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Portada - Comentarios - Democracia para lo malo, y para lo menos malo

19/05/2008 - Albert Esplugas Boter

Democracia para lo malo, y para lo menos malo

Es posible que la democracia sea, en el contexto actual, el menos malo de los sistemas de gobierno. Eso no significa que no haya una alternativa mejor que pudiera prosperar en otras circunstancias, ni que la democracia desempeñe bien la función principal que normalmente se le atribuye: implementar políticas que beneficien al conjunto de la población. El argumento de que una dictadura produce malas políticas porque los intereses del gobernante y de los gobernados difieren parece sugerir que la solución es hacerlos idénticos, dar el poder al pueblo. Pero los resultados de la democracia se han demostrado igualmente pobres. La paradoja es que la democracia no falla porque de algún modo acabe desoyendo a la gente sino porque hace lo que la gente quiere.

Bryan Caplan desarrolla esta tesis en su último libro, The Myth of the Rational Voter: Why Democracies Choose Bad Policies. Según Caplan, la Escuela de la Elección Pública yerra en su caracterización del votante como un individuo racionalmente ignorante. De acuerdo con esta concepción, las personas elegimos no informarnos durante el proceso político porque la probabilidad de que nuestro voto cambie el resultado tiende a cero, y nos beneficiaremos igualmente si los demás se informan y votan. Para los escépticos de la democracia, la ignorancia racional deja vía libre a los grupos de interés (y a los políticos y burócratas), que sí tienen incentivos para informarse y movilizarse porque esperan obtener privilegios y dádivas del Gobierno.

La contra-réplica democratista apela al "milagro de la agregación": como el voto ignorante es aleatorio, en un electorado extenso los votos en un sentido y en otro tienden a compensarse mutuamente, y el voto no aleatorio minoritario (el voto informado) deviene entonces decisivo. Este fenómeno lo observamos en las apuestas, en los mercados financieros o en el comodín del público en el programa "¿Quieres ser millonario?" La respuesta del colectivo agregado tiene una tasa de acierto alta.

Caplan sostiene, sin embargo, que los votantes son peor que ignorantes: son irracionales. Sus errores no son aleatorios, siempre yerran en una misma dirección. El milagro de la agregación no tiene lugar en este modelo, y los grupos de interés solo influyen donde los votantes son indiferentes. Las políticas en una democracia son malas porque el votante está ideológicamente comprometido y comete errores sistemáticos.

Las personas tenemos preferencias sobre nuestras creencias. Valoramos determinadas creencias por sí mismas, nos aferramos a una determinada visión del mundo, sin la cual éste carecería sentido. ¿Por qué a menudo tenemos que hacer un esfuerzo para ser ecuánimes cuando critican nuestras ideas? Porque queremos que nuestras ideas sean ciertas. Los liberales simpatizamos con un argumento anti-estatista aunque sea cuestionable, los ecologistas desdeñan un argumento contra el calentamiento global aunque sea razonable. Si la ignorancia fuera la única causa de error, podríamos corregir cualquier idea equivocada con más información. Pero como señala Caplan, sería milagroso convertir siquiera a la mitad de un grupo de creacionistas al darwinismo por mucha información objetiva sobre genética, fósiles etc. que expusiéramos, o que John Lott pudiera moderar a los cruzados contra la libertad de armas por muy perfectos que fueran sus estudios empíricos. Es cierto que las personas tenemos un vasto afán por conocer, pero muchas veces queremos conocer sin sacrificar nuestra visión del mundo.

Detrás del fracaso de la democracia están las creencias erróneas que las personas tienen sobre economía, y buena parte del estudio de Caplan está dedicado a demostrar empíricamente los sesgos de la gente. El autor tacha de irracionales esas creencias porque se contradicen con el fin de alcanzar un mayor bienestar, que también valoramos. Obviamente la irracionalidad no empieza y acaba a las puertas del colegio electoral. Pero el mercado castiga la irracionalidad, la democracia no: si nos equivocamos en el mercado sólo nosotros pagamos las consecuencias; equivocarse en las urnas casi nos sale gratis, porque la relevancia de nuestro voto tiende a cero. El precio de satisfacer nuestras erróneas creencias es la reducción del bienestar que produce una determinada política descontada por la probabilidad de que nuestro voto sea decisivo. Si una medida proteccionista va a reducir nuestro bienestar en 1000€ y el electorado es de 1000 personas, satisfacer nuestras ansias nacionalistas solo nos cuesta 1€. Decir que los elevados costes de una política nos empujarán a ser más sabios es análogo a afirmar que los perjuicios de la polución nos llevan a conducir menos. Que los niveles de polución sean altos o bajos no depende de nosotros, de modo que conducimos igualmente. Como apunta Caplan, nadie se enfrenta a la elección "conduce menos o padece un cáncer de pulmón" o "reconsidera tus ideas sobre economía o malvive en la pobreza".

