2005 Instituto Juan de Mariana
Instituto Juan de Mariana
Reducir tamaño de letra Aumentar tamaño de letra

Comentarios

Portada - Comentarios - Desprotegidos y desprestigiados

09/11/2007 - Ricardo Moreno Alonso de Celada

Desprotegidos y desprestigiados

Hoy, 9 de noviembre de 2007, día en el que se cumplen 18 años del derribo del Muro de Berlín, arranca Medicina en libertad.

Medlib.es es un proyecto en el que participa de manera destacada el Instituto Juan de Mariana cuya misión es elaborar y divulgar propuestas de reforma en el campo de la medicina siguiendo los principios de la libertad individual, el respeto por la propiedad privada y el acatamiento de los contratos libremente acordados. Los médicos y expertos en políticas públicas de Medicina en Libertad creemos que la relación libre y voluntaria entre médico y paciente debe ser el eje central cualquier modelo de salud que pretenda tener consistencia ética y ser al mismo tiempo eficaz.

El comentario de hoy del Instituto Juan de Mariana es la primera columna de Medicina en Libertad. Deseamos que con ella y con las que le seguirán podamos contribuir a derribar un nuevo muro: el de la medicina estatalizada.

Las agresiones a profesionales sanitarios en los hospitales públicos, que en tan poco tiempo se han puesto a la orden del día, son la manifestación visible de que el histórico descontento del público con los pequeños defectos del sistema sanitario se está convirtiendo en un grave problema de insatisfacción con una prestación que no responde a la demanda real de salud. Cada día tenemos noticia de que alguien a nuestro alrededor ha tenido una nueva lamentable experiencia en esta sanidad pública nuestra, masificada y con una gran falta de recursos. En este contexto, no es de extrañar que un paciente o sus familiares se irriten y lleguen incluso a agredir al médico que les trata cuando reciben una atención sanitaria que con frecuencia es deficiente y dista mucho de ser la que su salud necesita. Es comprensible, pero es injusto. Quizá pasen por alto que los médicos somos víctimas de un sistema que no nos permite ejercer nuestro arte de la manera que consideraríamos más oportuna.

En nuestro sistema de salud pública, financiado a partir de los impuestos que pagan los contribuyentes, el médico no es un empleado del paciente, sino del Estado, y como tal su ejercicio está supeditado a los designios de la administración pública. Rara vez es nuestra entera potestad dar al paciente el servicio que a nuestro juicio requiere su salud: carecemos por lo general de instalaciones y material adecuado para ofrecer al enfermo consultas e ingresos dignos, trabajamos bajo una enorme presión por tener muchos más pacientes por día de los que somos capaces de atender, hay procedimientos diagnósticos y terapéuticos eventualmente necesarios que estamos obligados a sacrificar en aras de un aprovechamiento eficiente de los recursos, y con el mismo motivo se limita nuestra libertad de prescripción de medicamentos. Y pienso que no les revelo ningún secreto si les digo que los recursos son cada vez más escasos y que desde las autoridades sanitarias se está incentivando el ahorro de manera desesperada porque la situación no se mantiene. ¿Cómo no van a notar los españoles que su asistencia sanitaria se resiente?

Sin embargo, los profesionales sanitarios somos la cara al público del sistema nacional de salud, y por tanto la cara que recibe los golpes de los pacientes a los que ya no les queda paciencia. Pagamos incalculables seguros de responsabilidad profesional para protegernos de demandas por mala praxis, gran parte de las cuales nunca se nos pondrían si en libertad pudiésemos elegir nosotros el manejo de nuestros pacientes. Pagamos sufriendo pésimas condiciones de trabajo y nuestro prestigio se ve perjudicado cada vez que, por estar sobreempleados, desatendemos a un enfermo. Y, por si fuera poco, ahora pagamos con nuestra integridad física. ¿En qué quedamos? ¿Somos o no responsables de nuestra práctica médica?

Creo en un sistema de salud basado en un contrato libre entre el paciente y su médico. Un contrato en el que el médico sea libre de ejercer enteramente con arreglo a su juicio profesional y sólo deba rendir cuentas ante cada paciente al que voluntariamente se vincula, y en el que el paciente se haga responsable de su salud y asuma libremente los límites económicos y los riesgos de su tratamiento, y pueda exigir directamente a su médico el cumplimiento de las condiciones contractuales. Este ideal dista mucho de la realidad española, en la que la relación médico-paciente está intervenida por una tercera parte -el Estado- que distorsiona el acto médico arrebatando a las partes muchos de sus derechos y desdibujando los límites de sus respectivas responsabilidades. Dicho de otro modo, en nuestro sistema, los pacientes no pueden elegir el volumen de recursos materiales y humanos que se invierten en su salud, sino que tienen que conformarse con la parte del presupuesto estatal que se redistribuye entre todos los ciudadanos, contribuyentes y no contribuyentes. Ustedes no pueden reclamar más gasto ni más dedicación, y nosotros, el personal sanitario, no podemos dárselo, aunque ambas partes queramos.

