El valor liberal de la monarquía
Tanto Mises como Hayek, principales exponentes de la Escuela Austriaca de Economía, sentían debilidad por la democracia o gobierno representativo, rechazando por ello el Principado como forma de gobierno, en tanto concebían que el tránsito de la monarquía al sistema democrático moderno constituía un progreso. Pese a ello, para ambos autores el término democracia no significaba el Gobierno de la mayoría, sino autodeterminación, autonomía y autogobierno en sentido literal. Es decir, un Gobierno realmente democrático es aquél cuya organización le reconoce a cada uno de sus miembros el fundamental derecho a la autodeterminación, secesión y adscripción voluntaria.
Sin embargo, el resultado de ello ha sido justo el contrario del pretendido, pues no parece que Estado alguno haya conocido desde entonces un gobierno democrático tal y como lo entendían Mises o Hayek, ya que todas las democracias modernas se han configurado como organizaciones de adscripción forzosa y coactiva.
Es más, pues tal y como hemos demostrado anteriormente, la aplicación de la teoría democrática ha supuesto en realidad un vertiginoso desarrollo y crecimiento del poder estatal, cuyos principales problemas en la actualidad derivan de una palpable restricción en el ejercicio de la libertad individual, una vulneración progresiva e institucionalizada de los derechos de propiedad, una plausible crisis de gobernabilidad y, finalmente, la imposibilidad de controlar y limitar de forma efectiva el poder político, puesto que es el propio Estado quien ejerce el monopolio jurisdiccional, de modo que cualquier limitación de la acción del gobierno dependerá inevitablemente de sus agentes en última instancia.
Si partimos de la hipótesis fehaciente de que el anarcocapitalismo es una utopía y, por tanto, es inevitable la existencia de un Estado, entendido éste como una entidad que ejerce el monopolio territorial coactivo de las decisiones (jurisdicción) y la imposición fiscal, resulta económica y éticamente ventajoso elegir a la monarquía en lugar de la democracia, en contra de los postulados clásicos liberales favorables a aceptar una participación, aunque sea limitada, del pueblo en el ámbito del poder político. La monarquía se instituye como la forma política más adecuada y conveniente para limitar y controlar el poder político, ajustándose por ello de un modo más acertado a la consecución de los objetivos y fines planteados desde la teoría liberal. Y ello, en base a diferentes motivos, tal y como expone magistralmente la teoría hoppesiana.
El problema de la preferencia temporal
Siguiendo la teoría austriaca de la acción humana (también conocida como praxeología), este fundamental y básico concepto significa que cuando un actor ejecuta una acción pretende invariablemente pasar de una situación poco ventajosa a otra más favorable, demostrando así una mayor preferencia por una mayor cantidad de bienes, pero si a ello se le añade la variable tiempo, de ello resulta una preferencia universal por los bienes presentes sobre los futuros.
La formulación de este fundamental axioma es, precisamente, el que permite explicar de modo riguroso y correcto la utilidad y función del ahorro así como la determinación del tipo de interés en el ámbito económico. Además, siguiendo esta misma exposición lógica, es el ahorro el que permite la acumulación de capital, sustentándose así sobre esta base teórica todo el edificio y estructura del sistema económico capitalista.
De ello se deriva, a su vez, la siguiente ley o axioma apriorístico consistente en que a menor preferencia temporal, mayor ahorro, resultando de ello la siguiente evolución lógica y fácilmente comprensible: a mayor ahorro, mayor acumulación de capital y, como consecuencia directa de ello, se produce una mayor expansión de la estructura productiva, con lo que aumenta también la productividad marginal de todo el proceso productivo y económico, resultando finalmente un incremento sustancial del empleo, con el consiguiente aumento de los salarios y nivel de vida en el ámbito social.
Monarquía
En este sentido, la monarquía consiste en un sistema político basado en la propiedad privada del aparato coactivo gubernamental. Por ello, manifiesta también una preferencia temporal más baja, ya que las expropiaciones y el monopolio del poder son privados, de titularidad personal. Así, el gobierno de propiedad privada tiene una serie de incentivos para el gobernante en cuanto al modo en que debe dirigir sus asuntos, ya que en función de su propio interés, innato y natural, tratará de maximizar su riqueza total. Además, la propiedad privada posibilita el cálculo económico y estimula la previsión a largo plazo.
