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Portada - Comentarios - ¿Un enfoque austríaco de la Ciencia Política?

15/04/2008 - Berta García Faet

¿Un enfoque austríaco de la Ciencia Política?

Nadie lo diría, dada la enorme cantidad de artículos, estudios y ensayos que se publican en nuestros días. Sin embargo, lo cierto es que si atendemos a los contenidos, vemos que la Ciencia Política vigente está aquejada de graves problemas estructurales que provocan que algunos, tal y como está planteada hoy por hoy, no nos la podamos tomar completamente en serio: el sesgo ideológico que impregna la mayor parte de sus exposiciones es considerable; su objeto de estudio es intencionadamente escurridizo; su metodología, demasiado laxa y tolerante con las contradicciones y los juicios de valor improcedentes; y su incomprensión respecto a su propio lugar en el conjunto de las ciencias sociales es apabullante (lo que lleva a muchos politólogos al redescubrimiento y a plantear preguntas que ya están respondidas por otras ciencias sociales).

La explicación de estas deficiencias nos puede llevar a plantear si existe o debe existir un enfoque austríaco de la Ciencia Política. La respuesta es no. No obstante, adelanto que el papel de la Escuela Austríaca en la revisión de los postulados politológicos actuales puede ser crucial: su papel es el de refutar las intromisiones que desde la Ciencia Política se hacen en la Economía, sin criterio ninguno, así como las teorías económicas desatinadas sobre las cuales se asientan, implícita o explícitamente, algunas corrientes politológicas prestigiosas e influyentes (por ejemplo, toda la Escuela de Frankfurt). Para entender por qué, hay que comprender la naturaleza de ambos campos de conocimiento y ver dónde sus objetos de estudio se rozan y se condicionan.

El objeto de estudio de la Ciencia Política son los procesos y contenidos de la toma de decisiones que resultan vinculantes y obligatorias –hasta el punto de que para asegurar su exigencia se hará uso de la coacción– para una sociedad dada, con independencia de las voluntades individuales sobre cada tema en concreto. Una definición alternativa –tal vez más precisa a la hora de centrar lo relevante del análisis– sea la del objeto político como los "estados de opinión" que fijan la frontera entre lo público y lo privado. Desde la Escuela Austríaca consideramos que la propiedad privada es un derecho fundamental y sin matices utilitaristas; sin embargo, cuando observamos la realidad, vemos que esto no se cumple. Seguramente una de las tareas pendientes de esta ciencia es la de ofrecer un por qué y explicar cómo los límites de esa frontera –más hacia el individualismo o más hacia el colectivismo– varían en el tiempo y en el espacio.

La distribución temática, en cualquier caso, es compleja: por el lado de la obligatoriedad, es necesario el estudio del Derecho y la Administración; por el lado de las decisiones como proceso, destacan la política interior, la internacional, la comparada, la teoría del Estado, el análisis de las élites, los procesos de legitimación, la lógica de la acción colectiva y los sistemas políticos y electorales; finalmente, por el lado de las decisiones como sustancia, el estudio suele centrarse en la cultura y comportamiento políticos y el diseño de políticas públicas. Huelga decir que todas estas ramas se complementan necesariamente con las Historias, las Historias del Pensamiento y la Sociología, pero no las agotan.

Como vemos, es una ciencia estrechamente ligada a la existencia de los Estados, como marcos reguladores y como agentes, y por tanto forzosamente contingente. Esto no convierte a los politólogos necesariamente en "cómplices": lo primero que hay que aceptar, dentro y fuera de la Ciencia Política, es que su cometido es ofrecer respuestas descriptivas y explicativas, no prescriptivas; hay que ceñirse al ser y a su por qué, renunciando al deber ser, en tanto que ésa es tarea privativa de la teoría y la filosofía política. Esto que parece tan sencillo y básico para la honestidad intelectual es lo que nunca se cumple: tomen a cualquier famoso politólogo o sociólogo de nuestros días (Pierre Bourdieu, Ulrich Beck, Zigmunt Bauman, Anthony Giddens) e intenten separar la ciencia de la ideología: es imposible. De ahí que algunas asignaturas universitarias parezcan, más que guías para la investigación social, manuales para la conversión socialista. Vean, por ejemplo, la asignatura llamada Estratificación Social y Desigualdad: los resultados de la investigación están tramposamente condicionados desde el principio.

