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Portada - Comentarios - Ni es liberal ni ha pretendido nunca serlo

29/11/2007 - Fernando Díaz Villanueva

Ni es liberal ni ha pretendido nunca serlo

Ayer, en esta misma tribuna, se lamentaba amargamente mi socio y colega de profesión Manuel Llamas por el giro a la izquierda que, a su parecer, el PP ha dado en los últimos tiempos. Estoy de acuerdo con él; en el lamento y en el análisis. En el lamento porque es una pena que en España no tengamos un partido político que se acerque a nuestra manera de pensar y de concebir la vida en sociedad. Y en el análisis porque el PP, efectivamente, es desde hace mucho un partido socialdemócrata más cuyo programa e intenciones distan sólo un par de estaciones de los de su archienemigo socialista.

El problema no es por lo tanto el juicio, que va sobrado de tino, sino la profundidad del mismo. El Partido Popular no es un partido liberal ni ha pretendido nunca serlo. Es, en el mejor de los casos, un partido que gusta de decirse –a ratos y sin demasiada convicción– liberal o, afinándolo aún más, amigo de los liberales. Y no siempre y no desde siempre. Cuando empecé a interesarme por las cosas de la política, allá por 1992 o 1993, el PP no prestaba la más mínima atención a las ideas liberales (no es que ahora preste demasiada, pero entonces sus líderes no sabían ni que existían) y su programa, coma arriba, coma abajo, era un refrito del que imprimía cada cuatro años el PSOE quitándole la épica obrerista y la lírica de lo social.

En todo lo demás eran clavados y así nos lo hacía ver Jesús Huerta de Soto en sus clases nocturnas de Economía Política para pasmo de los que hasta allí se allegaban con el monotema de odiar a Felipe González por encima de todas las cosas. Tuvo entonces alguien dentro del PP la ocurrencia de vestir la presencia pública del partido con ropajes nuevos, recién cortados en el taller de Lucas Beltrán o de Pedro Schwartz y que Jiménez Losantos, a la sazón columnista y contertulio muy aplaudido por los jóvenes, difundía en la radio y en la prensa con eficacia demoledora. De esto hace 15 años y algunos se ilusionaron con eso de que el PP sería la herramienta que siempre le ha faltado al liberalismo español, la llave inglesa política que fuese poco a poco desmontando el monstruoso estado que heredamos del franquismo, y que ucedeos y felipistas hicieron crecer hasta extremos tan onerosos como la brutal recesión económica del 93-94.

Han pasado muchas cosas desde entonces y el PP sigue, más o menos, donde estaba. Gobernó ocho años retocando cuatro nimiedades pero, en lo esencial, doblando el espinazo ante el discurso socialista hegemónico. En España, por desgracia para nosotros y para los que vengan detrás, no se aprovechó esa oportunidad para hacer una revolución al estilo de las de Thatcher o Reagan. Ni se tocó el mal llamado "Estado del Bienestar" ni se emprendió ninguna reforma digna de tal nombre. A lo más se dejó de robar a manos llenas y se practicó un bypass de emergencia a un organismo moribundo que estaba a punto de reventar.

En el PP, dados como buenos políticos que son a pasar el día felicitándose de sus propias incompetencias, no es que no sean conscientes de la oportunidad que perdieron, es que, para ellos, eso no fue una oportunidad sino dos legislaturas de poltrona y coche oficial. Si volviesen a gobernar harían lo mismo. La Seguridad Social o el fondo de pensiones seguirían siendo lo que son, los impuestos serían tan altos y desproporcionados como lo son ahora y el Gobierno no podría evitar meter sus narices en los medios de comunicación, en la banca o allá considerase necesario en aras del "bien común". Les va en su naturaleza. Son políticos, esa curiosa especie de seres humanos que se cree omnisciente y cuyo único interés real es vivir a costa de los demás diciendo como tienen que vivir los demás.

