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Portada - Comentarios - Soberanía nacional o soberanía popular

05/05/2008 - José Carlos Rodríguez

Soberanía nacional o soberanía popular

Son estos días muy a propósito para reflexionar sobre el significado liberal de la Constitución a que dio lugar la revuelta de los españoles contra los invasores franceses y en concreto su contribución más importante y significativa: la soberanía nacional promulgada por las Cortes de Cádiz en 1810 y recogida como base de la Constitución de 1812. Hay dos fuentes históricas de esa idea. La más inmediata es el hecho de que, con el Rey y el heredero legítimos en manos de los franceses, fuera el pueblo español el que recuperara su destino expulsando a los franceses. El otro se refiere a una idea enraizada en el pensamiento político español desde el comienzo de la era moderna, y es que el origen del poder está en el pueblo. Juan de Mariana ofreció sus palabras a esta idea, que era anterior a él. Pero el jesuita se aferró a ella como ninguno otro antes y sacó las conclusiones más consistentes.

La soberanía nacional aúna en dos palabras varios conceptos distintos. Por un lado coloca al pueblo español como sujeto de la nación española, que no en vano es definida en el primer artículo del texto constitucional como "la reunión de todos los españoles". Como sujeto y protagonista de la historia de la patria, lo que se estaba refrendando en la lucha contra los invasores franceses, el pueblo español era la fuente del poder legítimo y, como tal se constituyó primero en juntas y más tarde en Cortes. Otro elemento ínsito en la expresión "soberanía nacional" es la noción de que los individuos son portadores de derechos iguales. Una tercera es que forman una comunidad nacional y una cuarta, dicho sea sin voluntad de agotar con esta otras posibles, es la idea de que ese poder originario, esa soberanía, se articula por medio de instituciones representativas.

Pero en la práctica es este último aspecto el que ha primado sobre los demás. La soberanía nacional ha dado lugar a una soberanía popular entendida no tanto en la idea de que en el pueblo residen los derechos como en la de que él tiene todo el derecho e incluso el derecho absoluto de imponer, por medio de los mecanismos democráticos, cualquier ley que considere conveniente. Las leyes son legítimas porque se ajustan al ordenamiento jurídico, pero especialmente porque su fuente, el pueblo, consultado periódicamente por medio de las elecciones, es la única fuente legítima de normas comunes.

De este modo se produce la trasmutación de un concepto, la soberanía nacional, que es compatible con el liberalismo a otro, la soberanía popular, que resulta completamente opuesto. Si el primero merece el calificativo de liberal en cuanto tiene de contraposición a la soberanía del Rey, más por adición de ideas como la de que surge de una comunidad de ciudadanos con derechos iguales o la de que puede retirar el poder que le haya otorgado a un gobernante si éste viola tales derechos, la soberanía popular tiende al poder absoluto, ungido por la supuesta legitimidad de la voluntad popular. Es un cambio sutil, pero sustancial y determinante.

El recuerdo de la Constitución de 1812, con todos sus errores, como la proclamación de una religión oficial, nos debe servir para celebrar el primer texto constitucional que situó a en nuestro país los derechos de los ciudadanos como base del ordenamiento jurídico y para reflexionar sobre el conflicto entre éstos y la mera aplicación de la regla de la mayoría.

 

Opinión de los lectores

Bastiat

Sin poder negar un ápice de lo que dices creo que el problema no está en el qué sino en el cómo.

Evidentemente que si todos los individuos que viven y conviven en un determinado territorio tienen la facultad, o asumen para sí, de establecer las normas bajo las que se van a regir, el hecho de que eso ocurra implica ya de por si un avance sustancial con respecto a la época de las monarquías absolutas pasando a estar todos los cuidadnos igualados en cuanto a obligaciones y derechos. Eso es el qué.

El problema es el cómo.

Si un gran avance para la libertad fue el establecimiento de las cartas de derechos que limitaban la acción del poder real sometiéndolo también a él al imperio de la ley, parece que hemos olvidado ese proceso y hemos convertido en rey al pueblo soberano ignorando los límites a la acción del gobierno por muy democrático que haya sido elegido. Por tanto, el problema es el cómo.

Un pueblo que ame la libertad lo primero que tendrá en cuenta es la limitación del las facultades y capacidades del poder. La existencia misma de dicho poder supone ya una limitación de la soberanía nacional puesto que implica el reconocimiento de que alguien está capacitado para ejercerlo, pero olvidarse de limitarlo es en sí mismo un suicidio. Pero no porque exista el poder, difícil de eliminar dicha figura, sino porque el poder tiende a inmiscuirse en los derechos individuales que caracterizan la soberanía nacional.

Pero pongamos un inciso. La soberanía nacional se circunscribe a un territorio en el que viven aquellos que se consideran nación. Atención a esto. E implica que son los que se consideran nación los que definen, establecen, defienden y acuerdan el qué son esos derechos de los individuos de la nación, y el cómo se alcanza la condición de ciudadano.

