La inocencia perdida
¿Se aprende a ser héroe o a ser villano? El famoso trabajo de Phillip Zimbardo, The Lucifer Effect: Understanding How Good People Turn Evil, demuestra que las situaciones sociales tienen un poder muy sutil para influir en el comportamiento de las personas, mucho más de lo que las propias personas somos capaces de imaginar. El libro de Zimbardo está basado en la investigación de toda una vida. Él realizó en 1971, junto con su compañero de colegio, universidad e investigación, Stanley Milgram, un experimento terrorífico (el experimento de la prisión de Stanford) en el que se dividía a los participantes entre guardianes y prisioneros. El resultado es que personas aparentemente "normales", sensatas y cabales, eran capaces de cometer atrocidades a sus compañeros una vez asumido el rol de guardián.
El experimento fue extraordinariamente enriquecedor para Phillip Zimbardo, tal y como él mismo relata:
El quinto día del experimento, una estudiante recién doctorada de Stanford, Christina Maslach, vio cómo los guardas colocaban bolsas en las cabezas de los prisioneros y les hacían desfilar con las piernas encadenadas, como zombies, mientras los guardas les gritaban barbaridades. Maslach salió llorando. Había empezado a salir con ella, y me gritó: "No estoy segura querer tener algo que ver contigo si esta es la clase de persona que eres. Es horrible lo que estás haciendo a esos chicos." Esa doble bofetada en la cara fue la catálisis para que me diera cuenta de que el estudio había funcionado demasiado bien y de que esa poderosa situación me había corrompido también a mí. Paramos el estudio al día siguiente.
La razón por la que cualquiera puede ser martillo en vez de yunque (que diría Gregorio Luri) la denomina el autor del libro el "efecto Lucifer", y viene a decir que los seres humanos en un entorno social determinado somos capaces de asumir grados crecientes de maldad e integrarla en nuestro comportamiento; simplemente nos vamos des-sensibilizando paulatinamente de manera que nuestro "umbral de maldad" es cada vez mayor y llegado un momento dejamos de ser inocentes corderitos para transformarnos en sanguinarios verdugos.
Zimbardo ha aplicado las conclusiones de este estudio a explicar el comportamiento de los soldados norteamericanos en la prisión de Abu Ghraib. Pero hay más posibilidades: el ciber-acoso, los pandilleros, el apoyo al terrorismo... son algunos ejemplos. Sin embargo, el autor le da la vuelta al estudio y analiza también las otras opciones, ante una situación nueva en la que aparece un comportamiento dañino para otros uno tiene varias alternativas: mirar al techo, unirse al mal, o ser un héroe. Y de ahí que la próxima publicación de Zimbardo se refiera a la "banalidad del heroísmo". Cualquiera puede ser un héroe si se acostumbra a un entorno propicio e instructivo.
En mi opinión queda por estudiar el "efecto Lucifer" respecto a la libertad. Es decir, creo que las personas somos capaces de rechazar de lleno una situación en la que claramente se pisoteen las libertades de las persona, en la que se atente física o materialmente contra la libertad de los demás. Pero administradas en pequeñas dosis, las medidas liberticidas no chocan a nadie y somos capaces de "tragarnos esa píldora", en especial si nos la adornan de paternalismo estatal, del bienestar de todos, de tu propio interés, que tú no conoces pero otros sí: un colectivo, un ministro o un Parlamento.
La auto defensa es un peligro para usted, la educación de los hijos por los padres es un peligro para los hijos, la decisión sobre cómo repartir las tareas del hogar es un asunto que concierne al legislador. Recuérdelo, es usted un bicho peligroso. Y una vez que cedes en un aspecto, cedes en lo demás poco a poco.
Los gobernantes y los medios de comunicación, en perfecta simbiosis, emplean como herramienta de manipulación el pánico moral para convencer al individuo de que no sabe qué tiene que elegir y aborregar a la sociedad. El pánico moral, tal y como lo definió Stanley Cohen, consiste en dar publicidad extraordinaria a un hecho aislado para convencer a la población de que detrás de ello hay una conspiración contra los valores o esencia de la sociedad. En este caso, si usted se defiende de un agresor es un violento y un peligro para la democracia; si expresa su rechazo hacia determinadas prácticas promovidas por el Islam, es usted un intolerante y pone en peligro la alianza de civilizaciones; si defiende la despenalización del uso del propio cuerpo por cada cual, está fomentando la prostitución y es un degenerado. Y de esta forma, resulta mucho más fácil entregar nuestra libertad/responsabilidad en manos de quien sí sabe qué necesitamos. Estamos perdidos.
