conservadores de todas las épocas siempre han buscado miopemente satisfacer el primero y han despreciado el segundo debido a que tradicionalmente se encontraban cómodamente instalados en los estatamentos superiores de la sociedad. No necesitaron impulsar la creación de formas nobles de vida porque ellos ya vivían en la casta noble, privilegiada, pero el temor a perder tal superior dignidad (y la pérdida efectiva provocada por la lucha histórica de las clases inferiores) fue creando entre ellos una cultura de la conservación, de retorno al paraíso estamental idealizado, que, mediante los mecanismos neurológicos últimamente descubiertos, fue modelando sus cerebros -en particular el mecanismo de las ocurrencias que Freud llamó subconsciente. Por esta razón el pensamiento reaccionario -fundado en una idea del mundo ya existente- no necesita ser ingenioso y creativo como el emancipador -o progresista-, el cual necesita conjugar armoniosamente esas dos fuerzas contrapuestas que, como he dicho, integran la felicidad y cuyo respectivo peso en ella debe de estar siendo negociado permanentemente de la manera más inteligente posible.

Antonio Gimeno

Mikimoss, coincido contigo. Ya ves. Los mejores ejemplos los tenemos en los más creativos de los progres: sus artistas millonarios. O los políticos arribistas que deben de tener un cortex cingulado anterior del tamaño de una rueda de tractor ...

Antonio Gimeno

Germánico, gracias. Lo leeré y comentaré ... ya he visto la referencia (gulps). Me temo que salvo a Cristina Losada y a última hora, no he leído nada de lo publicado en España. Un fallo.

libertyvallance

Mikimoss: una pega no minúscula a tu planteamiento es el hecho de que el pensamiento progre se ha convertido en una enorme ortodoxia en la actualidad. Lo que cuesta un gran trabajo y un salto al vacío es pronunciar, en algún momento de tu vida, la frase "YO NO SOY PROGRE".
Por otra parte, toda suerte de sujetos que tienen sus necesidades satisfechas de por vida y de nacimiento tienden a manifestarse progres con preocupante frecuencia, lo que aparentemente no debería pasar según tu argumento, a no ser que:

a) Sugieras que todos los no-progres descendemos genéticamente de gente rica que padecía ataques de gota y obesidad por caviar, y además hemos heredado nuestro pensamiento de forma orgánica, lo cual creo que va más allá de las pretensiones del estudio.

b) Ser conservador en la actualidad es ser progre, en el sentido de aferrarse a una ortodoxia placentera y dominante, que iría muy bien con una situación económica envidiable.

Por otra parte, a mí lo que más me llama la atención de este estudio es la difusión que ha alcanzado. No tengo ninguna duda de que es fácil encontrar a media docena de chalados dispuestos a afirmar que los homosexuales no tienen hemisferio izquierdo, que los chinos tienen más desarrollado el lóbulo de la crueldad o que los esquimales descienden de la foca. Pero los únicos estudios que alcanzan el telediario son los que dicen que las mujeres tienen una activación mayor que los hombres de determinadas áreas cerebrales (lo cual las convierte en el futuro de la humanidad), y ahora éste de los progres. La sola idea de que alguien lo haya financiado ya es preocupante.

Jubal

¡Ahh!, el deseo de nobleza de los progres. Eso lo explica todo... excepto tal vez por qué los progres, tan orgullosos de los nobles fines perseguidos en su nombre por el aparato coactivo del Estado, nunca se cuestionen la nobleza de los medios empleados. ¿Descubrirán algún día los sesudos científicos de la neurona que el óptimo funcionamiento del cortex cingulado anterior va, tal vez, asociado con la incapacidad para comprender que el fin no justifica los medios? No, no, imposible. Ya está demostrado científicamente que son una raza superior. Por eso confío en ellos y en la superior capacidad adaptativa que les proporciona su optimizado CCA. No tengo ninguna duda de que sabrán adaptarse a ideas novedosas para ellos, como que la verdadera izquierda no es esa idolatría del poder que llaman progresismo, sino el liberalismo genuino, que siempre ha sido la lucha contra el poder y lo sigue siendo.

Y no, sería inconcebible tan siquiera albergar la sospecha de que la ciencia moderna pueda pueda presentar algún tipo de prejuicio mecanicista. ¿Cómo podríamos pensar tal cosa? Algo así sería un defecto demasiado humano para encontrarlo en el siglo XXI, después de todo lo que hemos progresado.

