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Portada - Comentarios - El empresario percibido (o no) por el pensamiento económico

06/03/2008 - Francisco Moreno

El empresario percibido (o no) por el pensamiento económico

Es destacable que el pensamiento económico occidental no haya valorado en sus justos términos hasta hace relativamente poco el papel fundamental del empresario dentro de los procesos de mercado. Los teóricos de la economía analizaron históricamente de manera pormenorizada los tres factores productivos tradicionales (trabajo, tierra y capital) y relegaron, en términos generales, el factor catalizador de los mismos (el emprendedor).

Los clásicos ingleses no supieron distinguir claramente su figura de la del capitalista (en aquellos tiempos normalmente entremezclados). Los clásicos franceses fueron otra cosa. Richard Cantillon, irlandés afrancesado, mercader y banquero, supo ver que la actividad del entrepreneur suponía la realización de pagos ciertos frente a beneficios futuros inciertos. El lionés J. B. Say, fabricante de hilos de algodón gratamente sorprendido por los avances tecnológicos de la industria frente a la agricultura, amplió la visión del sujeto emprendedor. Según Say, si a los factores de producción tradicionales les correspondían sus respectivas retribuciones, a saber, salario (trabajo), renta (tierra) e interés (capital), al empresario debiera corresponderle una suerte de renta completamente distinta de las anteriores en forma de beneficio ya que era el que asumía el riesgo y la organización de la producción (independientemente de que fuera o no capitalista). Turgot completó este panorama con el acertado análisis del coste de oportunidad en las decisiones empresariales.

Estos avances teóricos sobre la figura del empresario sufrieron regresiones posteriores. La visión marxista, muy influida por los clásicos –y pesimistas– ingleses, obsesionada por el capital y la imaginaria plusvalía, fue incapaz de distinguir la función del dueño de los medios de producción (capitalista) de la del empresario propiamente dicho. Los neoclásicos, por su parte, a pesar de su acertada descripción del gestor de negocios, debido a su pretensión matemática por el equilibrio general (estático) y a su teoría de la decisión (maximización), impidieron finalmente la comprensión de la motivación real del emprendedor para actuar.

Esta carencia, nimia a primera vista, tuvo consecuencias devastadoras en la comprensión de la sociedad y de los procesos de mercado. Sólo unos pocos lograron recoger el testigo de Cantillon-Turgot-Say y profundizar felizmente en la figura empresarial.

Así, en los Estados Unidos de la época dorada de desarrollo de finales del siglo XIX, despuntaron en el análisis de la función empresarial dos economistas valiosos: Francis Amasa Walker y John Bates Clark. El primero observó que el empresario con talento se las ingenia para mejorar la productividad unitaria y, por tanto, sus beneficios no eran un sobrecargo al precio sino que se generaban mediante reducción de costes (desplazando, de paso, al empresario ineficiente). El segundo relacionó el beneficio empresarial con la introducción de perfeccionamientos tecnológicos, comerciales u organizativos en el proceso económico.

Por aquellas mismas fechas en Europa surgió la portentosa escuela marginalista austríaca que, a pesar de sus muchas y decisivas aportaciones a la economía (entre otras, dejar tocada argumentalmente la entonces recién estrenada visión marxista de la economía), tanto su fundador como la primera generación de marginalistas no consiguieron mejorar la comprensión de la figura empresarial ya realizada por los clásicos franceses.

Hubo que esperar a los escritos de Hayek en torno al conocimiento y la competencia en las sociedades abiertas (1937 y 1945) y, sobre todo, a la publicación de La acción humana de Mises (1949) para que se produjera un avance definitivo en el análisis de la acción empresarial. A mediados de los setenta, Kirzner enriquecería aún más estas indagaciones.

Otra regresión, y siguiendo la tradición británica, fueron las abras de Keynes, en las que los empresarios no tenían ningún papel relevante. De hecho, al no conceder racionalidad a las actividades del entrepreneur y reducirlas a los supuestos "espíritus animales" que impulsan a ciertas personas a buscar ganancias, se invitaba a los planificadores centrales para manipular a placer la demanda agregada y otros mecanismos de intervención económica.

