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Portada - Comentarios - Sobre lo absurdo de la política y sus leyes

26/12/2007 - Manuel Llamas

Sobre lo absurdo de la política y sus leyes

A poco que nos fijemos, observaremos en el día a día el elevado grado de incumplimiento social que generan ciertas leyes y regulaciones, cuyo principal rasgo consiste en la incoherencia de sus contenidos y la ineptitud de sus autores, que no son otros que nuestros afamados y privilegiados representantes políticos.

En los últimos días ha estallado la voz de alarma en torno a la existencia de ciertas prácticas abortistas de carácter ilegal que, al parecer, estaban mucho más extendidas en España de lo que comúnmente se esperaba. La cuestión de fondo a tratar aquí no radica en la conveniencia o no de que una mujer pueda disponer libremente de su cuerpo a la hora de decidir la interrupción de su embarazo más allá de los plazos legalmente establecidos o médicamente razonables, sino en constatar el hecho de que las leyes, en muchos casos, no responden a su auténtica finalidad: establecer un marco de convivencia común acorde con las prácticas que se desarrollan en el seno de la sociedad.

El denominado Estado de Derecho, al derivar exclusivamente de las directrices ideológicas que marca un determinado Gobierno, se convierte en una realidad virtual que poco o nada tiene que ver con lo que sucede diariamente en la práctica, que no es otra cosa que el incumplimiento reiterado de la normativa vigente. Así, por ejemplo, la Ley Antitabaco nació con el objetivo de restringir hasta el extremo los espacios aptos para fumadores con la ilusión de que dicho hábito se acabaría viendo reducido con el paso del tiempo. Sin embargo, el consumo de este producto nocivo se mantiene en niveles muy similares al de las etapas previas a la entrada en vigor de la citada normativa.

Los jóvenes españoles, menores de edad, siguen abrazando además este hábito sin mayores dificultades a pesar de su prohibición. La medida ideada para controlar el acceso a las máquinas expendedoras en los locales de ocio, consistente en un pequeño dispositivo de control remoto que ha de ser activado por los camareros para poder comprar una cajetilla, se ha convertido en un artilugio ciertamente incómodo, tanto para el profesional como para el consumidor, hasta tal punto que su uso generalizado ha acabado por ser desterrado en numerosos bares, restaurantes y pubs de nuestra geografía. En los banquetes y en las bodas se sigue fumando, como no podía ser menos, al tiempo que un creciente número de locales obligados por ley a establecer espacios separados para fumadores y no fumadores han optado definitivamente por ignorar la normativa, dados los perjuicios que estaba provocando a sus negocios.

Mucho más grave y paradójico resulta la extensa legislación penal referida al uso y distribución de drogas. Y es que, a pesar de las amplias restricciones legales impuestas en este ámbito por la clase dirigente, España tiene el dudoso honor de encabezar el ranking mundial en cuanto al consumo de estupefacientes tales como el cannabis, la cocaína o el éxtasis, entre otros. La guerra contra las drogas emprendida por el Gobierno está perdida desde el inicio, pero ello no ha propiciado ni siquiera la apertura de un debate público sobre la despenalización de este tipo de prácticas, cuya persecución desperdicia un ingente volumen de recursos públicos cada año.

El elevado incumplimiento de las normas de tráfico constituye otro ejemplo claro y evidente del distanciamiento que persiste entre las reglas que emanan del poder legislativo y la realidad que se deriva de la práctica social. Los límites de velocidad impuestos sobre las carreteras nacionales son más acordes a una señalización viaria del siglo XIX que a una propia del siglo XXI, en donde los vehículos presentan una creciente potencia y mayores niveles de seguridad.

Ámbitos tales como el urbanismo o el fraude fiscal reflejan igualmente que las leyes vigentes animan a los ciudadanos a bordear una normativa que no puede ni debe ser considerada como justa, ya que ésta apenas logra imponer la superioridad moral y ética que precisa para poder ser socialmente respetada. El problema de fondo es que el Derecho positivo nace con el fin último de moldear al antojo de la clase política los roles y prácticas que desempeñan los individuos en su vida cotidiana. La reciente Ley de Igualdad o la aberrante prohibición impuesta a los padres de poder corregir con un cachete a sus hijos son los penúltimos capítulos de una errónea concepción acerca de la formación de las leyes que han de regir en una sociedad.