Si de lo que se trata, por lo tanto, es de explicar ciertas parcelas de la realidad –aquellas referidas a las relaciones de poder político–, la dinámica competitiva estará en el margen de las definiciones del objeto de estudio, en los métodos y en las respuestas. Lo primero es inevitable en cualquier ciencia social y siempre habrá quien pretenda extender o restringir el campo de estudio detectando nuevas interrelaciones, pero no es conveniente obsesionarse con ello pues lleva al estancamiento y a la redundancia. Lo segundo es clave, sin que ello signifique la indefinición: dentro de los métodos cualitativos, cuantitativos y sus híbridos existen numerosos métodos derivados, y es necesario que compitan según el tipo de respuestas que pretendan obtener. No obstante, el lugar para tener una discusión epistemológica no es precisamente una reunión de politólogos y hay que partir de unas bases comunes, rechazando unánimemente a los metafísicos y a los nihilistas y mandándolos mejor a la Facultad de Filosofía. Es más, ni siquiera el debate entre los popperianos y los kuhnianos afecta a la Ciencia Política especialmente, ya que acepta el papel preponderante de la inducción.

Este último es uno de los puntos que hace imposible que podamos hablar de una "Ciencia Política austríaca": si el papel de la Praxeología es explicar cómo funciona la acción humana con independencia de intenciones y del contenido de las valoraciones subjetivas, el de la Ciencia Política es averiguar esas intenciones y valoraciones subjetivas y ver cuáles, cómo y por qué unas influyen más que otras a la hora de rellenar el contenido de las leyes y las políticas públicas, y cómo se perciben éstas según colectivos, tipos ideales weberianos creados por nuestra propia mente para agilizar el análisis. Ilustremos esto con un ejemplo: ¿qué podemos contestar desde la Escuela Austríaca a investigadores como Richard Sennett? En su famoso ensayo La corrosión del carácter: las consecuencias personales del trabajo en el nuevo capitalismo ofrece una variante menos radical de la clásica "alienación"; la poca economía que incluye en sus indagaciones es básicamente correcta y, aún así, llega a conclusiones que desacreditan el sistema capitalista, incidiendo en aspectos como el modo de vida o el agotamiento psicológico. Esto sólo puede refutarse desde postulados que compartan el carácter de los suyos, esto es, desde la Sociología y la Ciencia Política. Este es uno de los motivos por los que el marxismo, como teoría económica, está desprestigiado, pero no como enfoque sociológico; los liberales tenemos bastante abandonada esta rama de conocimiento.

Paralelamente, resulta urgente aclarar cómo se lleva a cabo una investigación politológica. Hay dos pasos clave que la mayoría de los ensayistas se saltan deliberadamente. El primero es el del "estado de la cuestión" o marco teórico, donde el investigador ha de situar cristalina y explícitamente su tesis en un mapa de paradigmas con respecto a las contrarias o alternativas. Es más cómodo obviar este paso porque así puedes presentar tanto tu tesis como tus puntos de partida como los únicos existentes o los definitivos. El segundo paso que sistemáticamente suele ignorarse es la justificación de la operacionalización de las variables. Cuando esto falla se incurre en una manipulación o, cuanto menos, en una simplificación. Si, por ejemplo, como ocurre a menudo, un investigador desea realizar una serie de inferencias sobre el "bienestar" de una sociedad, tendrá que explicar cómo y por qué incluye, pongamos por caso, la variable de "la educación pública" y no la de "presión fiscal".

