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Portada - Comentarios - Inseguridad alimentaria

06/06/2008 - Antonio Gimeno

Inseguridad alimentaria

Desde luego, el problema de la inseguridad alimentaria es político. Lo ha dicho Jacques Diouf, Director General la Organización de la Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), en la apertura de la Conferencia de Alto Nivel sobre la Seguridad Alimentaria Mundial que se ha celebrado en Roma.

Se trata del reconocimiento de un error y, claro, la demanda de una solución. El problema se complica extraordinariamente cuando, como señaló Josep Borrell en su intervención, recordamos que la Unión Europea y el resto de países participantes persiguen como mínimo un doble objetivo: "alimentar a un 50% más de seres humanos y reducir un 50% las emisiones de CO2 de aquí a 2050". Es decir, el ubicuo cambio climático, la lucha contra un riesgo incierto, será el lastre con el que habrán de diseñarse las soluciones al problema real de la subida de los precios de los alimentos básicos y su desabastecimiento. Y dado que los principales responsables del incremento antropogénico del CO2 son los países desarrollados, en justicia, "la justicia del carbono", serán éstos los que financien mayoritariamente su solución. Pero no es la única falta para la que debieran hacer penitencia, y es que los países desarrollados, con la Unión Europea y Estados Unidos a la cabeza, gracias a la constante presión de grupos ecologistas, han acumulado un despropósito político-agroalimentario tras otro.

Así, en los años 80 del siglo pasado, los gobiernos de la Europa occidental prácticamente prohibieron el suministro de fertilizantes a África, mientras que el Banco Mundial y fundaciones como la Ford abortaron la mayoría de sus proyectos en el continente, frustrando así el desarrollo de una versión africana de la Revolución Verde. Como dice Paul Collier, desgraciadamente, la agricultura comercial de gran escala no es algo romántico, es decir, no es sostenible según los parámetros ecoestéticos de moda en Occidente. Una moda que los países desarrollados se pueden permitir pero que en África ha significado el estancamiento, cuando no el retroceso, de su agricultura comercial en favor de una producción más humana, poco competitiva y con una productividad que se ve aún más amenazada por el incremento de los precios de los fertilizantes. Una moda que ha llevado a los gobiernos africanos a desestimar el cultivo de transgénicos, dado que la Unión Europea, tan progresista para otras cosas, ha prohibido la importación y exportación de productos genéticamente modificados. Proteccionismo con coartada ecologista, la imposición de una "moral" paternalista y retrógrada de la que los países más pobres son las principales víctimas.

Eso por no hablar de los 100 millones de toneladas de cereales, alimento para 450 millones de personas al año, que se transformarán en biocombustible con un coste adicional de hasta 12.000 millones de dólares en subsidios. Y es que el presunto cambio climático, las políticas para paliar sus efectos apocalípticos y otras lindezas ecologetas son una amenaza real a la productividad del sector primario, ya que detraen tiempo e ingentes recursos económicos que podrían destinarse a la investigación productiva o a la mejora de las infraestructuras.

Pero no todo es culpa de los países desarrollados; el proteccionismo de los países más pobres es una causa muy importante de la subida de los precios de productos como el arroz. Tyler Cowen nos cuenta que pese al incremento estimado de la producción, que según la FAO alcanzará este año el 1,8%, se espera que el comercio internacional se reduzca un 3% el año próximo en países productores como India, Indonesia, Vietnam o China.

Eso sí, nada comparable, denuncia Diouf, a la "contradicción básica" que se observa en "que en 2006 los países de la OCDE hayan provocado la distorsión de los mercados mundiales con 372.000 millones de dólares de subvenciones a sus agriculturas".

Tiene razón el director general de la FAO: "Se trata de una cuestión de prioridades ante las necesidades humanas más esenciales." Lástima que la asignación de los recursos en este tablero dependa de las decisiones que adopten los gobiernos.

 

Opinión de los lectores

Víctor

La verdad es que me ha parecido indignante que toda la culpa, además de sobre los burócratas, recaiga sobre los "ecologetas". Digno del liberalismo más rancio y vulgar.

Realmente, ¿qué influencia cree usted que tiene el "lobby ecologista" -suponiendo que existiera- en comparación con las constructoras, la banca o la gran corporación? A los políticos no les importa lo más mínimo el medio ambiente; a lo sumo llevarán a cabo alguna tímida medida -por lo general, desacertada- para atraer unos pocos votos. Y nada más.

¿Quién hay realmente detrás de los biocombustibles? No conozco ningún ecologista que apoye tales subvenciones, pues son conscientes de sus consecuencias, pero, en cambio, se me ocurren miles de razones por las que personas con muchísima más influencia política que ellos -terratenientes, etc.- pueden estar a favor de tal subvención. Lo mismo con la PAC, que es una forma velada y "progresista" de concentrar tierras, y con todas las trabas sobre la comercialización de productos agrícolas.


No hay ecologistas detrás de todo esto, hay gente con mucho más poder a la que le importa una mierda el medio ambiente.





A. Benbow

Por supuesto que los ecologistas nunca han estado a favor del biodiesel. Tampoco han estado nunca en contra del DDT ni de la energía nuclear. Esos son bulos propagados por el liberalismo rancio y vulgar.
Tampoco estarán detrás del protocolo de Kioto cuando se descubran los desequilibrios que éste pueda traer. ¿Cómo van a estarlo si tan sólo son gente sencilla que se preocupa por la Naturaleza y el medio ambiente? La culpa es de esa gente con poder que está detrás de todo.

En cuanto al término "ecologetas", me parece estupendo para distinguirlos de los ecologistas liberales que seguramente somos más de lo que parece. Y el que se sienta ofendido ya sabemos de que pie cojea.

Fco. Moreno

Los productores de ideología tales como los socialistas o (en estos momentos) los ecologistas tienen asegurada su inmunidad o responsabilidad intelectual contra los efectos perversos de sus propuestas llevadas a cabo por los políticos. Estos productores de ideología se piensan que son del todo inocentes ya que sus meras y buenas intenciones jamás pueden causar daño; si finalmente se observa que sí, que sí hacen daño a ciertos seres humanos (especialmente a los más pobres) hacen una finta “elegante” y le pasan el muerto a los poderosos que hacen buen uso de dichas ideologías.
Las ideas, D. Víctor, tienen consecuencias; se trata de descubrir las que menos daño hagan a las personas que viven y se interrelacionan en sociedad.

Miguel

Los informes de la FAO recogen acertadamente, en sus recomendaciones, muchas de las aportaciones que el pensamiento y la práctica de la ecología y la sostenibilidad han aportado en los últimos años para la mejor práctica del desarollo agrícola, la gestión del agua, el papel de la bodiversidad para la seguridad alimentaria, formas adicionales de comercialización etc.

Como en todas las cosas verdaderamente serias, tener respuestas totales, definitivas y perfectas para los problemas es imposible (ni para el lberalismo, ni para el ecologismo, ¡cuidado con pretenderlo!) pero pretender que el ecologismo no ha aportado cosas importantes (junto a otras fallidas, ¡qué pensamiento, ideología o escuala no las tiene!) y que han llegado afortundamente para quedarse es ignorar el mundo en que vivimos... y las propias recomendaciones del Sr. Diouf.

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