El Estado de Derecho y, por lo tanto, lo que ha de entenderse por Justicia, nada tiene que ver con el actual modo de legislar que ostentan los gobiernos democráticos. Una ley es justa cuando los sujetos obligados a su cumplimiento la asumen como tal al considerarla razonable y conveniente para el correcto funcionamiento de la vida en común, de tal modo que su quebranto supone, en esencia, una excepción digna de ser condenable y condenada. Mientras que en la actualidad sucede más bien lo contrario: la excepción (el incumplimiento de la norma) constituye la regla.

 

Opinión de los lectores

Anónimus

"El Estado de Derecho y, por lo tanto, lo que ha de entenderse por Justicia, nada tiene que ver con el actual modo de legislar que ostentan los gobiernos democráticos. Una ley es justa cuando los sujetos obligados a su cumplimiento la asumen como tal al considerarla razonable y conveniente para el correcto funcionamiento de la vida en común, de tal modo que su quebranto supone, en esencia, una excepción digna de ser condenable y condenada."

¿Cóooooooomo? En la Alemania nazi existían leyes que perseguían a los judíos y que los ciudadanos alemanes consideraban justas. ¿Eso hace a una ley justa?

No, Manuel, una ley es justa cuando respeta la propiedad, la vida y la libertad de las personas. Simplemente.

Gorka

Excelente artículo Manuel. Salvo por la precisión de Anonimous que es muy procedente, creo que has tocado un punto clave: la inflación de leyes. Precisamente, a comienzos del siglo XIX, Herbert Spencer titulaba uno de sus libros "Exceso de legislación" y en él alertaba del peligro para la libertad del incremento del poder del Estado...y el poder del Estado crece y crece con las leyes. Si además, estas no se cumplen, se pone en tela de juicio la fuerza del Estado, lo cual, nos devuelve a la cruda realidad. Que en muchas esferas el Estado no existe cuando debería y existe cuando no debería. El primer caso, sería el que de la protección de la vida y de la propiedad privada y también en la propiedad privada. La explicación es que nuestras propiedades no están a salvo frente a los delincuentes y el segundo caso se refiere a lo mucho que hace el Estado por decirles a los propietarios lo que tienen que hacer con sus vidas, como a los hosteleros o a los propios fumadores.

Bastiat

La verdad es que estoy de acuerdo con todo lo que se dice, con la matización de Anonimus y lo dicho por Gorka....

Ahora bien, las leyes, las normas creo que tienen que dividirse en aquellas que protegen la vida, la propiedad y la libertad, para mi el fundamento de las leyes justas, y las leyes que interfieren en los derechos antes mencionados, para mi leyes tanto más injustas cuanto mas interfieren en dichos derechos. Y no digamos si las leyes, las normas actúan sobre el ciudadano tratándolo de presunto culpable como en el caso de los límites de velocidad o los cánones de la ZGAE.

Pero hemos de tener claro que el problema de las leyes no es sólo si interfieren o no en los derechos individuales sino de qué manera se lleva a efecto esa ley para que sea verdaderamente efectiva.

Por un lado hay leyes que como digo nos tratan de presuntos culpables, pero para que sea efectiva una ley de protección de la llamada “propiedad intelectual” para castigar a los culpables de pirateo se debe perseguir a aquellos que efectivamente haya constancia de que pirateen. El coste en efectivos policiales y el coste político de entrar a registrar a casas de ciudadanos normales para comprobar si es cierto que poseen copias piratas lo hace desaconsejable políticamente. Por tanto la ley en este caso es absurda desde el punto en el que se mire.

Si uno va a 150 Km/h y no lesiona a nadie, el ponerle una multa implica que es una sanción a una norma de carácter meramente administrativo por mucho que se quiera incluir en el código penal. Ahora bien, sólo es delito si te pillan. Resultado, la norma es prácticamente absurda por el hecho de que ni hay medios policiales ni administrativos para gestionar el alto numero de delitos que cometemos los ciudadanos.

Pero hete aquí que hay una serie de leyes que sí persiguen el delito cometido y contra la propiedad, la libertad y la vida. En los dos primeros casos aquel que los sufre puede ir a demandar justicia a los tribunales. En el caso de la vida, los muertos no pueden hacer nada.

¿Qué ocurre si el Estado, cuya única justificación es la defensa de los derechos individuales, no ejerce la labor de llevar ante la justicia a aquellos que atentan contra la vida de sus ciudadanos? El estado se deslegitima, siempre y cuando los ciudadanos respondan así a causa de su inacción.

