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Portada - Comentarios - Es hora de levantar el embargo

14/03/2008 - Albert Esplugas Boter

Es hora de levantar el embargo

Han pasado casi cinco décadas desde que el gobierno de Estados Unidos impusiera a Cuba un férreo embargo comercial con el fin de provocar la caída de Castro. Lejos de precipitar el hundimiento del régimen comunista, el embargo ha contribuido a mantenerlo vivo sirviendo de chivo expiatorio de sus fracasos.

El embargo comercial es juzgado, como tantas políticas públicas, más por sus intenciones (y la imagen que proyecta de nosotros) que por sus resultados. El objetivo declarado de la Libertad Act es presionar al Gobierno comunista para que inicie la transición a la democracia. La suspensión del embargo está condicionada a la instauración de un régimen democrático que respete los derechos humanos, luego es indudable que el Gobierno cubano puede poner fin al embargo si tiene la voluntad de hacerlo. El embargo, además, satisface en la gente el reclamo moral de "hacer algo" contra la injusticia (la inacción estatal suele interpretarse como "no hacer nada") y está en sintonía con la actitud tipo "Harry el sucio" que nos gusta exhibir en este tipo de situaciones.

Desde un punto de vista ético el embargo es problemático por varias razones. El Estado obliga a todos los individuos bajo su jurisdicción a boicotear a Cuba, en lugar de permitir que el boicot sea voluntario y cada uno tome su propia decisión. Se arguye que en realidad no se está prohibiendo el "libre comercio con el pueblo cubano" sino el comercio con el Estado cubano, que controla casi toda la economía. Este argumento es descriptivamente cierto pero no resuelve la cuestión a favor del embargo. Para empezar, no comerciamos colectivamente como pueblo, comerciamos individualmente como consumidores y productores, lo que resulta en una gama heterogénea de relaciones comerciales: con respecto a un mismo país, algunas personas comercian con individuos y empresas privadas mientras otros tratan con empresas públicas o fuertemente subsidiadas. En Cuba el sector privado es muy pequeño (el Estado consume el 72% del PIB y emplea al 75% de la población), pero no es inexistente. Un embargo condena a todos por igual, imposibilitando los pocos intercambios voluntarios que pudieran tener lugar.

Por otro lado, la lista de relaciones comerciales corrompidas por la intervención del Estado es interminable. Si la gasolina de nuestro coche proviene de Saudi Aramco estamos financiando la dictadura de Arabia Saudita. Si compramos un ordenador Lenovo estamos financiando al Gobierno chino, principal accionista de esa compañía. En el día a día nos hemos resignado a convivir con esta imperfecta y penosa realidad (aunque a menudo somos libres de evitar este tipo de relaciones si queremos). El comercio con Cuba está lejos de ser puro e inmaculado, pero también lo están muchas otras relaciones comerciales que toleramos o incluso practicamos abiertamente.

El embargo, además, prohíbe a los ciudadanos y residentes estadounidenses viajar a Cuba (aunque sea para alojarse en casas privadas) y pone un tope a las remesas que pueden enviar los cubano-americanos a sus familiares en la isla. Los cubanos en Estados Unidos solo pueden visitar a sus parientes inmediatos una vez cada tres años. Tratar de justificar estas restricciones arguyendo que "el embargo no prohíbe el libre comercio" es aún más difícil.

El comercio (o su ausencia) con un país socialista también repercute en el población civil, aunque sea de un modo más indirecto (e ineficiente) porque casi todo pasa a través del Estado. De hecho, el embargo debe repercutir en la población civil si quiere cumplir su objetivo. La lógica implícita en los embargos comerciales con ánimo reformista es la siguiente: el embargo provoca carestía añadida de bienes y servicios, la sociedad sufre esa carestía y advierte que el Gobierno podría suprimirla si accede a las reformas, la sociedad presiona al Gobierno para que implemente reformas. Por tanto, el embargo solo ejerce presión sobre el Gobierno si la población sufre. Un claro ejemplo de la odiosa máxima de que el fin justifica los medios.

Algunos de sus proponentes replican que el embargo estadounidense no empobrece a los cubanos, porque Cuba puede comerciar con el resto del mundo. Si esto es así, entonces el embargo es inútil, y no hay razón para mantenerlo. Cuesta creer, no obstante, que el coste de oportunidad de no poder acceder a la inversión, a los productos y al turismo de la primera economía del mundo, que además está a dos pasos de la isla, sea insignificante.

Los defensores del embargo cubano deberían apoyar, si son coherentes, un bloqueo internacional de duración indefinida. En rigor deberían incluso oponerse a las excepciones que autorizan la importación de comida y medicamentos, pues alivian la carestía de la población y la presión sobre el Gobierno. Además, cabe preguntarse qué opinarían los cubanos de un embargo internacional que iba a sumirles aún más en la pobreza, y si sus valedores lo impondrían en contra de su voluntad "por su propio bien". Si uno está en contra de estas medidas tan drásticas (que más bien son una reducción al absurdo) debería oponerse también al embargo estadounidense, que es la misma política pero a una escala más reducida.

El embargo no sin embargo es la causa de todos los males de Cuba. Cuba es pobre principalmente porque es comunista. A Castro el embargo le ha servido para decir lo contrario: los males que padece Cuba son por culpa del embargo, y el comunismo funciona a pesar del embargo. Como la propaganda del régimen es la única versión que se tolera en Cuba, muchos cubanos se la han creído, y en lugar de presionar al Gobierno para que aplique reformas se han vuelto más anti-americanos y más castristas.

