11/02/2008 - Berta García Faet
Democracia liberal y elección pública
El liberalismo es una corriente de pensamiento que admite propuestas muy dispares y distintos grados de compromiso con los derechos individuales. Sin embargo, si ordenásemos los distintos liberalismos en una escalera que mostrase de menor a mayor la escrupulosidad en el respeto a la propiedad privada, el primer peldaño lo ocuparía la democracia liberal: es lo mínimo exigible. Los gradualistas creemos que el desarrollo del liberalismo tiene que consistir en ir subiendo esa escalera.
La democracia liberal, no obstante, poco tiene que ver con los presupuestos de la Escuela Austriaca; se ha esbozado apelando a la Teoría de la Elección Pública, con un planteamiento en muchos puntos estimulante y enriquecedor. Casualmente, las críticas que reciben ambas escuelas son similares (rígida base axiomática, psicología reduccionista y antropología deficiente) aunque sus puntos de partida y de llegada son muy distintos. Pese a ello, con el gradualismo, pueden ser complementarias.
El modelo liberal-democrático se define en contraposición al modelo democrático-republicano (coincidentes con los paradigmas "protector" y "desarrollista", respectivamente, según la terminología de Macpherson y Held). La diferencia entre los dos modelos no es baladí: el democrático-republicano recurre a políticas positivas que hagan efectivos unos ideales (subvenciones, paridad, control de precios y salarios, redistribución); el modelo liberal-democrático, por el contrario, se materializa en una Constitución-marco para las relaciones entre gobernantes y gobernados, por lo que los únicos mecanismos positivos son aquellos que preservan la "pureza" de esas relaciones, evitando así los gobiernos sobrecargados que desemboquen en incongruencias o excesos.
La diferencia con el Estado mínimo es que esas relaciones no se agotan en la protección, la justicia y las infraestructuras básicas, sino que pueden ser cualquiera que venga recogida en la Constitución. Esta Constitución tiene que ser, por una parte, "liberal" y, por otra, "económica".
Una Constitución "liberal", según este modelo, simplemente tiene que fijar límites. La novedad no reside en las "garantías" (mecanismos que aseguren que los derechos individuales clásicos no serán invalidados por los sedicentes derechos sociales) sino en la concreción y, sobre todo, control de las reglas de juego que delimiten tanto los ámbitos de decisión y los procedimientos de las políticas públicas como la participación ciudadana en la instancia legislativa. Es decir: qué y cómo pueden decidir el Gobierno y el Parlamento, y cómo son éstos elegidos por los ciudadanos.
En cuanto a la participación en la elección de legisladores y Ejecutivo, parece claro que una Constitución liberal apostaría por una fórmula electoral lo más proporcional posible, por lo que se aplicaría una fórmula de cociente electoral (cuanto más pequeño, mejor); así como por las listas Panachage, que permitan un voto combinado de candidatos de diferentes partidos y en un orden libre. Esta característica de una democracia liberal es la única que se ve reflejada en algunos programas electorales de la Campaña 2008. Seguramente porque es su característica menos relevante: aunque sea una cuestión de higiene democrática, no está claro que las listas abiertas produzcan resultados electorales distintos a los de las tradicionales listas cerradas y bloqueadas.
Blindar la Constitución a la inflación de enmiendas y restringir la discrecionalidad y las invasiones estatales es todavía más básico. No es lo mismo un Estado cuya Constitución fije el límite porcentual respecto al PIB del gasto público, o la magnitud de la presión fiscal tolerable, o los ámbitos prohibidos totalmente a la incursión política, que un Estado que permita que con cada legislatura se incremente la base social parasitaria, que aumente la progresividad de los impuestos a su gusto o que fundamente la competencia entre partidos políticos en propuestas sobre más y más regulación de ámbitos inimaginables, llegando a extremos cada año más bochornosos (sexualidad, ideología, alimentación, costumbres...). Y, siempre, como si fuera otra norma obligatoria más, invocando al inasible y escurridizo "bienestar común".
