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Portada - Comentarios - ¿Qué es un neocon?

09/06/2008 - Antonio L. Golmar

¿Qué es un neocon?

La doppiezza intelectual y el sfumato moral son características típicas de políticos profesionales y activistas más interesados en la recolección de votos que en la clarificación de ideas. Por desgracia, estos vicios resultan altamente contagiosos.

El pasado de mes de enero, Albert Esplugas comentaba en un artículo lo que él denominaba los siete pecados liberales. Entre ellos, el anti-izquierdismo instintivo que nubla la razón y nos lleva a defender cualquier cosa que la izquierda critique. Y el contrarianismo, que nos hace tan políticamente incorrectos que a veces nos pasamos de frenada.

Este tipo de corrupción se verifica en aquellos que jalean como liberal todo y a todos los que manifiestan su repugnancia hacia el actual presidente del Gobierno de España o que simplemente se autodefinen como "no socialistas". Como si el afán intervencionista sólo anidara en una parte del espectro político. Conviene no confundir política y politiquería, ambición e impostura. Otra de las falacias de los libero-oportunistas consiste en afirmar que un neocon es simplemente alguien que está a favor de la invasión de Irak.

Existen varias hipótesis sobre el llamado "neoconservadurismo". La más convincente es la que sitúa esta corriente política en la reflexión que en los años sesenta iniciaron Daniel Bell, Irving Kristol y otros acerca de los efectos nocivos de la nueva sociedad de consumo, las vanguardistas artísticas y la cultura pop sobre la familia, la religión y las virtudes cívicas. Les recomiendo The Cultural Contradictions of Capitalism, una de las obras fundacionales del movimiento. Esta idea subyace el tímido conservadurismo social de Reagan y Thatcher y fue popularizada por revistas como The New Criterion, Commentary y The National Review. La colonización neoconservadora ha dado lugar a un equívoco a mi juicio dañino para el liberalismo: el nuevo liberal-conservadurismo que a menudo no tiene de liberal más que el nombre. Intervencionismo económico, prohibicionismo y comunitarismo se hacen pasar por liberalismo en nombre de la oposición a una izquierda cuyos objetivos de control y experimentación social suelen diferir bien poco de la agenda neoconservadora. Así, el conservadurismo compasivo de George W. Bush y sus aliados se saldó con una explosión de gasto público y un déficit del 5% promovidos por el presidente y por un Congreso dominado por los republicanos durante seis de sus ocho años de presidencia.

Antes de esto, la alianza de los neocon con la Christian Coalition, afianzada cuando el astuto reverendo Pat Robertson decidió adoptar una retórica pro-capitalista (sin embargo, sus pupilos Ralph Reed y Grover Norquist, de la organización pantalla American for Tax Reform podrían acabar muy mal) se había cobrado varias víctimas en las filas republicanas. Docenas de candidatos moderadamente libertarios y periodistas e intelectuales que habían desempeñado una importante labor en publicaciones neoconservadoras fueron derrotados en elecciones primarias, despedidos u obligados a abandonar cuando alguien decidió que su negativa a comprometerse con la "agenda cristiana positiva", sus estilos de vida, amistades o gustos artísticos ("alguien que ha escrito un libro así sobre Picasso no puede seguir trabajando aquí") no concordaban con los objetivos de la cruzada.

En la actualidad, este movimiento sufre un gran desprestigio en los EE.UU y ha sido arrinconado en Gran Bretaña. Asimismo, el súbito auge y la estrepitosa caída de los partidos confesionales y la sangrante división del centro-derecha en algunos estados de Europa por la influencia de movimientos político-religiosos norteamericanos demuestra que el modelo es difícilmente exportable al Viejo Continente.

La política española sufre de un curioso jet-lag ideológico que a menudo se traduce en la importación y defensa sin matices de fórmulas fracasadas en todo o en parte. Confiemos en que el proyecto neocon, o al menos su innecesario corolario teoconservador, no sea una de ellas.