Sin embargo, el problema más grave que tiene la Ciencia Política es el último que he apuntado: la escasa atención que presta a otras ciencias que, en el proceso de investigación, necesariamente la preceden, especialmente la Praxeología. No exagero si digo que al menos la mitad de los ensayos politológicos podrían desecharse por sus errores y falacias económicas. Lo que tiene que hacer la Ciencia Política no es explicar cómo funciona la acción humana en general, sino rellenar de contenido la teleología. Evidentemente, la Escuela austríaca no puede encargarse de esto, ya que se ocupa de la acción humana con independencia del contenido sustantivo de los fines. El contenido de la intención de la acción humana es epistemológicamente inabarcable de una manera positiva o expositiva ya que la información es siempre imperfecta. Huerta de Soto apunta que "no se puede tener un verdadero conocimiento de la realidad si, aparte de los meros hechos, no se da entrada a las acciones humanas que los producen , a las escalas de valor individuales que jerarquizan fines y medios y explican, en último extremo, todo humano actuar". De esto, y únicamente en determinadas parcelas y hasta cierto punto, que no se ciñe al carácter predictivo (tal y como explica Roiz: "si deseamos entender lo que ocurre en la vida sin que se extinga la libertad, tendremos que reconocer que es imposible predecir nuestro futuro") se tiene que ocupar la Ciencia Política.

En definitiva, no puede haber una Ciencia Política austríaca, porque sería poco fértil a la hora de aportar hipótesis, dada la neutralidad de su marco conceptual. Pero tampoco puede haber una Ciencia Política que entre en contradicción con los postulados praxeológicos de la Escuela Austríaca como sucede en estos momentos, a pesar lo absurdo que resulta: un politólogo que no sabe de Economía es como un paleontólogo o un antropólogo creacionista.

 

Opinión de los lectores

Bastiat

Lo que yo me pregunto es si estas afirmando que la Escuela Austriaca no es una escuela de ciencia política.

Quizás, el principal problema por el que los austriacos no rellenan ese hueco, es precisamente porque niegan la política entendiéndola como parte justificativa de la existencia del Estado.

Ahora bien, ¿no será que los austriacos al negar al Estado lo que están es, en ese punto, fuera de la realidad?

Todo grupo humano tiende organizarse mediante acuerdos, en unos casos voluntarios en otros impuestos, de tal manera que las relaciones personales, económicas, afectivas… todo aquello que incumbe al ser humano, tengan un marco, incompleto y siempre mejorable, en constante evolución, en el que dichas relaciones tengan algún atisbo de estabilidad. Sin ese merco las relaciones son intempestivas, inconstantes y sujetas las mas de las veces a la violencia. Cosa que, aunque no lo parezca, a los humanos nos suele venir bastante mal. De hecho el organizarse en grupos tiene entre otras de sus razones el organizar la defensa frente a otros grupos humanos o alimañas varias.

Por tanto, quizás, para que la Escuela Austriaca sea capaz de aportar todo lo que en mi opinión puede aportar al liberalismo político, como ciencia no sólo económica sino también política, lo que tiene que hacer es empezar a entender cómo es el comportamiento grupal pero visto desde la individualizad que subyace a todo comportamiento humano. Exige, si, le interdisciplinariedad entre ciencias humanísticas. Pero eso se tiene que hacer sin miedo porque la acción humana hay que entenderla tanto en su vertiente individual como social. No existe hombre si no interacciona socialmente. El aceptar la palabra social, por el hecho social, no por la obligatoriedad social, puede ser ese primer paso para la comprensión de lo político desde el punto de vista austriaco de manera plena.

No sé si en algún momento se han parado a pensar los austriacos mas … intensos de una especial realidad del hecho humano: la cuestión espacial. Para que exista algo en el hecho humano se tiene que desarrollar en un determinado entorno. El Entorno en el cual la acción humana se desarrolla, en el cual la ínteractuación humana tiene su teatro de operaciones. Entorno físico. Sin entorno físico no hay entorno económico, no hay relaciones estables, no hay, ni tan si quiera en un ideal Ancap, un marco consuetudinario donde llevar a cabo un marco de actuaciones y relaciones voluntarias, objetivo último de la Ancapía. Por tanto, dentro de ese proceso hay que entender que las limitaciones físicas, llamémoslas por su nombre, países, son condición intrínseca para el desarrollo de ese marco. Una ley tiene un ámbito territorial de aplicación. Sea esa ley promulgada por un parlamento democráticamente elegido, por la imposición de un dictador o por la elaboración consuetudinaria del derecho en una ancapía. No puede ser delito algo que haya ocurrido fuera de unos límites físicos, legales o administrativos, dónde no se considere que una determinada acción no sea considerada delito.