Tras las revelaciones teóricas de los modernos economistas austríacos supimos que el mercado contiene un vastísimo volumen de información imposible de gestionar centralizadamente y que está en permanente desequilibrio (sintiéndolo mucho por los modelos neoclásicos). Que la fuerza que mueve y coordina el mercado radica precisamente en el sujeto-empresario (actor) que persigue su lucro guiado por las inestimables fuentes de información que son los precios. Que dicho emprendedor, anticipando demandas u oportunidades de negocio inadvertidas por los demás en un entorno de rivalidad dinámica, realiza ajustes, llena los vacíos con conocimiento práctico y aproxima recursos a bienes o servicios demandados con más urgencia por las personas.

La Escuela austríaca, centrada en el individuo y en sus capacidades creativas, nos explica que el empresario no recibe en verdad salario de nadie sino que busca el premio (en forma de beneficio puro) por sus aportaciones inestimables a la sociedad cada vez que acierta a la hora de servir a sus semejantes en un entorno competitivo (el gestor de un monopolio legal no es, propiamente dicho, un empresario).

Comprender esto es de suma importancia. Cuando los gobiernos intervienen artificialmente en el mercado se está generando una serie de falsas informaciones que extravían las vitales decisiones empresariales; las que coordinan los desequilibrios del mercado y permiten el progreso. Su crucial función social deja así de cumplirse en detrimento de todos. Esta es la lección esencial de los grandes teóricos de economía sobre la figura del empresario.

 

Opinión de los lectores

Jorge Duarte

No creo que nadie ponga en duda la importancia del papel del empresario; es más, uno de los principales problemas del mundo empresarial es precisamente que los propios empresarios no son concientes de la enorme importancia, y por tanto de la enorme responsabilidad, que sus actividades tienen en la sociedad. Es decir, es fundamental que el buen empresario lo sea no sólo por buen gestor, sino también por buena persona. Algo que, desgraciadamente, suena a broma dentro del marco de un mercado altamente competitivo, pero cuyas consecuencias no son precisamente para echarse a reír. De todas formas, me permito ofrecerles un consejo: si quieren ganar en credibilidad para su causa, hablen también de vez en cuando de los inconvenientes del sistema de libre mercado; no intenten convencernos de que si no todos vemos el paraíso en la tierra en el liberalismo radical y a ultranzas es porque estamos aborregados por la maquinaria deshumanizadora del estado y su pensamiento único.

Un saludo.

Bastiat

Me parece, Jorge que en ningún momento podemos aceptar que se piense que el libre mercado es la panacea para todos los problemas. Porque no existe dicha panacea.

Mira cuando dices “uno de los principales problemas del mundo empresarial es precisamente que los propios empresarios no son concientes de la enorme importancia, y por tanto de la enorme responsabilidad, que sus actividades tienen en la sociedad. Es decir, es fundamental que el buen empresario lo sea no sólo por buen gestor, sino también por buena persona”, lo que estas manifestando es un desconocimiento importante de la condición humana y del cómo funciona el mercado.

La condición humana nos dice que nosotros optamos por el beneficio. Y el beneficio es subjetivo. Cada uno tiene una idea particular de lo que para él es el beneficio. El beneficio puede ser bueno para el y malo para los demás. Los hombres... todos. No es especialmente importante para los empresarios como es ridículo que ahora te enfrente a que los trabajadores también, que los profesionales deben serlo de igual manera y no digamos ya los gobernantes. No, mira, la condición humana es la que es y nadie tiene obligación por pertenecer aun estamento social ser mas casto y mas puro que el resto. Es la sociedad, libre, la que debe decidir en la suma infinita de reconocimientos o rechazos si una actitud de una determinada persona es buena para el conjunto o mala.

