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Portada - Comentarios - Lo que se ve y lo que no se quiere ver

02/11/2007 - Gabriel Calzada

Lo que se ve y lo que no se quiere ver

El pasado 25 de septiembre tuvo lugar un curioso debate en el Comité de Medio Ambiente del Senado de los Estados Unidos de América al que fui invitado a participar con la presentación de un testimonio. La cuestión que trataban de dilucidar los senadores era la siguiente: ¿generan empleos las regulaciones medioambientales como el racionamiento de CO2 o las subvenciones a las energías renovables? La idea detrás de los promotores del debate era que, si bien es cierto que esas intervenciones no son directamente beneficiosas para la economía y el progreso socio-económico, si se demostrara que ayudan a crear empleo sus efectos positivos podrían compensar los conocidos efectos perjudiciales.

Lógicamente no iba a ser yo quien negara la existencia de múltiples efectos positivos para personas y grupos concretos. Cómo negar la proliferación de los mantenedores de placas solares fotovoltaicas a la luz de las subvenciones del 575% en el precio de esta energía. Tampoco se me ocurriría ser un "negacionista" en relación a los burócratas que se multiplican como champiñones al calor de la necesidad de asignar derechos de emisión una vez el CO2 ha sido racionado. Mucho menos se me pasaría por la cabeza poner en duda la creación de nuevos puestos de trabajo en esas consultoras que explican al "empresario" poco competitivo y al buscador de rentas forzosas cómo vivir a base de subvenciones. Jamás se me pasaría por la cabeza poner en cuestión el surgimiento de estos y otros empleos de nuevo cuño.

Sin embargo, a poco que estudiemos el asunto nos daremos cuenta de que esos nuevos puestos de trabajo surgen de distintas formas de subvención y que éstas, a su vez, sale del bolsillo de los contribuyentes. Así que si no se les hubiera quitado el dinero a los ciudadanos, estarían demandando otros bienes y otros modos de producción energética que les satisficieran más que los subvencionados. Ese dinero, invertido por su legítimo dueño, también hubiese creado o ayudado a mantener puestos de trabajo, pero en otras industrias o sectores de la economía. Dicho de otro modo, el puesto creado en la empresa de placas solares o en la consultora "verde" es la contrapartida del puesto que ha dejado de crearse en la central térmica, en la nuclear o en la siderurgia que ha dejado de ampliar su planta por la pérdida de competitividad que esas políticas le ocasionan.

Sin embargo, el asunto no queda en tablas. El puesto creado se dedica a producir un bien o servicio que el consumidor valoraba menos que el bien que pensaba demandar pues, de lo contrario, no hubiese hecho falta la intervención gubernamental. Así que la sociedad ha perdido la diferencia entre el valor que los demandantes otorgan a los bienes producidos y los que han dejado de serlo. Pero eso no es todo. Dado que los bienes favorecidos no son los que resultan del libre intercambio de derechos y propiedades en el mercado, se necesita toda una serie de recursos al servicio de un cuerpo de burócratas para que implanten las medidas intervencionistas y lleven a cabo la redistribución que generará esos deslumbrantes nuevos empleos eco-ilógicos.

Por desgracia, dentro y fuera de nuestras fronteras la gente identifica a primera vista esos empleos que surgen del agresionismo rojiverde y que requerirán un flujo continuo de ayuda gubernamental en el futuro. Sin embargo, pocos son los que advierten los puestos que han dejado de crearse porque el racionamiento de CO2 anima a siderurgias como Acerinox a ralentizar sus inversiones en España e impulsarlas en Kentucky. Todo el mundo, incluidos los senadores que promovieron el debate,  señala los molinos, las placas solares y las personas dedicadas a su mantenimiento, pero nadie se detiene a examinar los puestos perdidos porque las eléctricas se hayan apuntado a esas inversiones de baja productividad en lugar de montar una central eléctrica de combustibles fósiles o energía nuclear. Y es que hay cosas que se ven con facilidad y otras que no se quieren ver.

 

Opinión de los lectores

david

Gabriel, como siempre publicando magníficos artículos y diciendo verdades qué muchas veces no queremos ver.

Atlan

Me parece increíble que a estas alturas de la película, nada menos que senadores de USA se estén planteando estas cuestiones.

Es evidente, que cuando la intervención pública nos obliga a dedicar recursos a algo que de por sí no los dedica la sociedad, esos recursos, los dejamos de emplear en otras cosas que sí demanda de por sí la sociedad. Por tanto, se satisfacen menos necesidades que para la sociedad eran mas prioritarias que estas nuevas prioridades que nos impone el Estado. Por tanto, si la sociedad deja de satisfacer necesidades que antes tenía cubiertas, necesariamente la sociedad se empobrece.

Javiac

En este caso concreto estoy de acuerdo; pero hay sectores que es preferible que financie el estado con dinero publico (aunque la gestion sea privada), por que hay inversiones necesarias, que resultan excesivamente costosas, y el sector privado habria de cobrar tasas muy elevadas para sacarle un rendimiento aceptable.
El terrateniente es el estado (la sociedad), que no pagara mas que por el mantenimiento de las infraestructuras y los beneficios de la empresa que gestiona dicho mantenimiento (todos lo pagaremos de manera directa o indirecta). De esta manera el ciudadano se ahorra pagar los intereses que el terrateniente/capitalista le cobraria; a la vez que se asegura que la empresa gestora maximice la eficacia del mantenimiento, para que le renueven el contrato y seguir aumentando sus beneficios.

atlan

@javiac: ¿A qué tipo de inversiones muy costosas te refieres cuando dices que el sector privado nos cobraría tasas muy elevadas?

Hay que tener cuidado con esto, porque esa es otra de las excusas que usan los intervencionistas para justificar la intervención pública. Por un lago subestiman la capacidad del sector privado para llevar a cabo grandes proyectos, y con rentabilidad a largo plazo.. y por otro consideran que el usuario final no podrá pagar el coste de los mismos. Esto último, puede producirse, y no es mas que un proyecto no rentable, es decir, que la sociedad prefiere dedicar sus recursos a otras necesidades.

Javiac

atlan, tu mismo lo dices al final "si los ciudadanos no quieren pagar lo que les cobre el sector privado, es que no es tan necesario, y por tanto rentable". Por lo que ¿de veras crees que el alcantarillado, las infraestructuras hídricas, las autovías, los puertos, aeropuertos, y el sistema ferroviario, pueden ser suministrados por el sector privado a precios competitivos?
No se tu, pero yo creo que no; resultaría un tanto ridículo que existieran 5 vías paralelas para viajar de una ciudad a otra, a 5 precios distintos, en constante competencia. No consideras más sencillo, que toda la sociedad financie aquello que de manera directa o indirecta utilizara. Al coste de las mercancías que circulen por vías privadas habrían de añadirse las rentas del capital...por lo que todos estamos utilizando la infraestructura en cuestión; si somos los inversores capitalistas (mediante dinero publico) nos ahorramos el coste que financia las rentas.

Javiac

La construcción la realiza el sector privado (el estado tan solo lo financia), y se contratara aquella empresa nacional o extranjera que le ofrezca una mejor relación calidad precio.

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