08/05/2008 - Juan José Mora Villalón
Trámites para abrir un negocio
Muchas personas, cuando deciden emprender la aventura de iniciar una actividad comercial, se encuentran con innumerables dificultades que previamente no habían considerado. Por muy bien que se hubiese planificado el comienzo de la actividad, siempre parecen surgir inconvenientes que no habían sido tenidos en cuenta en sus inicios. Quienquiera que haya pasado por esta experiencia recordará, sin duda, la fatiga, nerviosismo y angustia que caracterizó el arranque del negocio. Probablemente llegó a plantearse en algún momento si les merecía la pena dedicar tanto tiempo, dinero y esfuerzo para emprender dicha actividad.
Son innumerables los aspectos que hay que tener en cuenta a la hora de iniciar un negocio, como la búsqueda de financiación, el trato con potenciales clientes, el contacto con proveedores de distintos bienes y servicios, la selección del personal, encontrar una ubicación donde llevar a cabo la actividad, madurar el tipo de bien o servicio que se quiere ofrecer, etc. La agenda del emprendedor queda bastante colapsada durante dicho período y las horas de sueño se ven reducidas en muchas ocasiones por la cantidad de tiempo y esfuerzo que demanda la empresa.
Sin embargo, no todos los problemas tienen que ver con la propia actividad de la empresa. Muchas veces, el emprendedor encuentra dificultades, no en los aspectos detallados anteriormente, sino en los requisitos legales que son necesarios cumplir para abrir un negocio. En España son necesarios una media de 47 días para cumplimentar los 10 procedimientos exigidos por la legislación vigente. De entre todos ellos resulta especialmente gravosa en tiempo la obtención de la licencia de apertura, que puede llevar entre 15 días y tres meses. Llama la atención que estas cifras sean muy inferiores en otros países como Australia (2 días y 2 trámites), Canadá (3 días y 2 trámites) o Bélgica (4 días y 3 trámites). No es de extrañar que en la clasificación de facilidad existente para la apertura de un negocio, España ocupe el lugar número 118, hecho que resulta especialmente grave ya que en dicho ranking sólo se tienen en cuenta los trámites generales, y no aquellos que se exigen a determinadas actividades que tienen una legislación específica y unos trámites más costosos en tiempo y dinero.
Dado que los países con mayor facilidad para la apertura de un negocio no destacan precisamente por su inseguridad jurídica ni por tener una economía poco desarrollada, cabría preguntarse por el motivo por el que resulta tan difícil abrir una empresa en nuestro país, ya que dicha carga burocrática tiene efectos negativos sobre la actividad empresarial. Todo el tiempo que los emprendedores tienen que destinar a estos trámites se deja de dedicar al propio negocio, y por tanto se quedan desatendidos clientes, proveedores, procesos productivos o la propia estabilidad financiera de la empresa. Por tanto, el empresario, en el momento de inicio del negocio, que es cuando más tiempo necesita, se ve obligado a destinarlo a actividades extraempresariales. Este hecho resulta especialmente gravoso para los pequeños emprendedores, que no suelen contar con un servicio jurídico propio y para quienes, dada su poca capacidad financiera, acudir a los servicios de una asesoría les supone un coste importante.
Todas estas barreras burocráticas no se traducen únicamente en un mayor trabajo para el emprendedor, sino que puede llevar al desánimo y a que muchas personas no se atrevan siquiera a abrir un negocio. Muchas ideas que podrían haber mejorado la vida de los consumidores quedan en el tintero al no haberse podido llevar nunca a la práctica. También muchos trabajadores han podido quedar sin contratar al no haberse iniciado la actividad o al haber desistido por el desánimo de la burocracia. Por tanto esta carga burocrática tiene su reflejo no sólo en los emprendedores, sino también en consumidores y trabajadores.
Toda esta burocracia, inexistente en otros países, está teniendo efectos perjudiciales sobre el consumo, la actividad económica y el empleo de nuestro país. Por ello resulta importante eliminar estas trabas, especialmente en tiempos como los actuales, en que la crisis existente hace que los emprendedores sean más reticentes a abordar nuevas actividades.
Opinión de los lectores
Muy interesante el artículo.
Este es uno de los muchos casos en que los problemas generados por el intervencionismo se tratan de resolver con más intervencionismo. Es decir, se trata de fomentar el emprendimiento con subvenciones públicas, becas públicas etc, cuando esto sería mucho más fácil si se eliminaran todas las trabas que comenta en el artículo, y se redujera el impuesto de sociedades.
La excusa de que aquí hay poco 'emprendimiento' por nuestra cultura suena a cuando se justifica la planificación en los países africanos, donde allí son seres subdesarrollados que no saben hacer nada, y por eso justifica la planificación y ayuda externa.