¿Cómo volver atrás y recuperar la responsabilidad individual? Si seguimos a Zimbardo podemos sacar alguna conclusión. En un entorno hostil se desarrolla más fácilmente una imaginación hostil. En un entorno en el que se reacciona ante una catástrofe o un peligro para los demás, se desarrolla la imaginación heroica. En un entorno en el que las decisiones son individuales, cada cual asume las consecuencias de sus actos y no hay cesión de las libertades revestidas de falsa protección, se desarrollará con más facilidad la imaginación liberal y responsable, y no la contraria.
Opinión de los lectores
Todos tenemos un pequeño socialista dentro. Yo creo que más que "pánico moral" un buen totalitario tiene que sacar de nosotros nuestra "moral de esclavo". Hacernos sentir oprimidos por una minoría y por tante, sedientos de venganza.
Dictadura del proletariado ¿Así es como lo llamaba Marx, no? En esencia no es más que intentar convertir al esclavo en tirano.
Cien años antes, Montesquieu había dicho que el esclavo y el tirano son la misma persona en distintas circunstancias.
Fonseca
Para una versión literaria del experimento, la novela El señor de las moscas, de Golding, que trata el asunto del poder.
Podríamos hacer una encuesta sobre los pánicos morales de cada uno, por ejemplo el de la liberalización de los fondos para las pensiones -digo eso y no que un amiguete del ministro a asesor de turno se quede con su gestión a dedo, para eso me quedo como estoy- que tanto terror causa entre algunos que se dicen liberales.
Magnífico artículo.
Hace no mucho publicaron un reportaje sobre el experimento en el magazine de El Mundo. Terrorífico, pero muy interesante. Si hubieran previsto los resultados de antemano (es un mero juego teórico, sé que el experimento se hace para sacar resultados imprevisibles; pero imaginémoslo), ¿hubieran seguido con el experimento para confirmar las hipótesis?
Parece que se les fue de las manos, y si no recuerdo mal, a algunos de los participantes les quedaron secuelas.
Coincido con Fonseca en su primera frase, aunque preferiría llamarlo 'totalitario'. Observando conductas de personas normales, sin ningún tipo de poder, uno se percata de "derivas totalitarias": incomprensión de que el otro viva o piense diferente, deseo de que tú tengas que hacer lo mismo que los demás, etc. Si esto existe en circunstancias y personas totalmente normales, no es extraño que en ambientes hostiles nos podamos convertir en lo más vil y miserable. ¿Fue Hitler mucho peor que el alemán medio de su época?
Aunque también creo que es posible escapar de ese comportamiento miserable.
La inclinación al mal y la deriva totalitaria del individuo existe; creo que es algo intrínseco a la naturaleza humana. El poder tiende a corromper. Si el poder se concentra en unas pocas manos de políticos y demás, lo más probable es que esos "buenos chicos hagan cosas muy malas", y no paguen por ello. Si se nos da el poder a los individuos (poder atomizado? suena a competencia perfecta), también lo haremos mal, pero como dices tú, el entorno es diferente. Además, pagaremos por ello, y así podremos progresar.
Ya había oído hablar del citado experimento y me había horrorizado también.
Este "efecto Lucifer", también debe explicar cómo se extiende la corrupción en una organización cuando "todo el mundo lo hace", "nadie se va a enterar", "no te va a pasar nada"...
http://vidrierairrespetuosa.blogspot.com
Cuando la crisis pegue duro y le hagan falta valores, la persona de la calle, monoespecializada, sin mayores inquietudes intelectuales, tomará los que le ofrezcan, los que tenga más a mano. Conviene abrir el IJM media hora antes que la competencia...
No sólo eso, a veces incluso los que están haciendo daño inicialmente pensaban que lo que hacían era correcto. "Los caminos del infierno están empedrados de buenas intenciones"
Hola María,
Creo que sí, hemos “perdido la inocencia”. Pero dicha sentencia puedo afirmarla por un conocimiento intrínseco e introspectivo respecto de mi naturaleza (no la de los “otros”, cual experimento de ratas). No necesitamos de un experimento como el mencionado para comprenderla. De hecho, dicho “experimento” (que me suena más a juego) difícilmente puede representar la realidad de dichas representaciones de relaciones sociales. Ten en cuenta que se está utilizando un método científico propio de las ciencias naturales para comprender un fenómeno social complejísimo, y por tanto inapropiado o al menos insuficiente. Frente a lo espantoso del experimento uno es permanentemente conciente que puede “dejarlo” (así parece ser, incluso, que lo han vivido algunos). La realidad no permite cambiar las reglas del juego (las circunstancias), y eso es lo que realmente conforma el valor de las decisiones de los seres humanos.