Guille

Me recuerda los "estudios" y "pruebas" que buscaban demostrar que el intelecto de un comunista era superior. Me acuerdo tambien de como las fotos familiares de Lenin fueron manipuladas para hacerlo parecer avido lector de libros y amante de las artes desde la infancia

Brainy

No estoy de acuerdo en absoluto con el planteamiento realizado. El artículo no menciona en ninguna ocasión que la menor actividad del córtex cingulado implique ser menos listo o que se trate de un funcionamiento anómalo del mismo. DE hecho lo que sí aclaran casi al final del artículo (y yo creo que precisamente para evitar esa interpretación) es que los liberales realizaqn mejor esta prueba, pero que si la tarea hubiese consistido en mantener la misma respuesta durante toda la prueba entonces los conservadores la habrían realizado mejor (¿eso les hace más listos? No, simplemente realizan mejor esa tarea.
Se menciona en el apunte que el trabajo responde a prejuicios ideológicos, pero yo no he visto un solo atisbo de ideología en todo el artículo (será porque no me interesa ese aspecto del artículo).
Otra cosa es si el trabajo tiene algún interés o no, que eso ya es más discutible, desde el punto de vista científico, pero lo único que se muestra es una correlación (recordemos que las correlaciones ni implican causalidad) que me parece que ha despertado mucha más polémica en el público no científico que en los propios científicos.

Antonio Gimeno

Perdón por la demora, no siempre me resulta sencillo sentarme frente al ordernador.

Lo que demuestran este tipo de estudios es que sobra personal y/o tiempo en las universidades. No entiendo como Nature se ha dejado colar un trabajo semejante, de verdad, por más ingenioso que, lo admito, me parezca el experimento.

Entiendo que estamos de acuerdo en que cualquier proceso mental tiene una profunda, compleja y rica explicación neuronal. Evidentemente este es el punto de partida del trabajo del Dr. Amodio.

El estudio se realizó con 43 personas de las que se declararon conservadoras menos de la cuarta parte. De 0 a 5 éstos parecen situarse entorno al 2,5, es decir, serían moderados. Tampoco es que me importe gran cosa porque al respecto pudieron mentir como bellacos, lo mismo que la mayoría progre. En donde yo he consultado no se dice mucho más de los participantes, salvo a quién votaron en 2004; que había un 63% de mujeres y que todos eran diestros (en el material suplementario se comenta que se realizó una batería de test, pero no la he encontrado). Francamente no me parece una muestra muy digna ni fiable, salvo para fomentar el chismorreo.

El protagonista de la historia es el CCA y su relación con la SdC.
Es curioso que entre sus referencias el autor no mencione algunos estudios recientes que se cuestionan esta relación (o, a más detalle, la del propio ERN con la SdC). Pero dejando esto al margen me parece un salto muy atrevido, por más fuerte que sea la correlación en este caso concreto y considerando mi comentario sobre la muestra, pasar de la respuesta (ERP, ERN) del CCA en su relación con la SdC a hablar de posicionamientos políticos, de ideología ... Fíjese que la primera referencia que señala Amodio es el estudio de 2003, al que me refería. Un estudio en el que junto a Jost participaba un patético Sulloway. La referencia a este artículo, cuya nota de prensa es vergonzosa, creo que le da al de Amodio el barniz político que no tiene explicitamente. Por cierto que de la lista sólo he leído completo el 5, el que recoje por primera vez la hipótesis de la relación CCA-SdC y, de echo, la propia definición de SdC (http://www.csbmb.princeton.edu/conte/pdfs/project1/Proj1Pub01.pdf).

Por otro lado no hablo de anomalía sino de merma ... creo que es diferente. Respecto a la inteligencia. Es cierto que Amodio no habla de inteligencia en su trabajo, tampoco insisto demasiado, aunque destacar una cualidades sobre otras puede dar pie a pensar en ello.

Gracias por comentar.

Artículo:
http://www.psych.nyu.edu/amodiolab/Amodio%20et%20al.%20(2007)%20Nature%20Neuro.pdf
Material complementario:
http://www.nature.com/neuro/journal/v10/n10/extref/nn1979-S1.pdf

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