Esta Constitución, además, tiene que ser "económica". Este concepto, que comporta una cierta perspectiva contractualista, lo aportaron Buchanan y Tullock en su obra El cálculo del consenso (1963): la Constitución será "económica" u "óptima" cuando se minimice la suma de los costes externos y de negociación de todos los miembros de una sociedad dada. Ese punto mínimo se corresponde con el consenso sobre la relación que debería existir, como decíamos antes, entre gobernantes y gobernados.
Los costes externos son los costes que le generan a un individuo las decisiones de los demás y, dado que cuantos más miembros haya en una sociedad, más probabilidad tendrá dicho individuo de encontrar un grupo con sus mismos intereses, estos costes tienen pendiente negativa. Los costes de negociación son los costes del proceso de llegar a un acuerdo, y aumentan a medida que se incrementa el número de individuos cuyo pacto sea necesario para la acción colectiva, por lo que tienen pendiente positiva. La suma de ambos, en consecuencia, tiene forma de U y la minimización matemática es sencilla.
Sin embargo, como en todos los equilibrios, a pesar de ser interesantes como "ideales", no hay forma humana de llegar a ellos porque no existe una unidad intersubjetiva para medir los costes ni forma de acopiar y procesar tanta información. Aún así, este planteamiento no deja de ser sugestivo, porque no contempla la Constitución como una norma superior prescriptiva por origen divino o racional, sino sencillamente como media de los óptimos de cada individuo.
Por otra parte, el planteamiento de Buchanan y Tullock nos lleva a otro concepto, esta vez sí con aplicación práctica: el de la intensidad de las preferencias. ¿Qué sucede cuando una mayoría es apática respecto a cierto tema que interesa y compromete mucho a una minoría? Sucede que se impone el criterio de la mayoría a pesar de lo poco que le importa a ésta el resultado y a pesar de los graves perjuicios que se genera para la minoría. La solución que proponen para esta tibia variante de la "tiranía de la mayoría" no es, ni más ni menos, que puro y sano logrolling: intercambio (¿por qué no compra-venta?) de votos. De este modo, la minoría induciría a la mayoría a que fuera favorable a sus intereses en este tema en concreto a cambio de ella variar su posición en otros temas clave para la mayoría. Esta especie de condicionamiento podría llegar, como decimos, a la monetarización del voto: aunque sería complicado, sería interesante porque supondría añadir una variable más en el diseño de los programas electorales. Seguiría habiendo clientelismo, pero al menos no tan descarado.
Por supuesto, caben muchas críticas a esta teoría, empezando por la metodología y continuando con su inocencia. Sin embargo, bajo mi punto de vista, es perfectamente combinable con la teoría del desprendimiento de Mascaró. Porque no se trata de profundizar en los mecanismos democráticos, sino de trepar por ellos incrustando en el sistema elementos liberalizadores que lo invadan.
Pero ¿es posible llegar a una verdadera democracia liberal? Es difícil, en tanto que los que han de acometer la reforma son los mismos que se han beneficiado con el sistema a reformar: los políticos. Pero no es imposible. Y más nos vale, porque es peligroso subir escaleras en las que falten peldaños.
Opinión de los lectores
Interesante comentario Berti, he aprendido un par de cosas nuevas. Pero me parece demasiado ingenuo, os compete a los gradualistas explicar como es posible, aún reconociendo como haces que es díficil, llegar a esa famosa democracia liberal. Como ya he advertido una vez (y tengo pendiente para esta semana explicarlo detenidamente), veo el gran fallo del anarcocapitalismo en la ausencia de una teoría de como llegar al mismo.
Nosotros en cambio tenemos una teoría de la revolución en pañales, nadie sabe si es cierta o no, si resultara o solo será otra visión desechable. Pero creo que desde mi limitada visión de individuo es la que más se acerca a la realidad y al camino a seguir para lograr una sociedad libre.
En otras palabras quiero saber cual es tú teoría gradualista para llegar al capitalismo libertario. ¿La reforma política? ¿el evangelismo?
