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Portada - Comentarios - Más capacidad de voto implica mayor poder para el Estado

20/02/2008 - Manuel Llamas

Más capacidad de voto implica mayor poder para el Estado

Desde diversas corrientes, y fundamentalmente desde la democracia participativa, se sostiene la necesidad inmediata de integrar a la ciudadanía en el ámbito de la esfera pública a través de la creación y desarrollo de nuevos mecanismos de participación política (como la extensión del referéndum a múltiples ámbitos), transformando así el circuito clásico de representación vigente.

En este sentido, no pongo en duda que nuestro actual sistema presenta importantes disfunciones y problemas, ya que es evidente el creciente distanciamiento entre la ciudadanía y sus representantes, así como el exitoso surgimiento de nuevos actores o movimientos sociales que vienen a sustituir o complementar a los partidos políticos en su función de agregación de intereses y recepción de demandas sociales.

Tales fenómenos son innegables, pero la exigencia de una mayor participación ciudadana en los asuntos públicos no me parece una vía lógica y necesaria para tratar de mejorar el funcionamiento de nuestro actual sistema. Y es que lo que se pretende desde el pensamiento crítico es establecer unos cauces de participación diferentes a los tradicionalmente establecidos por la democracia representativa clásica, a través de los cuales se piensa que los individuos pueden hacer valer mejor sus intereses, satisfacer sus aspiraciones y generar un mayor apoyo social hacia las instituciones políticas.

En mi opinión, los defensores de la democracia participativa tienen como objetivo implantar nuevos cauces de integración y participación social, cuya validez y utilidad se dirige más bien hacia la representación de intereses más inmediatos y concretos que hacia la formación de un interés general o voluntad colectiva (muy cuestionable, por cierto).

Más allá de su propia complejidad y, más difícil aún, implantación práctica, tales cauces, entendidos éstos como mecanismos plenamente institucionalizados, supondrían una enorme y muy diversa expresión de intereses sectoriales y particulares de muy difícil conciliación en la elaboración e implementación de políticas públicas concretas.

Sus defensores ven en la democracia participativa una forma complementaria de democracia que junto a la representativa, entendida ésta como conformadora de la voluntad general, introduciría cauces e instituciones para la representación de intereses propios y particulares.

Sin embargo, dicha idea me parece altamente inviable en el marco de la esfera pública por mostrar una evidente contradicción interna en su formulación: no considero plausible la implantación de mecanismos institucionalizados que pretendan dar cabida a la representación de intereses particulares en el ámbito de la esfera pública, cuya principal característica definitoria consiste precisamente en agregar dichos intereses (numerosos, variados y contrapuestos) para la formación de una supuesta visión común, un hipotético interés general o voluntad colectiva.

En este sentido, la única institución capaz de dar cabida a tal cantidad y diversidad de intereses así como de representar tal multiplicidad de visiones es única y exclusivamente el mercado, ya que contempla la participación e interacción social de todos los individuos como la base y estructura fundamental sobre la que se sustenta.

Éste debe ser entendido únicamente como libre mercado, carente por tanto de regulación o planificación alguna: es el único que permite la libre interacción de individuos y acciones, y el único que permite a través de sus mecanismos la libre expresión y representación del conjunto de intereses y visiones individuales.

Yo diría que, más que asistir a una crisis de representación, nos encontramos ante una crisis propia de los partidos políticos como actores o representantes que muestran una gran dificultad e incapacidad a la hora de incorporar el conjunto de demandas sociales existentes, caracterizadas por su enorme cantidad y diversidad.

El gran cambio socio-económico propio de las últimas décadas ha configurado una sociedad cuyo rasgo fundamental reside en su enorme complejidad y pluralidad, por lo cual queda completamente invalidada la visión clasista y estrictamente ideologizada que se desarrolló con el surgimiento de los partidos de masas. Así pues, la clásica visión partidista es simplista y carece de valor y utilidad para seguir vigente en las sociedades contemporáneas de hoy en día. Este fenómeno se hace visible por el claro desbordamiento de los partidos ante el auge de nuevas demandas que, al carecer de mecanismos válidos de representación, se ven en la necesidad de abrir nuevas vías (léase ONGs o movimientos sociales de toda índole), así como cauces de comunicación al margen del circuito institucional.

Sin embargo, me resulta paradójico la falta de atención prestada por las principales corrientes de pensamiento inmersas en el actual debate teórico sobre un elemento que considero especialmente relevante y que, en mi opinión, subyace y se configura como elemento central y núcleo de la problemática acerca de la representatividad de nuestro sistema político: ¿a qué se debe el hecho de que los mecanismos vigentes de representación se vean altamente desbordados y muestren una palpable insuficiencia e ineficacia en el proceso de recepción y plasmación de intereses y demandas sociales?.

Esta cuestión básica tiene en mi opinión una respuesta clara: el prolongado ejercicio de intervención pública llevado a cabo en el tiempo a través del modelo estatal de welfare state ha configurado un sólido proceso de aprendizaje social consistente en reflejar o intentar transmitir a la esfera pública un elevado número de intereses y demandas que pertenecen indudablemente a la esfera o ámbito de lo privado.

