Instituto Juan de Mariana: La teoría del intercambio desigual
2005 Instituto Juan de Mariana
El Instituto Juan de Mariana gana el Fisher Venture Grant, un programa para apoyar los think tanks jóvenes
.
Instituto Juan de Mariana
Reducir tamaño de letra Aumentar tamaño de letra

Comentarios


Portada - Comentarios - La teoría del intercambio desigual

03/05/2008 - Berta García Faet

La teoría del intercambio desigual

Los liberales tenemos muy interiorizado el hecho de que la pobreza es el estado natural del hombre y que, por lo tanto, es la riqueza lo que hay que explicar en la problemática de la desigualdad mundial.

Si la riqueza sólo puede surgir partiendo del libre ejercicio de la función empresarial, buena parte de la pobreza que persiste –aunque no toda: también habrá que tener en cuenta las estructuras de incentivos culturales, familiares, etc.– se explicará por las restricciones a la libertad individual, sobre todo en un análisis entre países.

Pero las teorías de la desigualdad mundial que manejan las élites intelectuales de hoy en día nada tienen que ver con este punto de partida liberal, y las prescripciones que propugnan suelen ser netamente liberticidas. Sólo sus nombres ya nos advierten de que es el viejo marxismo el que inspira sus bases: las tres teorías fundamentales son la del intercambio desigual, la de la pauperización y la del desarrollo del subdesarrollo.

Estas tres teorías comparten algunas características, tal vez las más imperdonables: las tres, aunque en general estén en boca de cualquiera (incluida la parte más ruidosa de los movimientos antiglobalización), son patrocinadas por autores de renombre, economistas y sociólogos que las revisten de un halo supuestamente científico; las tres culpan del subdesarrollo, en última instancia, a Occidente; las tres giran, como es natural siendo las tres concreciones de los deslavazados y abstractos argumentos marxistas clásicos, en torno al núcleo del valor-trabajo.

En este artículo nos centraremos en la teoría del intercambio desigual, también enunciada en ocasiones mediante la dicotomía centro-periferia; puede entenderse como un intento de revalorizar las exportaciones del Tercer Mundo a toda costa y desde fuera de la relación comercial: desde los despachos de gurús de la izquierda como Arghieri Enmanuel, Christian Palloix y, el más prestigioso de todos, Samir Amin.

Esta teoría se define en negativo: si el precio normal y justo de una mercancía es "aquél que permite que todos los factores productivos que participan en cualquier parte del mundo en su producción sean remunerados al mismo nivel", el precio anormal e injusto es precisamente lo contrario, porque implica necesariamente remuneraciones dispares (el argumento de las diferentes productividades sólo lo admiten en parte). Constatando empíricamente que los precios, sobre todo en el caso de las materias primas, son muy distintos según en la parte del mundo en la que nos hallemos, estos autores proponen la "hipótesis del drenaje del excedente" (formulada por Enmanuel pero adoptada con distintas expresiones por toda la corriente en general): se produce una "transferencia de excedente" del Sur al Norte que frena el desarrollo económico de la periferia exacerbando el desfase de renta respecto al centro.

Es más, el desarrollo industrial local (el de las múltiples periferias) no es factible, porque la dependencia de los centros trunca la posibilidad de modernidad universal (y en este sentido, la deslocalización son "únicamente enclaves aislados y dirigidos" que en modo alguno invalidan la tesis cardinal). Esto supone negar la verdad básica de que el mercado internacional es interdependiente e implica, adicionalmente, que el verdadero desarrollo se concentra en unos pocos puntos del planeta, afirmación que no es más que una versión rejuvenecida del rancio "capitalismo como imperialismo y expansión de monopolios" de Lenin. En palabras de Enmanuel, "la miseria del Tercer Mundo subvenciona el buen vivir del Norte".

Esta teoría, además de contradecir la evidencia empírica, adolece de fallos económicos muy graves y es, en definitiva, pura palabrería y autoflagelación gratuita. Cae en los tópicos más sonados de la antiglobalización: el capitalismo genera monopolios y acaparamiento, la competencia empresarial es igual de conflictual y predatoria que la biológica, en el intercambio hay ganadores y perdedores, etc. La herencia neoclásica y marxista es evidente en la centralidad del valor-trabajo y todas sus implicaciones, y de hecho se explicita en varias ocasiones. Así, según Enmanuel, parafraseando casi milimétricamente a David Ricardo, expone: "el equilibrio sólo quedaría asegurado si las mercancías se cambiasen en proporción a la duración del trabajo para producirlas".