Saludos chica.
iba a lo mismo, luego nos toca ver a tanto autodenominado liberal de burócrata...
Y no es por ofender, y considero, como muchos que dentro de la democracia liberal es preferible actuar, pero para eliminarla no para defenderla.
Nótese que los liberales del mal menor han terminado en la coyuntura del brazo del estatismo, el partidismo, y su consecuencia invitable, la corrupción, el elitismo político y el populismo.
Hola Stewie,
Si soy gradualista es porque creo que los avances que se produzcan no llegarán de la noche a la mañana. Y esto lo creo sin ninguna teoría universal, simplemente es una intuición en base a cómo vienen produciéndose los pequeños avances, que es precisamente así: mediante un goteo tibio y paulatino. No confío en las revoluciones violentas ni en las iluminaciones generalizadas repentinas; de hecho, las revoluciones históricamente han acarreado muchos traumas (ver Revolución Francesa o Revolucion Rusa en comparación con la Revolución Americana), y además las rechazo moralmente. Por eso me encanta la teoría de Mascaró, porque es lógica, porque no implica violencia ni utopías de élites y porque me parece completamente factible. Si lo que quieres es una teoría fundamentada y científica del gradualismo no la tengo. La integración de los supuestos de la Escuela Austriaca con la Public Choice tampoco está muy desarrollada. Y la Escuela Austriaca tampoco tiene una teoría universal del gradualismo. Sabemos, como mucho, que las instituciones existentes, buenas y malas, son frutos de procesos históricos lentos (el Estado moderno, como producto de la concentración del poder los príncipes europeos en detrimento de los señores feudales, el Imperio y el Papado), y que los cambios, no anecdóticos sino sostenidos, también se producen despacio. Pero no sabemos mucho más, realmente. No sé cómo puede llegarse a una democracia liberal, y tampoco sé cómo acotarla para que no degenere en un sistema más intervencionista. En realidad, me parece imposible restringirla de una forma segura y universal. Y aún así, me parece que es menos complicado transformar lo existente que empezar de cero. Por ejemplo, en la independencia de las trece colonias se apelaron a los ideales constitucionales británicos; lo mismo cabe decir de los abolicionistas, que se refugiaban en las declaraciones de igualdad y libertad de las constituciones de las metrópolis. Lo que quiero decir es que podemos retorcer ciertas reglas del juego, aunque en un principio nos parezcan tramposas y falsas, hasta hacerlas propias. Es lo que hace Ron Paul apelando a la "tradición del Estados Unidos". Él no ignora que las enmiendas estaban desde un principio contempladas, lo que no quita que él rechace la degeneración que han implicado y que le parezca que las derivas intervencionistas estén en contra de los principios originarios. No sé si en Europa podríamos apelar a algún principio originario similar... pero debe de haber alguno, porque no siempre fuimos tan sumamente socialdemocrátas.
Como ves, lo del gradualismo está por desarrollar. Es sólo una propuesta. Yo no me quedaría ahí, claro, es lo mínimo que me parece que puede pedir un liberal. Cualquier cosa por debajo a mí personalmente me parece socialdemocracia en toda regla. El máximo... aún queda muy lejos.
"parece claro que una Constitución liberal apostaría por una fórmula electoral lo más proporcional posible"
Esto es una afirmación, en mi opinión, totalmente arbitraria. La forma del proceso electoral no es dependiente de la limitación de atribuciones del Estado (principal diferencia entre democracia republicana y democracia liberal) sino de la relación de poder entre gobernantes formales y los electores. Es la diferencia entre la partidocracia absoluta y la democracia directa, no entre la franja que separa lo público de lo privado (que es básicamente de lo que trata este articulo).
Por poner un ejemplo, es perfectamente viable una democracia liberal con el sistema electoral menos representativo de Historia y una república que funcione a base de votaciones directas de los ciudadanos, e idem para los casos opuestos.