Por tanto, si la Escuela Austriaca no es esa gran escuela del pensamiento político no lo es por sus limitaciones sino por sus autolimitaciones impuestas por su propio afán por negar legitimación al Estado. Y no es imprescindible el Estado como lo conocemos hoy, lo que es imposible es negar la realidad de lo social y del entorno físico.

Memetic Warrior

El agnosticismo de la praxeologóa respecto al contenido de las
preferencias es una consecuencia de la insuficiencia de su
individualismo metodológico.

De ahí que desde Rothbard en adelante, los austriacos echen mano de
postulado adicionales ad-hoc como el principio de simetria, el principio
de propiedad de uno mismo etc para poder atacar problemas éticos y
políticos.

LO correcto sería incorporar deducciones de la psicología evolucionista:

Aqui hago una propuesta sobre ello:

http://docs.google.com/Present?id=dd5rm7qq_95gtsgxrgs#0

Berta

Bastiat, la Escuela Austríaca no niega la existencia del Estado, niega su legitimidad y su eficiencia. Es evidente que es una realidad –una realidad históricamente muy considerable- lo cual no quiere decir que no pueda haber planteamientos científicos al margen de él. Sin embargo, no es el caso de la EA: una cosa es el planteamiento ético y otra muy distinta suprimir la variable de lo político o estatal como si no existiera, simplemente porque “no debiera existir”. La realidad es multidimensional; podría parecer que la dimensión en la que se centra la EA está muy alejada del Estado, pero al analizar los procesos de mercado también hay que explicar las interferencias y sus efectos, donde sí entra el factor-Estado y el factor-coacción en general.
Estoy de acuerdo en que el estudio de la lógica de la acción colectiva es fundamental, pero no creo que sea este el campo de la EA. Por ejemplo, si decimos que el valor del bien de la “justicia” es subjetivo, no estamos negando que detrás de esa subjetividad hay cierto consenso, tradición, cultura, etc. Pero es irrelevante, en el sentido de que no afecta a la naturaleza del intercambio, si hay consenso del grupo o no. Sin embargo, sí es relevante para analizar otro tipo de asuntos; sin ir más lejos, el estado de la propia justicia española. Otro ejemplo clave: a efectos del análisis económico, es inútil incorporar las “asimetrías de información” en el intercambio de un bien: el resultado es el mismo, y la libertad también la misma. Por el contrario, en un planteamiento politológico o sociológico (en realidad no hay que irse tan lejos: en la misma teoría de la elección pública) las asimetrías de información son fundamentales.
De acuerdo con la importancia del entorno. Más que físico, creo que te refieres al contexto político (por mucho que lo político necesariamente se adscrita a un territorio), como condicionamiento. Pero no entiendo realmente la objeción… Espero tu respuesta, y gracias por tus apuntes tan interesantes.
Memetic, no tenía ni idea de la existencia de esta presentación tuya. Déjame que la mire con calma y te contesto aquí o por e-mail en un par de días. En principio, estoy de acuerdo en lo de la integración/complementación con la psicología evolucionista, pero no con la “deficiencia” del individualismo metodológico. Si puedes hacer un pequeño resumen de ese argumento… estaría muy bien. Por el momento sigo pensando que el individualismo metodológico es muy útil en el ámbito que le corresponde; tal vez la EA no tenga por qué trascender o sofisticar más ese individualismo metodológico porque, como digo, su parcela de conocimiento no tiene que ir más allá de la enunciación y explicación de la acción humana, sin más (aunque suene un tanto aséptico).

Bastiat

¿Cómo certificamos o simplemente conseguimos decir que algo está legitimado?

Esa es una buena pregunta, creo.

Y lo digo porque la capacidad de los hombres para legar a acuerdos que impliquen regulaciones del libre albedrío absoluto es algo que se ha certificado a lo largo de los siglos desde la institución de la jefatura de la manada, la creación de la figura jurídica del matrimonio, la creación de un aparato administrativo para la gestión de la cosa pública, la mera existencia de la cosa pública… Negar la legitimidad puede estar muy bien. La argumentación de la Public Choice no hace más que incidir en los vicios de toda actuación humana que tiene mas que ver con la suma de muchos comportamientos individuales amparados por una situación de superioridad sobre los demás en la medida que la inmensa mayoría cree legítima la institución del Estado.