Ello se traduce por tanto, en una moderación en cuanto a la explotación de su monopolio gubernativo. La razón es clara: el rey, en su intención de aumentar su riqueza y mantener el valor de sus propiedades personales, dispone de importantes incentivos para autolimitarse en su política fiscal, ya que una fiscalidad más baja y moderada permite, sin duda, una mayor productividad por parte de la población a la que ésta se aplica, incentivándose con ello el desarrollo de una economía más próspera y expansiva. Lo cual, a su vez, tendría como efecto lógico el aumento de la propia riqueza y prosperidad del monarca.
Además, a ello debe unirse el hecho de que tanto el monopolio jurídico (tribunales) como la seguridad y el orden (policía), siguiendo esta misma dinámica, harán respetar con mayor énfasis si cabe el principio de la propiedad privada, disminuyendo con ello los crímenes y aumentando así la seguridad en términos generales. Y es que, a menos crímenes (expropiación a los contribuyentes por parte de otros particulares) mayor margen de expropiación y monopolio impositivo para el monarca, quien no tiene ningún interés en la existencia de ningún tipo de competencia a este respecto. De ahí, el término monopolio fiscal.
A ello, se le debe añadir, además, el hecho de que un monarca no querrá depender exclusivamente de los ingresos fiscales, por lo que se encontrará incentivado para llevar a cabo actividades productivas que le reporten beneficios y ganancias a nivel personal, sin depender por tanto de la fiscalidad tributaria. Es más, al contar con actividades productivas paralelas, se reducirá sustancialmente la necesidad de imponer o subir impuestos, cuyo efecto inmediato sobre la población será sin duda un menor cuestionamiento de su legitimidad, fortaleciéndose con ello la propia institución monárquica.
Por otro lado, al ser el gobierno de titularidad privada, tal propiedad pertenece al patrimonio familiar única y exclusivamente. Tan sólo el rey y su familia, fundamentalmente, participarán de la renta fiscal y del goce de una existencia parasitaria. Ello, estimula sin duda una conciencia de clase en los gobernados, debido a la restricción en la participación del gobierno y el privilegiado estatuto de la familia real. De este modo, se incentiva y promueve, por parte de los gobernados, una oposición y resistencia a cualquier tipo de expansión fiscal o extralimitación gubernamental. Es decir, al existir una clara distinción entre minoría gobernante y mayoría gobernada, se refuerza de un modo intenso y profundo la solidaridad entre los gobernados, pues éstos se reconocen mutuamente como víctimas de las violaciones gubernativas sobre sus particulares derechos de propiedad. Con lo que una especial expansión, extralimitación o exceso en el ejercicio del poder por parte del monarca, pone en serio peligro la delicada legitimidad del gobernante.
Democracia
El mando democrático es, sin embargo, un aparato gubernamental de propiedad pública, ya que se encuentra administrada por magistrados elegidos periódicamente que ni poseen ni son percibidos como poseedores del gobierno, sino que son vistos como fideicomisarios. Sin embargo, en la práctica, tales representantes actúan mediante el ejercicio del mando personal y propiedad privada del gobierno, aunque sólo temporalmente. Por ello, tienden a cometer más excesos en su ejercicio del poder político.
Y ello se debe, fundamentalmente, a que el gobernante democrático no puede enajenar los recursos del Estado ni transferir tales posesiones a su patrimonio particular. La consecuencia que deriva de ello consiste en que sus esfuerzos y atención no se dedican a un intento por maximizar la riqueza total del gobierno, es decir, su capital, sino tan sólo el ingreso corriente del mismo, con lo cual carece de incentivos para disminuir los impuestos. Más bien sucede todo lo contrario, puesto que tenderá a elevarlos, sin que exista además un riesgo real para su patrimonio personal. De este modo, la moderación en democracia tan sólo tiene desventajas, en contra de lo que le ocurría al monarca.