Podríamos pensar que un familiar, un amigo, un conocido o un testigo sin mas, podría demandar la acción de la justicia. ¿Pero qué ocurre cuando no hay quien levante la voz por el muerto?

En ningún caso, si el Estado no actúa, habrá justicia.

Mas grave aún cuando el Estado despenaliza la muerte, el atentado a la vida de los seres más indefensos.

Radix

Yo solo sé que cuando llegue la utopía ancap, por las carreteras de mi propiedad habrá límites de velocidad y normas de tráfico que deberán cumplir incluso los dueños de coches potentes. En San Petersburgo "la realidad que se deriva de la práctica social" dice que los semáforos no hay que respetarlos, ¿y cual es el resultado?

http://www.youtube.com/watch?v=x7EuYUbNB8g

Hay que criticar al Estado donde hay que criticarlo, pero esta crítica no debe ser óbice para no reconocer sus virtudes. No creo que a ninguno de ustedes les gustara llevar el coche por un sitio como éste (aquí parece que tienen más asumido que no hay reglas y van con más cuidado):

http://www.youtube.com/watch?v=xSF6cA-TaI0

Bastait

Equivocas el tiro Radix. Todos los Ancap saben que en sus propiedades pueden ejercer el pleno dominio imponiendo normas de comportamiento. Lo que no aceptan es que alguien venga a imponérselas desde fuera.

El caso mas llamativo es el de la ley antitabaco. Yo como propietario de un restaurante puedo imponer el que no se fume en determinados sitios, o que para fumar haya que meterse en una zona determinada. Puedo hacerlo. Otra cosa es que entienda que eso puede tener como resultado el que tenga menos clientes hasta el punto en el que tenga que cerrar o cambiar de normas. El que venga el Estado a imponerlas porque una determinada ministra considere que tiene que velar por mi salud en vez de dejarme a mi esa responsabilidad es lo que los liberales criticamos. La responsabilidad es mía y no del Gobierno.

Pero pones un ejemplo muy querido por mi. Dices que en tus calles privadas habrá semáforos y normas de circulación. Perfecto. Aplicaríamos entonces el razonamiento anterior y podría ocurrir que al haber normas claras de circulación y las medidas impuestas sean eficazmente hechas cumplir las viviendas que haya en esas calles tengan una gran demanda y su valor sea mas alto y, por tanto, sea un gran negocio el mantener dichas normas. O tal vez no. Lo mismo el ciudadano pasa de las normas y si no haces bien tu tarea de aplicarlas y hacerlas cumplir al final ocurra como en cualquier ciudad a día de hoy, que en muchas ocasiones las normas de tráfico sólo se cumplen por unos cuantos bobos que tienen un compromiso moral con la ciudad en la que viven y que ven desesperados como muchos se las saltan sin que la autoridad ejerza y sin que en muchos casos el hacerlas cumplir sea uno de los emblemas electorales de político alguno. Así que, si tienes un buen número de calles en propiedad no tengas dudas que yo probablemente iría a vivir allí si es que me llegara el sueldo para ello

Pero es que la cuestión es la siguiente. Como ves digo que en tus calles tu puedes imponer tus normas y tratas de hacerlas cumplir porque con ello obtienes beneficios (o no). Tienes un interés en aplicar (o no) unas normas. En la realidad de las ciudades de hoy en día es que las normas no se aplican porque el político de turno no le interesa ejercer la autoridad contra sus ciudadanos porque eso sería electoralmente dañino.

Puestos a elegir ¿Qué prefieres?

Eso ocurre porque en el caso de Tus calles tú tienes un interés en hacer cumplir las normas y en el caso de las calles a día de hoy parece que eso es sólo relativo. Y eso ocurre porque las calles de las ciudades, a día de hoy, son….. de todos.

murrayn

Yo creo que el artículo de Manuel es muy acertado en líneas generales. El grave problema es la doctrina del Positivismo Legal, justamente como lo da a entender en algún pasaje del mismo. Lo que pasa es que en la conclusión del último párrafo es bastante hayekiano, y justamente este tema siempre lo encontré poco claro y bastante positivista a Hayek. Las opiniones de Bastiat y mucho más Rothbard y sus seguidores son más certeras en este tema.