¿Lo de la teoría del desprendimiento lo pusistes luego? ¿o fue fallo mio no verlo?
Esa creo yo es parte de la idea, pero a mi se me plantean algunas dudas, ¿Es posible acelerar este proceso de forma consciente?, ¿o tenemos que sentarnos a esperar 100 años?, Yo no dispongo de ese tiempo, quiero ser libre hoy, o mejor dicho todo lo libre que pueda.
Que llegar al máximo de libertad posible es difícil es evidente, no hay mas que empezar a tratar de definir qué es eso del “máximo de libertad posible”, pero lo que es indudable es que para llegar a algún sitio lo que hay que hacer es empezar a andar.
Si la democracia liberal tiene algún sentido éste radica en que surge de un paso anterior que es la limitación del poder del Rey (del Estado) para que no interfiera en la libertad individual, la propiedad y la vida, o usando las palabras de la Declaración de Independencia, la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad, reconociendo que el gobierno de los hombres por parte de los hombres no puede dejarse en manos de éstos sin limitación alguna, con muchas limitaciones, la verdad, porque ningún hombre puede arrogarse el título de ángel.
Las diferentes escuelas y las diferentes corrientes dentro de liberalismo tienen, por tanto ese punto en común. Los gradualistas, quizás, es la más lógica de dichas corrientes puesto que entienden que el avanzar es ir dando pasos hacia el objetivo que podríamos encontrarlo en el Anarquismo, si lo llevamos hasta la utopía, o en el minarquismo extremo de seguridad, justicia e ¿infraestructuras? de alguna otra escuela.
Por eso es preciso lo primero entender qué es y como funciona la democracia. Averiguar cuales son los objetivos a corto plazo que vayan allanando el camino hacia los siguientes, las limitaciones que se pueden poner al Estado en sus funciones para evitar que quienes lo ocupen lo usen en propio beneficio y en el beneficio de su propia ideología, e ir logrando una masa crítica de ciudadanos que apoyen al liberalismo y, sobre todo, tengan reflejo en la posibilidad de ejercer el derecho al voto apoyándolo en las urnas.
No es que sea especialmente novedoso en mis argumentaciones pero no hay teoría política medianamente seria que se pueda llamar tal si no se presenta al escrutinio de la población que quiere defender y, por añadidura, transformar, en unas elecciones.
Por otro lado, pretender quedarnos en el “a ver si revienta todo esto” porque “ la democracia es el caldo de cultivo de toda agresión de la libertad”, sin dejar de ser cierto en alguna manera y como estamos viendo en la realidad, lo cierto es que la libertad, por definición, no se impone. O se lucha por ella logrando adeptos o, simplemente, nos quedamos cómodamente instalados en el sillón de casa a ver si revienta todo.
Y eso esperando que después del desastre lo que surja sea la libertad añorada...
Que lo mismo no.
Fabricio, no me confundas. Yo no invoco a ningún mal menor. No creo que la democracia liberal sea una necesidad, o una idea moralmente buena, o un fin. Creo, simplemente, que es la única posibilidad. Si me presentáis otra… perfecto, me apunto. Pero tened en cuenta dónde y cómo estamos. Creo que si algún día la propiedad privada es absoluta será porque anteriormente se restringieron las intervenciones estatales sobre un ámbito, y luego sobre otro, y otro, y así indefinidamente hasta que no se contemple intervención alguna.
Carlos Dutty, yo no veo por qué es arbitrario hablar de máxima proporcionalidad. Esa Constitución “liberal”, aunque no lo he dicho, obviamente contemplaría la igualdad ante la ley, y la participación de los ciudadanos en las instancias de decisión es, por supuesto, objeto de ley. Y el hecho de que esta Constitución “económica” halle “óptimos” de acuerdos –acerca de qué pueden decidir y legislar Ejecutivo y Parlamento- presupone que la forma de hallarlos es la más limpia. La razón de los sistemas electorales mayoritarios es la gobernabilidad; la de los proporcionales es la fidelidad con la realidad, que equivale normalmente a pluralidad. Si lo que quieres es gobernabilidad, ni hagas listas abiertas, ni separes los poderes, ni limites la discrecionalidad y sube de paso todo lo que puedas la cláusula de exclusión. Si lo que quieres es fidelidad, máxima fidelidad dados un número de escaños y un número de circunscripciones, tendrás que buscar la proporcionalidad.