Desaparece también el argumento moderador en relación a la conciencia de clase de los gobernados, pues, en democracia cualquiera puede convertirse, en teoría, en miembro de la clase gobernante, desapareciendo así la insuperable separación entre gobernantes y gobernados. Lo particularmente grave de la conciencia democrática es que se encuentra además fundamentada en el "mito" y la falacia relativa a la creencia de que en democracia nadie tiene que obedecer al otro (autogobierno), ya que todo el mundo se manda a sí mismo. Este delirio ha constituido la creencia de que el paso de la monarquía a la democracia es un progreso, merecedor por tanto de apoyo popular. Sin embargo, tal creencia es la que precisamente consigue debilitar enormemente la resistencia frente al poder del gobierno pues, si bien con la monarquía el pueblo percibe de forma clara y evidente el mal y la opresión gubernamental a través de la expropiación forzosa que lleva a cabo el gobernante, tal expropiación e impuestos no son percibidos de igual forma al ocultarse bajo el velo de la soberanía popular, la elección del gobernante, y el principio de mayoría. El resultado de la práctica democrática no deja duda en este particular ámbito. Tan sólo es necesario remitirse a los datos y a las cifras: los impuestos, el déficit, y el ámbito competencial del Estado han aumentado enormemente bajo la ingenua falacia que ofrece el particular sistema democrático contemporáneo.
Así pues, tendencia a aumentar los impuestos y, por lo tanto, enorme crecimiento del aparato estatal (burocracias y funcionarios) para llevarlo acabo, tendencia al endeudamiento y al déficit (el rey tenía que responder con su patrimonio por todas las deudas contraídas), ya que son deudas públicas, no privadas. La solución al déficit acumulado por todo gobierno democrático es, por tanto, siempre la misma: mayor imposición fiscal o inflación monetaria... No existe otra alternativa.
Por otro lado, y de modo correlativo, ante la perspectiva de mayores cargas fiscales aumenta inevitablemente la preferencia temporal de los gobernados (consumo inmediato, inversiones a corto plazo en lugar de ahorro e inversión a largo plazo) con sus efectos negativos ya descritos.
En cuanto a la ley y orden, mientras que el rey preferirá aplicar el derecho de la propiedad privada preexistente, ya que no crea nuevo derecho y se limita a ocupar una posición privilegiada dentro de un ordenamiento civil vigente al que él también se debe someter; en democracia, sin embargo, lo que abunda es el derecho público como legislación superior, creándose así un derecho positivo (redistribución) a través de su función legislativa, vulnerando y debilitando con ello el derecho privado (derecho negativo, en cuanto a limitación del poder y defensa de derechos individuales fundamentales).
Tal dinámica conlleva al paulatino establecimiento de un Estado de Bienestar cuyas graves consecuencias económicas no son tenidas en cuenta por el gobernante, pues le es totalmente indiferente. Se acrecienta de forma continuada la preferencia temporal de los gobernados y, como consecuencia, se agrava la reducción de la productividad futura.
Por último, recordar someramente los efectos perniciosos de la redistribución: en primer lugar, acrecienta enormemente el grado de incertidumbre jurídica, lo cual aumenta la preferencia temporal; por otro, tan sólo beneficia a los receptores, los que no han producido ni más ni mejores servicios, mientras que empobrece al resto, a los más productivos, a través de la expropiación de bienes. Así pues, al premiar a las personas menos productivas e imprevisoras, lo que se logra precisamente es incentivar ese tipo de comportamientos, ya que ello desincentiva enormemente el esfuerzo por la mejora personal. Se empeora, pues, el problema que se pretende resolver con tales medidas políticas.
Opinión de los lectores
El artículo, además de una buena exposición de las ideas de Hans-Hermann Hoppe acerca de la desmitificación de la democracia y de los aspectos en que esta es inferior a la monarquía, es muy oportuno en estos tiempos en los que pasa inadvertido que la vicepresidenta de un gobierno democrático proclame el disparate de que "si una ley es democrática, es justa", mientras muchos se rasgan las vestiduras ante el "anacronismo" de la insitución monárquica, como si los reyes de hoy en día, desprovistos de casi cualquier rastro de poder, fuesen los monarcas absolutistas del pasado.
No obstante, me gustaría hacer algunas puntualizaciones sobre lo que el autor afirma en el cuarto párrafo del artículo. Nos anticipa aquí la conclusión de que "la monarquía se instituye como la forma política más adecuada y conveniente para limitar y controlar el poder político". La argumentación del artículo demuestra que la monarquía presenta incentivos para autolimitarse y autocontrolarse en el ejercicio de su poder, que la democracia no presenta. De aquí, lo que se sigue es que la monarquía es más adecuada que la democracia para que el poder político se autolimite y autocontrole. Para dar el salto a lo que el autor concluye (expuesta en la frase que he citado anteriormente) es necesario realizar las siguientes suposiciones:
1) Que cualquier forma de control externo al poder político es imposible, por lo que las únicas formas de limitación y control político son las que el propio poder político se impone, con lo que autolimitación y autocontrol equivalen a limitación y control.