Radix

Estoy en sintonía contigo, Bastiat, le has dado el enfoque correcto, pero no estoy de acuerdo del todo con Manuel Llamas, al menos en el ejemplo de las normas de tráfico. Que los vehículos presenten "una creciente potencia y mayores niveles de seguridad" no es razón per se para invalidar una norma, aunque sus propietarios piensen que para algo se han comprado un coche que puede coger más de 200. Las normas del siglo XIX se ajustan muchas veces a unas carreteras del siglo XIX, que no solo los coches cuentan. Los legisladores a veces también tienen sentido común.

Bastiat

Pues mira, un ejemplo...

Juan va por una recta de 5 kilómetros a 180 km/h, cuyo límite es de 120. No va nadie mas por la carretera y al llegar a la curva se sale. Muere.

Pedro va por la misma carretera, a 100, adelanta a otro mas lento, de los que va a reglamento, pero por debajo, a 80. La rueda del primero revienta en pleno adelantamiento, el coche se cruza, el segundo choca contra el, muere el del segundo.

¿Quién ha cometido un delito?

Nadie.

Si hubiera habido un control de velocidad, al primero lo hubieran metido en la cárcel..... si es que no se hubiera matado.

Sin embargo, mientras que en el segundo caso hay un muerto inocente, aunque fuera exasperadamente lento, si en el primero hubiera muerto ese mismo al encontrarse de frente al rápido y no así el veloz conductor, éste si que hubiera cometido un delito por imprudencia temeraria.

¿Cuál es la diferencia? Que hay víctima.

¿Por qué hay pues que poner un límite de velocidad?

Pues para definir qué es la imprudencia temeraria.... en caso de daños a terceros. Para complementar la denuncia con agravantes.

Me dirás, si pero se ponen límites... claro, es un espacio público y se pueden poner límites como quitarlos. El secreto está en encontrar el equilibrio para lograr el respeto a los derechos individuales de todos. Y el principio de prevención, precaución, no ha logrado evitar ninguna muerte. Pero sin embargo si hacemos responsables a las personas de los daños y no simplemente los atemorizamos sin que en la mayoría de los casos en que incumplen una norma... sinceramente, es mas justo y, lo que más cuenta, más eficaz.

Radix

Bastiat, la prevención sí funciona, pero 1) no es la panacea y 2) con la excusa de la prevención el legislador se extralimita a veces hasta lo intolerable (véase el caso del cinturón de seguridad). Si la carretera del ejemplo fuera de mi propiedad pondría un límite de velocidad para evitar que Juan (primer ejemplo) se salga de la curva no por su seguridad, sino por la seguridad del que Juan no ha visto y está entrando por la curva en ese momento. Y si se pasa, le multo. Y si se pasa cada día, le impido el acceso. Yo quiero que los usuarios elijan las carreteras de Radix Corp. por su seguridad.

En este caso, y hasta que las cosas puedan ser de otra manera, yo espero que la policía persiga las infracciones, sobre todo las de velocidad excesiva. Que en demasiadas ocasiones hemos estado a punto de tener un accidente por culpa de un mamarracho que creía que no venía nadie ("¡no te he visto!" es la frase más oída al rellenar el parte de accidente).

Éste es un mal punto para atacar al Estado.

Bastiat

No. Radix, pones el ejemplo perfecto. En Radix Corp la enseña, lo que vendes es la seguridad y para eso harás un efectivo y exhaustivo control de la velocidad de quienes usen tus carreteras. Apechugarás cuando tus medidas fracasen, pagaras tu a los que fallezcan o sufran lesiones en tus carreteras, tu interés, por tanto es hacer realidad lo que vendes. Y se te exigirá por ello. Y conforme a ello obtendrás beneficios o no según el precio que pongas y la demanda que obtengas, los tickets que vendas para pasar por esas Tus carreteras.

Pero puede haber que otros prefieran ir a más velocidad, correr el riesgo de matarse o de que los maten porque les guste la velocidad o porque no puedan pagar el precio que pides o piden otros de la competencia. O simplemente porque tienen la posibilidad de elegir.

Frente a esto está la ineficacia del Estado que pone multas por infracciones administrativas, sin víctima, y coartando la libertad. No controla exhaustivamente las carreteras para que no se den situaciones como las dibujadas. Dicha ausencia de control efectivo lleva aparejado el que al final el delito es delito si te pillan, y la picaresca hace el resto. La responsabilidad individual, que quedaría más reforzada si las penas por imprudencia temeraria con agravantes fueran más graves y mas publicitadas y todos supiéramos a lo que nos atenemos si obramos imprudentemente.

Por tanto, ojalá hubiera la posibilidad de que construyeras tus carreteras de Radix Corp.

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