Y eso se da en el mercado. No se impone porque por la propia definición de condición humana y de lo que te acabo de decir, nadie esta obligado a la pureza y nadie, por definición, puede establecer ni definir la pureza de forma obligatoria para todos los demás. Pero lo que tiene el libre mercado es que sí filtra eficientemente esos comportamientos precisamente por que no impone desde arriba ninguna concepción sino que es el resultado de la libertaz.... digo... de la libertad, que las faltas de ortografía deberían de desprestigiar a las personas que hacen de ellas alharaca.

Bastiat

Por cierto, Francisco, estupendo artículo... una vez mas.

Fco. Moreno

Jorge dice “No creo que nadie ponga en duda la importancia del papel del empresario”; no estoy de acuerdo; creo, por el contrario, que hay demasiadas personas que tienen un concepto muy negativo del empresario (defraudador, explotador, contaminador, buscavidas…) al que hay que atarle en corto recurriendo para ello al poder político de turno.

Sigue “uno de los principales problemas del mundo empresarial es precisamente que los propios empresarios no son conscientes de la enorme importancia” estoy de acuerdo. El empresario, especialmente el de grandes corporaciones, suele tener una tendencia muy acusada a arrimarse al poder para conseguir blindajes, favores y privilegios en detrimento de los consumidores y en beneficio de su cuenta de explotación. No obstante, la mera existencia de regulaciones abrumadoras e intervención estatal en todo el ámbito empresarial crea unos incentivos demasiado poderosos como para que el empresario que pueda no intente pescar en ese río revuelto, sobre todo si tiene los contactos adecuados (el caso de la construcción es descarado). Así es que, a la postre, la causa última de este estado de cosas es la intervención pública que debiera estar, por el contrario, a otra cosa (en defender y ser garante de los derechos inalienables de las personas).

Continua “Es fundamental que el buen empresario lo sea no sólo por buen gestor, sino también por buena persona.” La función del empresario no es ser buena persona sino ser eficiente y hacer beneficios (si los hace porque gestiona un monopolio legal, no realiza propiamente beneficios sino exacciones coactivas al consumidor cautivo). Aquí es fundamental comprender la naturaleza del hombre que Bastiat ha dejado meridianamente claro en su post de arriba.

“Algo que, desgraciadamente, suena a broma dentro del marco de un mercado altamente competitivo…” no se lo crea, el mercado que conocemos más bien es “bajamente” competitivo por la acción distorsionante de las regulaciones estatales:
ver aquí: http://www.juandemariana.org/comentario/1634/nueva/ley/defensa/incompetencia/
y aquí: http://www.juandemariana.org/comentario/1181/politica/competencia/castillo/bobadilla/

“De todas formas, me permito ofrecerles un consejo: si quieren ganar en credibilidad para su causa, hablen también de vez en cuando de los inconvenientes del sistema de libre mercado” La abrumadora masa de información recibida en todos los medios va en esa línea, Jorge. Sólo una parte minúscula habla (a cortacorriente) de la verdadera importancia del mercado (déjenos, al menos, expresar lo que unos pocos razonadamente creemos es importante resaltar). Es más si lee detenidamente mi comentario hablo varias veces de desequilibrios del mercado que han de corregirse por la acción del emprendedor (si se le deja libre, claro está).

“no intenten convencernos de que si no todos vemos el paraíso en la tierra en el liberalismo radical y a ultranzas es porque estamos aborregados por la maquinaria deshumanizadora del estado y su pensamiento único.” ¿paraíso en la tierra???, no se preocupe aquí no abundan los socialistas científicos. Tan sólo aspiro a persuadir, no a convencer. Si sólo con la lectura de mi comentario le han entrado ganas de conocer un poco el pensamiento económico de Say o de Amasa Walker, me parecería estupendo, y si no, pues también. Gracias, de verdad, por su feedback.

Leo

Francisco,

Me gusta el resumen de tu artículo.

Sin embargo, por lo que llevo de mi investigación en la materia, he encontrado, incluso dentro de la Escuela Austríaca, muy poco sobre teoría de la firma y función empresarial y su relación con la teoría económica (unos 360 papers y libros en total. Muchos con poco aporte distintivo).

