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Portada - Comentarios - La patria soy yo

12/02/2008 - Antonio José Chinchetru

La patria soy yo

Uno de los mayores riesgos que existen en el ejercicio del poder político es que el gobernante se identifique a sí mismo con los gobernados. Es propio tanto de gobiernos con tendencias totalitarias como de sus seguidores el identificar las críticas a sus políticas con falta de patriotismo o incluso con la categoría de "enemigo del pueblo" (tan propia de sistemas como el nazi, el soviético o el fascista). Todo eso se está dando en la actualidad en España.

Si la política siempre tiene un alto grado de personalismo, en el caso español centrado en el presidente del Gobierno, con ningún inquilino de La Moncloa se había llegado a los extremos actuales. Una cosa es que en los carteles electorales se utilice la imagen y el nombre del candidato, sea el que ya ocupa la jefatura del Ejecutivo o el que aspira a arrebatársela, y otra muy distinta es la identificación total entre partido y persona que se da en la actualidad en el discurso y la estética socialista. El PSOE está en la línea del "líder carismático" que personifica las supuestas virtudes del partido, como se ve incluso en la utilización de atriles con forma de zeta durante los mítines de dicha formación.

Pero Z no sólo pretende personificar en su persona las virtudes que el PSOE se atribuye a sí mismo. Desde el Ejecutivo y el partido socialista se trata de vender la idea de que personifica las que, según ellas, caracterizan al actual Gobierno (que serían las mismas que adornarían a dicha formación política). Se produce de esta manera una triple identificación entre líder, gabinete y partido. Algo muy característico de los autoritarismos en general y de los totalitarismos en particular. Esa identificación se ve incluso cuando miembros del PSOE que no forman parte de Ejecutivo hablan de este utilizando la primera persona del plural. No muestran respeto alguna a la separación entre uno y otro tan necesaria en un régimen democrático.

Pero la concepción de la política que se muestra cada día desde La Moncloa y Ferraz tiene unos tintes todavía más preocupantes. Desde ambos se trata de convencer a los españoles de que la llegada al poder de Z ha supuesto el nacimiento de una nueva España; el propio Rodríguez Zapatero llegó a decir en una ocasión que ahora "es un país más justo", con unas supuestas virtudes antes no presentes. Virtudes que serían, una vez más, las mismas que personificaría el actual presidente del Gobierno. La identificación total entre el líder y el pueblo está servida. Criticarle a él o a su Ejecutivo es falta de patriotismo. Por supuesto, no falta la anti España, esos supuestos enemigos internos tan necesarios para un Gobierno con tendencias al totalitarismo.

La anti España en este caso serían el PP y todos aquellos que, próximos o no al principal partido de la oposición, critican al Ejecutivo. A quienes no jalean las políticas salidas de La Moncloa y Ferraz se les atribuye toda serie de características negativas: pesimismo, homofobia, xenofobia, oscurantismo y muchas otras. No en vano, Rodríguez Zapatero afirmó en una ocasión que el era "rojo de solemnidad" y que nunca había aprendido nada de la derecha. Todo político realmente democrático sabe que sus rivales políticos no totalitarios siempre hay algo, por poco que sea, que puede ser útil y de lo que se debe aprender. Una lección que Z todavía no ha aprendido.

Decir que la situación económica es mala y oponerse a las medidas en esta materia aprobadas por el Gobierno, es "irresponsable" y "antipatriota", según las propias palabras de Z y los suyos. Estar en contra de canon digital (por el que los agradecidos miembros del mundo de la farándula crean plataformas de apoyo a ZP), es también falta de patriotismo (Rodríguez Zapatero dixit). En definitiva, hablar o escribir contra el actual presidente del Gobierno le convierte a uno en "enemigo del pueblo", en desafortunada expresión de un mediocre actor al referirse al Partido Popular.

"La patria soy yo" es la única frase que le falta decir a Z para demostrar sus tendencias totalitarias. No lo ha afirmado todavía con esas palabras exactas, pero tanto él como los suyos lo repiten a diario de muchas otras maneras.

 

Opinión de los lectores

Jose Antonio Baonza Diaz

Totalmente de acuerdo, Chinchetru. Yo contemplaba con alarma la adoración del caudillo Gonzalez que destilaban las muy numerosas terminales propagandísticas del PSOE en los años 80 y primeros 90. Pero esto de ahora produce auténtico pavor. Una constelación de mostrencos - personas mayores de edad, sin embargo - han reducido todo debate político a dividir a la sociedad entre aquellos que se identifican con un líder máZimo -dechado de virtudes, "conseguidor" de toda clase de parabienes para "los que creen" en él"- y aquellos que lo rechazan, que son rancios, pesimistas y... de derechas. Bajo ese prisma, no hay decisiones que sigan ningún parámetro racional, solo sentimientos de pertenencia a la grey del Caudillo. Observemos la sumisión a la Z de toda la iconografía mitinera de la organización y medios de comunicación puestos a su servicio. La primera parte del video de su plataforma de bufones que tienen acceso a palacio. Su "alegría" de departir con el líder máZimo y su "compañera" - extraña dama, que ha hecho durante estos cuatro años un insólito paripé de tener una agenda separada de la de su cónyuge, pero que, por lo visto, tiene un gran interés, cual emperatriz romana, de vivir en palacio muchos años más- todos ellos sonrientes, encantados de haberse conocido. El doctor Montes mentó a un primo suyo, experto en semiología, para intentar confundir un sobreseimiento provisional de una causa dirigida contra él con una sentencia absolutoria.
No me cabe duda que con el tiempo toda esta impostación, toda esta apisonadora de signos, de sobreentendidos propagandísticos se estudiará en psicología social como una implacable forma de intento de lavado de cerebro de millones de individuos. Si el infierno existe, no me cabe duda de que Lenin y Goebbles estarán por allí regocijados al observar a tan distinguido émulo.

Andrés

Ya lo dicen que la soberbia es el peor de los pecados capitales. Lo tienen todos los políticos y gobernantes, y España no es ninguna excepción: Zapatero, Aznar, Gonzalez, Pujol. Todos iniciaron sus mandatos de forma empática y con talante, para acabar siendo un manojo de chulería, vanidad y engreimiento. Demasiado poder en manos de unos energúmenos que se crean tocados por la divinidad y que acaban queriéndonos convecer que saben mejor que nosotros mismos hacia donde queremos ir. Puñeteros salvapatrias, id para casa.

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