Has dicho que:
“En un entorno hostil se desarrolla más fácilmente una imaginación hostil. En un entorno en el que se reacciona ante una catástrofe o un peligro para los demás, se desarrolla la imaginación heroica. En un entorno en el que las decisiones son individuales, cada cual asume las consecuencias de sus actos y no hay cesión de las libertades revestidas de falsa protección, se desarrollará con más facilidad la imaginación liberal y responsable, y no la contraria”
Parece casi matemático.
Entorno hostil = imaginación hostil
Entorno catástrofe = imaginación heroica
Entorno individualista = imaginación responsable
No estoy seguro si es el sentido que has querido transmitir, pero si tiendes a esa idea, creo que la realidad no es tan sencilla. Si bien en el holocausto judío hay testimonios de judíos que han compartido sus únicos y últimos recursos de alimentos con otros para esperar pacientemente la muerte (acto heroico frente a la catástrofe), también ha habido “traidores”, “hipócritas”, “miedosos” o “mediocres”. Lo mismo puede decirse de los hostigadores (que aún en situaciones de poder tuvieron conciencia de la prohibición “natural” de ejercer poder sobre un igual).
Si el entorno determina las voluntades humanas (y no estoy diciendo que no afecten a las mismas), entonces estamos preparando el terreno, justamente para no responder hábilmente a dichos entornos (respons-abilidad).
Por otro lado, Ángel dijo: “El poder tiende a corromper”. Sin embargo, si introspectivamente (y no por experimentación o por “juegos”) podemos comprender que “hemos perdido la inocencia”, entonces, ya no es el “poder” quien corrompe (como si éste tuviera voluntad, o fuera una entidad capaza de doblegar la conciencia), sino más bien que la corrupción de la naturaleza humana se ve potenciada, o permite su expresión en situaciones en las que puedo ejercer dicha capacidad. El poder no corrompe, la corrupción humana puede expresarse o manifestarse a través del poder.
El problema no es el entorno, sino más bien el aprendizaje personal, entendido como la capacidad de asimilar y aprehender (poseer) ideas y herramientas para hacer frente a los diferentes entornos o circunstancias. Y dicho aprendizaje no sólo es influido por el entorno o el contexto, sino, por sobre todas las cosas, por la voluntad de aprender. De la disposición. De la humildad. Del querer saber. De la capacidad de decisión personal. Todo ello muy lejos de ser representado en cualquier “experimentación” de laboratorio.
No es necesario entender que las “buenas personas” se pueden tornar “malas”. Sino más bien, que las personas tenemos la capacidad de actuar en ambos sentidos en cualquier circunstancia.
Empiezo por el final. Leo, cierto que es la introspección lo que te lleva al conocimiento de tu naturaleza. Pero la observación de los otros, incluso en un experimento que nunca representa la realidad sino un simulacro, te puede ayudar a ver cuales son tus "puntos ciegos" o tus auto-negaciones, que todos tenemos, y a mejorar esa búsqueda introspectiva.
Aunque es cierto que en el último párrafo parece que estoy planteando una ecuación matemática, yo no creo que el entorno determina, pero sí influye y, dependiendo de la persona, bastante, y por eso creo que es deseable que nos demos cuenta de en qué entorno estamos y si podemos modificarlo para facilitar unas respuestas y no otras. Siempre sin garantía de éxito, el ser humano es imprevisible.
Leo, el aprendizaje se ve influido o afectado por el entorno. No es que el problema sea el entorno, pero si que la habituación a situaciones determinadas explica en parte la reacción o la no-reacción de cada individuo. La psicología de grupos (como sabes mejor que yo) estudia en parte eso, la interacción entre el yo y el grupo. Iba por ahi, no hay nada determinista en lo que digo, o no lo pretendía. Pero en el mundo en el que vivimos no estamos acostumbrados a mirar más allá de las narices, y creo que hay que poner encima de la mesa las cartas, las que influyen también, aunque no determinen. Gracias por tu comentario.
Mas que interesante, revelador, ya habia yo conocido del dicho experimento y la aplicacion que usted ha hecho para explicar lo que sucede cuando nos "esclavizan" de a pocos es bastante apreciable. Cierto que pasa desapercibida por su dosificacion, como los envenenamientos cronicos.
La felicito por su claro mensaje de defensa de la libertad-responsabilidad.
Soy de Peru y aqui aun existen los delitos de apologia.