Ignora, por supuesto, el papel de los precios y del dinero; ignora que el trabajo no puede ser una medida intersubjetiva de valor en tanto que es heterogéneo, inasible, sólo significa algo cuando se le pone un precio y, por lo demás, numerosos recursos de la naturaleza no incorporan trabajo. No existe esa mística medida de valor objetiva, universal y atemporal, ni tampoco la plusvalía marxista, porque los precios son relaciones históricas de intercambio, y el intercambio no se produce en un entorno de libertad si no beneficia a las dos partes: violaría el principio de la básica racionalidad de los seres humanos. Sin embargo, la teoría del intercambio desigual se empeña en considerar el comercio como un juego de suma cero, en el que los países subdesarrollados participan resignados, considerando su aportación en posición asimétrica como "mal menor" (el mal mayor sería la exclusión del sistema).

Obviamente, esta afirmación se contradice abiertamente con su crítica furibunda –único punto en el que hay acuerdo con los liberales– a las restricciones institucionales, especialmente de la Unión Europea, con su Sistema de Preferencias Generalizadas, sus restricciones a la importación y sus medidas antidumping. Si es injusto que los salarios en Europa y Asia sean distintos, ¿para qué liberalizar el mercado y suprimir los salarios mínimos y las demás restricciones? Tenemos motivos para creer que lo que realmente amparan estos teóricos no es la supresión de barreras institucionales sino, por el contrario, la uniformización de las mismas por todo el globo. Esto es, la extensión mundial de los "derechos laborales" que ya propugnan los teóricos de las generaciones tercera y cuarta de los Derechos Humanos y que supuestamente protegen al trabajador de las violentas presiones de los capitalistas: si aceptan un salario más bajo de lo políticamente correcto, no es porque quieren sino porque los han obligado. ¿La razón? "En el marco de una economía de competencia pura la remuneración de trabajo y la utilidad del capital no son fijadas por un acto voluntario, sino por el mercado."

Por otra parte, podemos apreciar el enorme mal que ha hecho a la economía la teoría neoclásica de la competencia perfecta en afirmaciones terroríficas como ésta, consecuencia sin duda de la anterior: "la tasa de ganancia de equilibrio que constituye el eje de oscilación de la tasa de ganancia real, debe ser la misma en todas las ramas, porque toda la diferencia de tasa de ganancia real, al provocar movimientos de capital hacia una ganancia mayor, tiende a restablecer el equilibrio". La competencia y la reinversión no existen: la eficiencia en la asignación de recursos no es dinámica sino estática, pasiva y fantasmagórica. Para que una tasa de ganancia sea creciente, es necesario introducir continuas mejoras e innovaciones, lo que beneficia a todo el colectivo de consumidores, fenómenos que es perfectamente viable y que ignoran estos teóricos al no introducir en ningún momento la variable de la función empresarial. Un intercambio sólo puede ser "desigual" si lo analizamos desde los paradigmas neoclásicos; así, excepto en los casos de "competencia perfecta", los excedentes del consumidor y del productor son siempre dispares. No es casualidad que Marx en su momento y los estos teóricos hoy hayan recurrido ad hoc al valor-trabajo para justificar sus teorías de la explotación: todo puede cuadrar, incluso matemáticamente, si nos inventamos que el valor es común y objetivo.

Una teoría que desconoce los mecanismos básicos del mercado, la naturaleza de los precios y la competencia, la razón de la división del trabajo, de las ventajas comparativas y del mercado internacional, no merece estar en las tribunas de conocimiento dictando instrucciones y propagando quejas contraproducentes. Imaginemos cuál sería la reacción del Tercer Mundo si, al elevarse sus salarios artificial y coactivamente hasta el nivel europeo, las empresas decidieran no deslocalizarse allí donde los gobiernos nacionales supusieran un riesgo: seguramente no les sentaría muy bien. Porque los implicados en las relaciones comerciales comprenden perfectamente que un intercambio nunca puede ser desigual si es libre y los factores productivos nunca pueden remunerarse exactamente igual porque son distintos, tanto ellos mismos en sí como sus contextos institucionales. De ser iguales, las multinacionales nunca se habrían trasladado a los países en vías de desarrollo, nunca habrían pagado esos salarios sensiblemente superiores a los de las industrias locales y nunca, por poner sólo dos ejemplos, podrían haber surgido los impresionantes Bangalore y Dharavi. Viendo sus progresos, rodeados como están de miseria, la tesis de la desconexión de Samir Amin (que, justificada en el intercambio desigual, predica la necesidad de los países pobres de "desengancharse" del sistema capitalista) no puede resultar más ridícula.