Si eliminan esas trabas y barreras, y se reduce el impuesto de sociedades, y no se consigue un aumento de emprendedores y nuevas empresas en el medio plazo, ya podría empezar a pensar que es por nuestra cultura.
Juan José, es muy cierto lo que denuncias. Tan sólo mencionar que has sido excesivamente optimista al dar por sentado (tal vez los srs. del enlace al que remites no lo han sufrido, y se han limitado a recoger lo que dicen las autoridades) que el tiempo de la obtención de la licencia municipal de apertura puede llevar entre “15 días y tres meses”. Eso sería un verdadero éxito. Según mi propia experiencia en la empresa donde trabajo (llevamos abiertos al público en varias ciudades de España 97 locales) la media está muy por encima (a veces más de un año, depende del Ayuntamiento, y, a su vez, de cada distrito de éste, si tiene varios). Si además hay que hacer obras (que es lo más usual porque no sueles encontrar un local a la medida de tu negocio) pagas otra tasa más (además de las tasas de apertura y la tasa de colocación de letrero) y el procedimiento se alarga, al que hay que añadir que los planos del local realizados por el técnico (otro coste más) estén visados por el colegio de arquitectos (otra pasta por el sello de dicho colegio). Lo peor de todo es que tu actividad sea calificada (no inocua) o emita ruido o humos, entonces puedes echarte a temblar: necesitas un certificado del temido responsable medioambiental del Ayuntamiento de turno: ahí el tiempo se dilata “sine die” y la corrupción burocrática puede ser mayúscula. La mezcla de lo medioambiental con lo político es letal (la operación “guateque” es sólo la punta del iceberg).
Sólo recuerdo dos casos en Madrid de haber obtenido la licencia en menos de un mes mediante el procedimiento actual de “actuación comunicada” y con la asistencia personalizada de un funcionario (en aquellos distritos donde tienen implantado este sistema, que son los menos). Pero esto es excepcional (un 2% según mi experiencia).
Lo del tiempo que se tarda en obtener una licencia municipal de apertura de un local es para escribir un libro (Gabriel sabe bastante de ello por sufrirlo en propias carnes; que te cuente…).
Todo lo que dice el artículo es muy cierto. He apoyado a un emprendedor en sus inicios y hemos pasado todo ese calvario. Tienes que entrar en una jungla burocrática, desconocida, claro, para el que empieza, cuesta mucho orientarse y se pierde tiempo y energía.
Diversos organismos animan a emprender, ofrecen apoyo y demás, pero al final es más autoimagen y publicidad que apoyo real. Las ayudas y premios veo que llegan cuando uno se ha consolidado, o sea, cuando ya no hacen falta, y los portales de instituciones y emprendedores también son poco claros, si no caóticos.
No sé si es por incompetencia o por burocracia, porque realmente una vez que conoces el proceso tampoco es tan dificil dar información y facilidades para que otros lo pasen. Pero en este país se falla mucho en concepto y organización de la información, como se comprueba viendo la mayoría de los sitios web.
En lo legal bastaría una agencia que tomara el tema y pusiera en marcha completamente la empresa, al menos en los casos que empiezan con pocos recursos, para pasar luego todo el proceso a manos de emprendedor poco a poco. Viéndolo en la práctica este comprendería el IRPF, IVA, contratos, etc. rápidamente, que para eso es un emprendedor avispado, sin tener que perder tiempo con cursos conceptuales previos, gestiones, visitas y demás.
Quizás hay un problema de fondo, además de los males endémicos de burocracia y desorganización: Se anima a emprender, como medio barato para el sistema de generación de empleo, pero en el fondo hay una sospecha sobre el que quiere "ser empresario y ganar dinero", sin valorar la gran labor social que llevan a cabo los emprendedores.
Sí, sí, todo esto es muy cierto; pero la cuestión clave no debe quedarse en el tintero: ¿qué derecho tiene la casta política a conceder licencias e imponer todos esos trámites burocráticos? Si el burócrata tiene derecho a conceder una licencia de apertura, entonces nuestro punto de partida es que el ciudadano-siervo no tiene derecho a abrir un negocio. Es el burócrata el que posee todo derecho sobre la actividad económica y, por el acto administrativo de concesión de una licencia, cede dicho derecho al esforzado solicitante que tiene la osada y petulante ambición de ganarse la vida por su cuenta. Aceptar el actual estado de cosas es aceptar el mundo al revés: que somos objetos propiedad del Estado, que carecemos del derecho a ganarnos la vida, que éste nos es concedido por nuestros amos.