Mi pesimismo, naturalmente, no es óbice para que, de tanto en tanto, les eche el voto. Pero no con la esperanza romántica de que hagan esa revolución liberal que tanto me gustaría ver con mis propios ojos en mi propio país, sino con la idea práctica de evitar que vengan los de enfrente y hagan la revolución a la inversa.

 

Opinión de los lectores

Radix

Debo de ser muy corto para no entender por qué, dado el sentimiento de frustración que se desparrama entre los liberales de este país, aún se vota "de tanto en tanto" a un PP tan vilipendiado como el socialista y que no sirve ni de sucedáneo de partido liberal, en lugar de crear un auténtico Partido Liberal Español. Aunque sea uno de andar por casa, que plantee alguna reducción de impuestos y privatización que otra, no ya el utópico desmantelamiento estatal.

Jose Antonio Baonza Diaz

Suscribo casi todo lo que dices, Fernando. Los liberales (cualquiera que sea su tendencia) no deben renunciar a un discurso propio ni dejarse difuminar por algunos cantos de sirena. También con el último inciso en el que, no obstante, dices que echaras tu voto al PP. Pero porque nos encontramos ante circunstancias excepcionales. La alternativa es todavía mucho peor y, enfrentados al dilema, creo que muchos no podemos sustraernos a optar por lo menos malo, sin renunciar al debate abierto ni asimilarnos a un partido con tales vicios por el hecho de votarle tan solo para echar del poder a un peligro máximo. El extraño caudillismo de nuevo cuño que están fraguando ZP y sus cuates es todavía más peligroso que esa socialdemocracia del consenso que propugna el PP. Sus últimos pasos contra las libertades van en una línea sinuosamente parecida a la de un PRI mexicano, aquella "dictadura perfecta" -qúe diría Vargas Llosa padre antes de volver a las huestes inequivocamente socialdemócratas de Rosa Díez y Fernando Savater- con elecciones, pero con un poder ilimitado. Ahora que los dirigentes del PP andan pensando en proponer una reforma de la constitución, tal vez sea el momento de demandarles que introduzcan limitaciones y reducciones efectivas de todos los poderes del Estado, el reconocimiento del carácter fundamental del derecho de propiedad con amparo constitucional, eliminación de las majaderias que dice la actual sobre la planificación económica, el sistema de impuestos y la seguridad social pública obligatoria, entre otras muchas, para crear un clima solo un poco más respirable. Rechazo que la idea motriz para la expansión del liberalismo sea "cuanto peor mejor" y, francamente, preferiría irme de vacaciones a otros puntos del planeta que votar con los pies y largarme de España. Los procesos de elección pública son muy complicados y de resultados, a menudo, desazonadores, pero ningún futuro está escrito.

Clausius

Bueno, quizás no haya que ser tremendamente pesismistas respecto a ese tema. Comparen la situación actual con la de hace 15 años. Es cierto que los liberales del PP no es que no quepan en un autobús, es que hasta un ascensor les viene grande, pero también es cierto que en ese aspecto se ha mejorado bastante. Y no sólo el PP, sino la sociedad, especialmente la que está online.

Andrés

Los liberales no tenemos nada que hacer, excepto seguir peleando para que los gobiernos no se nos "coman" y para que la sociedad les "regale" su vida a los burócratas. El único consuelo que me queda es la frase de Ibsen: "La mayoría nunca tiene razón".
Los liberales siempre somos minoría

luis

Cómo puede alguien decirse liberal y pertenecer a un partido que recientemente ha votado para aprobar lo siguiente:
- el artículo 156 del nuevo Estatuto de Autonomía de Andalucía:
"Toda la riqueza de la Comunidad Autónoma, en sus distintas formas y manifestaciones, y sea cual fuere su titularidad, está subordinada al interés general".

Me pregunto cómo hay personas que culpan al capitalismo de mucho de los males de nuestro tiempo cuando realmente NO vivimos en una sociedad capitalista. La base del capitalismo, Sª Esperanza Aguirre, es la propiedad privada. ¿De donde ha sacado usted la idea esa de limitar la altura de los nuevo pisos construidos?. Ciertamente no leyendo a Hayek.

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