Pedir a la democracia buenas políticas es, en definitiva, pedirle peras al olmo. Decir que los fallos de la democracia se solucionan con más democracia es no ver el problema de fondo: el voto de un individuo no es decisivo, lo que hace que el precio que paga por votar sus erróneas creencias sea muy bajo. Este problema es inherente a la democracia.

La democracia, no obstante, tiene otras ventajas. En primer lugar, como señala Tyler Cowen, la democracia es útil para controlar los excesos del gobernante; siempre podemos echar a un déspota al cabo de cuatro años. Pero acaso el principal activo de la democracia sea su condición pacificadora. Todos pueden participar en el sistema, ninguna ideología tiene privilegios legales sobre otra, cualquiera puede alcanzar el poder. En un contexto en el que se valora la igualdad, esta ausencia de discriminación hace que las distintas facciones no sientan agravios ni puedan alegarlos, y dediquen sus esfuerzos a ganar votos en lugar de organizar revueltas. La democracia compra paz social al precio de ofrecer el poder a cualquiera que obtenga más votos. Es un precio alto, pero la paz social también es un bien precioso. Una dictadura o monarquía podría implementar mejores políticas, pero si la oposición es fuerte y tiene ansias de poder solo le queda recurrir a la violencia para hacerse con el Gobierno. La democracia, además, parece estar vinculada a un elevado grado de libertad de expresión y de asociación, así como a otras libertades civiles, como el derecho a un proceso justo, sin las cuales sería difícil crear las circunstancias que hacen posible unas elecciones pacíficas.

En conclusión, lo peor de la democracia es que aplica las políticas que quiere la gente. Lo mejor es que conceder el poder a quien gane unas elecciones promueve la paz social y garantiza ciertas libertades. Lo malo y lo bueno vienen en paquete. Si en el contexto actual es el mejor sistema, entonces vale la pena intentar cambiar el contexto.

 

Opinión de los lectores

Bastait

No sólo en el contexto actual. Siempre es el mejor sistema. Precisamente por la razón de la paz social. Por que la cuestión es saber cómo se resuelven los problemas comunales, aquellos que se dan en los bienes comunales y en relación a acciones que contrapongan derechos fundamentales. Es decir, aquellos que hay que dirimir por medio de terceras personas (arbitraje o derecho consuetudinario) y que lleven aparejadas normas de conductas aplicadas al común. Pero sobre todo, la razón es que para que se tenga en cuenta ese contexto hay que llegar a algún acuerdo básico por el cual se organice de esa manera. Y sólo hay una manera de lograrlo, la democracia.

En esencia, pues, lo que estamos dirimiendo, y yo llevo ya un tempo con esta pelea, no es si el método es el adecuado sino el saber qué limites ponemos a la acción de la democracia, a la acción del poder que emana de manera democrática.

Ciertamente podemos pensar que un tirano, es decir, que no consiente que se cuestione su poder, puede implementar políticas mucho más liberales que las que estamos padeciendo actualmente, pero el hecho de que dichas medidas sean impuestas, en el momento en el que surja un problema, se pondrá en cuestión el liderazgo y ante la negativa del tirano a dejar el poder surgirá la violencia.

Sin embargo, y me alegro de la reflexión última a la que llegas, en democracia se puede modelar el contexto enseñando “otras alternativas” pero, sobre todo, proponiendo a los ciudadanos la posibilidad de elegir esas otras alternativas. Sí se puede lograr ese cambio de contexto. En el caso liberal la limitación del Estado.

Por tanto, es imperativo para lograr ese cambio de tendencia hacia el socialismo impuesto de manera democrática que observamos el que seamos capaces de proponer medidas liberalizadoras que refuercen el papel del individuo y la defensa de los derechos individuales frente al poder del Estado incluso limitando lo que democráticamente se puede hacer contra esos derechos.

Hay que hacer las dos cosas, didáctica y política.

Albert Esplugas

Bastiat,

No sólo en el contexto actual. Siempre es el mejor sistema. (...) La razón es que para que se tenga en cuenta ese contexto hay que llegar a algún acuerdo básico por el cual se organice de esa manera.