Stewie, lo del desprendimiento de Mascaró ya lo había puesto, no he añadido nada. Acelerar el proceso –o empezarlo más bien- consiste en divulgar, que es lo que se hace desde este instituto. Y es un proyecto a largo plazo. Si la voluntad lo fuera todo… No nos olvidemos de la variable El Prójimo: un prójimo en general bastante de acuerdo con que le restrinjan la libertad si luego se lo maquillan con transferencias de cuatrocientos euros o rebajas fiscales, como si fueran un favor. A este prójimo, por cierto, no le puedes obligar a ser libre, ni a que le guste la libertad.
Bastiat, estoy muy de acuerdo con tu último párrafo. Hay que generar un estado de opinión, convenciendo o, como mínimo, informando. Sobre todo porque estas reflexiones no tienen sentido si somos cuatro gatos. Cada vez somos más, cierto. Hay que seguir por ahí. Más adelante, ya se verá. No podemos ni debemos controlar el futuro: con criticar el presente ya tenemos bastante trabajo. Quién sabe la de teorías y propuestas que aún faltan por surgir.
Como ya he dicho en mi blog creo que tu concepto de gradualismo es tan laxo o erróneo que incluiría entre los gradualistas a los revisionistas marxistas. Una definición de gradualismo que comprende a ingenieros sociales utópicos es una perversión del término. Aunque en el fondo es parecida a que un partidario de la anarquía llame a "lo suyo" liberalismo.
Al leer éste y otros artículos y sus comentarios respectivos, tengo la impresión de que los "liberales" (neo, clásicos, ultras, anarco,... las etiquetas parecen inagotables) formulan sus propuestas no desde la experiencia, sino a partir de presupuestos teóricos que, quizás, no sean menos utópicos que los de los socialistas del siglo XIX (aunque de otro pelaje, claro).
Me explico. Antes que definir la "libertad", su alcance, calificar al estado y acotar/eliminar su poder,etc; hay que ver si es posible conciliar liberalismo y democracia.
En mi opinión, es un error pensar que el estado actual imperante se debe a la conjunción de una mayoría estúpidamente embebida en socialdemocracia y una minoría egoísta y privilegiada de políticos y burócratas; enfrentada a unos cuantos heroicos luchadores por la libertad, los liberales.
Por mucho que se redefine el sistema democrático y se restrinja el campo de actuación estatal, siempre habrá mercadeo electoral en una democracia: los electores harán uso de su poder de voto, que les viene dado por imperativo biológico; y los políticos despilfarrarán recursos ajenos. La consecuencia, sin cinismos: el Estado es una ficción jurídica que a nadie entusiasma (tampoco a los socialistas) pero a la que todos (también los liberales), cual piñata, sacuden para sacar tajada. Un mundo imaginable sin Estado, ni de broma.
Las ideas liberales jamás triunfarán porque quién las defienda, al lograr el poder, necesariamente ya no las tendrá.
Iracundo, me temo que tus críticas danzan sin ton ni son. Lo único que les importa es danzar. Te propongo amablemente que no tergiverses y que te ciñas, que no inventes. Léeme y dime dónde está mi ingeniería social. Porque, chico, ¿no es eso lo que critico?
Seguramente no: tú siempre sabes mejor que yo lo que quiero decir.
Unpoleco, no deja de ser cierto, y por ahí van las prevenciones de la Escuela de elección Pública, que al llegar al poder se puede hacer difícil el lograr articular las medidas liberalizadoras que identificarían a un liberal. No deja de ser cierto que ese es el temor principal y a lo que se agarran igualmente los Anaquistas para criticar tanto el gradualismo como los minarquistas, pero todas esas críticas se fundamentan en el miedo viendo lo que hay más que en la razón.