 

Opinión de los lectores

Eugenio Martín Velázquez

Si no hubiera fronteras, ni estados, ¿como nos explicarían la teoría del intercambio desigual? y de las tres es la mas fácil.

http://javierdelaribiera.blogspot.com/

No se puede ver al mundo sólo por el rasero del liberalismo, ni del neoriberalismo ni de ninguna ideología, se le ha impuesto este modelo a muchos paises por explotación, coacción, intervención o gracias a las estrategias de la falsa cooperación, puras limosna, es un modelo que no les pertenece y que no les beneficia, a nadie beneficia a largo plazo este modelo, dejemos ya de justificarlo con estas vagas teorias académicas, me da pena meterme en vuestra sección de video y observar el reduccionismo con que mirais el mundo, echo en falta y considero necesario para vuestra educación que aprovecheis la gran oferta de documentales que furulan por internet gratuitamente y donde se pueden establecer unas ideas mas o menos claras de la explotación criminal que vive la gran parte del mundo. Os dejo unos links por si no los conoceis:
http://humanismoyconectividad.wordpress.com/humanismotv/
http://naranjasdehiroshima.blogspot.com/
http://quomodo.blogspot.com/

Creo que ha llegado el momento ya de dejar los odios e intentar encontrar puntos en común donde reunirse, los textos que estoy leyendo en esta web adolecen de sentimientos, son frios cerebrales, académicos, con un lenguaje nada aperturista y van encaminados al juego dialéctico, al artificio intelectual, sin tener un pie en el suelo ni escuchar lo que dicen los pueblos del planeta. Aún así son muy inteligentes e interesantes y me ayuda a comprender más y mejor como funciona este mostruoso mundo en el que vivimos.

Pero los textos adolecen de empatia, de sentimientos y encima llega un momento en que ese análisis supuestamente ciéntifico económico se torna irracional, por eso mismo.

Para ti no tendrá un sentido riguroso científico los movimientos antiglobalización y sus intelectuales, no tienen el nivel académico relativista con el que marcarse una buena charlita, pero sus pruebas de que este modelo es asesino en el papel y en la práctica es bien visible,

Eugenio Martín Velázquez

Javier el liberalismo jamás se ha impuesto a nadie. Que Berta emplee palabras complejas, no quiere decir que no sean ciertas, aunque comparto contigo que a ti pueda parecerte un juego dialéctico. Las críticas que haces al liberalismo seguramente son por que no conoces nada de ello. Me gustaría conocer con detalle el modelo asesino del que hablas para poder opinar sobre ello. Que el ser humano no es perfecto ya lo se, pero que hay teorías mejores que otras, no lo dudes. Esperando tus noticias. Un saludo libertario.

Berta

Lamento haberte dado esa expresión de fría, cerebral y sin sentimientos, Javier. Sólo puedo decirte -el que tiene que lanzarse a buscar y a cuestionar eres tú; tienes un magnífico campo en este instituto y en liberalismo.org para caerte de los tópicos- que no es una casualidad que con más libertad haya más progreso. El modelo liberal no ha sido impuesto: es el único que sirve. Lo que sí que es cierto es que Occidente cae en la hipocresía cuando habla de mercado libre y se envuelve en aranceles e infla artificialmente sus productos con subvenciones perjudicando gravemente a los exportadores tercermundistas. Esa es la culpa que podemos tener, y aún así, con esa grave imperfección, este sistema genera mucha más riqueza que cualquier otro (y, por cierto, queda repartida mejor, ya que es una estructura de logro y no de adscripción).

Un saludo

© 2005-2014. Instituto Juan de Mariana. Todos los derechos reservados.