Mises y Kirzner (que tu citas) sólo han desarrollado (sobre todo el segundo) la "función empresarial", y dentro del concepto básico de "alertness".

Existen otros autores que sí han desarrollado un poco más el asunto como Klein y Foss que, por ejemplo, actualmente están escribiendo "The Theory of the Firm: Emergence, Synthesis, Challenges, and New Directions", y otros autores que han intentado ir por este camino.

Sin embargo, hasta la fecha, aún en nuestra Escuela (aunque en el camino correcto) estamos muy atrasados en este asunto.

No es necesario "percibir" al empresario, sino relacionarlo con la teoría económica y determinar su función en términos específicos y generales dentro de la misma (teniendo en cuenta, incluso, que muchas de sus "funciones" se escapan del propio terreno teórico de la economía)

Fco. Moreno

Leo, muy interesante tu post.
Es fascinante comprobar el largo recorrido que queda aún en la investigación sobre la función empresarial.
Lo poco que he leído del trabajo que mencionas (que desconocía) me parece muy bueno.
Gracias.

Jorge Duarte

Hombre, a menos que defendais una desregularización absoluta del mercado, mi impresión es que el dogma liberal no sólo cuenta con buena prensa, sino que se está imponiendo claramente a cualquier otra alternativa posible. Es más, a día de hoy pareciera que realmente no existieran otras alternativas viables. Una impresión general que incluye, es mi opinión, el que se conceda a la labor del empresario la categoría de imprescindible, cuando no el de protagonista central del sistema económico. Insisto, creo que nadie duda de la importancia del empresario. De hecho las diferenciaz (a mí también se me escapa alguna z de más) entre los dos principales partidos de gobierno son más de grado que de forma, porque ambos asumen que su política económica será –y sólo puede ser- liberal.

“…creo, por el contrario, que hay demasiadas personas que tienen un concepto muy negativo del empresario (defraudador, explotador, contaminador, buscavidas…)”

Yo mismo, por no irnos más lejos. Y no es una impresión, es una constatación fundada en la experiencia personal. Pero ya ves, aun así, no le resto importancia a su labor, porque no pienso que el empresario sea sólo eso, pero si estoy convencido de que por desgracia también es con frecuencia eso. Lo cual es algo que hay que tener en cuenta y no obviar a la hora de valorarlos.

“No, mira, la condición humana es la que es y nadie tiene obligación por pertenecer aun estamento social ser mas casto y mas puro que el resto.”

Pues lo siento, pero aun sin atreverme a postular nada sobre la condición humana, que me parece demasiado compleja para resolverla y darla por sabida en un “es la que es”, si que estoy convencido de que quienes pertenece a un estamento social cuya actividad tiene mayor repercusión sobre la sociedad están obligado “ser más casto y más puro que el resto”. Se lo exijo a los políticos, y no veo porqué no habría de hacerlo con los empresarios. Pero insisto, esto es algo que a lo que deberían ser capaces de llegar ellos mismo por su cuenta: a darse cuenta de su enorme responsabilidad y a actuar en consecuencia.

Ahora bien, ¿que el mercado posee por su propia naturaleza mecanismos suficientes para penalizar conductas contrarias al interés general? Me temo amigo que yo no puedo ser tan optimista como tú: mi impresión es que quienes poseen mecanismos para evitar estas penalizaciones del mercados son precisamente las empresas, por lo menos las grandes corporaciones. Y supongo que me dirás que si esto pasa es por culpa de las ingerencias del estado, que perturba el buen desarrollo del mercado y dificulta que se alcance la competencia perfecta. A lo que yo respondería que la perfecta competencia y el mercado perfecto, aquellos que no necesitan de la corrección del estado, y no solo del empresario, es tan utópico como la perfecta planificación centralizada.

Un saludo.

Bastiat

Pues Jorge, si consigues que los políticos actúen conforme a la pureza y “castura” que se les tiene que suponer comprenderás que todo lo demás, puesto que piensas que el mercado debe estar regulado, será coser y cantar.