No olvides que para que se pueda dar la premisa de que un liberal, entendiendo por liberal a aquel político que tiene como pretensión la disminución y limitación del papel del Estado en la sociedad, llegue al poder de manera democrática y con los apoyos necesarios para llevar a cabo esas reformas la propia sociedad tiene que haber resuelto ya la disyuntiva entre Estado grande y Estado pequeño. Es decir, el ciudadano estará convencido de la necesidad de limitar el papel del Estado y si ese político no refleja en su actuar la razón por la que fue elegido, los ciudadanos le retirarían su apoyo.
¿Dónde está pues el riesgo?
La desconfianza a ultranza del poder no puede llevarnos a la desconfianza a ultranza en el método a usar para la limitación del poder, entre otras cosas porque lo único que está logrando es la parálisis del liberalismo político que tiene en su fundamento esa limitación del poder.
Una sociedad que vote liberalismo será una sociedad que demande liberalismo, que demande limitación del poder del Estado, que demande más libertad.
Berta, siendo yo anarco-capitalista, veo en tu argumento lógica, sensatez y realismo unido a una especie de deseo o ideal de mejorar paso a paso nuestro estado de esclavitud.
Iracundo, sigue el consejo de Berti, vuelve a leer el artículo. Parece que calificas de "ingeniería social" a toda propuesta u objetivo hacia un fin determinado sin tener en cuenta el contenido.
Creo que la propuesta de Berta puede ser suscrita por cualquier liberal. Simplemente está describiendo el CÓMO DE UN CAMINO, no el final del mismo.
Unopoleco, que la democracia y la libertad no sean conciliables, o que el anarco-capitalismo te parezca absurdo, etc. no significa que dejemos de caminar en un sentido. Si quieres no le llames "máxima libertad" (si no puedes definirla), llámala MENOS ESCLAVITUD. Hacia ese objetivo va dirigido el comentario de Berta ¿cómo puede un liberal no suscribirse a su idea esencial? (más allá del objetivo último que cada uno pueda tener o querer en la sociedad).
Lo que resulta inadmisible a cualquier liberal genuino, es considerar todo "ideal" (u objetivo liberal) utópico (ya sea ANCAP, MINARQUÍA, etc.), y por tanto eliminar cualquier tipo de CAMINO (Berta) hacia ello.
Quizá el LIBERALISMO, para nosotros, hoy, sea una forma de vivir y no tanto un objetivo a alcanzar en vida.
Frente al cáncer existen dos cuestiones. 1) avanzar hacia un estado más saludable, 2) erradicarlo completamente. Berta está proponiendo el primero y básico, y deja el segundo para aquellos que creen que se puede caminar hacia dicho objetivo: ERRADICAR EL CÁNCER.
Erradicarlo con una "revolución" no lo veo muy biológico, moral y eficiente (pero esto es otra cuestión).
Apelar al gradualismo cuando se está pensando en una revolución social (la desaparición del Estado es un hecho revolucionario que sólo se ha visto una vez en Occidente, en el siglo V DC) es tergiversar, precisamente, el término gradualismo para adaptarlo a lo propio. Porque, como he dicho, un marxista que esté convencido de la inevitable llegada de la sociedad sin clases podría estar de acuerdo en que es necesaria una fase, o varias, de transición hacia tal sociedad. Eso sería llevar al gradualismo, como concepto, al absurdo.
Y por supuesto ejerces de ingeniera social cuando consideras que debe deconstruirse la Democracia a través de medios que no por moderados excluyen la radicalidad de la intención. Sin ir más lejos, en este artículo presentas como correcto o deseable un sistema "democrático" de burgos podridos en el que el voto sea extensión de la necesidad o interés económicos más directos. Democracia censitaria o caciquil, vamos. No creo que haga falta mucha imaginación para pensar que en tal contexto se llegase a proponer un bondadoso monarca absoluto que unificase los intereses públicos en uno privado...
