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Portada - Comentarios - Salario mínimo

21/11/2007 - Juan José Mora Villalón

Salario mínimo

En periodos cercanos a las elecciones, uno de los temas que más suele sacar a colación la clase política es el del salario mínimo. Las leyes que lo regulan establecen un importe mínimo, por debajo del cual, está prohibido celebrar cualquier contrato de trabajo. Este concepto fue introducido en su forma actual en el siglo XIX en Australia y Nueva Zelanda, y en la actualidad la mayoría de los países del mundo lo implementan de alguna forma.

Los defensores del concepto de salario mínimo suelen ver esta medida como uno de los pilares de la llamada "justicia social", que permite elevar el nivel de vida de aquellos trabajadores cuyos ingresos son más reducidos, y que, sin este tipo de medidas, estarían condenados a la pobreza.

Este argumento no tiene gran solidez, y la prueba la tenemos en que ni los más acérrimos defensores del salario mínimo se atreven a subir el importe de esta cifra más allá de ciertos límites. Si la retribución de los trabajadores dependiese sin más del cuerpo normativo de un país, lo lógico no sería dejar esta cifra en 570,6 euros al mes, sino elevarla a importes más elevados, como 5.000 ó 10.000 euros mensuales. Puesto que los ingresos del trabajador dependen de lo que marque la legislación, lo razonable sería incrementar esta cifra lo máximo posible.

No obstante, esto no ocurre así, y las subidas suelen mantenerse dentro de determinados márgenes, ya que los defensores de este concepto son conscientes de la poca consistencia del concepto del salario mínimo como defensor de los trabajadores con menores ingresos.

La lógica empresarial no entiende de los buenos deseos políticos y la contratación laboral se rige por otros parámetros. Cualquier persona, a la hora de contratar a otra, busca obtener un beneficio del trabajo de ésta. Así, el bien o servicio que va a ayudar a producir dicho trabajador debe valer para los clientes de la empresa más que todos los costes en que se han incurrido para elaborarlo, incluido el salario del empleado. En caso contrario la empresa no podrá sobrevivir mucho tiempo en el mercado y acabará quebrando.

En el caso de que se produzca una subida del salario mínimo pueden darse dos circunstancias, que dicha empresa siga siendo rentable o que no. En el segundo de los casos, los efectos del salario mínimo habrán sido catastróficos para los empleados que trabajaban allí, ya que, por culpa de los nuevos importes mínimos, habrán perdido su medio de trabajo. En el primero, la situación es un poco más compleja, ya que son más difíciles de medir los efectos. Si el precio de los productos de la empresa se mantiene, la subida de salario mínimo producirá un estrechamiento de los márgenes, lo que puede llevar a tratar de recuperarlos. Esto se puede producir, entre otras medidas, mediante un adelgazamiento de la plantilla, lo que de nuevo elevaría el desempleo, o una subida de precios, lo que repercutiría negativamente en los clientes de la empresa, que a su vez se verían obligados a recortar de alguna manera sus costes o a trasladar la elevación de los mismos. También podría suceder que, en lugar de buscar la recuperación de dicho beneficio, el empresario considerara dicha bajada como definitiva. Esto último traería como consecuencia el que menos empresarios se viesen atraídos a ejercer dicha actividad, por lo que se demandarían menos trabajadores y más gente quedaría desempleada.

Por lo tanto parece claro que el primer efecto de la subida del salario mínimo es que determinados trabajadores quedarán desempleados, aquellos cuya productividad no sea lo suficientemente elevada como para justificar dicho nuevo salario. Pero el efecto más perjudicial no radicaría ahí, sino en los trabajadores que carecen de experiencia y tienen una formación más reducida. Estos trabajadores aportan muy poco valor a la empresa cuando se incorporan por lo que una subida del salario mínimo puede hacer que su salario sea superior al producto que son capaces de ofrecer. Al no tener formación su productividad es muy reducida y la única forma de incrementarla, y por tanto, de ganar más, radica en la experiencia que puedan obtener. No obstante, al existir un salario mínimo no existirán empresas interesadas en contratar personas de tan baja productividad.