Ni yo voy a legitimar al Estado ni voy a poder negar la realidad de su existencia. No creo que el asunto sea dudar del Estado por acusarle de falta de legitimidad sino el amoldar el discurso político liberal a la realidad de la existencia del mismo y a darnos cuenta de que esa acción puede llevar a una adecuamiento de su actividad a lo que los liberales sí consideremos más legítimo.

No se trata más que el acercarnos a la realidad.

La EA puede acertar en la interpretación de los procesos de mercado y ser especialmente certero en la interpretación de las interferencias del Estado. Pero eso no quita a que podamos tratar de diseñar un planteamiento organizativo, por no llamarlo directamente Estado, en el que las relaciones humanas tengan un marco adecuado y que limite los vicios propios del actual modelo estatal basado en la socialdemocracia.

La cuestión pues es tratar de encontrar la alternativa. ¿Por qué partiendo de la praxeología no podemos llegar a ninguna alternativa que ofrecer al pueblo? Yo no entiendo porqué. No creo en el quedarse en un academicismo, en la mera negación de la legitimidad, y que no seamos capaces de plantear algo tangible. Y digo que no seamos capaces porque realmente no somos capaces. No sois capaces de plantear algo tangible porque muchas de las ideas de quienes se toman este asunto mas en serio, los Ancaps, realmente sí parecen ignorar esa realidad multidimensional del hecho social, sí parecen ignorar esa realidad de la legitimidad que mucha gente le da al estado, si parecen ignorar que para llegar a ese proceso ideal en el que fijan su objetivo, al que yo no le niego legitimidad, posibilidad, sino que su consecución es harto difícil, la única manera legítima de alcanzarlo, y con alguna posibilidad de lograr el éxito, radica en la acción política una vez reconocida esa realidad.

Bien. No estoy pidiendo en sí nada que nadie quiera hacer. Pero si el debate sobre el liberalismo…. científico y el liberalismo real no encuentra cauces de comunicación sinceramente no estoy encontrando a nada a lo que agarrarme.

Y para terminar el asunto del entorno. A parte de las realidades físicas, mas razonablemente llamadas geográficas, la realidad es que todo acuerdo humano tiene un ámbito físico de aplicación. Y digo físico porque digo territorio, con fronteras y todo, en donde las normas acordadas por los que allí viven son, en la medida y en la forma que ellos decidan, de obligado cumplimento y de superioridad sobre las normas particulares que cada uno pudiera establecer con otro de manera privada.

Esa realidad hace, desde mi punto de vista, absolutamente inviable, tal y como está concebida, la Ancapía.

Un Saludo y un placer.

Andreotti

Berta:
1. De acuerdo en que es necesaria una ciencia política que no atente contra la Praxeología. El axioma y los teoremas de ésta son poderosos analizadores sociales que establecen el marco en que formalmente se desarrolla la acción humana. Toda ciencia política -CP- que no la respete cae en errores de bulto.
2. El carácter de la CP tiene relación con el análisis comprensivo de los juicios de valor declarados de los hombres en relación a los resultados de sus acciones supuestamente basados en ellos. Pero este carácter “comprensivo”, que Mises aplica a la Historia, no es suficiente para agotar la CP. La existencia de aspectos formales en las tomas de decisiones políticas, al margen de sus contenidos, hacen a la CP susceptible de ser analizada en términos praxeológicos.
3. La Teoría de Juegos son un campo complementario de estudio a la Praxeología muy útil también a la CP. No obstante, la línea de estudio formal de la acción humana tiene límites explicativos
4. La filosofía política, la filosofía y, más ampliamente, la cultura son factores sumamente importantes cuya consideración detenida y genética hace tambalear toda pretensión de “ciencia exenta de valoración”. Hay que indagar en la sospecha, en absoluto infundada, de que hasta el formalismo praxeológico sea un descubrimiento cultural cuyo carácter universal hay que preservar de conclusiones no necesarias. Algunas de sus supuestas conclusiones a favor de la libertad o la propiedad privada son elecciones valorativas sólo válidas “dadas ciertas condiciones culturales”. Al final la libertad no es prescriptible utilitariamente, científicamente. Entonces, ¿qué es?. Un acto de la voluntad.
5. La CP ha de comenzar, por tanto, con un acto valorativo inicial a favor de la libertad y ha de manejar con respeto y pulcritud todo teorema formal de la acción humana sin querer ver en ella más de lo que tiene.