Aquí parece que estás equiparando democracia a "apoyo social (o acuerdo básico) de una mayoría/massa crítica de la población". Es verdad que la pervivencia de cualquier sistema (y la paz social dentro del mismo) requiere de un apoyo social mayoritario, pero en el texto me estoy refiriendo a la democracia como estructura de gobierno. En las circunstancias actuales/atendiendo a los valores y cultura ideológica de la sociedad etc. puede que la democracia sea el menos malo de los sistemas, por garantizar cierta paz social (por ejemplo, menos malo que la dicturadura, por la razón que apuntas). Pero eso no significa que en un tiempo pasado (donde la gente tenía otra cultura ideológica, no sentía que tenía derecho a gobernar o no priorizaba el derecho a gobernar por encima del buen gobierno etc.) la democracia fuera superior a la monarquía, o incluso que hoy en día la democracia sea preferible a la autocracia en todas parte. No estoy diciendo que no lo sea, simplemente no tengo una posición clara al respecto. Por poner un ejemplo concreto que ilustre el matiz que te comentaba: Singapur no es una democracia, pero es un país socialmente estable - seguro que el régimen goza de un apoyo social mayoritario- y económicamente muy libre. Debería democratizarse? No lo sé. En paz social quizás no hay mucho que ganar, en libertades civiles sí lo hay, pero en libertades económicas (si es que se me permite la distinción) tienen bastante que perder, atendiendo a la dinámica interna de la democracia, explicada aquí y en otros artículos. En cuanto al futuro, quizás la cultura ideológica sea tal que podamos prescindir de la democracia como sistema de gobierno (en favor de una sociedad sin Estado, o de otro sistema de gobierno más conducente al liberalismo) sin poner en riesgo la paz social.

Por lo demás, estoy bastante de acuerdo con la idea de fondo de tu comentario.

Un saludo

Stewie Griffin

Si el libre mercado es el sistema que mejor se adapta a la naturaleza humana es este siempre el mejor, en este contexo y en cualquier otro.

Si existe un Derecho Natural, es por definición intemporal, por lo que esta vigente ahora mismo.

Por otro lado creo que reconocer las limitaciones del evangelismo racional, no supone desmerecer la labor educativa del IJDM (por ejemplo).

Saludos Albert, espero que puedas venir el viernes a la Cena.

Stewie Griffin

Intemporal en el sentido de que mientras no cambie la naturaleza del ser humano estará vigente.

jonsy

Es muy cierto que la democracia diluye la responsabilidad del votante.

En mi opinión, la única forma de conseguir que el votante vea las consecuencias de sus decisiones, es que el efecto de su decisión sea realmente cercano en el espacio y en el tiempo, y para ello es preciso que la democracia sea realmente representativa:
- Si yo elijo una lista cerrada a un diputado lejano, cuyo partido me 'sale rana', pocas opciones me quedan, salvo esperar cuatro años.
- Si en cambio con mi voto se elige al diputado (con nombre y apellido) que me representa a mí y a otros cinco mil ciudadanos en un distrito concreto de una ciudad concreta, sitúo a ese diputado a mi mismo nivel y puedo reclamarle responsabilidades y controlar el uso que hace de MI elección, pues sus opciones en su ambito de actuación me afectan directamente. Para ello debo tener mecanismos eficientes de control y de seguimiento de su actividad

Y por supuesto, para una verdadera democracia hace falta una verdadera educación... salvo que queramos emular a 'Los del Río' y opinemos que 'El gobierno sabe y hay que hacerle caso'

Democracia sin cultura no es sino demagogia

Bastiat

Albert caes en el mismo error que muchos. La forma de gobierno, de gobernarse la gente es la monarquía absolutista, la monarquía con carta de derechos, la monarquía parlamentaria, la republica, la dictadura militar, la dictadura del proletariado…. En el caso en el que se elija o se instaure un sistema representativo el método por el que unos alcanzan el poder y otros lo padecen (en la mayoría de los casos) es el método democrático. Este puede estar regulado de distintas maneras. Puede ser el mayoritario, el proporcional, el mixto, el de circunscripciones pequeñas o únicas… Puede ser una republica presidencialista o una monarquía parlamentaria… El método, la democracia es el método, regulado en cada sitio y lugar de aquella manera. Lo importante no es el método sino lo que se puede hacer o no.

Ciertamente que Singapur, y en cierta manera China, tiene un gran desarrollo económico. No así de libertades individuales. Lo cierto, pues, es que lo importante es saber qué se quiere, a qué acuerdo básico llegamos como forma de gobernarnos.