Es decir, el enorme desarrollo del Estado intervencionista ha terminado por convertir aspectos privados en elementos de atención pública, hasta tal punto que dicha confusión terminológica y conceptual prácticamente se ha institucionalizado. Tanto se ha ampliado el ámbito de intervención pública y tanto ha aumentado la esfera de actuación y funciones del Estado que, de forma artificial, se ha originado la sensación de que un creciente número de intereses y demandas particulares precisan de atención pública y, por tanto, deben ser emitidas hacia dicho ámbito con el objetivo de ser representadas.

En este sentido, la misma lógica empleada por el Estado para ampliar su ámbito de intervención es aplicada igualmente y de forma paralela desde la propia sociedad. Ambas esferas, Sociedad y Estado, siguen por tanto la misma lógica, ambos fenómenos se encuentran íntimamente relacionados. De hecho, el segundo (aumento de demandas sociales) es consecuencia inequívoca del primero (incremento de la intervención pública).

Dicho proceso, que viene produciéndose de forma escalonada desde hace décadas, ha terminado por colapsar los mecanismos institucionales de representación. Mientras que diversas corrientes pretenden aumentar tales mecanismos de entrada o configurar nuevos cauces de representación política para que estas nuevas demandas emergentes tengan cabida en la esfera pública, personalmente considero que tales iniciativas no hacen más que agravar el problema y aumentar la lógica de amplitud pública de forma escalonada.

Por ello, veo más lógico y factible aplicar el método justamente al contrario con el objetivo de desatascar el circuito de representación política. Se trataría pues de ir disminuyendo paulatinamente la esfera de intervención pública, cuyo lugar sería ocupado por el mercado que, como ya he señalado anteriormente, sí dispone de los mecanismos adecuados para representar de forma eficaz y real la diversidad y multiplicidad de intereses sectoriales o individuales.

La aplicación de esta terapia de adelgazamiento estatal permitiría iniciar una lógica contrapuesta a la anterior, permitiendo así que las exigencias y demandas actuales que no encuentran espacio suficiente en el modelo vigente puedan encontrar su representación en el ámbito de la esfera privada.

La terapia de choque aquí expuesta alcanzaría su límite en el momento en el que se lograra un amplio consenso en torno a las funciones públicas o estatales que mayoritariamente fuesen definidas como ineludibles, obligatorias y fundamentales para el marco de actuación propio de la esfera pública. En mi opinión, debería ser precisamente ésta la cuestión fundamental sobre la que centrar el debate teórico sobre la necesidad de reforma democrática.

 

Opinión de los lectores

Pedro

Manuel,
me parece muy interesante el punto de vista que has establecido para contemplar el problema. Admito la enorme potencialidad del mercado para resolver problemas que hoy las masas sólo perciben bajo el prisma asistencialista, pero soy muy escéptico a la hora de imaginar que lleguen nunca a "ver" la realidad. Los políticos han idiotizado a la gente, la han narcotizado. Hoy hablas de mercado, liberalismo o sector privado y es como mentar la bicha (las bichas) sin que nadie sea consciente de cuáles son los resortes económicos que fundamentan la prosperidad colectiva.
Siendo esto así, y sabiendo que defender el mercado es predicar en el desierto, yo aspiraría al menos a que la democracia "participativa" no invada aún más el terreno de la "representativa". Y lo digo porque la democracia participativa produce un peligroso efecto que no has considerado en tu artículo: su monopolización por minorías radicales.
Fomenta la democracia participativa y cualquier grupúsculo extremista podrá paralizar, con una intensa y demagógica campaña, cualquier proyecto de construcción de una infraestructura de interés general.
La democracia participativa, de hecho, se ha convertido en la última esperanza de la extrema izquierda para paralizar el funcionamiento, más o menos regular, de la democracia liberal.
Saludos.

ÁNGEL FERNÁNDEZ

Manuel:

Dado que aludes al artículo de ayer para criticar la democracia participativa, por alusiones, a continuación te expongo algunos puntos de vista en relación con tus comentarios:

LIBRE MERCADO

Evidentemente, estoy de acuerdo contigo cuando dices “…la única institución capaz de dar cabida a tal cantidad y diversidad de intereses así como de representar tal multiplicidad de visiones es única y exclusivamente el mercado”.

Sin embargo, entiendo que para garantizar el mercado libre hay que cambiar la actual redacción del art. 38 CE y, además, “sujetar” las diversas intervenciones del Estado sobre el mercado por medio de la democracia participativa con el Referéndum en el art. 92 CE:

>>"1. Las decisiones políticas de especial trascendencia deberán ser sometidas a referéndum vinculante para su ratificación por una mayoría de dos tercios de todo el censo electoral de España y, siempre, en los siguientes casos:

11º Aprobación de leyes o normas de rango inferior que impidan la libertad de empresa en el marco de la economía de mercado en los ámbitos nacional, autonómico o local, y de modo especial cuando establezcan regulaciones, concesiones, subvenciones, ayudas, tarifas, primas, incentivos o cualquier otro privilegio en favor de personas físicas o jurídicas.">>

De otro modo, lo que se obtiene es "mercantilismo", con el Estado Autonómico (64% sector público), el Estado Local (18%) y el Estado Central (18%) regulando tasas, tarifas, impuestos, subvenciones, etc… para las empresas (véase la situación en el mercado eléctrico, renovables, biodiesel, ganadería, agricultura, pesca, etc…) o para las personas y grupos cercanos al poder político (véase SGAE, cineastas,etc…).