 

Opinión de los lectores

Fonseca

Pero ¿En qué consiste exactamente el ideario neocon? Personalmente creo que más que una serie de ideas es una forma de hacer política y de llevar a la praxis unas ideas como puedan ser el liberalismo.

Un saludo.



Fonseca

YerMaK

Yo no los llamo neocon, los llamos socialistas de derechas y los identifico porque critican el socialismo sin saber lo que es, por eso mismo sus políticas también son socialistas o por lo menos socialdemocratas, también incluyo en ese grupo a todos los del PP que se consideran de centro y a aquellos que creen que se pueden combinar la democracia cristiana con el liberalismo.

agolmar

Yo también los llamo socialistas de derechas, y a los religiosos simplemente comunitaristas. Fonseca, tu concepto de neocon es un perfecto ejemplo de ese sfumato al que me refiero al principio. Conecta el ventilador para que las nubes se disipen :)

elSalmantino

Ya, pero no olvidemos una de las características fundamentales de los neocon hoy en día: el imperialismo democratizador, por llamarlo de alguna manera.

Bastiat

Primero creo que habría de hablar un poco de la desafección de los principios liberales por parte de la “derecha” norteamericana y la búsqueda de un corpus ideológico que les diera sustento.

¿Y por qué esa desafección? Primero hemos de recordar que en los EEUU se llama liberales a los socialistas. Insisto, en los EEUU se les llama liberales a los que aquí llamaríamos socialistas.

Por otro lado la derecha, por asumir pero con mucha desgana los tópicos, se identificó no con un ideario verdaderamente liberal sino con un ideario patriótico y del origen de la nación, es decir, de la libertad mítica de los grandes prados y de ejemplos de personas hechas a si mismas. Muchas de ellas que han acabado coqueteando con propuestas sociales para “lavar” su imagen de riqueza. Ronald Reagean fue pionero de esa corriente en la medida que si bien defendió una cierta prevención hacia el Estado no dejó de hacerlo crecer teniendo a la patria como argumento. Y a los aspectos sociales.

De ahí que mucha gente le resultara complicado de identificar al liberalismo como corriente ideológica en los EEUU. Incluso en Ron Paul parece que sigue existiendo ese ardor patriótico que si bien defiende un más profundo liberalismo no lo hace sólo desde el convencimiento liberal, que debería ser cosmopolita, sino que lo hace desde el mirarse al ombligo patriota. Es una reducción, lo digo para los RonPaulianos patrios.

Pero igualmente es difícil identificar de manera correcta a liberalismo fuera de los EEUU puesto que como refleja el comentario que refieres de Albert, el liberal está en continua disputa ideológica entre si, lo de los carnés, y, sobre todo, haciendo propuestas que en muchas ocasiones chocan con los propios fundamentos del ideario liberal, el respeto a la vida no puede aceptar el concepto del aborto como supuesto liberal, si no que incluso plantea posturas dogmáticas en cuanto a la moral con ese frenesí de tratar de destruir todo lo que ellos llaman moral cuando moral lo es todo y por mucho que se empeñen en llamar lo que ellos proclaman como ética no es más que otra moral.

Incluso, lamentablemente, identifican liberalismo con laicismo militante y no como el ejercicio de la libertad religiosa en el que la libertad de conciencia, o libertad religiosa, es una actitud que incluye el tener cada uno su propia religión sin que ello ponga en duda su liberalismo.

Ante esta situación los que se sienten mas identificados con posturas religiosas que liberales sienten el vértigo de unas propuestas que les niegan parte de su ser y abandonan el barco de la libertad. Además, el sentimiento religioso lleva aparejado un fuerte sentimiento de caridad y misericordia que aquellos que lo practican, al faltarles el anclaje liberal, entienden como comprensible que el Estado se ocupe de los desprotegidos aumentando pues la distancia con el liberalismo que no ha sabido ofrecer respuestas liberales a los retos de la sociedad, sobre todo, por esa manía de considerar todo lo que tenga que ver con lo social como susceptible de ser calificado como el yuyu socialista.