A mi, por ejemplo, me gustaría un sistema de gobierno basado en un consejo de ancianos en el que se llegara por elección directa, competitiva, entre tres varios candidatos y que estuviera limitado en sus funciones de gobierno a dirimir las disputas que atenten contra principios defendidos en la carta de derechos. Esta carta será el reflejo por escrito de los principios y derechos del individuo para cuya defensa se establece dicha constitución y los mecanismos precisos para llevar a cabo su función….

Nada más.

Por eso y contestando a Jonsy, resulta utópico pensar que un diputado puede ser responsable de lo que se decida a nivel del gobierno central cuando éste puede ser minoría. Si establecemos un gobierno como el que describo así a grandes rasgos, hay que acabar llegando a la cercanía del ciudadano. El consejo dicta las normas o dirime las disputas fundamentales pero la aplicación del orden cotidiano lo tienen los ayuntamientos que en organización competitiva establecerán sus impuestos, sus normas de urbanidad, sus normas de habitabilidad. De esta manera uno pueda votar con los pies con la facilidad de irse a la ciudad de al lado si las normas que se pretende imponer en la ciudad en la que vivo me son insoportables por considerarlas injustas o lesivas para mi economía o moral. Todo ello teniendo en cuenta que ninguna norma local puede ir en contra de la norma general básica para toda la nación de la que se encarga su custodia y evolución el consejo antes mencionado.

Es sólo una propuesta. No tiene porqué ser un consejo de ancianos sino un parlamento elegido por el sistema democrático que se considere. Lo fundamental no es, insisto el método, la democracia, sino el cómo se organiza la sociedad y qué puede hacer y no puede hacer el poder.

Mario Zuluaga

El gran mal de la democracia radica en que la opinión de la mayoría se impone a la de la minoría. Ello será siempre motivo de tensiones e iras interminables. La solución a ese conflicto, aunque utópica, la podemos imaginar: Varias constituciones. Así como tenemos varios sistemas de jubilación, varios sistemas de salud, varios sistemas de educación,...ctc podemos pensar en varias constituciones a las cuales acogernos. No es fácil, son muchas las preguntas que emergen con este dilema. Por ejemplo: ¿ será necesario una redistribución territorial y de recursos naturales para cada constitución? ¿Será posible mantener una unidad territorial ? No sé, pero es interesante soñar y especular sobre el tema.

Stewie Griffin

Hola Mario, puedes explicarme tu propuesta? y lo más importante como llegarías a ella.

Saludos.

Santiago Navajas

El análisis de Caplan, tal y como lo expone Alberto, es muy flojo por dos motivos.

En primer lugar, una caracterización "fofa" de la racionalidad que le permite calificar las creencias y decisiones de los individuos como "irracionales".

En lugar de eso lo que hay que plantear es todo el terreno gris de la "razonabilidad", y las condiciones de posibilidad (sobre todo por la posibilidad de alcanzar la mejor forma de procesar la información) de la misma.

En segundo lugar, el término "democracia" tampoco está bien definido. Ya Aristóteles había analizado la mejor forma de gobierno como una especie de oligarquía (gobierno de unos pocos) con cierto tipo de refutación popular.

El liberalismo, en este sentido, fue modulado, en el diálogo entre Popper y Hayek, por un racionalismo crítico, es decir, la capacidad inherente a cambiar los principios por las enseñanzas refutadoras de los hechos.

Y la democracia-constitucional sí que es el mejor sistema posible en este contexto actual (entendiendo por "actual" no unas decenas de años, sino cientos o miles, es decir, teniendo en cuenta la dinámica evolutiva de la sociedad humana en el largo plazo)

Un saludo Alberto

Albert Esplugas

Santiago,

El análisis de Caplan, independientemente de esos dos puntos, es muy sólido. A lo mejor no he sabido sintetizar su tesis con suficiente claridad, pero me extrañaría que opinaras lo contrario después de leer su libro, que ha sido considerado como una de los mejores trabajos sobre democracia y Escuela de la Elección Pública de los últimos años.

Para una crítica muy incisiva de la obra de Caplan véase Daniel Klein (y la contra-réplica de Caplan).

En cuando a los puntos que mencionas:

- Caplan emplea el término "irracionalidad racional" (que Klein también critica) porque bebe de la terminología neoclásica ("expectativas racionales" etc.). Creencias "Irracionales" equivale en realidad a "equivocadas", o "estúpidas", pero Caplan prefiere no abandonar aquella terminología. No estoy seguro de que sea la elección más afortunada, pero tampoco carece de sentido (véase la contra-réplica). En cualquier caso, ésta es una disputa semántica, no veo en qué afecta a su argumento.