La misma cantinela que Llamas y Valín con otros ropajes.
Iracundo, te recomiendo la canción de Alaska "Criticar por criticar".
Cualquiera puede leer mi artículo y darse cuenta de que lo que planteo nada tiene que ver con lo que tú me achacas. Desde luego, hay que reconocer que tienes imaginación.
¿Dónde propongo el sufragio censitario? ¿Dónde el caciquismo? La idea del logrolling no es mía (¡ojalá!) y, francamente, si ves anarcocapitalismo en la Public Choice, tienes un problema (de conocimiento). Y no sé cuántas veces tengo que repetir que discrepo de la idea de Hoppe sobre la monarquía.
Yo busco puntos de tangencia entre los liberalismos: tú te empeñas en pontificar sobre herejías. Yo me incrustro en tradiciones: tú las criticas todas a la virulé, adscribiéndote a ellas cuando te conviene. Democracia liberal... no, porque "la intención de la autora es radical". ¡Pero UPyD sí! Te falta tranquilidad, tolerancia y coherencia. Y leerme (es recomendable antes de proceder a una refutación).
¿Y quién decide que el Estado limitado es utópico pero la sociedad sin Estado no? Ambas cosas no son lo mismo a menos que consideremos que el poder político y las estructuras de poder puedan, o deban, ser estáticas.
"si ves anarcocapitalismo en la Public Choice, tienes un problema"
No, de hecho en mi blog he manifestado mi asombro de que un anarcocapitalista cite a Buchanan y Tullock para pergeñar una suerte de transición hacia la sociedad sin Estado con parada en algo que llamas "democracia liberal". Y digo asombro porque estos autores dedicaron sus plumas, precisamente, a la crítica sistemática de la anarquía y otras visiones rosas de la política o la sociedad.
Tú misma sugieres que los votos deberían poder ser objeto de compraventa: "La solución que proponen para esta tibia variante de la "tiranía de la mayoría" no es, ni más ni menos, que puro y sano logrolling: intercambio (¿por qué no compra-venta?) de votos." Esto es apoyar la mercantilización del voto: cuyas manifestaciones históricas son conocidas desde Roma a la actualidad. Burgos podridos, redes clientelares, cesarismo, etc, etc. Que tú no aceptes las consecuencias de lo que propones no te exime del error en la medida en que tampoco queda eximido el bienintencionado que proponga el socialismo como el camino de la virtud y nos condene a la dictadura y a la muerte.
"Yo busco puntos de tangencia entre los liberalismos: tú te empeñas en pontificar sobre herejías."
Creo que Europa tuvo un avance particular y excelente gracias precisamente a la tendencia de la mentalidad occidental a ser impía o herética. No es malo reflexionar sobre las herejías. El problema del ancapismo es que so capa del "unámonos todos" introduce un factor de unificación religiosa en lo que consideran su campo ideológico (pese a no serlo claro). Hablamos de, como no, ese concepto, pretendidamente definitorio del liberalismo mayor o menor de alguien, de la no agresión. Constituye una definición absoluta, mesiánica en sus consecuencias e intenciones, de la "libertad". Tal definición es inútil para la sociedad y pretende hacer inútil a la política. Sobre tales bases hablar de "democracia liberal" es una mascarada. Y el frentismo liberal, si es que alguna vez existirá, no precisará de los ancaps puesto que será un movimiento político y no religioso. Y desde luego tal frente, si aspira a existir o ser relvante, no puede tener por objeto la "reducción del Estado" sino su limitación: que no es lo mismo.
En UPyD se persigue más democracia, no menos como en tu caso, y desde luego sus integrantes tenemos profundas discrepancias ideológicas. Nos une sin embargo el interés en que las discusiones ideológicas puedan darse sobre la base de la libertad y la igualdad: cosa que hoy no existe. Yo, como ciudadano y como pensador realista, no puedo menos que apoyar iniciativas así, sobre todo en el actual contexto de destrucción de libertades de los nacionalismos separatistas.