2) Que el espacio de todas las formas de gobierno posibles queda limitado a la monarquía y la democracia, con lo que demostrar que "la monarquía es una forma política más adecuada y conveniente que la democracia" equivale a demostrar que "la monarquía es la forma política más adecuada y conveniente".
Tales suposiciones se corresponden con la hipótesis, formulada por el autor al inicio de dicho párrafo, de que el anarcocapitalismo es una utopía (personalmente, prefiero el término anarcoliberalismo, pues a mi juicio, el carácter capitalista de una economía es una cosa y el respeto a la libertad, otra, aunque esta última condición favorezca la formación de capital). Ni estoy de acuerdo con dicha hipótesis, ni que se la califique de "fehaciente"; pero esto daría lugar a otro debate. El caso es que no veo la necesidad de hacerla. A mi juicio, hubiera bastado con exponer la superioridad de la forma de gobierno monárquica respecto a la democrática en lo que se deriva de su carácter de "propiedad privada" del poder político en lugar de "bien común" ("mal común" se ajustaría mejor a la realidad) administrado. Renunciar a la posibilidad de encontrar formas de control externo al poder político y nuevas instituciones más acordes con la tendencia natural del hombre a la auto-organización social, implica abandonar el impulso civilizador del hombre y rendirse ante su impulso parasitador y las supersticiones que intentan justificarlo.
"el monopolio territorial coactivo de las decisiones"
¿Por qué no añadirle más apellidos y llamarle "criminal", "pequeñoburgués" o algo así? Menuda vana solemnidad al apellidar... ¿es que acaso hay monopolios no coactivos?
La sola idea de pensar que la monarquía es una realidad meramente económica resulta risible. Es una realidad política que además no tiene por qué ser vista como una propiedad privada sobre el aparato del estado. Eso es una asunción totalmente injustificada dado que hay mútiples formas de monarquía o despotismo.
"Ello se traduce por tanto, en una moderación en cuanto a la explotación de su monopolio gubernativo."
No es necesariamente cierto, el derroche de los Habsburgo en guerras por acrecentar sus dominios trajo la bancarrota a los reinos castellanos y causó diversas rebeliones graves. La más conocida la que produjo la recaudación de dineros por parte de Carlos de Gante para presentarse a emperador de Alemania habiendo sido ilegalmente proclamado rey de Castilla: la guerra de los Comuneros. Aunque supongo que tales hechos, por contradecir su exposición acerca de la curva del ahorro y demás pamplinas, deben ser pacíficamente ignorados.
"dispone de importantes incentivos para autolimitarse en su política fiscal, ya que una fiscalidad más baja y moderada permite, sin duda, una mayor productividad por parte de la población a la que ésta se aplica, incentivándose con ello el desarrollo de una economía más próspera y expansiva. Lo cual, a su vez, tendría como efecto lógico el aumento de la propia riqueza y prosperidad del monarca."
Me hace gracia este párrafo porque contrasta con el artículo publicado en el IJDM inmediatamente anterior a este sobre Platón. Porque aquí usted parece estar describiendo al rey-filósofo del ilustre griego. Un ser racional que piensa de forma totalmente economicista. Menudo fraude, lo tremendo es que haya quien se atreva a escribir semejantes majaderías. Y reivindico de nuevo el ejemplo de Carlos de Gante: ¿dónde estaba esa racionalidad economicista que le debía haber impulsado a no aumentar los tributos en su reino? Porque los subió y provocó una guerra civil en cuanto decidió prescindir de las Cortes del Reino, quienes estaban por entonces convencionalmente legitimadas para establecer "contribuciones". Esas cortes estaban en contra de que Castilla pagase el imperio y guerras extranjeras para acrecentar las posesiones de ningún César (hay textos explícitos de la época). Así que en este caso no era precisamente la soledad del monarca y su "propiedad privada sobre el estado" lo que aumentaba la racionalidad de las políticas sino más bien al contrario.
"Además, a ello debe unirse el hecho de que tanto el monopolio jurídico (tribunales) como la seguridad y el orden (policía), siguiendo esta misma dinámica, harán respetar con mayor énfasis si cabe el principio de la propiedad privada, disminuyendo con ello los crímenes y aumentando así la seguridad en términos generales."