- Caplan (y yo) analiza la democracia tal y como la entendemos hoy en día/en su versión contemporánea (constitucional, separacion de poderes etc.). Caplan analiza el funcionamiento de la democracia actual. Creo que esto es evidente a partir de mi artículo. El matiz de que la democracia promueve la paz social en el contexto actual y la conclusión de que, a pesar de sus flaquezas, quizás por eso la democracia sea el menos malo de los sistemas de gobierno en estas circunstancias, son míos y no de Caplan.

Y la democracia-constitucional sí que es el mejor sistema posible en este contexto actual (entendiendo por "actual" no unas decenas de años, sino cientos o miles, es decir, teniendo en cuenta la dinámica evolutiva de la sociedad humana en el largo plazo)

Bien, pero es una afirmación como cualquier otra.

Un saludo

Angel Martín

A mí me suele cansar cuando hablando sobre democracia sale el que suelta la frase de Churchill que todos conocemos. Parece que con esa frase todo el debate está resuelto, y no se hable más. No obstante, en estos momentos, ¿qué alternativas reales hay? Me gustaría ver alternativas reales a corto plazo que me sedujeran más que la democracia.
Se pueden conseguir buenos resultados en lo económico gracias a una dictadura, pero la represión de libertades civiles y otro tipo de 'costes' serían muy probablemente intolerables, como el caso de Chile.

La crítica que hace Caplan a los modelos habituales de Public Choice me parece muy correcta. Estudiando estos modelos me extrañaba que se culpara las malas políticas casi exclusivamente en los grupos de presión, dejando sin tacha a los votantes. Y solo hay que ver muchas de las ideas más populares... de hecho, Caplan se extrañaba de que, atendiendo a las ideas de la gente, las políticas no fueran peores. Esto lo soluciona diciendo que los políticos tienen que conseguir cierto equilibrio entre las ideas de la gente y evitar el desastre siguiendo esas ideas.

Recomiendo este podcast-entrevista con Bryan Caplan sobre su libro, de duración 1h y 20m: http://www.econtalk.org/archives/2007/06/caplan_on_the_m.html

Saludos

emilio

Creo entender el resumen de tu tesis Albert: la Democracia legitima la estupidez (tanto de los votantes y porque nó tambien de los gobernantes).
Espero que no sea así. Seria desesperanzador.
Yo quisiera, si me lo permites, llevar este debate tan teórico al terreno de lo reciente, de lo cercano, de lo español.
No creo que exista la Democracia, me explico, existen las democracias, en cada páis con sesgo diferente y particularidades propias. La nuestra es diferente a la inglesa con varios siglos de tradición y muy diferente a la americana ajena a la pesada carga de historia que recaes obre la nuestra y muy distinta a la Francia de la Revolución. Y todas pueden ser calificadas como tales. Las propuestas ideológicas que se confrontan en las elecciones no vienen del limbo de las ideologías puestas en la mesa de elegir opciones. Tienen historia. En mi opinión, nuestro sistema democrático tiene desde su nacimiento carencias notables. La primera de ellas, que la izquierda española, emerge tras el coma existencial de los cuarenta años del franquismo sin el largo recorrido de la izquierda europea tras la segunda guerra mundial y en el contexto de la guerra fría. Se incorpora al sistema democrático sin haber renegado del marxismo y con muchos de los tics autoritarios del comunismo soviético, por lo que entra en el sistema con las cartas marcadas ayudada por el otro gran partido de la izquierda, el partido comunista, infiltrando la sociedad en los primeros años sustantivos para el orden democrático con asociaciones y agrupaciones vecinales, educativas, universitarias, gremiales, de los medios de comunicación, con capacidad de influir en el voto e infiltradas en todos los estamentos de la sociedad civil y con el claro objetivo de ayudad a obtener el poder. Controlando los dos grandes sindicatos, que son sindicatos de partido, no se olvide, y que también tienen la capacidad de influir en el voto.
Por otro lado la derecha española, aglutina desde su nacimiento, entre otros, al franquismo ideológico, hecho plausible pues gana para la democracia un sector de la sociedad española que hubiera quedado fuera de las reglas de juego, pero que la deja marcada para siempre. Nuestra democracia tiene su cuna en el desarrollo no rupturista del sistema político. La incorporación a la derecha, hasta la formación del actual Partido Popular de democristianos y liberales no ha conseguido, hecho atizado por la izquierda, liberarla de la pesada carga del franquismo a pesar del inmenso mérito que supuso ganar para la democracia los derribos políticos de la dictadura.

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