¿No es en sí ya una limitación sustancial del derecho individual?

Pero el cómo es el problema.

Un grupo humano, circunscrito a un determinado territorio se reúne en Junta y establece los derechos y libertades fundamentales y la forma de defenderlo. Puede en ese momento o en otro posterior establecer los límites a la acción del gobierno, establecer a qué aspectos de la vida cotidiana y común o individual tiene acceso la acción de gobierno.

Pero eso es función, sobre todo en democracia, de la acción política. La defensa de valores en competencia entre idearios e ideologías de distinto pelaje. El negarse a participar en política dejar que el cómo se articulen los derechos y la defensa de los mismos y la generación de nuevos derechos y obligaciones quede en manos de aquellos que menos intereses tengan en la defensa de los derechos individuales es la razón por la cual se ha convertido a la democracia en la manera actual de convertir a unos pocos en reyes que gobiernan de forma absoluta la vida de todos los ciudadanos.

No digo más.

Eigen

La soberanía nacional busca ser soberanía de la razón -dado que a algunos liberales no les agrada hablar de "la razón", podremos referirlo como "soberanía de lo razonable". Supone, así, evitar caer en el arbitrio de unos pocos o en el arbitrio de la mayoría. Cuando "la nación" es soberana, lo aprobado en las Cortes debe reunir la sanción del pueblo y la sanción de -por qué no utilizar la palabra- de unas élites, y no solamente una de ambas entidades. Es decir: lo aprobado debe ser, al mismo tiempo, conveniente y razonable.

Un único poder nunca se limitará a sí mismo. Se trata de que las élites repriman a las masas que reclaman violencia contra el individuo y de que el pueblo defienda su libertad ante los intentos de expansión de las élites. Para ello es requisito que ambos estén armados.

ÁNGEL FERNÁNDEZ

REFORMA CONSTITUCIONAL

Para recuperar la SOBERANÍA NACIONAL, desde mi modesta opinión, es imprescindible la existencia de un marco normativo que permita la protección eficiente de los derechos de los ciudadanos.

El principal problema que tenemos en España es la INVASIÓN POLÍTICA DE TODAS LAS INSTITUCIONES.

Las fisuras normativas de la Constitución Española de 1978 y las irresponsables acciones de la clase política intervencionista, han permitido que el Estado haya crecido desmesuradamente en España (se ha duplicado en 30 años) y, muy especialmente, en el ambito autonómico (54% del gasto público) y en el ámbito local (28%).

Como recordaba recientemente el profesor Pedro Schwarz, no todo en la vida es política. Y añado, no todo en la vida debe quedar bajo el "paraguas" de la Administración.

Es sesencial la limitación de la "influencia" de los políticos sobre ciertas instituciones que deben defender los derechos de los ciudadanos.

Si no se establecen mecanismos que permitan acotar el ambito de competencia de los políticos, los derechos fundamentales acaban siendo pisoteados por las decisiones de la Administración nacional, regional o local.

De ahí, que sea fundamental promover un paquete de medidas de Reforma Constitucional que garanticen en España:

1. La independencia de los tribunales respecto de los políticos. Link:

http://www.juandemariana.org/comentario/1818/reforma/constitucional/independencia/tc/

2. Interponer el referendum como mecanismo para "limitar" (e incluso "evitar") aquellas Decisiones Políticas Trascendentales para el medio y largo plazo de una nación. Link:

http://www.juandemariana.org/comentario/1886/referendum/decisiones/politicas/trascendentales/

3. La democracia interna, la financiación transparente y el respeto de ciertas normas, por los partidos políticos. Link:

http://www.juandemariana.org/comentario/2004/democracia/interna/partidos/politicos/

4. Un Sistema Electoral que garantice el sufragio universal, libre, igual, directo y secreto en todo el territorio. Link:

http://www.juandemariana.org/comentario/1967/sistema/electoral/segunda/vuelta/

5. Frenar el secesionismo totalitario que ataca derechos y libertades de los ciudadanos no-nacionalistas. Link:

http://www.juandemariana.org/comentario/1900/frenar/secesionismo/totalitario/via/articulo/

Desde hace meses, mis comentarios en el IJM están enfocados a garantizar esa SOBERANÍA NACIONAL que los políticos están dilapidando invadiendo casi todos los ámbitos de la vida del ciudadano, sin "barreras" (sin instituciones) que frenen su intervencionismo.

Con dicho objetivo, PLATAFORMA CONSTITUCIONAL intenta fomentar la discusión de diversas medidas de reforma constitucional:

http://www.plataformaconstitucional.org/listado.htm

Y, por ello, se promueve el debate de ideas de reforma constitucional en el FORO DE DEBATE:

http://constitucion1978.forumotion.com/

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