"Incrústate", por cierto, donde gustes pero haz el favor de no irte por la tangente. La Democracia te importa un pepino y la consideras desde tu particular ideología una suerte de vía hacia tu particular revolución. Estás en tu derecho de obrar así, hasta cierto punto, pero desde luego no puedes presentar tus propuestas como democráticas y, en último término, ni siquiera como liberales. Persigues en realidad un ideal estético parejo al de Roger Martin Du Gard:
"Para empezar, habrá que destruir todo. Toda nuestra maldita civilización deberá desaparecer antes de que podamos traer alguna decencia al mundo".
La compraventa de votos es algo que existe ya, entre los partidos y los votantes y posteriormente entre los propios partidos, no veo nada novedoso. Hacer algo oficial no lo hace nuevo.
Sobre la discusión que tenéis entre anarcocapitalistas y minarquistas, principalmente con la argumentación de Iracundo de que el anarquismo como tal es utópico muestro mi sorpresa. No es acaso España durante la Guerra Civil una muestra clara de la viabilidad del anarquismo (os guste o no que no se reconozca como derecho la propiedad privada) ?
Además asumir que la consecución de un nuevo sístema político deba ser siempre con un método revolucionario y nunca mediante progresivas reformas me parece desacertado.
"La compraventa de votos es algo que existe ya, entre los partidos y los votantes y posteriormente entre los propios partidos, no veo nada novedoso. Hacer algo oficial no lo hace nuevo.
"
Otro friki equiparando la inevitable existencia del crimen con la eventual indiferencia hacia la impunidad absoluta. Pensando así no hay nada que discutir.
"No es acaso España durante la Guerra Civil una muestra clara de la viabilidad del anarquismo"
¿Se refiere usted al total consumo habido en Cataluña y alrededores en apenas unos meses de cuanto se pudo rapiñar? Menuda anarquía... ¡Una construída a base de bayonetas! Pero me gusta que de equipare "el invento" con la eventual anarquía que desearía un anca: me hace tener menos fe en la humanidad y ser mejor liberal.
"Además asumir que la consecución de un nuevo sístema político deba ser siempre con un método revolucionario y nunca mediante progresivas reformas me parece desacertado."
Yo lo que creo es que hay reformas imposibles que son en sí mismas, por ello, revolucionarias. Pensar que la política puede ser desmantelada es una de ellas. Y eso es así por mucho que uno se apropie de términos popperianos y trate hacerles decir lo que no dicen.
IRACUNDO,
Primero:
No es "anca", en todo caso "ANCAP" o "anarco-capitalismo" (que no "anarquismo").
Segundo:
Según el DRAE:
Anarquía: "1. f. Ausencia de poder público".
Capitalismo: "1. m. Régimen económico fundado en el predominio del capital como elemento de producción y creador de riqueza."
ANARCO-CAPITALISMO: "Sistema ausente de poder público basado en el régimen económico de predominio del capital (privado) como elemento de producción y creador de riqueza"
Quizá nunca haya leído esta definición de anarco-capitalismo, sin embargo resulta, al menos, elemental para comprenderla y tener un diálogo razonable.
¿Cómo se llega a este "sistema" que usted por describirlo de "imposible", lo circunscribe dentro de lo "revolucionario", "friki", etc.? Sencillamente aumentando la participación y actividad privada y aminorando o "eliminando" el poder público. ¿no está de acuerdo, usted, con este CAMINO? ¿Cómo puede usted ser liberal y no luchar, pregonar, intentar o actuar limitando el poder y aumentando la participación privada?
Olvídese por un momento de Popper, Rothbard y de cualquier teórico personal... y piense por sí mismo. Conteste a mi pregunta, si lo desea, en función de lo que DIGO (no en función de los que dijeron "otros").
Tercero:
¿Me puede explicar definitivamente qué es "libertad" para usted y qué se debe defender tanto como "objetivo final" como PROCESO o CAMINO actual?