La suspensión del embargo no es la panacea, pero puede contribuir a la erosión del régimen. El comercio, la inversión y el libre movimiento de personas traerían más bienestar y nuevas ideas a la sociedad cubana. Habría más interacción entre estadounidenses y cubanos, y la interacción ayuda a cambiar mentalidades, que es lo que lleva a la población a exigir cambios. El bienestar genera una demanda de libertad política, mientras que las sanciones son utilizadas por el Gobierno para desviar las miradas y las críticas hacia los enemigos externos. Ahora que Castro ha cedido la jefatura a su hermano Raúl podría ser un buen momento para levantar el embargo, ya que el gobierno norteamericano puede salvar las apariencias más fácilmente. Aunque en realidad, como apunta David Henderson, siempre ha sido un buen momento.

 

Opinión de los lectores

agolmar

Dices varias cosas que no son ciertas. Eso de la prohibición a los norteamericanos de viajar es simplemente falso. Cuba está llena de turistas norteamericanos. Por favor, infórmate un poquito antes de decir ciertas cosas. En segundo lugar, no creo que haya que levantar el embargo porque eso no erosionaría nada, sino que haría todavía más rica a la familia Castro y a sus amigos. ¿Es que no te enteras de que en algunos países eso del capitalismo está un poco mal visto? De verdad, es así.
El levantamiento del embargo crearía una situación aún más asimétrica de la que existe en la actualidad. Lo mejor es viajar un poco, por ejemplo ir a Cuba, llevar dinero y gastarlo en los circuitos ajenos al Estado -los hay-. Eso sí ayudaría.
¿De verdad crees que la familia Castro permitiría que repente el libre movimiento porque algunas personas estén dispuestas a hacerlos aún más ricos? Uno de los errores más trágicos de algunos es pensar que la Cuba de Castro tiene algo que ver con la España de los sesenta. Las categorías "autoritario" y "totalitatio" significan algo. Sólo hay que interesarse por la historia y viajar un poco, más allá de la burbuja occidental, para enterarse.

agolmar

Otra cosa. ¿Crees que Castro va a dejar que en Cuba entren todo tipo de productos porque se lo digas tú? Como en muchísimos casos anteriores, comenzando por la España de los cuarenta, el Gobierno decide lo que entra y cómo. La noción de libre comercio en Cuba es simplemente una quimera.

ÁNGEL FERNÁNDEZ

Hace unos años, mantuve conversaciones con un empresario español para vender una cantidad enorme de motores Diesel en Cuba, en régimen de monopolio.

Según me comentaron durante las reuniones, para realizar negocios allí había que mantener estrecha relación con el régimen. Tenían ya una fábrica de pinturas y disolventes. Su socio era un general que era Ministro del Gobierno de Fidel Castro. Desde España, un director comercial cubano "distribuía" otros productos, basándose en sus contactos con el régimen castrista.

Existen relaciones "pre-establecidas" dentro del régimen cubano que impeden el "libre comercio", por mucho que se levante el embargo de EE.UU.

Los dirigentes y su Administración seguirán buscando su beneficio, en perjuicio del libre intercambio de bienes y servicios entre los ciudadanos del pueblo.

Por ello, opino es mejor esperar a que se produzcan cambios políticos "reales":

liberación de presos políticos, libertad de prensa, libertad de opinión, derechos de propiedad privada, igualdad ante la ley y respeto de relaciones contractuales, libertad sindical, libertad de partidos, etc...

Por cierto, el negocio de venta de motores en Cuba, afortunadamente (para mi conciencia) no se realizó por falta de garantías financieras.

Pero, como afirma Antonio, ahora el Gobierno comunista decide lo que entra y cómo.

Y esa situación no variará levantando el embargo, sino con REFORMAS POLÍTICAS previas.

Albert Esplugas

agolmar,

Dudo que encontrases muchos turistas americanos en Cuba básicamente porque los ciudadanos y residentes en Estados Unidos necesitan una licencia para viajar a Cuba, y no se conceden licencias por turismo. Puedes leerlo en la página del Departamento de Estado que enlazo en el artículo:

The Regulations require that persons subject to U.S. jurisdiction be licensed to engage in any travel-related transactions pursuant to travel to, from, and within Cuba. Transactions related to tourist travel are not licensable. This restriction includes tourist travel to Cuba from or through a third country such as Mexico or Canada. U.S. law enforcement authorities have increased enforcement of these regulations at U.S. airports and pre-clearance facilities in third countries. Travelers who fail to comply with Department of Treasury regulations could face civil penalties and criminal prosecution upon return to the United States.

En segundo lugar, no creo que haya que levantar el embargo porque eso no erosionaría nada, sino que haría todavía más rica a la familia Castro y a sus amigos. ¿Es que no te enteras de que en algunos países eso del capitalismo está un poco mal visto? De verdad, es así.

No veo que esto sea una respuesta a mis argumentos, te limitas a afirmar que el embargo es positivo.

Lo mejor es viajar un poco, por ejemplo ir a Cuba, llevar dinero y gastarlo en los circuitos ajenos al Estado -los hay-. Eso sí ayudaría.

Estoy de acuerdo. Una muy buena razón para levantar el embargo, que impide precisamente eso.

¿De verdad crees que la familia Castro permitiría que repente el libre movimiento porque algunas personas estén dispuestas a hacerlos aún más ricos?

(...)

¿Crees que Castro va a dejar que en Cuba entren todo tipo de productos porque se lo digas tú?

No, ni sé de dónde infieres que eso es lo que creo. En el artículo ya digo que la suspensión del embargo no es la panacea, y que el comercio con Cuba está lejos de ser genuinamente libre. Eso no quiere decir que levantar el embargo no pueda ayudar, en el margen.

Sería interesante que los que estáis a favor del embargo dierais vuestra opinión sobre un hipotético embargo internacional.

Un saludo

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