Por tanto se puede concluir afirmando que la mera existencia del salario mínimo perjudica a los trabajadores, por muy buena que haya sido la intención del legislador. Y es especialmente grave en el caso de los trabajadores con menores ingresos, al ser éstos los que cuentan con menor formación, que verán cómo se limitan las posibilidades de incrementar su productividad mediante la experiencia, siendo condenados a la pobreza el resto de su vida.

 

Opinión de los lectores

Radix

Afortunadamente para el PIB existe la economía sumergida (por encima del 20% del mismo). Si un empresario pudiera contratar sin sentir el aliento del Estado en el cogote, es decir, no tuviera que ocultarse cuando percibe su actividad como "ilegal" o prohibida, circularía más información entre los consumidores sobre este tipo de empresas. La exigencia del consumidor demanda productos y servicios de calidad elevada, y es evidente que esta calidad depende de la calidad del empleo de los trabajadores que los producen. Luego el mismo mercado empuja esos salarios hacia arriba.

Aunque siempre habrá consumidores para productos de baja calidad y baratos. Yo mismo contrato a algún chapuzas de barrio de vez en cuando, pero sé a lo que me atengo. Es curioso, porque muchos (al menos los que yo conozco) cobran una paga por algún tipo de lesión que (teóricamente) les impide trabajar, pero vaya si trabajan. Y menos mal, ya es bastante difícil encontrar a un albañil o un fontanero hoy día.

Escepticus

Estoy totalmente de acuerdo con tu exposición. Tan solo una salvedad y es que el Salario Mínimo servía de referencia para una serie de prestaciones que iban en función de él.
Pero hasta en ese aspecto ha perdido su razón de ser. El PSOE en una de sus primeras medidas, y dándose cuenta del tiron electoral del incremento del salario mínimo (que realmente solo penaliza directamente al empresario al incrementar sus costes) se sacó de la manga el IPREM que desde su implantación en 2004 solo se ha incrementado en un 8,40% en tanto que el salario mínimo lo hizo en un 23,90%. El tema está claro ... en tanto el Gobierno actualizó las prestaciones en un 8,40% el empresario incrementó sus costes un 23,90% y considerando que al sector que mas afecta es al de autónomos/empresarios individuales y pequeñas empresas, el coste económico y laboral está a la vista.
Mas referencias a esta y otras cuestiones en
http://www.al-loro.com/Pag_alloro.htm
y
http://www.al-loro.com/Pag_UltimaHora.htm

Javiac

El salario mínimo puede subirse sin demasiado peligro para los trabajadores, si se realiza junto a una importante bajada del impuesto de sociedades. En cualquier caso la retribución mínima debería ser por horas, y no mensual. Las empresas que después de la reducción impositiva no pudieran pagar un sueldo aceptable a sus trabajadores, tendrían efectivamente que reducir plantilla y aumentar la productividad (la mayoría de veces este aumento se debe a adelantos tecnológicos, y no a un sobre esfuerzo de los menos capacitados).

Es muy positivo el que todo emprendedor pueda invertir su dinero en el sector económico que crea conveniente; pero siempre que pueda pagar a sus trabajadores un sueldo objetivamente aceptable, por que si no puede, a menudo se debe a su pésima gestión del negocio o a que el sector económico tiene costes mucho menores en otros lugares del globo. Por tanto facilitar que el empresario emplee su dinero en un sector poco competitivo, no beneficia a nadie; ni a los países pobres, ni a nuestros trabajadores, que se verán obligados a trabajar en un sector que no les permite llevar un nivel de vida medio. Los puestos que se destruyan en un área de la economía serán creados en otra; hay que agilizar y reducir los trámites y costes de quiebra, así como los de despido, para permitir una mayor movilidad del capital y permitir así que nuestra economía se concentre en los sectores más competitivos de cada momento.

La eliminación del salario mínimo, no es más que proteccionismo empresarial, sustituye de forma incluso más negativa a los subsidios y el proteccionismo comercial.

En cuanto al salario mínimo objetivamente aceptable, estaría actualmente entorno a los 4,5 euros hora (35% del salario medio). Una mayor flexibilización de horarios, un SMI por horas, y una importante rebaja impositiva, permitiría aumentar la productividad y la competitividad. Por lo que se podrían aumentar los sueldos y los beneficios.

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