Y el hombre, el individuo, sin necesidad de ser socialista, lo que es indudable es que es un ser social.

Daniel Ballesteros

El comentario de Bastiat es, simplemente, brillante. Lo comparto plenamente. Lo mismo puedo decir del último artículo de María Blanco y de este artículo de Golmar. Sinceramente creo que necesitábamos este punto de reflexión acerca de nuestro propio camino como corriente de pensamiento.

agolmar

Bastiat, ni todas las religiones son caritativas y misericordiosas no las personas religiosas tenemos por que poseer más sentimientos caritativos que el resto. Lo que dices me parece una petición de principio un tanto irrisoria. Respecto a la libertad religiosa, algunos la confunden, de forma creo que deliberada, con Estado confesional, un gran error que hace que otros reaccionen con el laicismo y al final tenemos dos problemas y un conflicto irresoluble. Como señalas, el problema está en el significado de las palabras, pero hoy en día pocos activistas políticos están por la labor de clarificar conceptos. Prefieren la confusión y el equívoco. Creo que nuestro papel debería ser justo el contrario investigar e indagar en lo que ciertos términos significan de verdad, no lo que algunos nos dicen que quieren decir, y acudir al original, no a la traducción desnaturalizada y distorsionada.
Cuando hablo de liberalismo no lo hago en el sentido anglosajón a partir de finales del siglo XIX, sino en el clásico.

Bastiat

Apreciado Antonio, si me relees un poquito digo: “identifican liberalismo con laicismo militante y no como el ejercicio de la libertad religiosa en el que la libertad de conciencia, o libertad religiosa, es una actitud que incluye el tener cada uno su propia religión sin que ello ponga en duda su liberalismo.” Yo no estoy haciendo ninguna declaración de principio, sino que estoy tratando de explicar el porqué en los EEUU han surgido, y en Europa pueden surgir, aunque aquí con menos fuerza porque es una región menos religiosa que los americanos, un partido que se identifique más con el socialismo, el republicanismo compasivo de Bush, que con el liberalismo.

Entonces, los liberales, haciendo un esfuerzo por no exigir cartas de pedigrí, ¿podemos proponer a la sociedad un programa político que atienda desde un punto de vista liberal las necesidades de los ciudadanos?

Estimado Antonio, me gustan los debates de salón probablemente más que a ti, y a muchos de los que escriben en estos sitios, pero estoy hasta las narices de que no haya posibilidad alguna de que exista ningún partido liberal porque estamos mas encaramados en la elucubración que en la propuesta práctica de políticas, si, políticas liberales para ofrecer a la ciudadanía.

El gran error de los liberales es despreciar la política. El gran error de los liberales es pretender que como el Estado es opresor o bien lucho contra el y me encaramo a una posición de violencia, o bien paso. Pasar es, actualmente, el objetivo fundamental del liberal, desde el clásico hasta el anarquista o el agorista, porque incluso el agorista pretende que lo que hay que hacer no es luchar contra el poder del Estado sino sortearlo, regatearlo, eludirlo…. Y no. Puñetas, no. El hecho social, el ser humano, el individuo como ser social, precisa de la ordenación de los asuntos comunes, de las tierras comunales, de las ordenanzas de la cosa común, de todo aquello que tenemos en común como seres sociales para garantizar, si, garantizar, que la libertad prevalezca frente al dominio de aquellos que quieren usar al estado como ariete contra la libertad que tanto nos hace soñar. Trabajar, cuidar de la libertad.

¡¡¡¡Y eso es política!!!!!

Y yo hablo en el sentido clásico, no en el anglosajón… si es que somos capaces de definir qué es el liberalismo clásico. Que esa es otra.

PC. ¿esto no podría ir más rápido?.

Lo de publicar aquí... digo.

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