Pues eso es falso. Las revoluciones burguesas parten del hecho de que el poder del rey era usado arbitrariamente y en no pocas ocasiones era un medio de expropiación. La democracia surgió bajo el acicate de estos ataques. Nadie en su sano juicio puede decir que la propiedad esté hoy menos garantizada, por lo general, que en la época de Luis XIV... Por otro lado es de resaltar que en los anales de las monarquías encontramos múltiples casos de anarquía y desorden reiterado en amplias zonas de los reinos: el estado moderno no comtempla, de nuevo generalmente, semejantes hechos. Porque las revoluciones y desórdenes son provocados principalmente por la ausencia de voz en los asuntos políticos de los ciudadanos. Estos rudimentos de la política a usted se le escapan. Usted sabrá por qué.
"A ello, se le debe añadir, además, el hecho de que un monarca no querrá depender exclusivamente de los ingresos fiscales, por lo que se encontrará incentivado para llevar a cabo actividades productivas que le reporten beneficios y ganancias a nivel personal, sin depender por tanto de la fiscalidad tributaria."
¿Y por qué entonces los reyes absolutos establecían monopolios, casas reales, pósitos, etc, etc? ¡Ah! Porque deseaban favorecer a los clientes aristocráticos que irremediablemente produce toda monarquía. Pero bueno, supongo de nuevo que esto debe ser ignorado y debemos continuar suponiendo que los reyes son agentes racionales, economicistas e incluso liberales (¡¿?!).
"Tan sólo el rey y su familia, fundamentalmente, participarán de la renta fiscal y del goce de una existencia parasitaria."
De nuevo esta afirmación apodíctica es inostenible. Los reyes favorecerán a sus amigos mediante sinecuras, privilegios e incluso señoríos (jurisdiccionales incluso). A toda monarquía le sigue una aristocracia, que a su vez conspirará sistemáticamente por disminuir el poder del rey y viceversa.
"al existir una clara distinción entre minoría gobernante y mayoría gobernada, se refuerza de un modo intenso y profundo la solidaridad entre los gobernados, pues éstos se reconocen mutuamente como víctimas de las violaciones gubernativas sobre sus particulares derechos de propiedad. Con lo que una especial expansión, extralimitación o exceso en el ejercicio del poder por parte del monarca, pone en serio peligro la delicada legitimidad del gobernante."
Uno parece estar leyendo a Marx. ¿Unidad de clase? ¿Consciencia de clase? Lo que resulta especialmente ridículo es pensar que esos gobernados van a pensar en términos de propiedad o derechos de propiedad. ¿No sería acaso inevitable que semejante colectivo de "have nots" fuese partidario de la democracia o de otra forma de tiranía que la monárquica? ¿Son como ovejas quietecitas esperando no alterar su teoría, señor Llamas?
Precisamente porque la legitimidad del gobernante es delicada (a mi juicio nula) la monarquía no puede sostenerse como una forma racional de gobierno. En cuanto la puesta en duda del origen divino del poder se generaliza o populariza el rey está acabado si no cede sus prerrogativas.
"son vistos como fideicomisarios. Sin embargo, en la práctica, tales representantes actúan mediante el ejercicio del mando personal y propiedad privada del gobierno, aunque sólo temporalmente. Por ello, tienden a cometer más excesos en su ejercicio del poder político."
Claro, finjamos que no son sometidos a control por diversas instituciones. Finjamos asimismo que Calígula puede hacerse un colgante con el pene de una persona sin que nadie pueda esbozar la más leve crítica.
"el gobernante democrático no puede enajenar los recursos del Estado"
Falso. Hay un régimen de bienes que son demaniales, pueden dejar de serlo, pero luego hay un entramado de bienes públicos que pueden ser arrendados o enajenados mediante acuerdo de la cámara legislativa. Sus generalizaciones son aterradoras.
"carece de incentivos para disminuir los impuestos."
Sí, es una pena que haya gobiernos y partidos políticos que bajen y pidan bajar los impuestos. ¿Se imagina que no los hubiese? ¡Su teoría sería respetable!
"la moderación en democracia tan sólo tiene desventajas, en contra de lo que le ocurría al monarca."
A un demócrata leer esto le causa mucho pesar y asco, ciertamente. Porque, como ya he dicho, pasa por encima de siglos de matanzas y locuras de gobernantes monárquicos. ¡Resulta que ahora la monarquía va a ser paradigma de falta de exceso! Habrase visto...