Rafa Garay

Me gusta el artículo.
Tengo dos preguntas.
Si la ciencia económica, que estudia la acción humana como el proceso por el cual la persona asigna recursos escasos a fines alternativos y las consecuencias que tiene la interrelación de esas acciones en sociedad; y la ciencia política estudia más bien las valoraciones y los motivos que impulsan la acción en relación a aspectos específicos de la misma.
1. ¿Incluirías, entonces, a la ciencia política en de la rama de la historia, dentro de las ciencias sociales?
Y 2. ¿ES La escuela de elección pública de Buchanan Tullock y cía. ciencia económica o ciencia política?

Gracias y un saludo.

Berta

Muchas gracias a todos por los comentarios; perdonad la tardanza. Espero que esto no sea muy pesado de leer.

1) Andreotti, creo que decimos lo mismo. Sólo matizar que el hecho de que haya aspectos formales no significa que haya que acudir a la EA. Acudir o basarse en la EA es un valor en sí mismo, al margen de las características de la CP. Yo también creo que esa sospecha que señalas no es infundada; cualquier formulación está impregnada de cultura. Sin embargo, los axiomas de la EA no se han “refutado” por las culturas. Es decir, es posible que estén formulados desde una cultura (en realidad, no sólo es posible sino que es completamente cierto, y es inevitable), pero esto no ha impedido que sigamos creyendo en su validez universal, y apelo de nuevo a la neutralidad de su marco conceptual. Algunos han dicho que decir lo que dice la EA, en CP, es lo mismo que decir nada… No estoy de acuerdo, pero algo de razón hay ahí, porque no responde a nada que incumba a la CP, sólo es una base sobre la que trabajar.

2) Rafa, te contesto mi opinión (que tal vez no compartan otros que también se adscriben a la EA). Bajo mi punto de vista, la CP trabaja mucho con la Historia, en el sentido de que todo lo que estudiamos son hechos positivos, reales, que han sucedido o están sucediendo. Además, son sucesos que no pueden entenderse sin un gran conocimiento de los procesos históricos. El potencial predictivo es muy limitado. Pero como digo en el artículo, la CP no se acaba en la Historia, ni a la CP le interesa toda la Historia; puede que el material sea histórico, pero los métodos no son necesariamente historiográficos, en todo caso dependerá de tu objeto de estudio. No conozco a fondo los métodos que se utilizan en el estudio de la Historia, pero por lo que sé la Sociología no es un instrumento básico, al contrario que en la CP. Por otra parte, el objeto de estudio general de la CP es infinitamente más restringido y concreto que el de la Historia.
En cuanto a la Public Choice, yo la interpreto como una revisión pertinente y necesaria de los axiomas de la Microeconomía contemporánea (y en este sentido es Economía). Cuando estudiamos en la universidad las asignaturas de Micro, es sorprendente ver cómo se aplican criterios epistemológicos muy dispares según estemos hablando de un agente económico u otro. Por ejemplo, el Estado conoce el bien común mientras que la empresa sólo persigue maximizar el beneficio, que es lo único que conoce. Hay una distribución pueril de supuestos intereses morales y supuestas competencias epistemológicas que no se sostienen. La Public Choice lo soluciona en parte y, además, se dedica a extrapolar estos métodos económicos –a los cuales podemos poner muchas pegas: no solucionan las famosas variables “dadas” ni esos misterios divinos como que, de repente, una curva de demanda o una función de utilidad se vuelven cognoscible- a la CP, por ejemplo en el análisis del mercado electoral, en un intento por formalizar y matematizar la CP y alejarla de lo que parecía su destino inevitable: ser charlas de café. Y en este sentido la Public Choice es CP, o mejor dicho un nuevo enfoque, fresco pero, en cualquier caso, simplista y aún por integrar bien, de la CP.