Pero lo cierto es que no tenemos un mercado libre en ningún sitio, sino que tenemos mucho estado al que muchos empresarios, por la condición humana, que es la que es, se arriman para evitar tener que pelear en la libre competencia y logrando que aquellos que son menos duchos en ronronear a los pies del poderoso estado se queden fuera del mercado cautivo por las regulaciones estatales.

No le pidas al empresario lo que no consigues del político. O mejor, puesto que crees tanto en la regulación y en el papel del Estado, pídeles primero a los políticos honestidad y luego ya verás como no habrá problemas con los empresarios.

Angel Martín

Excelente síntesis, Francisco. Este es uno de varios ejemplos del "zigzagueo" (pasos hacia adelante seguidos de pasos hacia atrás) en la hª del pensamiento económico.
También incluiría el estudio de Huerta de Soto a este respecto, que aunque sus aportes creo que no son muy originales ya que provienen de los autores que has citado, sí creo que ha sistematizado la teoría de la función empresarial, así como desarrollado sus implicaciones.

La visión de Jorge del empresario está muy extendida, por eso creo que la teoría austriaca del empresario se puede entender como 'irreal' o 'ideal'. Pienso, pues, que para que se entienda bien la función del empresario habría que hacer una réplica a esa visión tan extendida.
Uno de los problemas vienen cuando se piensa que vivimos en un sistema económico cercano al "ideal liberal" (con esto me referiría al minarquismo, por no ir más lejos). Si se acepta eso, entonces se le culpará a la economía de mercado y al capitalismo de problemas que a mi juicio no son causados por éstos. Se me ocurre el ejemplo de los ciclos económicos. Se puede pensar que se producen por la naturaleza inestable del mismo sistema capitalista, o por descoordinaciones en las señales del mercado inducidas por expansiones crediticias.
Si aceptas la segunda, no culparás a una economía de mercado de generar ciclos, sino que culparás al intervencionismo monetario. Otro ejemplo es el de América Latina, cuando se critica el fracaso del liberalismo cuando lo que ha existido allí (y sigue existiendo) ha sido bastante diferente.
Resumiendo, muchas veces se confunde el liberalismo con algo que no lo es. Liberalismo no es un conjunto de empresarios agarrados al calor de licencias y privilegios estatales, como regulaciones, aranceles, etc etc. No solo hay que mirar la cifra del consumo e inversión públicas en el PIB, sino que también habría que considerar las otras intervenciones, las regulaciones. Las privatizaciones, aunque pueden ser un paso importante, no son suficientes.

Y una última cosa, para Jorge. Al final de su último post, menciona "competencia perfecta" y "mercado perfecto". Si bien es verdad que una rama del pensamiento económico liberal habla en estos términos (Escuela de Chicago), la concepción del mercado que en este sitio se suele manejar es bastante distinta (la de la Escuela Austriaca), y rehuye de hablar de 'mercado perfecto', ya que el mercado, como conjunto de interacciones de millones de seres humanos, no puede ser perfecto (porque el ser humano no lo es). Francisco, además, ha señalado los desequilibrios que se dan en el mercado, por lo que éste no es perfecto. En suma, que cuando decimos que el orden del mercado es superior a los diferentes tipos de intervencionismos, no queremos decir que el mercado sea perfecto, ni mucho menos, sino que, de todos las alternativas posibles, el mercado es superior, no solo en terminos de eficiencia sino también de justicia (siempre y cuando no se asocie a la palabra justicia con 'justicia social')

Un saludo a todos

Fco. Moreno

Angel, impecable.
Para las visiones antiliberales tengo una pregunta: ¿por qué cada vez que alguien defiende la intervención del Estado se da por descontado para todo el mundo que éste no ha de ser perfecto y, en cambio, cada vez que alguien defiende el mercado se da por hecho que el que lo sostiene piensa que éste es perfecto y exacto?
Señores antiliberales, defender el mercado no es idolatrarlo, es simplemente, como Ángel apunta, la alternativa menos mala (no sólo la teoría austríaca, sino la experiencia histórica así lo corrobora).

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