"Desaparece también el argumento moderador en relación a la conciencia de clase de los gobernados, pues, en democracia cualquiera puede convertirse, en teoría, en miembro de la clase gobernante"
Bueno, pasando por alto la estupidez del argumento "de clase" sólo resaltar que también cualquiera puede convertirse en rey, aunque sea más difícil (algunos piensan que no) que ser presidente de EEUU. El emperador Decio era prácticamente un don nadie y mediante la carrera militar accedió a la púrpura mediante el preceptivo golpe militar. Septimio Severo estableció hasta su propia dinastía.
"Lo particularmente grave de la conciencia democrática es que se encuentra además fundamentada en el "mito" y la falacia relativa a la creencia de que en democracia nadie tiene que obedecer al otro (autogobierno), ya que todo el mundo se manda a sí mismo."
¿? Que yo sepa en democracia todo el mundo debe obedecer las leyes y dichas leyes son adoptadas por un criterio de mayoría. ¿De qué diantres habla usted?
"Así pues, tendencia a aumentar los impuestos y, por lo tanto, enorme crecimiento del aparato estatal (burocracias y funcionarios) para llevarlo acabo, tendencia al endeudamiento y al déficit (el rey tenía que responder con su patrimonio por todas las deudas contraídas), ya que son deudas públicas, no privadas. La solución al déficit acumulado por todo gobierno democrático es, por tanto, siempre la misma: mayor imposición fiscal o inflación monetaria... No existe otra alternativa."
Otra vez con bromas... ¿Acaso ignora que Luis XIV llevó a su reino a la total bancarrota con su participación en las guerras de su época y desde luego no puede decirse que aplicase políticas económicas imaginativas: subió los impuestos hasta que la gente se murió de hambre. Pero son detallitos sin importancia, supongo.
"En cuanto a la ley y orden, mientras que el rey preferirá aplicar el derecho de la propiedad privada preexistente, ya que no crea nuevo derecho y se limita a ocupar una posición privilegiada dentro de un ordenamiento civil vigente al que él también se debe someter"
Lo dicho, Calígula por la fuerza de la teoría hoppeana debe ser borrado de la memoria humana. Es más, que se calificase a sí mismo de Dios y nombrase consul a su caballo no fue un capricho jurídico, no... Y sin duda los reyes habidos en la historia no han tenido pretensiones de construir el derecho sobre su criterio, no...
"Por último, recordar someramente los efectos perniciosos de la redistribución: en primer lugar, acrecienta enormemente el grado de incertidumbre jurídica"
Si hombre, y con Calígula, Heliogábalo o Carlos I Estuardo la seguridad jurídica era total. Sí, seguro que sí.
Y para finalizar sólo decir que es hora de que se despoje usted del título de liberal ya que no es digno acreedor de él. Es un oprobio que se considere siquiera la idea de en nombre del liberalismo reivindicar la monarquía absoluta. ¡Qué vergüenza!
Mostrar mi absoluta coincidencia en todo con Iracundo. Sobre todo en lo de despojarse del titulo de liberal.
Un articulo, muy influenciado por la actualidad. Creo que ha querido desligitimar en esta página las actuales agresiones a la imagen del rey a través de la casi hilarante asimilicación de la monarquía con el pensamiento liberal. Ha confundido la velocidad con el tocino.
Hoppe nos recuerda que el estado, ya sea monárquico o democrático (el peor de ambos), es un grave error al no estar éticamente justificado.
Nótese que en toda Europa hay un solo político sano, el suizo Rivo Cortonesi, y que en América han transcurrido nada menos que dos siglos desde Jefferson hasta Ron Paul, quizá la última esperanza para buena parte del mundo.
www.hanshoppe.com
www.liberisti.org
www.ronpaullibrary.org
www.whowouldtheworldelect.com
"el estado, ya sea monárquico o democrático (el peor de ambos), es un grave error al no estar éticamente justificado."
Claro que lo está. Lo está hasta tal punto, como abstracción, en que se puede afirmar que sin él no cabría hablar de ética. El estado es la consagración de un interés colectivo precisamente en establecer una ética y, sobre todo, negar otras.
"Ron Paul, quizá la última esperanza para buena parte del mundo."
Teniendo al profeta (Hoppe) no podía faltar el Mesías...
Our Ira denies without refuting. Not exactly original.
No dejes que la evidencia destroce una bonita teoría...
Wrong again, Ira.
'A priory theory trumps and corrects experience (and logic overrules observation), and not vice-versa.'
(Democracy-The God That Failed, Introduction, xvi)