¿Cuál es tu alternativa para llegar al libre mercado?

En mi modesta opinión, tanto si se quiere avanzar hacia la limitación o minimización del Estado como si se quiere llegar al anarco capitalismo, la única vía es lograr reconstruir la evolución socio cultural de las instituciones.

Lástima que no asistieses a la conferencia del pasado viernes, dado que en un post en LD te felicite por tu nueva incorporación y te invité a asistir a dicha conferencia. Allí expliqué en detalle el proyecto.

Básicamente, como decía F.A.Hayek en su libro “La Fatal Arrogancia”, estimo que es preciso introducir en la Constitución Española de 1978 “reformas escalonadas” que permitan “reconstruir los procesos que dieron origen a las instituciones que originan (y son originadas) por la sociedad civilizada.

LIMITACIÓN (O MINIMIZACION) DEL TAMAÑO DEL ESTADO

Con la iniciativa de PLATAFORMA CONSTITUCIONAL se pretende ir más allá limitando el tamaño del Estado. Más información en la web:

http://www.plataformaconstitucional.org

Hay que analizar el enorme COSTE POLÍTICO que supondría para cualquier gobernante plantear un referéndum y ganarlo por 2/3 del censo electoral en los asuntos más importantes para el futuro de sus ciudadanos, como:

>>9º Aprobación de nuevos impuestos, tasas, aranceles y tarifas, o aumento del importe de los ya existentes en los ámbitos nacional, autonómico o local.

10º Aprobación de nuevo endeudamiento, o aumento del ya existente en los ámbitos nacional, autonómico o local.

11º Aprobación de déficit presupuestario en los ámbitos nacional, autonómico o local.>>

Lo anterior, desincentivaría la convocatoria de un referéndum, dado que el gobierno que lo plantease se vería sometido a la crítica implacable de asociaciones civiles como el Instituto Juan de Mariana, al fuego mediático y al desgaste de los partidos políticos de la oposición.

El texto de los anteriores puntos en modo alguno: “introduciría cauces e instituciones para la representación de intereses propios y particulares”.

Al contrario, cada vez que un Gobierno (Estatal, Autonómico o Corporación Local) desease incurrir en déficit o intentase incrementar los tributos o el endeudamiento, debería obtener la mayoría de 2/3 del ciudadanos que se verán afectados en sus bolsillos por sus decisiones a medio y largo plazo.

Precisamente, planteo un camino para limitar: “…el ámbito de intervención pública y la esfera de actuación y funciones del Estado”.

Cuando postulas: “su monopolización por minorías radicales”, ¿tienes en cuenta que, según la nueva redacción del art. 92 CE que he planteado, esas minorías deben “convencer” a 2/3 del censo electoral?

Cuando comentas: “… personalmente considero que tales iniciativas no hacen más que agravar el problema y aumentar la lógica de amplitud pública de forma escalonada”, ¿puedes explicar tu razonamiento para llegar a tales conclusiones?

Cuando planteas un: “… método justamente al contrario con el objetivo de desatascar el circuito de representación política. Se trataría pues de ir disminuyendo paulatinamente la esfera de intervención pública, cuyo lugar sería ocupado por el mercado”, ¿cómo pretendes alcanzar el mercado sin hacer nada frente a las instituciones intervencionistas que actualmente lo distorsionan y planifican?

Cuando no comentas nada sobre el punto 7º que permite “parar” guerras injustificadas, ¿cuál es tu opinión sobre la democracia participativa vía Referéndum para limitar el intervencionismo político en estos asuntos?

Cuando no comentas nada sobre los puntos 3º a 6º que permiten “parar” la actual deriva secesionista totalitaria (en contra de los derechos y libertades individuales de los no nacionalistas) en Cataluña, País Vasco y Galicia, ¿cuál es tu opinión respecto de la democracia participativa vía Referéndum para abortar iniciativas separatistas impulsadas por "minorías radicales" nacional-socialistas?

Espero intentes ayudar en la medida de tus posibilidades para que el proyecto de PLATAFORMA CONSTITUCIONAL pueda seguir adelante, sin que se interpongan piedras “liberales” mayores que las que seguro nos encontraremos en el camino de la mano de los políticos intervencionistas.

Por ello, para ti y para todos los que deseen colaborar en el intento de comentar, debatir e impulsar una Propuesta Liberal de Reforma Constitucional, se ha abierto el siguiente Foro de Debate:

http://constitucion1978.forumotion.com


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