3) Bastiat, yo también estoy a favor de acercar el liberalismo a la “realidad”. De hecho, en otras ocasiones hemos comentado aquí en el IJM sobre ello, y he manifestado en diversas ocasiones que estoy de acuerdo contigo y con otros en que es una necesidad reformar la Constitución, la asignación de escaños, etc. No tiene que ver directamente con el liberalismo, pero a los liberales, por ser tan pocos, nos conviene la higiene democrática. Y todo avance, aunque sea nominal, significa algo. Los símbolos en un régimen son casi tan importantes como las políticas públicas reales. Y si no que se lo digan a Franco en la década de los sesenta. No obstante, admitir esta necesidad de bajar de las nubes no significa en absoluto “amoldar” las características de la Praxeología a ello. Está muy bien como está. Y no creo que la discusión entre activistas y apáticos/resignados/incrédulos tenga que enfocarse escudriñando la Praxeología. Son juicios de valor, sospechas, creencias… y eso no debe encontrarse en una ciencia como la Praxeología (por el contrario, caben mejor en ciencias menos neutrales como la CP, y aún así, con mucha prudencia).

4) Memetic , algunos apuntes sobre su fabulosa presentación:

-Creo que consideras que algunos individuos actúan irracionalmente porque te empeñas en sortear la neutralidad del modelo, con aquello de “la unidad suele ser monetaria o de satisfacción”. Y pones el ejemplo de comprar acciones de LD en vez de otras más rentables. No veo que esto sea irracional, simplemente dentro de los valores del individuo, en este caso en concreto, la rentabilidad está peor valorada que la lealtad ideológica, digamos. Sólo hay que rellenar correctamente, fiel a la subjetividad individual por extravagante que nos parezca, los fines. No hay que valorar si el fin es racional desde un punto de vista psicológico (tal vez ser hincha del Atlético no lo sea…), sino si es racional y coherente con esa escala valorativa la acción o la positivación de preferencias. Por ejemplo, sería irracional que un individuo ahorrara durante un mes para comprarse un collar que desea intensamente y que luego lo tirara a la basura aún queriéndolo. Y es cierto que estas cosas ocurren, pero no sé cómo meterlas en el modelo.

- De acuerdo con que a Hayek le falta una base o contenido en la formulación de la t. de las instituciones espontáneas. Es relativamente fácil descubrir que las tradiciones y las costumbres tienen una utilidad social (casi todos los autores conservadores han apelado a ella), lo complicado es ver cuál es esa utilidad social y por qué. De acuerdo en que, por el momento, las mejores respuestas las da la psicología evolutiva. Esperemos que llegue el día en que se fusione con la Sociología. Ojo, no es menos cierto que el ser humano puede sortear esa carga evolutiva tranquilamente (y me dirás: con traumas…Es posible, pero a lo largo del tiempo siempre aparece una especie de élite que trasciende toda costumbre y tradición)

-No creo que la CP esté fundamentada en la Economía porque “sus postulados se demuestran por ella”. Ni viceversa. Actúa como esa base teórica, ese paradigma, sobre lo cual empezar a formular hipótesis más específicas e interpretar los resultados de los estudios.
-Muy interesante el enfoque de la escabilidad. Todo se debe, en última instancia, a la sofisticación de las necesidades. Me pregunto qué pasaría si dejásemos de desear e imaginar variedad.

-No he entendido por qué consideras las elecciones políticas juego de suma cero. Si chupas más de lo que pagas, es positivo. Si no, negativo, no porque sea una satisfacción menor contra una mayor, sino porque al ser la del contribuyente menor, deja de legitimar, y ya puede considerarse –porque así lo considera el contribuyente- una estafa o un atentado contra la propiedad. ¿Y lo del matrimonio? Yo pensaba que era juego positivo…

-Me parece arbitrario decir que sí que nos sirven las familias, los países, los lobbys, etc. como entidades a tener en cuenta, y no los sexos o las clases sociales. Dices que no tienen mecanismos de cohesión, pero lo cierto es que los han tenido, y en algunos casos perduran. No importa cómo los percibamos nosotros, sino cómo se autodefinen ellos. Y en este sentido no podemos ignorar las redes de autoayuda entre mujeres maltratadas, por ejemplo, o las cooperativas o sindicatos. A no ser que te refieras a que todo grupo que tenga un interés común, en última instancia y en la medida en que quiera influir en la toma de decisiones obligatorias, es un lobby.

Por lo demás, muy de acuerdo.

Un saludo a todos. Espero conoceros en la Cena de la Libertad

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