Las autoridades sanitarias deben analizar seriamente el presente y el futuro del sistema de salud. Y, desde luego, urge una respuesta al profundo descontento de los españoles y un remedio al empeoramiento progresivo de la asistencia. Hacen falta alternativas, y una alternativa sostenible no es pretender que el presupuesto dedicado a la sanidad se estire hasta la infinitud. Entretanto, los profesionales sanitarios esperamos que las autoridades se responsabilicen de sus fallos y reparen el daño, redimiendo la profesión médica ante la opinión pública y reconociendo nuestros esfuerzos.

 

Opinión de los lectores

Javiac

Estoy de acuerdo en que la sanidad española necesita importantes reformas. Pero no creo que las compañías de seguros privadas, puedan ofrecer una solución satisfactoria.
La mejor solución, podría ser la de reducir drásticamente la inversión estatal en sanidad, y reducir los impuestos en consecuencia; reducirla…pero no eliminarla, para las clases mas bajas es necesario un cierto apoyo, que podría llegar en forma de desgravaciones fiscales a las empresas sanitarias, a cambio de la atención gratuita a los pacientes de rentas mas bajas (exención proporcional por paciente atendido).

La forma de solucionar el problema al resto de la población, seria la de crear un sistema fiscal que fomentara el ahorro y la inversión; por ejemplo eliminando el impuesto sobre la renta, el de sucesiones, el de patrimonio, el de dividendos…..y manteniendo tan solo el IVA (que tendría que aumentar bastante, y habría de tener como ahora varios tramos impositivos), así como el de sociedades, que tendría formas realmente sencillas de ser evadido, (bastaría con repartir los beneficios a los accionistas, que estarían exentos, y animarles a reinvertir, si optaban libremente por el consumo, pagarían impuestos).

El sistema fiscal ayudaría, bastante a que prácticamente todo el mundo tuviera ahorros para costear sus gastos médicos, su pensión, y un fondo de subsistencia por si perdía el trabajo. Pero para aquellos que no lo tuvieran, tendría que haber un préstamo sanitario, a intereses reducidos, y que permitieran a todo el mundo costearse una sanidad aceptable.

La escasa sanidad publica….concertada, y la sanidad privada, sin seguros (mayor democratización en la sanidad, ya que el paciente podría escoger donde operarse y “cuanto” pagar).

Hospitalario

Particularmente padezco dia a dia esa deseperación por el ahorro de costes en instalaciones y material médico. Bajo mi punto de vista las adquisciones de material así como la mejora de instalaciones esta inadecuadamente dirigida y gestionada por personal no adecuado. Implementar en los hospitales una figura como la del ingeniero biomedico, que existe en Europa pero no en España, dirigiría el gasto de una manera mucho mas eficiente que los burocraticos cargos de gestión actuales ya que pienso existe un margen ENORME para la mejora. Los hospitales PPP que ahora han comenzado a licitarse en Madrid y Valencia son el claro intento de mejora de la sanidad por esa vertiente ya que el personal sanitario esta blindado via sindicatos y es casi imposible meterle mano para que acepte y ponga en practica los minimos estandares de calidad de cualquier empresa decente. Y hablo de los "pobres" medicos, enfermeras y demas personal de los centros sanitarios, que estan instalados en la mayor de las displicencias posibles y de los que se habla en este artículo.

Jorge Bilbao

Me parece que el tema de la salud es un tema serio, muy importante y, por lo tanto, debe ser tratado con el máximo rigor. No se pueden hacer afirmaciones frívolas sin fundamento. Me parece liberal ser muy exigente en este sentido: los prejuicios ideológicos no pueden imponerse a problemas reales del mercado de la salud, a los que necesariamente hay que dar respuesta. Estoy dispuesto a razonar sobre este tema a fondo pero me gustaría saber con quién estoy debatiendo. Cuando en este artículo se habla de los médicos de la sanidad pública en primera persona, quiero tener los datos oportunos para saber si esa primera persona está correctamente utilizada. A partir de ahí, tendré mucho gusto de debatir este tema apasionante.

Nacho

No termino de entender ese contrato médico-paciente que se propone en el árticulo. Quizá es por un error de interpretación de la palabra "médico". Si por médico se entiende sólo la persona facultada para ejercer la medicina, no veo muy viable ese contrato médico-paciente, porque en realidad el médico es una pieza mas del sistema sanitario, quizá la mas importante, pero es una pieza que necesariamente tiene que ir acompañada de otras muchas: enfermería, instalaciones, medicamentos, aparatos médicos, etc, etc. No tiene sentido un contrato médico-paciente, olvidándonos de todo lo demás.

Sí creo que tiene sentido un contrato empresa sanitaria - paciente, porque una empresa sí puede englobar todas las piezas para que funcione el sistema sanitario.

Si en tu árticulo sustituimos la palabra médico por empresa sanitaria (en general, empresas de seguros sanitarios), entonces, lo subscribo al 100%.

© 2005-2008. Instituto Juan de Mariana. Todos los derechos reservados.