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Portada - Comentarios - Violencia

13/06/2008 - Ángel Martín Oro

Violencia

Violencia es una de las palabras que mejor definirían la situación actual. El parón de cierto sector de los transportistas está causando estragos, afectando al conjunto de la economía española y generando violencia en muchos aspectos.

Ya ha habido un miembro de un piquete muerto tras ser atropellado por otro camionero y un herido en trágicas circunstancias, que sufrió quemaduras importantes por el incendio de su camión, presuntamente provocado por compañeros suyos mientras él dormía. Personas que probablemente tengan comportamientos diarios pacíficos y normales, pero que en circunstancias como éstas, en las que el efecto arrastre de la masa tiene mucha relevancia, manifiestan lo peor de ellas mismas; algo similar a lo que podría ocurrir en los campos de fútbol. Estos hechos serían lo más visible del brote de violencia que estamos padeciendo, pero no los únicos.

En segundo lugar tenemos la violencia que los huelguistas están ejerciendo hacia los que no quieren parar. Como era de esperar en una huelga, no se conforman con no trabajar (perjudicando a otros sectores e individuos no relacionados directamente con ellos) y reivindicar lo que crean oportuno, sino que se dedican a coaccionar ilegítimamente a los que sí quieren trabajar. Y el gobierno, supuesto garante de nuestros derechos y libertades, tardando en reaccionar y mirándolas venir durante los primeros días; una actitud que debería extrañar a muy pocos a estas alturas.

Además, como nos enseñó el fantástico economista francés del siglo XIX Bastiat, debemos mirar más allá de los efectos que se ven a primera vista, y prestar atención a lo que permanece más oculto. Este parón, con todas sus implicaciones, también puede causar sentimientos violentos en parte de la población hacia los transportistas, hayan participado o no de la huelga. Algo que contribuye a caldear el panorama social en tiempos no excesivamente tranquilos.

Por último, habría que tener en cuenta las exigencias de los huelguistas, que como decía Juan Morillo, consisten básicamente en "sacar dinero del bolsillo de los contribuyentes en beneficio de unos pocos privilegiados... socializar las pérdidas y vulnerar derechos". Es decir, piden más violencia y coacción institucionalizadas a través del estado, produciendo más tiranteces y conflictos sociales entre distintos agentes, ya que si el gobierno les concede lo que piden, ¿por qué no protestamos todos? Quizá haya suerte y consigamos algo, siempre a expensas de los demás, pero eso importa poco con tal de conseguir lo que queremos. Y es que así es como funciona el intervencionismo, generando incentivos inadecuados que hacen que unos se beneficien a costa de otros, algo que no sucede mediante el intercambio voluntario característico del sistema de libre mercado. Cuanto mayor sea el peso y tamaño del estado, mayores posibilidades habrá de que un grupo o sector de la sociedad presione al gobierno para conseguir ciertos privilegios por encima del resto de la sociedad.

Mientras tanto, se culpa al "neoliberalismo radical" (estaría bien que nos explicara la vicepresidenta en qué consiste eso exactamente) de los problemas de nuestra economía. Algo totalmente absurdo, pero que no sorprende en absoluto viniendo de quien viene.

Sin embargo, ya no hay razón por la que preocuparse: el Gobierno se ha puesto manos a la obra. Rubalcaba acaba de invitar a los transportistas a salir a trabajar "porque no existe ningún riesgo", y si tienen alguna duda o problema, que llamen a la policía. Y Zapatero advirtió que "el Gobierno tendrá tolerancia cero con cualquier acto de coacción o de violencia". ¿Se refiere también a todos los actos coactivos que realiza el Estado coartando la libertad y los derechos de los individuos? Me temo que no.

 

Opinión de los lectores

Bastiat

Algo que tenemos que tener claro, los liberales, en mi opinión, evidentemente, es que el socialismo es la institucionalización de la violencia. Y digo esto porque pensamos que es el Estado esa institución violenta que se impone a los demás y no es así.

Esta huelga es una huelga patronal, aunque a los camioneros no les guste, son los autónomos, románticos de la carretera, indivudalistas en si, los que están de huelga. Las empresas grandes tienen mecanismos para sortear las crisis como en este caso repercutiendo el aumento del coste en los precios, no hay otra manera, y aligerando costes en otros elementos de proceso productivo que es el típico mecanismo de la economía de mercado, encontrar alternativas.

Lo que se está demostrando con esta huelga es que todos queremos aprovecharnos de los demás, como también decía el verdadero Bastiat, el Frédéric: “El Estado es ese gran invento por el que todo el mundo pretende aprovecharse de los demás”. Y es que si, por ejemplo, los controladores aéreos paralizan el cielo con sus reclamaciones laborales, con violencia, porqué no lo van a conseguir ellos. Los controladores, los pilotos, los maquinistas, los… todos aquellos que tienen lo que creen el poder de coaccionar de alguna manera lo hacen. Hasta las limpiadoras del Metro han conseguido bastantes de sus objetivos enmierdando el Metro a costa de la salud de los demás ciudadanos. Ciudadanos que en su mayoría, en su inmensa mayoría, pertenecen a las clases populares como ellos.

Entonces pues, la violencia es rentable. Pero es rentable no porque exista el Estado, sino porque existe el convencimiento, desgraciadamente, de que el político o determinado ejercicio de la política, se va a beneficiar de los votos de aquellos que piensan que la violencia o la ausencia de violencia es la garantía que tienen para obtener privilegios a costa del resto de la sociedad.

Y no es así. Los liberales tenemos que tener claro que el Estado tiene que existir. No por convencimiento o negación de ningún principio ético al que llegamos en clara derrota del ideal liberal, sino porque el Estado es la personificación de la voluntad de las personas de vivir en comunidad, en un territorio determinado y con unas normas determinadas. Pero eso si, los liberales pensamos que el Estado tiene que tener sus funciones limitadas, no porque se impongan esas limitaciones, aunque al final tiene o tendría que ser así, sino porque el convencimiento fundamental de un Estado liberal es el individualismo, y el respeto a la libertad de las personas, la vida y la propiedad privada, y para ello establecemos las normas fundamentales para la defensa de esos principios, derechos o normas básicas de convivencia. Y luego, con el tiempo, amoldamos la legislación a las situaciones que el progreso nos pone delante.

Por tanto, es un error el demonizar al Estado. El verdadero peligro está en el socialismo que usa la violencia, la legitima, como elemento de coacción contra toda la sociedad para establecer privilegios, nunca pueden ser derechos aquello que no es para todos igual en cualquier momento, a costa de los demás, pero como mecanismo para el crecimiento del Estado, fin último de todo socialismo, porque el socialismo es coacción.

El problema, es, insisto, el que la violencia se muestra rentable. El convencimiento individual de que la coacción no es tolerable es el único camino para la verdadera libertad. Aquellos que legitiman la coacción persiguen la libertad.

Juan Morillo Bentué

Buen artículo Ángel.

La verdad es que el tema de los piquetes es intolerable. Habría que tratarlos como lo que son: delincuentes. Siempre ha existido el fenómeno de los piquetes, pero me da la sensación de que en esta ocasión la gente se ha dado cuenta de la gravedad del asunto. Esperemos que en el futuro se elimine la tolerancia y la permisividad que han estado recibiendo de los políticos y los medios de comunicación.

Saludos!

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